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El Ángel De Los Vitale

El Ángel De Los Vitale

Status: En proceso
Genre:Padre soltero / CEO / Mafia
Popularitas:19.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Un amor del pasado. Un secreto doloroso. Y una voz que necesita ser escuchada.
Para el mundo criminal, Matteo Vitale es «El Lobo de Roma»: un capo despiadado, frío y sin corazón. Pero tras las puertas de su mansión, Matteo es solo un padre desesperado por proteger a Leo, su pequeño de siete años. Marcado por una traición desgarradora y traumatizado por los maltratos de su verdadera madre, el niño ha quedado sumido en un silencio absoluto y solo confía en Matteo.
Matteo juró no volver a abrir su corazón a nadie, hasta que Chiara Romano regresa a Italia tras diez años de ausencia.
Chiara ya no es la jovencita que él recordaba; ahora es una mujer independiente, experta en armamento, segura de sus curvas y con un espíritu vibrante que no se deja intimidar por la mafia. Sin lástima ni presiones, su calidez y su risa comienzan a derribar las defensas del pequeño Leo y a desafiar la armadura de hielo de Matteo.

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Capítulo 8: La leona defiende a la cría y la verdad a medias

El crujido de la madera rebanó el aire del comedor cuando Chiara apoyó ambas palmas sobre la mesa y se puso de pie.

No hubo lentitud en su movimiento ni un milímetro de la calidez que solía habitar en su rostro. La chica de la risa fácil y las réplicas ligeras se evaporó por completo, dejando en su lugar a una figura implacable, erguida y envuelta en un aura helada que hizo que la luz de la araña de Murano pareciera atenuarse. La mirada de Chiara, un par de segundos atrás viva y dorada, se fijó en Isabella con una densidad tan oscura que su hermana mayor, instintivamente, pegó la espalda al respaldo de la silla.

—Vuelve a repetir esa palabra —dijo Chiara.

Su voz no fue un grito. Fue un susurro rasposo, bajo y cargado de una autoridad tan antigua y peligrosa como el apellido que llevaban.

—Chiara, por favor... —intervino Mariana con una mano alzada, sintiendo el cambio brusco de presión en la sala.

—Tú te callas, mamá —sentenció Chiara sin apartar los ojos de Isabella, proyectando una frialdad que heló la sangre de la matriarca—. Y tú, serpiente miserable, te vas a tragar cada una de tus malditas palabras antes de que te las haga tragar a golpes.

—¡Chiara! —retumbó Giordano, intentando recuperar el control de su mesa, pero por primera vez en su vida, su hija menor ni siquiera se inmóvil por la voz del patriarca.

—¿Defectuoso? —continuó Chiara, dando un paso alrededor de la mesa con una lentitud predatoria. Isabella tragó saliva, encogiéndose en su asiento mientras los nudillos de Chiara se blanqueaban sobre la madera—. ¿Te atreves a llamar defectuoso a un niño de siete años que no le ha hecho daño a nadie? Tú no eres más que un cascarón vacío, Isabella. Una mujer podrida por dentro, una sanguijuela muerta de hambre que vive arrastrándose a ver si atrapa a un hombre con dinero porque sola no sirves para absolutamente nada. Te carcome las entrañas ver que ese niño no me huyó, te destruye saber que ni con todos tus vestidos y tus sonrisas falsas has logrado que Matteo Vitale te mire por más de un segundo.

—Chiara... yo solo dije lo que todos piensan... —balbuceó Isabella, apergaminada, con la voz temblándole por primera vez en años. El miedo real, puro y primal le abrió los ojos de par en par.

—Tú no piensas, tú escupes veneno porque estás hueca —le espetó Chiara, inclinándose sobre ella hasta quedar a centímetros de su rostro. Sus ojos color miel parecían dos cuchillas de afeitar—. Volviendo a tocar el tema de ese niño, volviendo a usar tu boca asquerosa para referirte a él como 'defectuoso', y te juro por la memoria de esta familia que te voy a arrancar la lengua. Y ahora, vete al demonio.

El silencio que siguió fue absoluto, pesado, denso como el plomo. Isabella, con el rostro pálido y los labios temblando de humillación y terror, se puso de pie torpemente, recogió su bolso y salió corriendo del comedor, escuchándose el eco de sus tacones apresurados perderse por el pasillo.

En la mesa, nadie se atrevió a respirar. Giordano miraba a su hija menor como si jamás la hubiera visto en su vida, reconociendo en ella esa chispa de crueldad absoluta que solo los verdaderos líderes de la mafia poseían cuando tocaban lo que consideraban suyo.

Alejandro, que había presenciado la escena con la boca entreabierta, dejó escapar un silbido bajo y soltó una risita nerviosa para aliviar la tensión.

