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Señor Valdés, quiero el divorcio

Señor Valdés, quiero el divorcio

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Juego de roles / Triángulo amoroso / Amante arrepentido
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Alma Varela

El día de su cumpleaños, Elena Robles recibe decenas de felicitaciones. Ninguna viene de su esposo.
Mientras ella espera un abrazo, sus mellizos preparan un regalo para Marina, la media hermana de Elena. Adrián Valdés también tiene claras sus prioridades: Marina siempre va primero.
Después de años intentando ganarse un lugar en su propia familia, Elena deja su anillo junto a los papeles del divorcio y se marcha. Esta vez, no busca que él la siga. Quiere recuperar su vida.
Vuelve a la empresa tecnológica que ayudó a fundar y retoma la carrera que dejó por su matrimonio. Quienes la subestimaban solo conocían a una esposa callada. Están a punto de descubrir de lo que es capaz.
Adrián está acostumbrado a que Elena siempre lo espere.
¿Qué hará cuando ella deje de hacerlo?

NovelToon tiene autorización de Alma Varela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 15. Otra vez comen juntos sin nosotros

Sofía se quedó mirándola.

Había ido a saludar a Elena. No entendía por qué aquella niña la había empujado ni por qué ahora le decía esas cosas.

Empezó a llorar.

Elena la sostuvo y le acarició la espalda.

—No, Sofía. No tienes nada de fea. Estás muy bonita con tus trenzas. ¿No te gustan a ti?

La niña asintió entre lágrimas.

Lucía vio que su mamá seguía abrazándola.

—¡Ya no te quiero! —gritó—. ¡No quiero que seas mi mamá!

Intentó alejarse.

Elena la sujetó del brazo antes de que pudiera salir corriendo por el pasillo. Mateo se quedó pegado a ella.

—Mamá, ¿por qué la abrazas tanto? —preguntó él.

Elena estaba molesta por lo que Lucía había hecho, pero no quería regañarla delante de toda la escuela.

Se agachó para quedar a su altura y atrajo a su hija hacia ella.

—Primero vamos a calmarnos.

Le dio un beso.

Lucía dejó de intentar escapar. Se echó a llorar y apretó los brazos alrededor de su cuello.

—Entonces no la abraces. Y no digas que es bonita.

Elena comprendió.

Su hija podía pasar días sin hablarle. Podía decir que prefería a Marina. Pero, al ver a otra niña recibir su atención, quería que Elena fuera solo suya.

No prometió lo que Lucía le pedía.

Acompañó a los tres hasta un lado del pasillo, lejos de quienes se habían detenido a mirar.

Lucía se acomodó en sus brazos, dejando a Sofía fuera del abrazo.

Sofía se apartó sin protestar. Le gustaba Elena, pero le daba miedo aquella niña que la miraba tan enojada.

Elena habló con calma.

—Puedes elegir una chamarra que te parezca genial. Sofía puede elegir trenzas y ropa rosa. Que te gusten cosas distintas no te da derecho a insultarla.

Lucía bajó la vista.

—Tampoco puedes empujarla. ¿Lo entiendes?

Su hija era inteligente. Elena sabía que podía comprenderlo.

Lucía lo comprendía.

No quería admitir que había hecho algo mal. Solo le molestaba que su mamá abrazara a alguien más.

Elena le acomodó el cabello y secó sus lágrimas con un pañuelo.

—Si te equivocas, puedes corregirlo. Pero no vuelvas a decirle esas cosas a nadie.

Lucía se tranquilizó al sentir que Elena todavía la atendía con cariño.

—Está bien.

Mateo no se había apartado. Elena le pasó un brazo por los hombros y se volvió hacia Sofía.

—Ella es Lucía, mi hija. Él es Mateo, su hermano. Lucía ya sabe que lo que hizo estuvo mal. ¿Quieres escucharla?

Sofía asintió.

Elena miró a su hija.

—¿Qué tienes que decirle?

Lucía levantó la cabeza.

—Perdón.

—Está bien —respondió Sofía en voz baja.

Elena le agradeció y acompañó a los tres hasta el salón.

La maestra se llevó a Sofía. Elena se quedó un momento junto a los mellizos.

—Ahora entren. Su maestra los está esperando.

Lucía volvió a abrazarla.

—Mamá...

—¿Qué pasa?

La niña llevaba mucho tiempo sin probar su comida. Había extrañado aquel abrazo más de lo que esperaba. Por un instante quiso pedirle que cenaran juntas.

Recordó la carrera de Marina.

La comida de mamá podía tenerla cualquier otro día. La carrera no.

Soltó un poco los brazos.

—Nada.

Mateo miró la puerta del salón. Luego preguntó:

—¿Nos vas a llamar al mediodía?

—Sí.

Lucía asintió enseguida.

—Acuérdate, mamá.

—Me voy a acordar.

Los niños entraron más tranquilos.

Elena los vio presentarse ante el grupo. Lucía habló sin timidez. Mateo dijo su nombre y miró a la maestra antes de continuar.

Cuando los dos estuvieron sentados, Elena se despidió y fue a trabajar.

***

Javier llegó a su escritorio acompañado por una joven.

—Ella es Natalia Ríos. Va a hacerse cargo de tus tareas cuando te vayas.

Natalia era atractiva y vestía ropa de diseñador. Miró a Elena de arriba abajo, aunque enseguida le ofreció una sonrisa.

—Mucho gusto. Gracias por ayudarme durante estos días.

Elena le estrechó la mano.

—Con gusto.

—Terminé la maestría en la Universidad de Santa Aurora en junio. ¿Tú dónde estudiaste?

¿En junio?

Elena pensó que quizá tenía poca experiencia para asumir la coordinación del equipo.

Eso no significaba que no fuera capaz. Ella misma había llegado al puesto trabajando con personas que tenían títulos más avanzados que el suyo.

Antes de sacar conclusiones, prefería ver cómo trabajaba.

—Tenemos una reunión dentro de un rato —le dijo—. Primero revisemos los pendientes.

—Claro. Perdón, me distraje.

Mientras caminaban hacia la sala, Natalia bajó la voz.

—Dicen que el señor Valdés es guapísimo. ¿Es verdad?

—Sí.

Natalia sonrió, entusiasmada.

—Ahora tengo más ganas de conocerlo. Javier dice que hoy no va a venir.

Elena no lo sabía.

Adrián tenía negocios en muchos sectores. No iba a la sede del grupo todos los días.

La posibilidad de verlo había dejado de marcar sus jornadas.

***

Al mediodía, Natalia la acompañó al comedor de empleados.

Cuando se sentaron con sus bandejas, Elena sacó el celular.

Había prometido llamar a los niños.

—¿Le hablas a tu novio? —bromeó Natalia.

—A mis hijos.

La joven abrió los ojos.

—¿Tienes hijos? ¿Estás casada?

—Sí. Son mellizos.

***

En la escuela, Lucía y Mateo estaban frente al celular.

Hablaban por video con Marina.

Adrián también aparecía en la pantalla.

Lucía frunció la nariz.

—Otra vez están comiendo juntos sin nosotros.

—Ustedes tienen que ir a la escuela —respondió Marina—. Yo los busco cuando salgan. Esta noche comemos los cuatro, ¿sí?

Mateo miró a su padre.

—¿Antes de la carrera?

—Sí —dijo Marina.

Lucía sonrió.

Adrián sirvió un poco de comida en el plato de Marina y se volvió hacia la cámara.

—¿Qué quieren cenar? Voy a pedir que se lo preparen.

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