June escapa del prostíbulo al que fue vendido por tener rasgos femeninos, decidido a recuperar su libertad. En su camino conoce a Ángel, un hombre rico con el corazón hecho pedazos. Dos almas heridas, dos mundos distintos y un mismo anhelo: encontrar el amor. Juntos deberán enfrentarse a las sombras de su pasado y descubrir si, incluso después de tanto dolor, es posible volver a amar sin miedo.
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3
Cuando abro los ojos, el techo de la habitación me hace levantarme rápidamente. ¿En dónde estoy? ¡La luz me lastimaba la vista! ¿Por qué es tan suave la cama? Sentado en un colchón suavecito, me acaricio las mejillas y todo lo que veo me asusta. ¡¿En dónde estoy?! La habitación era de un tono blanco, el edredón era de color negro y la luz del sol me ayuda a recordar un poco.
¡Logré escapar! ¿Y cuánto tiempo estuve durmiendo? A mi mente viene el recuerdo de mi salvador y su mirada me hace pensar en qué tal vez estoy en un hotel, porque esto no tiene pinta de motel.
Caminé hacia el sanitario, había un espejo muy grande y la ducha me impresionó bastante. En el prostíbulo la ducha solo duraba diez minutos. Agua fría. Jabón en barra de aroma a coco. Cucarachas y un poco de oscuridad ¡Que diferente a este lugar!
Tiré los rastros de la noche por el inodoro, mi boca estaba muy seca, sentía los labios muy partidos y me di un baño. Encontré una loción de naranjas y menta en uno de los cajones, me puse un poco.
Al salir del baño, vi que en el buró había una botella de electrolitos y una muda de ropa con una nota encima.
...¡Estás a salvo! No te preocupes, espero que hayas recuperado fuerzas. Esta ropa es para ti, ojalá sea de tu talla....
Su letra me hizo recordar el momento en el que acepté su ayuda, su mano se unió a la mía y así forjamos una especie de confianza mutua. ¡Su nombre es Ángel! ¡Ya lo recordé!
Me vestí, salí de la habitación, camine por un pasillo que conducía a otras habitaciones y al final, bajabas las escaleras. ¡Esto era una casa! Y la verdad es que era muy bonita, tenía un estilo peculiar porque no tenía muchas cosas y las decoraciones eran muy simples. Este muchacho parecía ser adinerado ¿Realmente quería ayudarme? ¿Debería seguir aquí? ¿Y si mejor lo dejo?
No podía negar que su ayuda me ha venido muy bien hasta este momento, sin él no habría podido escapar del prostíbulo. Pero no me siento cómodo. De pronto me sentía abochornado por haberlo conocido. Quizá mi presencia le causaría problemas y eso es algo que nunca me ha gustado: causar problemas. Seguro tenía familia, ¿qué pensarían de mí? ¡No podía meter en problemas a este buen muchacho!
Me encontré con una señora que estaba completamente apurada en los quehaceres, parecía ser una señora agradable. Ella limpiaba el comedor.
—¡Buenos días! —Saludé.
Ella se giró a mirarme. Su mano derecha sostenía un trapo húmedo.
—¡Buenos días joven! ¿Puedo servirle en algo?
Era muy educada. ¿Por qué me trataba con tanto respeto si mi apariencia era tan desagradable?
—¡No! Descuidé, yo solo, acabo de despertar y ¿sabe dónde está Ángel?
—El joven Ángel salió a hacer unas compras. ¿Necesita algo? ¿Se siente mal? Permítame ayudarle si es así.
Me sorprendió el hecho de saber que ya estaba muy activo con sus actividades de este día. ¿Habrá dormido bien? ¿Tendrá sueño? ¿Cansancio tal vez? ¿Su vida estaría llena de muchas ocupaciones?
—Solo quería agradecerle por lo que hizo por mí. Yo, tengo que irme.
Se exaltó un poco, dejó caer el trapo al suelo.
—¿A dónde va? No puede irse, el joven...
—No se preocupe, estaré bien.
—Pero...
No la escuché. Comencé a caminar hacía la puerta principal, sacudí un poco mi cabello y entonces abrí. ¡Me sorprendió! Él estaba justo enfrente de mí y traía entre sus brazos, algunas bolsas de papel con las compras de la despensa. Encogí mis hombros y sonreí tímidamente.
—¡Gracias! —Dijo cortésmente.
Entró a la casa. La señora del aseo miraba la escena con mucha curiosidad.
—¡De nada! Yo solo...
—¿Hace cuanto despertaste?
—No sé, no tengo noción del tiempo. ¿Qué hora es?
—Son las once de la mañana.
—¡Oh!
—¿Ya desayunaste?
Lancé un suspiro. Aún si yo usara tacones de plataforma, él era alto. No fui capaz de responder de forma adecuada.
