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El Precio De Las Oportunidades: Ecos Del Pasado

El Precio De Las Oportunidades: Ecos Del Pasado

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Romance de oficina / CEO
Popularitas:417
Nilai: 5
nombre de autor: SakuDiHina

Aurelia creía haber dejado atrás los secretos de su pasado.

Hasta que vuelve a encontrarse con Franco.

Lo que nace entre ellos los lleva a descubrir documentos ocultos, acusaciones manipuladas y una verdad que alguien lleva años intentando enterrar.

Una nueva pista los obliga a regresar al lugar donde todo comenzó.

Y allí comprenden que nada era como les contaron.

Ahora Aurelia y Franco deberán descubrir quién manipuló los acontecimientos que cambiaron sus vidas y cuánto están dispuestos a arriesgar para conocer la verdad.

Porque amar puede ser una elección.
Perdonar, otra.
Pero descubrir la verdad...
puede tener un precio demasiado alto.

NovelToon tiene autorización de SakuDiHina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22 — La víspera

Antes de acudir a la dirección, Aurelia y Franco decidieron revisar todo el expediente.

No buscaban una nueva sospecha. Buscaban contradicciones.

Cada dato debía tener fecha, origen y respaldo.

—No quiero ganar una discusión —dijo Aurelia—. Quiero terminar con la posibilidad de que Ana vuelva a inventar otra versión.

Franco respondió:

—Entonces hagámoslo bien.

Los cuatro chicos recibieron la misma carpeta de pruebas.

Walter propuso que nadie hablara con Ana hasta después de revisar los documentos.

Víctor aceptó con dificultad.

Andrew señaló:

—Esto ya no es una pelea entre amigos.

Xavier añadió:

—Es una cuestión de responsabilidad.

Ana observó desde lejos cómo los cuatro comenzaban a actuar sin pedirle instrucciones.

Su influencia estaba desapareciendo.

La víspera de la reunión fue distinta de las noches anteriores. No hubo discusiones en los pasillos ni mensajes impulsivos.

Aurelia convirtió la mesa de trabajo en una línea de tiempo: primero los hechos comprobados, después las declaraciones y, en una columna aparte, las preguntas que todavía no tenían respuesta.

Franco se sentó frente a ella.

—Has escrito tres veces que no sabes quién inició la red.

—Porque todavía no lo sé.

—Y eso te molesta.

Aurelia lo miró.

—Me molesta más cuando otros creen saberlo sin pruebas.

Franco sonrió.

—Entonces mañana no tienes que ganar. Solo tienes que mantener el orden.

Trabajaron durante horas.

En medio de la revisión, Walter envió la última copia del expediente. Las tres versiones de la noche del karaoke quedaron ordenadas por fecha.

Ya no dependían únicamente de la memoria.

Al día siguiente, Ana tendría que responder a hechos concretos.

Víctor propuso revisar una última vez su propia versión de los acontecimientos. Al hacerlo, descubrió que recordaba algunas escenas según lo que Ana le había contado después, y no según lo que realmente había presenciado.

—Eso me preocupa —admitió.

Aurelia respondió:

—A todos nos pasa. Por eso mañana hablaremos de registros y no de recuerdos cuando exista un documento.

Víctor asintió.

Franco ordenó las carpetas por fechas y separó los documentos originales de las copias.

Aurelia sonrió al verlo.

—Te estás convirtiendo en parte de mi método.

—Me estoy defendiendo.

—¿De qué?

—De que vuelvas a tener razón antes que yo.

Aurelia rió por primera vez en todo el día.

Cuando terminaron aquella parte de la revisión, Walter confirmó que nadie había accedido al expediente durante la noche y que todas las copias coincidían.

Aurelia guardó el expediente en un cajón con llave.

Antes de cerrarlo, miró a Franco.

—Mañana puede cambiar muchas cosas.

—¿Y si cambia lo que pensamos de Ana?

