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EL MERCADER DE DOS ERAS

EL MERCADER DE DOS ERAS

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Mundo de fantasía / Época
Popularitas:83
Nilai: 5
nombre de autor: Manuel Saucedo

Lin Chen estaba endeudado y sin futuro hasta que una misteriosa puerta le permitió viajar entre la era moderna y la antigua China.

Desde entonces, objetos comunes como sal, espejos, medicinas y herramientas se convierten en tesoros en el pasado, mientras que jade, oro y reliquias antiguas valen fortunas en el presente.

Lo que comienza como una forma de pagar sus deudas pronto se transforma en un imperio comercial capaz de desafiar nobles, familias poderosas y hasta la corte imperial.

Pero cada viaje modifica algo.

Y un día, Lin Chen descubre su propio nombre escrito en documentos históricos de hace siglos.

Dos épocas. Un comerciante. Una fortuna sin límites.

NovelToon tiene autorización de Manuel Saucedo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Jabón, grasa y ceniza

El jabón parecía más sencillo que el metal.

Ese fue el primer error de Lin Chen.

En el presente podía comprar una pastilla por unas cuantas monedas.

Fabricarlo en Qinghe resultó considerablemente más complicado.

La idea nació por necesidad.

Las ventas de jabón importado eran buenas.

Demasiado buenas.

Cada lote desaparecía con rapidez.

Y eso generaba dos problemas.

Primero, debía transportar más.

Segundo, cada pastilla moderna era otra mercancía cuya procedencia podía llamar la atención.

Lin Chen decidió probar producción local.

Buscó recetas tradicionales.

Estudió saponificación.

Tipos de grasa.

Cenizas.

Aceites.

Lejía.

Temperaturas.

Seguridad.

Después regresó a Qinghe convencido de que entendía lo suficiente.

Dos días después, tenía un recipiente lleno de una masa gris que olía horrible.

Su Wan'er la miró.

—¿Eso es jabón?

Lin Chen permaneció en silencio.

—¿Lin Chen?

—Todavía no.

—Parece comida para animales.

—Gracias.

—¿Quieres que lo venda?

—Ni siquiera yo usaría eso.

Su Wan'er sonrió.

—Excelente comienzo.

El segundo intento fue peor.

Utilizaron demasiada lejía.

Lin Chen se dio cuenta cuando la mezcla irritó la piel de uno de los ayudantes.

Detuvo todo.

—Nadie toca eso.

El trabajador se lavó inmediatamente.

No hubo daño grave.

Pero el incidente le sirvió de advertencia.

Conocimiento moderno no significaba experiencia.

Y experimentar con personas era inaceptable.

Lin Chen contrató a una mujer llamada tía Mei, conocida por fabricar preparados de limpieza con ceniza y grasas.

Ella observó sus métodos.

Después dijo:

—Estás haciendo demasiadas cosas al mismo tiempo.

—¿Qué sugieres?

—Dejar de comportarte como si el fuego te obedeciera.

Su Wan'er se rió.

Lin Chen la ignoró.

Tía Mei tomó el control.

Menos cantidad.

Mejor filtrado.

Temperatura más estable.

Aceite diferente.

El tercer lote no era bonito.

Pero limpiaba.

El cuarto tenía mejor olor.

El quinto podía cortarse en pequeñas barras.

Nada parecido al jabón moderno.

Pero funcionaba.

Lin Chen no intentó convertirlo en producto de lujo.

Ese habría sido otro error.

Lo vendió barato.

Especialmente a posadas.

Talleres.

Casas con empleados.

Su Wan'er consiguió los primeros clientes.

La propia Posada del Ciruelo usó varias barras.

Tres días después, la madre de Su Wan'er pidió más.

Eso era buena señal.

—¿Qué dijo? —preguntó Lin Chen.

—Que lava bien.

—¿Algo más?

—Que huele raro.

—Perfecto.

—Eso no es un cumplido.