—Mmmmm no, yo...este...
—¡Muy bien! Desayunemos juntos.
Dejo las compras sobre la barra de la cocina. Yo como tonto, solo le estaba mirando muy sorprendido. ¿Cómo es que este muchacho me trataba con mucha confianza? Le pidió a Luisa —así se llamaba la señora del aseo— que nos preparará el desayuno. Me ofrecí a ayudarle, aunque, para ser sincero, tenía años que no me acercaba a una cocina. En el prostíbulo nuestros cuidadores se encargaban de llevarnos la comida una vez al día. ¡Eso explica por qué estoy delgado!
Al final, doña Luisa rechazo mi ayuda y termine sentándome en el comedor junto a Ángel. La mesa era de madera fina, él en la cabecera y yo a su lado derecho. Sus dedos escribían sobre la pantalla de su celular.
—Estaba a punto de irme cuando llegaste —dije una vez que él término de escribir.
Sus ojos se posaron sobre los míos. Desde este ángulo y gracias a la luz que se escurría por los ventanales del comedor, pude notar que sus ojos eran de color miel y había vello oscuro de días en su barbilla.
—¿Por qué te ibas? —Preguntó con curiosidad—. ¿Necesitas algo? ¿Quieres que vayamos de compras o....?
—No nada de eso, yo estoy bien. Estoy muy agradecido por toda tu ayuda y porque no me dejaste ayer en la gasolinera como yo te había pedido —me escuchaba con mucha atención—. Es solo que, no quiero causarte problemas con tu familia o tus amigos. Parece que eres un buen hombre, nunca pensé que vivirías en un lugar cómo esté. La verdad no me siento muy cómodo pensando que me estoy entrometiendo en tu vida.
No se apresuró a responderme. Escuchó con mucha atención y sus cejas se arquearon de repente.
—Puedes estar tranquilo. ¿Por qué tendría problemas? Después de todo, fui yo quien decidió ayudarte. Aún si alguien quisiera armar algún problema conmigo o con mi familia, prometo solucionarlo.
—Lo haces sonar muy fácil.
Percibí una sonrisa suave en sus labios.
—En realidad lo es, solo no dejes que los demás traten de influir en tu vida y en las decisiones que tomas.
Eso tenía mucho sentido, me pareció sensato.
—Intentaré tomar en cuenta tu consejo.
—Claro que sí y por eso es que quiero decirte algo.
—¿Que me quieres decir?
Sus ojos se enfocaron en mis ojos.
—¡Seamos amigos!
El tono de su voz, la forma en la que me miraba, realmente me transmitía tranquilidad. Asentí. ¿Seríamos amigos?
—Pues gracias. Sé que no merezco tu ayuda, pero por alguna razón es que tú no quieres dejar de ayudarme y eso es muy gentil. ¿Qué puedo hacer yo por ti en muestra de agradecimiento? La verdad, como amigo no soy muy bueno. Nunca he tenido algún amigo hombre.
¡Mentí con lo de un amigo hombre! ¿Por qué? Bueno, no es que mi custodio fuese mi amigo, pero la relación que yo llevaba con él no podría definirla como una simple amistad. Y luego estaban todos esto hombres con los que yo solía estar, solo me veían como placer efímero. Ángel pensó unos segundos. Bajo la mirada y sonrió.
—¡Tranquilo! Una amistad es una relación que se basa en confianza y ayuda. Está noche puedes hacer algo por mí.
—¿Qué necesitas de mí?
Paso su pulgar muy cerca de su labio inferior.
—Necesito que seas mi compañero. Yo creo que podrías ayudarme con esto de momento. ¿Qué te parece? Iremos a una fiesta.
Su petición me sorprendió. Aparte de ser amigos, él quería mi compañía. ¿Sería solamente su compañero esta noche?
—De acuerdo. Seré tu compañero.
Y es aquí donde notas la diferencia entre un hombre y los hombres con los que has estado todo esté tiempo. No dijo que fuera su acompañante, más bien, me llamo compañero y eso me hizo sentir bien. No como pasajero o repentino, está vez yo no sería el orgasmo que duraba unos segundos. ¡Sentí una diferencia en todo!
Ángel me trataba con dignidad y por alguna razón extraña me sentía en confianza.
—Iremos a cenar. Mi familia ha organizado un baile y muchas personalidades influyentes irán. ¿Quieres acompañarme?
Nunca había ido a un baile de gente influyente. El único baile que conocía era el del tubo.
¿Ir o no ir con este hombre? ¿Agradecer o rechazar? ¿Quedarme o huir? Quizá debería ir, después de todo, todos tenemos la oportunidad de ser felices y divertirnos de forma sana. ¿Qué podía perder si ya lo había dejado todo en un burdel incendiado?
—Te acompaño con gusto.