Lucía Belén Carpenter planeó su boda de ensueño con los gustos de su prometido, un futbolista reconocido, Mateo Ferreti.
Siete días antes de la boda, ella descubre de la peor manera la traición que no solamente la destruiría sentimentalmente, sino que afectaría su reputación.
En un acto cometido por la rabia y el dolor, ella cometió un grave error... destrozar algo que no le pertenecía a su prometido, sino a un futbolista inocente y desconocido para ella.
El odio y el deseo de venganza la unirá a un ese hombre.
¿Qué pasará cuando ellos deban atravesar una gran exposición como una pareja consolidada? ¿Su mutuo deseo de venganza podrá convertir su matrimonio en algo más que un acuerdo o la venganza los consumirá?
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TRAICIÓN Y CONSECUENCIAS
SIETE DÍAS ANTES DE LA BODA
LUCÍA BELÉN CARPENTER
En cuanto acabé la grabación del último episodio, recibí una transferencia a mi cuenta bancaria. No quería cobrar por episodio porque surgirían gastos inesperados, por eso decidí cobrar todo junto.
Luego pasé por un salón de belleza para coordinar la hora a la que iría a prepararme para lucir espléndida el día de mi boda.
Al terminar fui con mi bolso de entrenamiento y mi bate para golpear varias pelotas. Sabía que hasta después de la luna de miel probablemente no tendría tiempo.
Mi celular sonó cuando me preparaba para entrenar. Era la alarma avisándome que debía tomar la medicación.
Hacía dos semanas que había ido al médico para buscar un método anticonceptivo. Escogí las píldoras que debería comenzar a tomar al llegar mi período.
Hasta había ido a un salón de belleza para depilarme por completo. No lo haría a último momento por si tenía el infortunio de tener algún tipo de irritación.
Luego de tomar mi pastilla, comencé a batear con precisión y fuerza. Al terminar, miré la hora en mi reloj. Sabía que Mateo no estaría en el apartamento, pero lo extrañaba y por eso quería verlo. Fue así que decidí ir y preparar algo para merendar juntos cuando él llegara. Tal vez podríamos ver una película.
Fui caminando. No estaba muy lejos.
Pasé las manos por mi cabello y rehice la coleta que usaba. Después de varios minutos estuve frente a su puerta y sin dudarlo entré.
Mantuve la correa de mi bolso deportivo en mi hombro derecho, al igual que el bate en mi mano izquierda.
Caminé despacio. Iría a su habitación. Todo estaba en silencio, salvo que mientras más me acercaba los sonidos empezaron a escucharse. Eran lejanos, amortiguados.
Mi corazón empezó a latir demasiado deprisa. Faltando dos pasos para llegar a la puerta entreabierta distinguí gemidos fuertes. Tenía la esperanza de que estuviera mirando una película para adultos, pero no fue así. Lo supe cuando escuché una risa femenina que me parecía demasiado familiar.
Quise encontrar una explicación lógica que justificara lo que estaba escuchando, pero no la había. Fue así que me puse frente a la puerta y miré lo que ocurría.
Se trataba de Mateo, desnudo en la cama, con mi propia hermana. No me hubiese dolido tanto de haberse tratado de otra mujer, pero habiendo tantas... no podía entender por qué tenía que traicionarme justamente con ella.
Me alejé de la puerta. Ver esa imagen me revolvía el estómago y necesitaba distancia.
Apoyé mi espalda en la pared. Sentí como mi rabia crecía. Pero si creía que verlos había sido lo peor me equivocaba.
--Eres sensacional y ¿Sabes que es lo mejor?-- Mi hermana le hablaba entre jadeos, claramente agotada por lo que habían estado haciendo
--Que serás mi mujer. Eres tan deliciosa...-- Él respondió y sabía que estaba sonriendo-- ¿Tus padres de verdad lo aceptarán?
Lo siguiente que escuché fue una risa de Lucia Carolina. Se estaban burlando de mi. ¿Acaso mis padres estarían de acuerdo? No, eso no podía ser verdad.
--En la despedida de soltera ella perderá el control y se irá con otro. Ya lo sabes. Después ya sabes lo que tienes que hacer. Ellos lo aceptarán
--Lo sé. Serás mi mujer. Ahora quiero otro adelanto de lo que me darás en nuestra noche de bodas
Me alejé tan rápido como pude. La furia y la decepción no hacían más que crecer en mi interior.
¡Yo había organizado la boda! ¡Él no me había ayudado! Ahora cada elección de Mateo cobraba sentido, desde la elección del menú, hasta el sabor del pastel... Todo a gusto de mi hermana gemela.
Al llegar a la puerta miré el bate que aún sostenía y me invadió el deseo de atacarlos, quitarme este dolor del pecho destrozándolos tal como ellos habían planeado meticulosamente destruirme a mí. Pero no, no podía hacer algo así.
Salí del apartamento con una mejor idea y fui al estacionamiento privado del edificio donde Mateo guardaba su más adorada posesión.
Al llegar allí no fue difícil localizar ese automóvil de lujo, personalizado a su gusto. Había ordenado que lo pintaran de un color especial, uno que creí que era único.
Arrojé mi bolso al suelo y levanté mi bate. El primer golpe destrozó la ventanilla del conductor. El segundo hizo añicos el espejo retrovisor. No podía escuchar nada más que el sonido de mi bate impactando en aquel Rolls-Royce de color gris volcánico.
Mis lágrimas caían sin cesar y aunque los golpes continuaron con ferocidad uno tras otro, eso no aliviaba la frustración y el dolor en mi pecho.
El bate cayó de mis manos cuando me quedé sin fuerzas, emitiendo un fuerte sonido en el suelo y ahí pude ver el coche destrozado: estaba abollado en cada parte, los faros destruidos, el parabrisas completamente roto.
--Alguien debió agraviarte de una manera insospechada para que hagas algo así-- Escuché una voz a mi espalda. No sabía que no estaba sola. No había podido escuchar a nadie acercarse
Me volteé y vi a un hombre alto, fuerte y atlético acompañado de dos más. Ni siquiera intenté secar mis lágrimas antes de responderle.
--Así fue. No tienes ni idea-- Miré mi mano-- Fue mi... ex
Él miró el automóvil y después a mí antes de acercarse un paso más.
--Me gustaría saber de qué manera mi automóvil te ofendió o que fue lo que yo te hice para recibir un daño semejante-- Allí sentí que el alma caía a mis pies, ¿Acaso era una broma de pésimo gusto?
--Si esto es una broma espero que sepa que no me hace gracia
Él se acercó otro paso. Debí mirar hacia arriba para observarlo. Debía medir casi dos metros, por lo menos unos treinta centímetros más que yo.
--Podría reconocer mi automóvil en cualquier sitio. Si tienes dudas deberías mirar la matrícula-- Sugirió
Me volteé. Los números que contenía eran 956 y la de aquel traicionero 314. Me había equivocado de automóvil creyendo que el de mi maldito prometido era único. No era así.
--Ahora tenemos que hablar. Lo que acabas de hacer necesita una reparación y además creo que merezco una explicación-- Me lo dijo con seriedad absoluta mientras se agachaba para recoger mi bolso y también el bate
Él se acercó a los dos hombres que lo acompañaban y les habló en voz baja. Por sus ademanes intuí que les estaba dando alguna orden y después se dirigió hacia mí. Comenzó a caminar al interior del edificio. No supe cómo, pero lo seguí. Fue un milagro no quedarme paralizada en aquel estacionamiento.
ojalá Emanuel nuca vuelva con Carolina 😡 no lo merece