NovelToon NovelToon
Desechada por el príncipe, entronizada en el corazón del emperador

Desechada por el príncipe, entronizada en el corazón del emperador

Status: Terminada
Genre:Timetravel / Venganza / Época / Completas
Popularitas:22.8k
Nilai: 5
nombre de autor: hofi03

La abogada más brillante de su generación murió a traición... y despertó dentro del cuerpo de Aura Luminar, la hija de un duque a quien su propio prometido, el príncipe Luis, acababa de empujar al fondo de un lago helado para quedarse con su amante.

Craso error.

La joven ingenua que se ahogó por amor ya no existe. Quien sube ahora a la orilla es una mujer de mente fría y lengua afilada, decidida a hacer que todos los que la traicionaron paguen hasta el último centavo. Pero la venganza abierta es un desperdicio: para destruir a un príncipe heredero necesita un arma más letal, alguien que esté por encima de él. Un solo nombre encaja: Zane Caliber, el emperador temido en todo el imperio, un hombre glacial, intocable, que ha mantenido vacío el trono de la emperatriz durante años.

Aura planea usarlo. Lo que no calcula es que ese soberano de hielo, acostumbrado a que el mundo se arrodille ante él, quede fascinado justamente por la única mujer que se atreve a rechazarlo, a desafiarlo y a llamarlo "viejo loco" a la cara.

Entre duelos verbales en la corte, complots que buscan su muerte y enemigos que se niegan a caer, la guerra de Aura por la justicia se irá transformando en algo mucho más peligroso: un amor que ninguno de los dos pidió, pero al que ya no podrán renunciar.

Fue desechada por el príncipe. Reinará en el corazón del emperador.

NovelToon tiene autorización de hofi03 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El castigo de Elisabeth

Dentro de un edificio viejo, solitario y polvoriento, en la parte trasera de la mansión del duque Luminar.

Elisabeth despertó con un fuerte dolor de cabeza; tenía las manos atadas con firmeza a una silla de madera y la boca amordazada con un trapo negro.

—¡Mmm! ¡Mmm! —gimió Elisabeth, presa del pánico, con la mirada enloquecida recorriendo aquella estancia oscura y sucia.

Lo último que recordaba era que iba de camino con sus padres, dispuestos a abandonar la capital del Imperio Caliber, cuando de pronto varios hombres interceptaron su carruaje y, a partir de ahí, no recordaba nada más.

¡Maldición! ¿Me habrá secuestrado alguno de esos cobradores?, pensó Elisabeth, furiosa y también asustada.

El taconeo de unos zapatos resonó al entrar en la estancia.

Elisabeth alzó la vista de golpe; los ojos se le abrieron de par en par al ver a Aura entrar con su elegante vestido, acompañada de Rian, que se mantenía erguido detrás de ella.

Así que quien la había secuestrado no era ningún cobrador, sino Aura Luminar.

Aura le hizo una seña con la mano a Rian; el hombre se adelantó de inmediato y le arrancó con brusquedad el trapo de la boca a Elisabeth.

Un tirón seco.

—¡Ay! ¡Me duele! —gritó Elisabeth, retorciéndose de dolor.

—¿Aura? ¿Te volviste loca? ¿Por qué mandaste a tu hombre a secuestrarme? —le espetó Elisabeth, histérica, la respiración agitada de rabia y miedo.

Aura soltó una risita que rebotó en las paredes de aquella estancia vieja y solitaria; con toda calma, arrastró otra silla de madera y se sentó, serena, frente a Elisabeth, atada.

—¿Secuestrarte? —repitió Aura, arqueando una ceja con fingida sorpresa.

—Solo quiero hablar un momento contigo, Elisabeth. Además, ya a nadie le importas ahora, ¿verdad? Ni siquiera a tus padres, que se marcharon de la capital sin pensar en ti —se mofó Aura con una sonrisa burlona.

Elisabeth apretó las manos atadas; los ojos, enrojecidos, aguantaban las lágrimas y el odio.

—¿Qué más quieres, Aura? ¡Mi casa está destruida, a mi familia la echaron! ¿Todavía no te basta con hacerme la vida un infierno? —chilló Elisabeth, histérica.

Aura adelantó un poco el cuerpo y la miró directo a los ojos, con una frialdad capaz de congelar la sangre.

—¿Que si me basta? —repitió Aura en voz baja.

—¿Cómo va a bastarme si aún no has sentido el dolor que un día me hiciste sentir? —continuó, cargando cada palabra.

Elisabeth se quedó atónita; su expresión mudó de golpe en inquietud.

—¿Q-qué quieres decir? ¡Yo nunca te hice nada! —dijo Elisabeth, negando con la cabeza con vehemencia.

Aura resopló con desdén y la miró con el gesto más despectivo.

—¿Todavía quieres hacerte la inocente, Elisabeth? —se burló Aura con filo.

—¿Quién fingía ser mi mejor amiga mientras, a escondidas, azuzaba a Luis para que me odiara? ¿Quién me empujó a propósito al lago, solo para quedarse con ese canalla, eh? —la increpó Aura con la voz encendida, cobrándose todo el dolor de la verdadera Aura.

El rostro de Elisabeth se volvió lívido al oír aquella acusación certera.

—E-eso... ¡esa no fui yo! ¡Solo lo malinterpretaste, Aura! —negó Elisabeth, balbuceando, tratando de defenderse.

