Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
*Todas las novelas son independientes*
**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Mary 2
Siguieron peleando Mary y Catarina..
Y entonces...
—¡BASTA!
La voz de Enzo atravesó el salón como un trueno.
Mary se quedó inmóvil.
Catarina también.
Durante un instante, ninguna de las dos respiró.
La puerta se había abierto de golpe y el duque estaba allí, con el rostro endurecido y una expresión que Catarina nunca le había visto.
Había escuchado.
Todo.
Desde el primer insulto hasta la última amenaza.
Mary giró lentamente la cabeza.
Cuando vio a su esposo, el color desapareció de su rostro.
—E-Enzo...
Su voz ya no era furiosa.
Era un hilo débil y tembloroso.
El cambio fue tan repentino que habría resultado cómico si la situación no fuera tan grave.
Un momento antes, Mary parecía capaz de derribar a un soldado.
Ahora parecía que iba a desmayarse con solo pronunciar su propio nombre.
Catarina, todavía enredada con ella en el suelo, levantó la mirada hacia el duque.
Y sonrió.
No una sonrisa coqueta.
No una sonrisa burlona.
Una sonrisa de puro alivio.
[¡Lo escuchaste! ¡Lo escuchaste todo! ¡Gracias, universo! ¡Por fin has decidido hacer algo útil!].
Mary retrocedió un paso.
—Mi señor, esto no es lo que parece...
Enzo no respondió de inmediato.
Su mirada recorrió el salón.. el jarrón roto, los muebles desplazados, el cabello desordenado de Catarina y su esposa, que hasta hacía unos segundos había estado gritando amenazas.
Luego miró a Mary.
—¿Qué acabas de decir?
Mary abrió la boca.
La cerró.
—Yo... me encontraba muy alterada.
—Acabas de decir que nunca estuviste enferma.
—No, mi señor, yo...
—Y también dijiste que matarías a la señorita Parisi.
Mary comenzó a temblar.
—Ella me provocó. ¡Me dijo cosas terribles! ¡Afirmó que quería seducirlo y arrebatármelo!
Enzo dirigió la mirada hacia Catarina.
La joven levantó una mano con timidez.
—En mi defensa, duque, debo reconocer que mi estrategia de conversación fue poco convencional.
Enzo la miró fijamente.
Catarina bajó lentamente la mano.
—Muy poco convencional.
—Catarina...
—Lo sé. No es el momento de hablar de mis métodos.
[¡Por favor, no me regañes todavía! ¡Primero asegúrate de que tu esposa no vuelva a arrancarme el cabello!].
Enzo volvió a mirar a Mary.
La expresión de su rostro no era la de un hombre enamorado que acababa de descubrir una infidelidad.
Era la de un hombre que acababa de escuchar a su esposa amenazar de muerte a otra persona y confesar que llevaba tiempo mintiendo sobre algo tan importante como su salud.
Y eso era mucho peor.
—Mary Quiero que me expliques qué está ocurriendo.
La duquesa dio un paso hacia él.
—Mi señor, por favor. Usted sabe que estoy enferma. La señorita Parisi vino a humillarme y...
—Hace unos instantes dijiste que nunca estuviste enferma.
—¡Estaba enfadada! ¡No sabía lo que decía!
—También parecías tener fuerzas suficientes para atacar a nuestra invitada.
Mary se quedó sin respuesta.
Catarina, que seguía tendida en el suelo, levantó un dedo.
—Si sirve de algo, duque, puedo confirmar que su esposa tiene una fuerza considerable. Creo que podría vencer a varios hombres en una competencia de tirar del cabello.
Enzo cerró los ojos durante un instante.
[¿Por qué habla como si estuviéramos en una reunión comercial?].
Catarina decidió guardar silencio.
Por primera vez en mucho tiempo, le pareció que quizá hablar menos sería una excelente estrategia.
Enzo se acercó a ella y le ofreció la mano para ayudarla a levantarse.
Catarina la aceptó.
Cuando estuvo de pie, tuvo que acomodarse el cabello con ambas manos y comprobar discretamente que todavía conservaba todas sus partes.
—¿Está herida?
—Mi orgullo está gravemente afectado. Mi cabello probablemente necesite una ceremonia de recuperación. Pero creo que sobreviviré.
Enzo no sonrió.
Seguía mirando a Mary.
—Llamaré a las doncellas. Nadie saldrá de esta habitación hasta que me haya explicado la verdad.
Mary palideció todavía más.
—Enzo, por favor...
Él levantó una mano para detenerla.
—He escuchado lo suficiente como para saber que necesito respuestas.
Catarina observó al duque de reojo.
Había conseguido lo que quería.. que Enzo viera por sí mismo que la enfermedad de Mary podía ser una mentira.
También había logrado que escuchara una amenaza de muerte.
Pero todavía no había pruebas del envenenamiento.
Y ahora que Mary sabía que su esposo había oído aquella conversación, la situación podía volverse mucho más peligrosa.
[Calma, Catarina. No cantes victoria todavía. Has conseguido que la villana se quite la máscara, pero aún falta demostrar lo que esconde debajo].
Miró a Enzo.
Él parecía estar intentando reconciliar la imagen de la esposa a la que había prometido respetar con la mujer que acababa de ver.
Catarina sintió una punzada de tristeza por él.
[Lo siento, duque. Sé que esto debe de ser terrible. Ojalá estuviera equivocada. Ojalá Mary solo fuera una mujer desagradable y no alguien capaz de hacerte daño].
Enzo se volvió hacia ella.
—Señorita Parisi, necesito que me cuente exactamente qué ocurrió desde que llegó.
Catarina asintió.
—Por supuesto.
Hizo una pausa, miró el jarrón roto y luego volvió a mirar al duque.
—Aunque, si me permite una sugerencia, quizá deberíamos sentarnos. Esta conversación podría ser larga.
Enzo observó los restos del jarrón.
Después miró a su esposa, que seguía inmóvil y pálida.
Y finalmente miró a Catarina, despeinada, con el vestido arrugado y una expresión de absoluta seriedad que no combinaba en absoluto con la escena.
El duque respiró profundamente.
—Sí. Creo que será mejor que nos sentemos.
Catarina asintió con solemnidad.
[Por fin. Una decisión sensata. Después de todo, hasta las villanas justicieras necesitamos descansar].
Y así, en el salón más elegante de la residencia Rossi, comenzó la conversación que cambiaría para siempre la relación entre el duque y su esposa.
Porque Enzo todavía no sabía si Mary era una mentirosa, una mujer desesperada o algo mucho más peligroso.
Pero por primera vez desde su matrimonio, tenía motivos reales para preguntárselo.
Solo Catarina al natural