—Mira nada más... —murmuró Alejandro, cruzándose de brazos—. Resulta que tenemos un Matteo Vitale en la familia y yo ni enterado.

Chiara giró el cuello con la lentitud de un animal salvaje y clavó sus ojos furiosos en su hermano. La chispa del peligro aún ardía en su pupila.

Alejandro levantó de inmediato ambas manos en señal de paz, echando la cabeza hacia atrás.

—Ah, no, nena, conmigo no, loca de mierda —soltó él sin perder el tono directo—. Esa mirada de demonio dasela a Isa, que ella se la buscó solita por imbécil. Yo solo estoy diciendo la verdad: te salió el apellido en tres segundos.

Chiara no respondió. Soltó un aire caliente por la nariz, dio media vuelta sin mirar a sus padres y abandonó el comedor con pasos largos y firmes, dejando tras de sí un halo de furia contenida.

Veinte minutos después, el silencio reinaba en la planta alta de la residencia Romano. Chiara estaba sentada en la orilla de su cama de dos plazas, con los pies descalzos sobre la alfombra blanca y los puños todavía apretados sobre las rodillas. La adrenalina de la pelea comenzaba a bajar, dejándole un sabor amargo en la garganta y una presión opresiva en el pecho.

Unos golpes suaves sonaron en la puerta de roble.

—Chiara... soy yo, mi amor —se escuchó la voz de Mariana.

—Entra, mamá.

La puerta se abrió y Mariana se adentró en la habitación. Cerró con cuidado tras de sí y caminó despacio hasta sentarse al lado de su hija. Durante unos segundos no dijo nada; simplemente estiró la mano para acomodar un mechón de cabello suelto detrás de la oreja de Chiara.

—Lamento lo que pasó abajo —dijo Mariana en voz baja, con una pena sincera reflejada en sus ojos—. Isabella a veces traspasa límites crueles, y tu padre y yo hemos sido demasiado indulgentes con sus berrinches.

—No voy a disculparme por lo que le dije —respondió Chiara en tono seco, mirando hacia la ventana—. No me importa que sea mi hermana. No voy a tolerar que trate a un niño indefenso como si fuera basura.

—Lo sé. Y no vine a pedirte que te disculpes —suspiró Mariana, entrelazando sus dedos con los de su hija—. Vine porque vi tus ojos cuando hablabas de Leo. Y me di cuenta de que no entiendes por qué Isabella dijo lo que dijo, ni por qué ese niño está atrapado en ese silencio tan profundo.

Chiara giró la cabeza, fijando su mirada en su madre.

—¿De qué hablas?

Mariana miró hacia la puerta, como si temiera que las paredes de la mansión tuvieran oídos, y bajó aún más el tono de su voz.

—Son rumores del círculo cerrado, Chiara. De cuando Matteo todavía vivía en Milán, antes de tomar el mando absoluto de la familia en Roma. Su exesposa... la madre de Leo... no era una mujer sana. Era una criatura manipuladora, inestable, obsesionada con el estatus y profundamente resentida por el estilo de vida de la mafia.

Chiara frunció el ceño, sintiendo un nudo frío comenzando a formársele en el estómago.

—¿Qué le hizo al niño, mamá?

—Dicen... dicen que cuando Matteo salía a cerrar negocios o a supervisar las rutas durante días, ella no soportaba el llanto de la criatura —confesó Mariana con la voz quebrada por la repulsión—. Cuando Leo era apenas un bebé de dos o tres años y lloraba o la molestaba, esa mujer lo encerraba a oscuras en un armario del fondo de la casa. Horas enteras, Chiara. A oscuras, en absoluto aislamiento, diciéndole que si hacía un solo ruido, los monstruos se lo iban a comer.

El aire se le congeló a Chiara en los pulmones. La imagen del pequeño Leo, tan frágil, tan diminuto, encerrado en la negrura de un mueble mientras lloraba en silencio, le atravesó el pecho como una daga oxidada.

—¿Y Matteo? —preguntó Chiara, sintiendo que la garganta se le cerraba—. ¿Matteo lo sabía?

—Matteo no tenía idea —aclaró Mariana de inmediato—. En cuanto descubrió lo que estaba pasando, la mujer desapareció de la faz de la tierra de la noche a la mañana. Nadie sabe si la mandó fuera del país o si la enterró en las colinas, porque Matteo guarda su vida privada con un recelo letal y jamás ha pronunciado su nombre de nuevo. Pero para cuando la sacó de la vida del niño, el daño ya estaba hecho. El trauma de la oscuridad y del aislamiento bloqueó el habla de Leo para siempre.

Chiara se quedó petrificada.

