Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
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**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Catarina 2
Cuando finalmente se quedó sola, Catarina saltó de la cama.
Había llegado el momento de pensar con claridad.
Caminó hasta el espejo, se recogió el cabello con ambas manos y contempló su reflejo.
Era una belleza.
No había otra manera de describirlo.
Su cabello rubio caía en ondas suaves sobre los hombros. Su piel era luminosa, sus labios tenían un tono rosado natural y aquellos ojos rojos le daban un aspecto extraordinario.
Parecía una protagonista diseñada para hacer que los lectores se enamoraran de ella antes de terminar el primer capítulo.
Y no era solamente hermosa.
Era una Parisi.
Una hija de una familia noble rica, respetada y con propiedades suficientes para garantizarle una vida cómoda.
Tenía dinero.
Tenía posición social.
Tenía juventud.
Tenía belleza.
Y, lo más importante, tenía una posición que la Catarina original jamás había utilizado en su propio beneficio.
Porque, por lo que había visto en aquellas visiones, la antigua dueña de su cuerpo había pasado años lamentándose por un hombre sin hacer absolutamente nada para cambiar su situación.
Catarina apoyó ambas manos en el tocador.
—Bien. Vamos a establecer algunas reglas.
Levantó un dedo.
—Primero.. no volveré a desmayarme por un hombre.
Levantó un segundo dedo.
—Segundo.. no pasaré años llorando por alguien que ni siquiera sabe lo que siento.
Un tercer dedo.
—Tercero.. si quiero algo, voy a luchar por ello.
Se detuvo.
Miró su reflejo.
Y sonrió.
—Y cuarto.. si tengo que pasar el resto de mi vida en este mundo, pienso hacerlo con estilo.
[¡Exactamente! ¡Eso es lo que yo llamo una evolución de personaje!].
Catarina comenzó a caminar de un lado a otro.
Podía enamorarse de otra persona.
Por supuesto que podía.
El reino de Vagur seguramente estaba lleno de hombres atractivos. Caballeros, condes, herederos, comerciantes adinerados y, si tenía suerte, algún noble con una personalidad encantadora y una inteligencia superior a la de una cuchara.
No necesitaba al duque Rossi.
No necesitaba a un hombre que jamás había conocido sus sentimientos.
No necesitaba sufrir por un amor que ni siquiera había tenido la oportunidad de comenzar.
[¡Soy una mujer hermosa! ¡Tengo dinero! ¡Tengo ojos rojos! ¡Los ojos rojos son prácticamente una ventaja competitiva en este mundo!].
Podía organizar bailes.
Podía viajar.
Podía comprar vestidos.
Podía aprender magia, si resultaba que poseía algún talento.
Incluso podía abrir una pastelería y dedicarse a vender postres si la nobleza terminaba resultándole demasiado agotadora.
Había muchas posibilidades.
Muchas.
Entonces recordó el rostro del duque.
Su expresión cansada.
Su confianza en aquella esposa que lo estaba envenenando.
Y la imagen de la muerte que había presenciado.
La sonrisa de Catarina desapareció.
Se detuvo frente a la ventana.
[¿Podría dejar morir a un hombre inocente?].
No.
No podía.
No después de haber visto lo que ocurriría.
No después de conocer la verdad.
Enzo Rossi no era un desconocido para ella, al menos no del todo. Había contemplado fragmentos de su vida, había visto su sufrimiento y sabía que moriría a manos de una mujer que solo deseaba su título.
Y, aunque la Catarina original hubiese estado enamorada de él, eso ya no era lo más importante.
El duque no merecía morir.
Ni siquiera si ella jamás llegaba a convertirse en su esposa.
Catarina permaneció pensativa durante unos segundos.
Después levantó lentamente la cabeza.
Una idea comenzó a formarse en su mente.
Una idea atrevida.
Una idea escandalosa.
Una idea que habría provocado un desmayo colectivo entre las damas más respetables de Vagur.
—Muy bien..
Su sonrisa regresó.
Esta vez, sin embargo, había algo peligroso en ella.
—Si no puedo dejar que lo maten...
Se llevó una mano al pecho con teatral solemnidad.
—...entonces tendré que quitarle el marido a la duquesa Mary Rossi.
El silencio que siguió fue absoluto.
Catarina contempló su reflejo.
Después se echó a reír.
—¡MUHAHAHAHA!
Su carcajada resonó por toda la habitación.
Se llevó una mano a la cintura e intentó adoptar la expresión de una villana de teatro.
—¡Sí! ¡Eso haré! ¡Salvaré al duque, desenmascararé a su esposa y, si todo sale bien, me convertiré en la próxima duquesa Rossi!
Hizo una pausa.
—Aunque, pensándolo bien, podría casarme con otro duque. Uno soltero. Uno sin esposa asesina. Uno que no tenga una tragedia familiar de veinte capítulos detrás.
Se quedó mirando el techo.
[Sería más sencillo, desde luego].
Después sacudió la cabeza.
—¡No! ¡Primero salvaremos al duque Rossi! ¡Luego evaluaremos las opciones sentimentales!
Se cruzó de brazos.
—Además, no pienso permitir que esa mujer se salga con la suya.
Sus ojos rojos brillaron.
—Mary Rossi, querida, disfruta de tu título mientras puedas.
Una sonrisa encantadora apareció en sus labios.
—Porque Catarina Parisi acaba de regresar a la vida.
Y esta vez, la historia iba a ser muy diferente.
Solo Catarina al natural