—Entonces cambiaremos nuestra conclusión.

Ella sonrió.

—Eso es lo que necesitaba escuchar.

La oficina comenzó a quedar vacía.

Aurelia y Franco permanecieron unos minutos más en la sala.

Franco llevó dos cafés y se sentaron juntos junto a la ventana.

—Desde la tormenta todo cambió —dijo Aurelia.

—Sí.

—A veces siento que no sé cómo separar lo que estamos viviendo de todo esto.

Franco tomó su mano.

—No quiero que lo separes. Quiero que podamos vivirlo sin usarlo para decidir qué es verdad.

Aurelia lo besó.

Esta vez el beso duró más y tuvo una ternura que ninguno intentó esconder.

Cuando ella se apartó, apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Mañana será difícil.

—Entonces esta noche puede ser tranquila.

Se quedaron abrazados unos minutos.

No prometieron nada extraordinario. Solo acordaron que, al entrar a la reunión, serían investigadores y que, al salir, seguirían siendo ellos mismos.

Antes de marcharse, Aurelia recibió un mensaje de Walter.

Ninguna de las versiones puede considerarse completa.

Ella respondió que precisamente por eso necesitaban la reunión.

Franco la miró.

—¿Quieres que me quede hasta que termines?

—Ya terminamos.

Aurelia cerró el cajón y guardó la llave.

Salieron de la oficina juntos.

Más tarde, Aurelia pasó por el departamento de Franco para entregarle unos documentos que necesitaban estar preparados para la mañana siguiente.

Pensaba quedarse solo unos minutos.

Terminó quedándose a cenar.

La carpeta quedó sobre la mesa mientras ambos hablaban de la reunión.

—No quiero que nuestra relación altere lo que hagamos mañana —dijo Aurelia.

Franco asintió.

—No lo hará.

—Podemos querernos y seguir siendo objetivos.

—Eso es exactamente lo que quiero.

Después de cenar, se quedaron en la sala.

A ratos sus manos se rozaban sobre la mesa y ninguno las apartaba de inmediato.

Franco la abrazó.

Aurelia lo besó y permanecieron unos segundos juntos, tranquilos.

—Mañana no voy a entrar allí sola —dijo ella.

—No lo harás.

Franco puso música baja.

Aurelia se acercó y apoyó la cabeza sobre su pecho.

Durante unos minutos no hablaron.

No necesitaban hacerlo.

La investigación seguía siendo incierta, pero por primera vez Aurelia sentía que no tenía que controlar el resultado para poder enfrentarlo.

—Pase lo que pase —dijo Franco—, seguimos hablando con la verdad.

Aurelia levantó la mirada.

—Siempre.

Él la besó despacio.

Ella sonrió entre el beso y otro y volvió a acomodarse junto a él.

—Esta noche no quiero pensar en el expediente.

—Entonces no lo hagamos.

Permanecieron juntos un rato más, disfrutando de una intimidad sencilla y tranquila, lejos de las sospechas y de la tensión de FranLia.

A la mañana siguiente, Aurelia comenzó con una última comprobación de fechas.

Walter confirmó que los documentos estaban intactos y que nadie había accedido al expediente durante la noche.

Aurelia respiró tranquila.

Franco se acercó.

—Ahora sí.

Ella tomó la carpeta.

—Ahora sí.

Se miraron y sonrieron.

La reunión del díA siguiente ya no era una amenaza desconocida. Tenía un orden claro, documentos preparados y una regla que todos habían aprendido a respetar:

un hecho debía distinguirse de una sospecha.

Franco le tomó la mano antes de entrar.

—Pase lo que pase, seguimos hablando con la verdad.

Aurelia asintió.

Luego soltó su mano para entrar a la reunión.

Esta vez, ninguno de los dos necesitaba saber de antemano cuál sería el resultado.

Solo necesitaban estar preparados para enfrentarlo.

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