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LA HEREDERA DEL SILENCIO

LA HEREDERA DEL SILENCIO

Status: En proceso
Genre:Aventura de una noche / Casarse por embarazo / Malentendidos
Popularitas:871
Nilai: 5
nombre de autor: Genesis YEPES

Valentina Rivas es la heredera de un poderoso imperio empresarial. Tras desaparecer dos meses, regresa a casa marcada por un secreto que no puede revelar. Su matrimonio por contrato con Aniel, un hombre reservado y observador, se tensa cuando comienzan a llegar amenazas silenciosas: fotografías de su hija y mensajes que demuestran que alguien cercano conoce cada debilidad de su familia.
Mientras el tiempo del contrato se agota, Valentina debe decidir entre seguir callando para proteger a los suyos o enfrentar la verdad que podría destruirla. En un mundo donde el poder se hereda y el silencio tiene un precio, algunas herencias no se eligen.

NovelToon tiene autorización de Genesis YEPES para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LO QUE SE ROMPE

Desperté con la sensación de que alguien me observaba.

Abrí los ojos despacio. La luz de la tarde entraba suave por las cortinas entreabiertas me dolía la cabeza y el cuerpo se sentía pesado, como si hubiera corrido un maratón sin moverme de la cama. Parpadeé varias veces hasta que la habitación dejó de verse borrosa.

Aniel estaba sentado en la misma silla de la mañana, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en mí tenía la cara cansada, la barba resaliñada y los ojos enrojecidos. Cuando notó que estaba despierta, se enderezó.

—Hola

dijo en voz baja.

—Hola…

Me incorporé con dificultad. Él se levantó de inmediato y me ayudó a acomodar las almohadas detrás de la espalda. El gesto fue cuidadoso, casi profesional, pero había una tensión contenida en sus movimientos.

—¿Cómo te sientes?

preguntó.

—Mejor… un poco.

Mentira a medias. Seguía sintiendo el peso de todo lo que no había dicho el silencio entre nosotros se alargó unos segundos.

—¿Le dijiste algo?

—Solo que no te sentías bien y necesitabas descansar.

Volví a asentir. Miré hacia la ventana. El día ya iba avanzado no sabía cuántas horas había dormido.

Aniel se pasó una mano por el cabello y suspiró.

—Valentina… necesitamos hablar. De verdad.

Me tensé.

—Ya hablamos esta mañana.

—No. Esta mañana yo grité y tú lloraste eso no es hablar.

Se quedó de pie frente a la cama, con los brazos cruzados, mirándome con una mezcla de cansancio y determinación.

—Hay alguien amenazándote. Hay alguien que sabe dónde estudia nuestra hija. Tú estás aterrada. Y yo ya no voy a seguir aceptando respuestas a medias.

Tragué saliva. El miedo volvió a subir por mi pecho como una marea fría.

—No es tan simple…

—Nada lo es. Pero Anisette está en medio de esto. Y yo también aunque tú no quieras.

Me quedé callada. Él esperó. Cuando vio que no iba a responder de inmediato, continuó:

—Hoy hablé con Raúl. Le conté que estás recibiendo amenazas. Que hay una fotografía de Anisette. Que cambiaste los protocolos del colegio. Le dije que estás destrozada y que yo estoy cansado de no saber qué está pasando realmente.

El corazón se me aceleró.

—¿Por qué le dijiste…?

—Porque ya no puedo cargar con esto solo. Y porque si algo le pasa a nuestra hija, necesito que alguien más de la familia sepa que hay peligro.

Me llevé las manos a la cara. El miedo a que Rafael descubriera que alguien más sabía me apretó el estómago.

—No debiste…

—¿Entonces qué debí hacer, Valentina? ¿Seguir esperando a que tú decidieras hablar? ¿Seguir viendo cómo te apagas mientras alguien amenaza a nuestra hija desde las sombras?

Su voz no era agresiva era cansada. Cansada y firme.

Bajé las manos y lo miré. Por primera vez en mucho tiempo vi claramente el miedo detrás de su enojo. No era solo celos ni frustración por el contrato. Era terror real a perder a Anisette… y, aunque le costara admitirlo, a perderme a mí también.

—Tengo miedo

susurré.

—Lo sé.

—Miedo de lo que pueda pasar si hablo. Miedo de lo que pueda pasar si no lo hago.

Aniel se sentó otra vez en la silla, más cerca esta vez.

—Entonces empecemos por lo más básico. ¿La persona que te está amenazando es alguien que conoces?

Dudé. El nombre de Rafael quemaba en mi lengua. Decir su nombre era cruzar una línea de la que no habría retorno. Pero el recuerdo de la fotografía de Anisette y la segunda nota me obligó a ceder un poco.

—Sí

respondí apenas.

—Es alguien… cercano a mi familia.

Aniel se tensó.

—¿Qué tan cercano?

Negué con la cabeza.

—Todavía no puedo decirte el nombre. No todavía.

Él apretó la mandíbula, pero no insistió de inmediato. Respiró hondo, como si estuviera contando hasta diez.

—Está bien. Por ahora. Pero necesito más. ¿Esta persona tiene acceso a la empresa? ¿A la casa? ¿Sabe de Anisette desde siempre?

—Sabe demasiado

admití.

—Y no va a parar.

El silencio que siguió fue pesado. Aniel se pasó ambas manos por la cara y se quedó así unos segundos, con los codos en las rodillas.

—Voy a aumentar la seguridad de la casa

dijo al fin.

—Y del colegio. Y voy a revisar las cámaras de las últimas semanas. Si hay alguien merodeando, quiero saberlo.

—Aniel…

—No me pidas que no haga nada. Ya lo intenté. No funciona.

Me quedé callada él tenía razón el silencio ya no estaba protegiendo a nadie. Solo estaba dándole tiempo a Rafael.

Aniel se levantó y caminó hasta la ventana. Miró hacia afuera durante un rato largo.

—El contrato se acaba en tres meses

dijo sin girarse.

—Independientemente de todo esto, tenemos que decidir qué va a pasar con Anisette. Cómo vamos a organizarnos. Qué le vamos a decir.

La mención del contrato me removió el estómago.

—Todavía no…

—Lo sé. No tiene que ser hoy. Pero tampoco podemos seguir fingiendo que el tiempo no corre.

Se giró hacia mí.

—Por ahora, lo más importante es que estés a salvo. Y que ella lo esté todo lo demás… lo iremos viendo.

o lo mejor seria retrasar el contrato no es el momento de quedarte sola

Asentí despacio. El cansancio volvió a golpearme. Aniel lo notó.

—Descansa un poco más. Yo voy a hacer unas llamadas. Si necesitas algo, estoy abajo.

Se dirigió a la puerta antes de salir, se detuvo con la mano en el pomo.

—Valentina.

—¿Sí?

—Gracias por decirme al menos que es alguien de la familia.

No supe qué responder. Él asintió una sola vez y salió, cerrando la puerta con suavidad.

Me quedé sola en la cama, mirando el techo el nombre de Rafael seguía atrapado en mi garganta. Sabía que tarde o temprano tendría que decirlo. Sabía que Aniel no se iba a conformar con migajas por mucho más tiempo.

Y sabía, con una certeza helada, que cada día que pasaba sin enfrentar la verdad, Rafael se acercaba un poco más.

Cerré los ojos.

Por primera vez desde que había vuelto, sentí que el silencio que yo misma había construido empezaba a agrietarse de verdad.

Y ya no estaba segura de si eso me aterraba… o me aliviaba.

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karencitha
no entiendo porque se queda cayada porque no le cuenta lo que le paso 😡
rey marisol
oh Dios
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