NovelToon NovelToon
La Rendición Del Depredor

La Rendición Del Depredor

Status: En proceso
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Mafia
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Mi Autoria

​"Tras ser abandonada bajo la lluvia, cruza la puerta del hombre más temido de la ciudad para cuidar a su sobrino, desatando una obsesión tan cruda que está dispuesta a quemarlo todo."

NovelToon tiene autorización de Mi Autoria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

​Capítulo 16: La risa del pequeño príncipe (Perspectiva mixta)

​Seguí los pasos firmes de Matteo escaleras abajo, con la mente dando vueltas en torno a lo que acababa de contarme. El peso de la tragedia de ese niño me encogió el corazón. Sin poder contener la curiosidad y la necesidad de entender un poco mejor el terreno que pisaba, aceleré el paso y me animé a hablar:

​—Disculpe, señor Montenegro... si sus padres ya no están, y usted lo cuida... ¿el niño no es su hijo? ¿Qué parentesco tiene con usted?

​Matteo se detuvo en seco en medio del descanso de la escalera. Se giró lentamente, apoyando una mano en la barandilla de madera oscura, y me miró con una ceja alzada. Su mirada era indescifrable.

—Es mi sobrino —respondió con voz ronca—. Dime, Katherine... ¿por qué.... acaso....creíste que era mi hijo?

​Me tensé de inmediato bajo el peso de su pregunta. En mi cabeza, claro que había asumido que era su hijo; incluso, por un segundo absurdo, había imaginado la existencia de una señora Montenegro en alguna parte de esta enorme mansión. Mis mejillas se encendieron de vergüenza ante la idea de haber saltado a conclusiones equivocadas. Así que, bajando la mirada y sintiendo el calor en la cara, opté por lo más prudente:

—No ... no...solo lo supuse... Disculpe —murmurá, y me apresuré a pasar de largo para seguir caminando hacia el comedor.

​Matteo soltó un breve bufido que sonó casi como una risa contenida y continuó el camino a mi lado.

​Al entrar al comedor, amplio, iluminado por una araña de cristal y con una mesa larga de caoba, vimos al pequeño Leo sentado en una silla alta, esperando con las manitas sobre el regazo.

​Matteo se adelantó, dio la vuelta a la mesa y levantó al niño en brazos con una delicadeza que contrastaba con su imponente figura. Se acercó con el niño y lo presentó formalmente:

—Leo, ella es Katherine. La señorita de la que te hablé.

​El niño me miró con sus grandes ojos oscuros, luciendo un poco tímido, aferrándose al cuello de su tío y escondiendo la mitad de la cara en su hombro.

​Por instinto, queriendo romper el hielo y ganarme su confianza sin asustarlo, hice algo que me salió del alma: di un paso atrás, sostuve los extremos de mi falda con las yemas de los dedos e hice una reverencia exagerada y respetuosa, como si estuviera saludando a un miembro de la realeza.

​—Es un verdadero honor conocer a vuestra alteza —dije con voz teatral y suave, inclinando la cabeza.

​Un segundo de silencio absoluto llenó el comedor. Y entonces, ocurrió.

​Leo soltó una carcajada cristalina, limpia y sonora.

​Me quedé congelada, con los ojos abiertos de par en par. A pocos metros, Matteo miraba a su sobrino con una expresión de absoluto asombro. Era la primera risa espontánea que le escuchaba al niño.

​Animada por su risa, seguí el juego con dulzura, acercándome un poco más:

—Desde este preciso instante, juro ser vuestra mayor y más fiel sirvienta, mi pequeño príncipe... a menos que vuestra alteza me ordene lo contrario.

​Leo dejó de reírse un poco, recuperando la compostura con una seriedad tierna, y sacudió la cabeza con gracia.

—No soy un príncipe... —murmuró con su voz bajita—. ¿Sabes cuentos de caballeros?

​Sonreí con el alma ensanchada, sintiendo que el hielo entre nosotros empezaba a romperse.

—Sí, me sé muchos cuentos de caballeros, dragones y castillos —le respondí con calidez, y luego lo miré con fingida pena—, y te pido mil disculpas por la confusión, alteza. Es que al verte con tanta elegancia, me pareció ver a un pequeño príncipe.

​Matteo, que había permanecido en absoluto silencio observando toda la escena, tal vez sintiéndose de pronto extrañamente excluido de nuestra pequeña complicidad, carraspeó con fuerza y nos interrumpió:

—Bueno, basta de teatro. Comamos antes de que la cena se enfríe.

​Me giré hacia la mesa, notando el destello de una possessividad silenciosa en la mirada de Matteo. La cena apenas comenzaba, pero las reglas del juego acababan de cambiar para todos.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play