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Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Status: Terminada
Genre:Juego de roles / Venganza de la protagonista / Amor platónico / Completas
Popularitas:27.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

El día de su boda, frente a cientos de invitados, el novio de Alena Balcázar no aparece: prefiere quedarse junto a su hermana, que "se desmayó" en el momento más oportuno. Otra vez. Pero esta vez Alena no llora ni suplica. Toma el micrófono, cancela ella misma la boda ante todos y se marcha con la cabeza en alto... dispuesta a no volver a mendigar amor nunca más.

Repudiada por su familia y sin un centavo, su caída dura poco. Un encuentro inesperado la lleva al lado de Nathan Villanueva, el heredero más frío, poderoso y codiciado del país, justo el hombre que su hermana siempre soñó con conquistar. Un contrato de cinco años, un jefe imposible y una regla no escrita: hacerla suya. Si ellos le robaron al prometido, ella seducirá a quien más desean.

Lo que empieza como una venganza perfecta se convierte en un juego de tensión, orgullo y deseo contenido. Y mientras Alena reconstruye su vida y devuelve cada golpe con elegancia letal, un secreto enterrado sobre su verdadero origen amenaza con cambiarlo todo: hay quienes destruyeron a su familia para robarle lo que le pertenece, y ahora tendrán que rendir cuentas.

NovelToon tiene autorización de Mama Mia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

09

.

Al caer la tarde, en la residencia de la familia Balcázar, un auto se detuvo justo frente al pórtico.

Poco después bajaron primero Gustavo Balcázar y su esposa Miranda, seguidos de Selena, a quien recién le habían dado el alta del hospital. El rostro de la muchacha aún lucía pálido: parte de la farsa que quería mostrar ante sus padres.

—Despacio, mi vida —dijo Miranda, sosteniendo del brazo a su hija mayor—. El doctor dijo que todavía tienes que descansar mucho.

—Sí, mamá —respondió Selena con una sonrisa suave.

Apenas entró a la sala, la mirada de Selena recorrió toda la habitación. La casa se sentía extrañamente silenciosa, aunque varios empleados iban y venían atareados con sus labores.

Normalmente, a esa hora siempre estaba Alena sentada a la mesa del comedor, abriendo su laptop o repasando los informes de la empresa antes de partir a la oficina. Pero aquella tarde no había ni rastro de su hermana.

Selena fingió mirar de un lado a otro.

—Mamá... —llamó en voz baja.

—¿Sí, mi vida?

—¿Y mi hermana?

Miranda y Gustavo se miraron al oír la pregunta de Selena.

Miranda soltó un largo suspiro.

—Alena... ya se fue —dijo con ligereza.

—¿Que se fue? —Selena frunció el ceño como si no entendiera—. ¿Adónde?

Gustavo respondió con tono neutro:

—La eché anoche.

—¿Qué? —Selena abrió los ojos de par en par. Una sonrisa de triunfo asomó a la comisura de sus labios, pero enseguida se apresuró a componer un gesto de tristeza. No quería que sus padres adivinaran lo que pasaba por su mente en ese momento.

—¿Que usted... echó a mi hermana? —preguntó Selena con los ojos vidriosos—. ¿Cómo pudo hacer algo así?

Miranda asintió despacio.

—Es demasiado terca. Se negó en redondo a casarse con Renzo, aunque tu padre trató de convencerla por las buenas.

Gustavo bufó, irritado.

—No solo se negó. También se atrevió a enfrentarse a sus padres. Entonces le ordené que se fuera, porque no quería obedecer. Quién iba a imaginar que se marcharía así, sin pensarlo dos veces.

—Dios mío... —Selena se tapó la boca con ambas manos—. ¿Entonces mi hermana de verdad se fue?

—Sí. No volvió en toda la noche.

Selena bajó despacio la cabeza y se enjugó unas lágrimas que en realidad no existían. Nadie lo notó: tras el cabello que le cubría parte del rostro, la comisura de sus labios se fue curvando poco a poco.

Por fin..., pensó. Por fin te largaste de verdad de esta casa, Alena. A partir de ahora, no habrá nadie más a quien alaben en este hogar que no sea yo. No habrá nadie que me estorbe el camino. Todo lo que hay en esta casa, el dinero y el cariño, todo será solo mío.

Selena sonrió satisfecha por dentro. Durante años se había carcomido de rabia cada vez que oía a los directivos de la empresa elogiar la inteligencia de Alena. Y eso que ella había entrado antes a la compañía. Pero la gente siempre veía únicamente a Alena. Siempre las comparaban a las dos. Incluso de pequeñas, sus padres alababan siempre a Alena. Pero ahora... la que había sido su sombra todos esos años se había ido. Claro que toda esa euforia la guardaba solo en su interior.

Selena volvió a levantar el rostro enseguida, con los ojos aparentemente anegados en lágrimas.

—Papá... —dijo con voz débil—. ¿No fue demasiado duro? Me da pena mi hermana. También tenía sus razones para enojarse.

Gustavo suspiró.

—Yo tampoco imaginé que se iría de verdad.

—Pero es mi hermana, papá. —Las lágrimas empezaron a acumularse en los párpados de Selena—. ¿Y si le pasa algo ahí afuera?

Miranda abrazó de inmediato a su hija mayor.