De pronto, todo cobró un sentido desgarrador y perfecto en su mente: la reacción de Leo al buscar refugiarse detrás del mueble de madera en la oficina, su terror paralizante ante la sombra de los adultos, su incapacidad para emitir un grito y la forma desesperada en que Matteo lo protegía de cualquier extraño. No era paranoia del Capo; era el sentimiento de culpa atroz de un padre que casi pierde a su hijo a manos de la persona que debía cuidarlo.

A Chiara se le rompieron los esquemas en mil pedazos. Una lágrima caliente se le escapó por la mejilla, deslizándose lentamente hasta su barbilla. Sintió que el corazón se le partía en dos por esa criatura de ojos oscuros que solo horas antes le había regado una pequeña sonrisa tímida al armar un bolígrafo.

—Dios mío... —susurró Chiara, cubriéndose la boca con la mano mientras el dolor le oprimía las costillas.

Mariana la abrazó por los hombros, pegándola a su pecho.

—Por eso te pido que tengas cuidado, hija —le advirtió Mariana con suavidad—. Entrar en la vida de los Vitale no es un juego. Matteo está roto por dentro y protegiendo ese secreto con sangre. No permitas que el dolor de esa familia te arrastre a ti también.

Chiara no respondió a la advertencia de su madre. Cerró los ojos con fuerza, dejando que la lágrima se secara sobre su piel, mientras un nuevo sentimiento, mucho más profundo y peligroso que la simple curiosidad, se asentaba en lo más fondo de su alma.

El domingo iría a esa mansión en las colinas. Y ya no iría solo por provocar a Matteo Vitale. Iría por Leo. En ese mismo instante, en el silencio de su habitación, la leona Romano juró en silencio que nadie jamás volvería a hacerle daño a ese pequeño mientras ella estuviera cerca.

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Erika Zoraida Guarniz Florian
mas capítulos porfavor
Mine Romero
Muchas gracias por actualizar, excelente novela 👏👏👏
Erika Zoraida Guarniz Florian
eso fue Puro Fuego 🥰🥰🥰
Erika Zoraida Guarniz Florian
ahora mateo la va?a conocer
Mine Romero
Excelente novela, mil gracias por regalarnos tú enorme talento 👏👏👏😊😊😊
Yadis Garay
🔥🔥🔥🔥🔥☺️☺️☺️
Marisel Rio
💕💕💕Gracias por estos capítulos 💕💕💕Y también pienso que es demasiado pronto para un hermanito 🤣🤣🤣💕💕💕
mariela
Matteo quien te viera si Chiara sale embarazada y es una nena si Dante va armar una torre donde no dejará que nadie se le acerque a su hija me imagino que será peor que el ruso 😂🤣😂🤣😂🤣 y Leo no se quedará atrás para proteger a su hermana.
mariela
Es lógico que Leo sienta esa inseguridad por todo el maltrato que recibió y creé que al tener un hermano o hermana le quitará el amor de sus padres a su llegada pero al darle esa confianza de que no será así se tranquilizó y sus temores se disiparon.
mariela
Que capitulo tan conmovedor dónde Leo le confiesa y promete a Chiara que será la primera persona que busque porque ella lo salvó que sentimientos más bellos tiene ese niño.
Dulce maria Canelon
es muy raro que Chiara no este en la dulce espera puesto que no se ha dicho que se cuida, pero bueno que llegue cuando llegue ese baby😘😘😘
Mine Romero
Hola buenas noches, por favor nos puedes regalar más capítulos muchas gracias
Yadis Garay
estan guapos todos hacen una bonita familia☺️☺️
María Belén González
me encanta
Maria Idalba Suarez
muchas gracias por este exlente libro
ERICA ESTRADA PEREZ
ya sabía que esos 2 iban a terminar juntos
ERICA ESTRADA PEREZ
jajaja jajaja le quitaron lo que usa para comunicarse con ella
mariela
Parece una epidemia de embarazos por un lado Vanessa y ahora Luz pero siendo psicóloga como puede estar tan insegura de los sentimientos de Alejandro si el está babeando por ella veremos que se lo ocurre a Chiara para darle la sorpresa de su hermano.
mariela
Buen pensamiento de Chiara tienen que construir la confianza con dedicación a Leo para que se sienta seguro del amor que sus padres le dan tener un hijo ahora y quitarle el tiempo que le dedican para dárselo a su hermano le daría celos e inseguridad y no saben si vuelve a crear el mutismo que tenía.
Edans te soltó la bomba 💣💣💣 Vanessa sin filtro ahora veremos que le dirás 🤔🤔🤔❓❓❓
mariela
Vanessa quisiste por probar la ametralladora de Edans y te dejo toda la munición adentro 😂🤣😂🤣 no te cuidaste y ahora estás asustada con el embarazo Chiara está riéndose de su amiga y su reacción de pánico 😱😱😱 a buscar al padre y lanzarle la bomba a ver cómo lo toma.
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