Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Caroline Ashford 3
A la mañana siguiente, Caroline despertó con una energía que no había sentido en mucho tiempo.
Había dormido estupendamente.
Quizá demasiado bien.
Se sentó en la cama y recordó inmediatamente lo que ocurriría ese día.
[¡Vestidos!]
Una sonrisa apareció en su rostro.
Por primera vez desde que había despertado en ese mundo, tenía algo concreto que esperar con ilusión.
Después de desayunar, se preparó para salir.
Dos doncellas la acompañarían.
Cuando finalmente llegaron a la tienda de modas, Caroline se quedó maravillada.
El establecimiento era mucho más elegante de lo que había imaginado.
Había maniquíes vestidos con prendas hermosas, rollos de telas de diferentes colores y enormes espejos distribuidos por las paredes.
Varias empleadas se acercaron rápidamente.
Al reconocer a la hija de la duquesa Ashford, una de ellas hizo una reverencia.
—Es un honor recibirla, mi lady.
Caroline sonrió.
—Gracias.
La mujer parecía saber perfectamente qué clase de vestidos debía mostrarle.
—Hemos preparado algunos modelos especialmente adecuados para usted.
Caroline esperó.
Entonces comenzaron a sacar vestidos.
Uno tras otro.
Todos tenían algo en común.
Eran enormes.
Sueltos.
Sin forma.
Con cortes diseñados para ocultar completamente la figura.
Cuellos altos.
Faldas amplias.
Capas de tela.
Cinturas prácticamente inexistentes.
Caroline observó el primero.
Después el segundo.
Después el tercero.
Finalmente levantó una mano.
—No.
La vendedora se quedó quieta.
—¿Mi lady?
—No quiero esos.
Las dos doncellas intercambiaron una mirada.
La vendedora parecía confundida.
—Pensé que...
Caroline sonrió.
—Antes sí.
La mujer parpadeó.
—¿Antes?
Caroline asintió.
—Pero ahora quiero cambiar.
Silencio.
Las doncellas se miraron nuevamente.
[Definitivamente están pensando que me volví loca.]
Caroline no pudo evitar sonreír.
—Quiero vestidos que me queden bien.
Señaló uno de los vestidos que acababan de sacar.
—Ese es demasiado grande.
Luego señaló otro.
—Ese también.
Finalmente añadió..
—Y no quiero que oculten mi figura.
La vendedora abrió ligeramente los ojos.
Las doncellas estaban igualmente sorprendidas.
Era evidente que la antigua Caroline había sido muy específica con sus pedidos.
Siempre quería prendas que disimularan sus curvas.
Nunca elegía nada demasiado ajustado.
Nunca quería llamar la atención.
Pero la mujer que estaba frente a ellas ahora parecía completamente distinta.
Caroline miró los vestidos de la tienda.
Y entonces ocurrió algo maravilloso.
No tenía que mirar los precios.
En su vida anterior, entrar en una tienda de ropa había sido una experiencia muy diferente.
Primero miraba una prenda.
Después miraba el precio.
Después calculaba mentalmente cuánto dinero tenía.
Después miraba otra.
Volvía a mirar el precio.
Y finalmente terminaba pensando:
[Es demasiado caro.]
A veces podía permitirse algo bonito.
Pero normalmente tenía que ser cuidadosa.
Muy cuidadosa.
Su sueldo de maestra alcanzaba para vivir, pero no podía permitirse comprar cualquier cosa que quisiera.
Ahora... Caroline tomó un vestido.
Miró la etiqueta.
No necesitaba saber cuánto costaba.
[¡Puedo pagarlo!]
Tomó otro.
[¡También!]
Otro.
[¡También!]
Sus ojos comenzaron a brillar.
[¡Dios mío!]
Miró a las doncellas.
Después volvió a mirar los vestidos.
[¡Soy rica!]
Una sonrisa enorme apareció en su rostro.
—Quiero probar este.
La vendedora se apresuró a atenderla.
Después Caroline señaló otro.
—Y ese.
Luego otro.
—También ese.
Y otro.
—Ese me gusta.
Las doncellas comenzaron a cargar vestidos.
—Mi lady...
Caroline se giró.
—¿Sí?
Una de las doncellas miró la creciente montaña de vestidos.
—¿Está segura de que desea probarlos todos?
Caroline respondió sin siquiera pensarlo.
—Por supuesto.
[¡He esperado toda mi vida para poder hacer esto!]
Comenzó a probar diferentes estilos.
Algunos eran elegantes.
Otros más juveniles.
Algunos tenían colores suaves.
Otros eran mucho más llamativos.
Pero Caroline tenía algo muy claro.
No quería esconderse.
Escogió vestidos que marcaban su cintura.
Prendas con escotes elegantes, pero más abiertos.
Faldas que seguían la forma de sus caderas.
Vestidos que resaltaban su figura en lugar de cubrirla.
No eran vulgares.
Eran femeninos.
Coquetos.
Y completamente diferentes a lo que la antigua Caroline habría elegido.
Cuando finalmente encontró uno que le encantó, decidió cambiarse allí mismo.
Entró al vestidor.
Unos minutos después salió.
Las dos doncellas quedaron en silencio.
La vendedora también.
Caroline caminó hasta el enorme espejo.
Se miró.
Y se quedó quieta.
El vestido se ajustaba perfectamente a su cuerpo.
Su cintura estaba definida.
La falda caía elegantemente sobre sus caderas.
El escote era bonito y favorecedor.
Y su cabello morado hacía que el conjunto fuera todavía más llamativo.
Caroline giró ligeramente.
Miró el vestido de perfil.
Después volvió a mirar de frente.
[Oh...]
Se acercó un poco más al espejo.
[¡Soy hermosa!]
Sonrió.
[La antigua Caroline realmente no sabía lo preciosa que era.]
Se miró durante varios segundos.
Y después pensó algo que la hizo reír internamente.
[¿Por qué desperdiciar una figura así escondiéndola debajo de tres toneladas de tela?]
La vendedora finalmente recuperó el habla.
—Mi lady...
Caroline la miró.
—¿Sí?
—El vestido le queda... extraordinariamente bien.
Caroline sonrió.
—Lo sé.
Las dos doncellas volvieron a mirarse.
Una de ellas parecía no saber qué decir.
La otra finalmente sonrió.
—Mi lady se ve muy hermosa.
Caroline sintió una pequeña satisfacción.
—Gracias.
Volvió a mirarse.
Por primera vez desde que había despertado, no estaba observando el cuerpo de otra persona.
Estaba empezando a sentirlo como suyo.
Y no había vergüenza.
No había inseguridad.
No había necesidad de esconderse.
Solamente había una mujer joven frente a un espejo.
Una mujer que había muerto en otra vida.
Una mujer que había recibido una segunda oportunidad.
Y que ahora tenía la oportunidad de vivir de una manera completamente diferente.
Caroline acarició suavemente la tela del vestido.
[Esto sí que es vida.]
Después miró los demás vestidos que había elegido.
[Quizá me lleve todos.]
Hizo una pausa.
[¿Todos?]
Miró a las doncellas.
Luego a la vendedora.
Luego nuevamente a los vestidos.
[¡Sí, todos!]
Nadie cuestionó su decisión.
Después de todo...
Era la hija única de la duquesa Ashford.
Si quería comprar una tienda entera de vestidos, probablemente nadie tendría el valor de decirle que no.
Caroline sonrió.
[Definitivamente voy a disfrutar esta vida.]