—¿Que lo malinterpreté? —dijo Aura con una risa hueca, dibujando una sonrisa ladeada de una crueldad tremenda.

—¿Crees que soy tan tonta como para que me sigas engañando con esa carita inocente y dulce? —le espetó Aura en voz baja, pero de un modo que oprimía el alma.

Aura se volvió hacia Rian, que llevaba todo ese rato de pie, en silencio.

—Rian, tráeme unas tijeras y un balde de agua sucia —ordenó Aura con calma.

Elisabeth abrió los ojos de par en par, aterrada; el cuerpo le temblaba con violencia sobre la silla.

—¿T-tijeras? ¿Agua sucia? ¡Aura, ¿qué me vas a hacer?! —preguntó Elisabeth, presa del pánico.

—Antes presumías tanto de tu precioso cabello y de tus vestidos de lujo cuando estabas al lado de Luis, ¿verdad? —dijo Aura con soltura mientras recibía las afiladas tijeras de manos de Rian.

—Pues ahora quiero adecuar tu aspecto a tu nueva condición de plebeya miserable —continuó con una dulce sonrisa cargada de amenaza.

—¡No! ¡Aura, no! ¡Te lo suplico, perdóname! —gritó Elisabeth, histérica, forcejeando por aflojar las ataduras de las manos mientras lloraba a mares.

Aura no prestó la menor atención a aquellos gritos; con un movimiento rápido y sin la menor vacilación, cortó al azar varios mechones del largo cabello de Elisabeth hasta dejarlo hecho un desastre.

Un tijeretazo. Otro.

—¡NO! ¡AURA, NO HAGAS ESTO! ¡Buah... buah...!

Los gritos de Elisabeth no le arrancaron a Aura ni una pizca de compasión.

Otro tijeretazo. Y otro.

—¡Aaaay! ¡Mi cabello! ¡Aura, eres un demonio! —gritó Elisabeth, histérica, al ver caer los mechones cortados, esparcidos por el suelo mugriento.

Aura arrojó las tijeras al suelo, que resonaron con un tintineo seco, y tomó el balde de agua sucia que Rian había preparado.

Sin la menor lástima, le volcó toda el agua sucia justo sobre la cabeza a Elisabeth.

Un chapuzón.

—¡AAAH! Cof... cof...

Elisabeth tosió; ahora estaba empapada de pies a cabeza, apestosa y hecha un desastre. Lloraba entre sollozos con la cabeza hundida, despojada por completo de toda su dignidad de antigua noble.

Aura se irguió, se acomodó el vestido para que no la salpicara aquella agua sucia y contempló a Elisabeth, que se arrastraba por el suelo, rendida, como un desecho.

—Esto es apenas el comienzo de mi venganza, Elisabeth —dijo Aura, fría y plana.

—Recuerda la vergüenza y el dolor de hoy, porque a partir de ahora... nunca más podrás levantarte —continuó, cargando cada palabra.

Aura se dio la vuelta y salió con elegancia de aquel edificio viejo sin volver la vista atrás ni una sola vez.

—Rian, arrójala en el callejón estrecho cerca del mercado —ordenó Aura con soltura mientras caminaba por el pasillo.

—Como ordene, señorita Aura —respondió Rian, inclinándose con respeto, con una sonrisa de satisfacción al ver la venganza de su ama consumada a la perfección.

Aura recorrió despacio el pasillo hacia su alcoba; el cansancio y la satisfacción se le mezclaban tras haber visto a Elisabeth reducida a una pordiosera.

Sora, que esperaba frente a la puerta de la alcoba, recibió a su ama con una cara de curiosidad tremenda.

—¡Señorita! ¿Y bien? ¿Rian ya se encargó de esa muchacha de dos caras? —susurró Sora a toda prisa, con los ojos brillantes.

Aura sonrió de medio lado y le dio una suave palmada en el hombro a su doncella predilecta.

—Por supuesto que sí, Sora —respondió con soltura mientras entraba en la alcoba.

—Su precioso cabello quedó cortado a lo bruto y su cuerpo de lujo, empapado en agua sucia. Dentro de poco Rian la arrojará al mercado —continuó Aura, dejándose caer sobre el mullido sofá.

Sora dio unas palmadas de pura alegría y rió, satisfecha, al oír la mala suerte de la enemiga de su ama.

—¡Muy bien, señorita! ¡Se lo merece! Antes se hacía la santa delante de todo el mundo —exclamó Sora, entusiasmada.

—Sí, al menos mi vieja cuenta pendiente con ella quedó saldada por completo hoy —dijo Aura mientras cerraba un momento los ojos.

Justo cuando Aura iba a cerrar los ojos para descansar, unos golpes bastante fuertes sonaron de pronto en la puerta de la alcoba.

1
ysabel
🤣🤣 fue como fuera peste!
ysabel
🤣🤣🤣 encima tiene la cara de amenazar hay qué tonto
Bea Tastro
Aura es una mujer muy déspota y trata muy cruelmente a Zane.
Miroslava Soto Vigil
ummm espero q la venganza sea sangrienta wajajajaja😂🤭
Eve
mírala eh! mírala eh! mírala eh! dijo Ñoño 😂🤣😂🤣😂
Brenda Angulo
Eso que le cueste 👏 Tu muy bien Aura
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Nellys Bericote
Excelente Inicio de tu Novela Escritora Felicitaciones eres maravillosa tienes buena narración mantienes al lector queriendo vamos a ver como se desarrolla la historia 👏👏👏👏👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play