Yuri Romanov está acostumbrado a defender su libertad a toda costa Sin embargo, una trampa legal lo acorrala y lo obliga a tomar la única salida posible mudarse al penthouse de Dmitry Sokolov, el magnate más frío, metódico e implacable del mundo corporativo dmitry no tolera el desorden y pretende controlar cada segundo de la vida de Yuri bajo un contrato con reglas estrictas lo que no sabe es que Yuri no piensa ceder sin luchar entre provocaciones, miradas cargadas de tensión y un choque de egos imparable, la convivencia forzada amenaza con cruzar una línea de la que ninguno podrá regresar
Nota para el lector: Esta obra contiene una relación de rivales a amantes (enemies to lovers) con dinámicas de poder estrictas, choque de personalidades y desacuerdos constantes antes de llegar al desarrollo afectivo si disfrutas de las historias con alta tensión, sarcasmo y secretos por descubrir, ¡bienvenido a Bajo las Reglas!
18+, ⚠️No denunciar. espero les guste 💝
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La Muralla de Hielo
La luz helada de la mañana atravesó los ventanales de la suite, rompiendo la penumbra
Yuri fue el primero en despertar, con el pulso acelerado y una sensación punzante de desconcierto en el pecho
Dmitry dormía a su lado, pero la distancia física entre los dos ya se sentía brutalmente enorme
Se levantó de la cama en silencio, recogió sus cosas a toda prisa y volvió a su habitación antes de que el magnate abriera los ojos
Dos horas después, Yuri bajó a la cocina vistiendo su ropa habitual de la universidad, dispuesto a marcharse sin decir una sola palabra
Sin embargo, Dmitry ya estaba ahí
Vestía un traje gris impecable, impecablemente peinado, revisando su tableta con la misma frialdad analítica de siempre
No había rastro de la fiebre de la noche anterior, ni tampoco del hombre que lo había sujetado contra las sábanas
Al escuchar los pasos de Yuri, Dmitry ni siquiera levantó la mirada de la pantalla
—Borís te esperará abajo en diez minutos para llevarte a tus clases —dijo Dmitry con voz neutra, distante, como si le estuviera dictando una orden a un empleado
Yuri se detuvo en seco cerca de la isla de la cocina
Sentió un nudo amargo de rabia apretándole la garganta
—No necesito que Borís me lleve a ningún lado
Puedo tomar el autobús —respondió Yuri con tono cortante
Dmitry apagó la tableta con un chasquido seco y finalmente lo miró
Sus ojos oscuros estaban completamente blindados, despojados de cualquier calidez o vulnerabilidad
—Es por seguridad, Romanov
El clima sigue complicado y no voy a tolerar retrasos —dijo Dmitry, apoyando los codos sobre la barra
—Lo que sucedió anoche fue un error derivado del malestar y el cansancio
No volverá a repetirse
El orgullo de Yuri se encendió como una mecha corta
La frialdad calculadora del magnate era su forma de recuperar el control tras haber mostrado debilidad
Yuri caminó a pasos firmes hasta la barra, encarándolo a escasos centímetros
—¿Un error? —sonrió Yuri con ironía despectiva, clavándole la mirada
—Claro, Sokolov. Culpa a la fiebre
Es más fácil ponerte la máscara de empresario perfecto que admitir que perdiste el control
Dmitry apretó la mandíbula, pero no cedió ni un milímetro
—El contrato sigue intacto y las reglas no han cambiado
Te sugiero que lo recuerdes antes de volver a cruzar límites que no te corresponden
—No te preocupes —siseó Yuri, sujetando las tiras de su mochila con fuerza mientras daba un paso atrás
—Me quedó perfectamente claro quién eres
Y créeme, no voy a cometer la idiotez de volver a acercarme a ti
Yuri dio media vuelta y salió del penthouse azotando la puerta, dejando a Dmitry solo en el inmenso silencio de la cocina, apretando los puños sobre el mármol hasta que los nudillos se le pusieron blancos
El impacto de la puerta resonó en el pasillo del penthouse como un disparo
Dmitry permaneció inmóvil en la cocina, con la vista fija en el mármol oscuro de la barra
Los nudillos de su mano derecha estaban completamente blancos por la fuerza con la que apretaba el borde de la mesa
La máscara de indiferencia que había tardado minutos en construir frente a Yuri amenazaba con agrietarse en mil pedazos
Había recuperado el control, o al menos eso quería creer
Había vuelto a trazar la línea
Pero por primera vez en su vida, el orden impecable de sus decisiones se sentía amargo y sofocante
Abajo, en el asiento trasero del automóvil de lujo, Yuri miraba por la ventana sin ver realmente la nieve que comenzaba a acumularse en las calles de Moscú
Tenía los brazos cruzados firmemente sobre el pecho y los dientes apretados para contener la frustración
Borís observaba al joven desde el espejo retrovisor
El ambiente dentro del vehículo era tan helado como el exterior
—El señor Sokolov me pidió que lo llevara directamente a la facultad y que lo recogiera a las cuatro en punto —comentó Borís con su habitual tono profesional, intentando suavizar la atmósfera
—Dile a tu jefe que se guarde a sus choferes —respondió Yuri sin apartar la mirada del cristal, con una voz cortante que no admitía réplica
—Sé perfectamente cómo moverme por la ciudad solo
—Señor Romanov...
—No soy su prisionero, Borís
Ni tampoco su empleado —sentenció Yuri, dando por terminada la conversación
En la universidad, Yuri intentó concentrarse en la clase de pintura, pero la pincelada le salía torpe, cargada de una agresividad involuntaria
El lienzo frente a él se llenó de trazos oscuros y desordenados
Cada vez que cerraba los ojos, el calor de la respiración de Dmitry en su nuca y la frialdad de sus palabras en la cocina se mezclaban en su cabeza, encendiéndole la sangre
Se sentía estúpido
Estúpido por haber dejado bajar la guardia, por haber creído que debajo de toda esa frialdad había algo humano a lo que valía la pena acercarse
Dmitry no era más que un tiburón financiero acostumbrado a utilizar a las personas y descartarlas en cuanto se sentía amenazado
Por su parte, en el piso noventa del edificio Sokolov Financial, la jornada de Dmitry era un desastre silencioso
Canceló dos videoconferencias importantes porque no lograba enfocar la vista en los reportes que sus ejecutivos le presentaban
En su escritorio de cristal, el cuaderno de bocetos que Yuri había olvidado en el penthouse seguía exactamente donde el joven lo había dejado
Dmitry extendió la mano lentamente y lo abrió
En las páginas de papel grueso había trazos firmes de telas, pliegues y estructuras, pero en una esquina de la última página, un pequeño dibujo a lápiz mostraba el perfil de un hombre durmiendo en un sillón
Era él
Yuri lo había dibujado durante aquellas horas de fiebre
Un chasquido seco resonó cuando Dmitry cerró el cuaderno de golpe, arrojándolo al cajón de su escritorio y cerrándolo con llave
—No voy a ceder —murmuró Dmitry para sí mismo en la soledad de su enorme oficina, encarando la panorámica de la ciudad
—Esto es solo un contrato
—Borís, ¿ya estás afuera de la universidad?
—Señor Sokolov... el joven Romanov salió hace media hora por la puerta trasera
Se negó a subir al auto y abordó el metro solo
Dmitry se puso de pie de golpe, sintiendo que la calma que tanto le había costado recuperar se desmoronaba por completo
Continuará...