—Pero volvió a pedir.

Su Wan'er admitió el punto.

El negocio era pequeño.

Demasiado pequeño para interesar a nobles.

Pero tenía algo que los espejos no.

Repetición.

Una persona compraba un espejo una vez.

Jabón podía comprar cada semana.

Lin Chen comenzó a apreciar ese tipo de productos.

Pequeños márgenes.

Muchos clientes.

Recompra.

Estabilidad.

El Pabellón empezó a vender dos líneas.

La importada.

Más fina.

Aromática.

Cara.

Y la local.

Rústica.

Barata.

Práctica.

Los clientes decidían.

El crecimiento trajo otro problema.

Espacio.

El pequeño taller improvisado de tía Mei no podía producir suficiente.

El almacén tampoco servía.

Lin Chen necesitaba un lugar separado.

Pero no quería gastar demasiado.

Buscó durante varios días.

Finalmente encontró una pequeña casa abandonada en las afueras.

Tenía patio.

Cobertizo.

Pozo cercano.

Y nadie la quería porque el techo necesitaba reparación.

El propietario pedía doce taeles por un año.

Lin Chen ofreció ocho.

Terminaron en diez.

Su Wan'er lo miró firmar.

—Cada semana alquilas algo nuevo.

—Eso me preocupa.

—A mí también.

—Entonces deja de animarme.

—Yo no te animo. Solo evito que pagues precios ridículos.

La diferencia era discutible.

Lin Chen hizo cuentas esa noche.

Tenía:

la tienda.

el almacén.

el pequeño taller de jabón.

pagos a Qiao.

salario de Su Wan'er.

tarifas de Wu San.

materiales.

impuestos.

Comenzaba a sentir algo que conocía del presente.

Flujo de caja.

Podía tener mercancía.

Podía tener ventas.

Y aun así quedarse sin dinero.

Eso era peligroso.

Su riqueza aparente estaba creciendo más rápido que su efectivo real.

Lin Chen revisó todo.

Después tomó una decisión.

No abriría nada nuevo durante al menos un mes.

No más edificios.

No más empleados.

No más productos importantes.

Consolidar.

Esa sería la prioridad.

La decisión duró cuatro días.

Porque al quinto apareció un problema inesperado.

Una mujer llegó al Pabellón sosteniendo una pastilla de jabón local.

—¿Quién fabrica esto?

Su Wan'er respondió:

—Nosotros.

La mujer dejó una pequeña caja sobre el mostrador.

Dentro había cinco pastillas.

Eran casi idénticas.

Pero no eran suyas.

Lin Chen tomó una.

La olió.

—¿Dónde las compró?

—Mercado sur.

—¿Precio?

—La mitad.

Su Wan'er miró a Lin Chen.

Copias.

Ya.

Lin Chen no supo si sentirse molesto o halagado.

La mujer dijo:

—Son peores.

—¿Por qué?

—Se deshacen rápido.

Lin Chen examinó.

Eso tenía sentido.

Alguien había intentado imitar el producto sin controlar bien el proceso.

—Gracias por traerlo.

—¿Van a hacer algo?

Lin Chen pensó.

¿Qué podía hacer?

No existía protección real de marca como en su mundo.

Podía quejarse.

Amenazar.

Intentar usar contactos que no tenía.

O mejorar.

—Sí.

La mujer esperó.

—Haremos uno mejor.

Ella pareció confundida.

Su Wan'er no.

Cuando la clienta se marchó, dijo:

—Eso significa que ya te están copiando.

—Sí.

—¿No estás enfadado?

—Un poco.

—Pareces feliz.

—Porque confirma que hay mercado.

Su Wan'er negó con la cabeza.

—Eres extraño.

Lin Chen miró la barra falsa.

Copiar un producto era fácil.

Copiar un proceso bien organizado era más difícil.

Y copiar una empresa que mejoraba constantemente...

Mucho más.

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