—Tienes un corazón demasiado bueno, mi vida. Acabas de salir del hospital y todavía te preocupas por tu hermana.

Selena negó despacio con la cabeza.

—Somos hermanas, mamá. Es cierto que a menudo discrepamos, pero nunca deseé que se fuera de casa —dijo con la voz temblorosa, como si de verdad estuviera afligida.

Miranda le acarició el cabello con ternura y la llevó a sentarse en el sofá largo.

—Eres la hija de tu mamá de verdad. Siempre con ese corazón tan tierno. No como Alena, que es una cabeza dura.

Selena volvió a inclinar el rostro para que sus padres no vieran el destello de triunfo que había asomado un instante a sus ojos.

Sigan echándole la culpa a Alena. Mientras más decepcionados estén de ella... más fácil me será quedarme con todo lo que hasta ahora fue suyo.

Poco después, Selena se secó las lágrimas fingidas y esbozó a la fuerza una tenue sonrisa.

—Déjalo ya, mamá. Seguramente mi hermana solo está enojada, necesita tiempo para calmarse. Ya verás que vuelve.

Las palabras de Selena sonaban llenas de cariño, como las de una hermana mayor que de verdad adoraba a la menor. Y sin embargo, en lo más hondo de su ser, lo que Selena deseaba era que Alena no regresara jamás a la casa de la familia Balcázar.

* * *

Al día siguiente...

Aquella mañana, el ambiente en la residencia de los Balcázar volvía a llenarse de actividad. Pero algo se sentía distinto. Si de costumbre la mesa del comedor la ocupaban los cuatro miembros de la familia, ese día ya no. La silla que solía usar Alena seguía en su lugar, pero vacía, sin nadie que la ocupara.

Nadie mencionó a la muchacha. Como si su partida de la noche anterior no fuera más que un berrinche pasajero que pronto terminaría con su regreso a pedir perdón. Selena incluso se mostraba cada vez más melosa, como si no quisiera que sus padres recordaran o pronunciaran siquiera el nombre de Alena.

—Vamos, en marcha —dijo Gustavo cuando los tres terminaron de desayunar juntos.

Selena, que ese día ya se veía mucho más recuperada, se puso enseguida de pie.

—Sí, papá.

—¿De verdad piensas volver a la empresa hoy? Apenas ayer saliste del hospital —preguntó Gustavo con gesto de preocupación.

—Por supuesto, papá. No podemos dejar la empresa abandonada tanto tiempo, ¿no le parece? Tenemos una gran responsabilidad con toda la gente que trabaja para ganarse la vida en nuestra compañía. Además, ya estoy perfectamente bien.

Gustavo y Miranda sonrieron con orgullo al oír las palabras de su hija. Luego Gustavo y Selena se encaminaron hacia la salida, seguidos de Miranda, que los acompañaría hasta el pórtico.

El chofer, que ya aguardaba, les abrió la puerta a ambos. Selena subió al auto después de besar a su madre en las dos mejillas.

—Cuídate mucho, mi vida. Recuerda: no te exijas de más. Si vuelves a sentirte mal, tienes que parar.

—Sí, mamá. No olvidaré lo que me dices.

* * *

Unos minutos después, el auto que los llevaba ya entraba al estacionamiento del edificio del Grupo Balcázar. El valet les abrió la puerta a ambos, inclinando levemente el cuerpo en señal de respeto. Selena bajó y avanzó junto a su padre mientras se sacudía el cabello. Como si quisiera anunciarle a todo el mundo...

Aquí estoy yo, la heredera única del Grupo Balcázar.

Pero apenas dieron unos pasos dentro del vestíbulo principal, Gustavo percibió de inmediato que algo no andaba bien.

Los empleados cuchicheaban. Varios interrumpían la conversación en cuanto los veían llegar. Sus miradas parecían las de quien teme por algo.

Antes de que Gustavo alcanzara a preguntar, su secretario personal corrió hacia él con el rostro pálido.

—Señor... tenemos un problema grave.

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Gladys Maria Hernandez
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Mirla Loyo
y que fue de la vida del ex de Alena y sus papás?🤔
Mirla Loyo
ósea que hasta la casa dónde vivían no les pertenecía?😱
Mirla Loyo
ósea que todo lo que tienen es de Alena?😱
Mirla Loyo
y cuando es que nos vamos a enterar quiénes son los padres o madre se Alena?.. porque el interes de Sebastián por qué se case Renzo?🤷‍♀️
Mirla Loyo
que guerra tan estúpida la de ésta zorra y los idiotas arrastrados por ésas estupideces 🤭
Mirla Loyo
y porque éste idiota tiene que contarle a la zorra?🤷‍♀️
Mirla Loyo
gracias por el consejo Rubén 🤣🤣 éso es lo que sucederá 🤭
Mirla Loyo
interesante el inicio, espero la autora no me decepcione.. acabo de dejar una a la mitad, por las múltiples incoherencias 😏
Lily
El destino te lo pone en bandeja de plata 🤗🤗
Lily
Es que ya no es la misma pende....ja y que crees? Te vas arrepentir 🤭🤭
Leticia Baeza Vazquez
y q la criada nunca pudo decir q ella no era solo la sobrina osea no mames la vieja
Leticia Baeza Vazquez
cómo hay padres alcahuetes y si vergüenzas q son tapaderas de hijas inutiles dan asco
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