Un amor secreto
Esta historia habla de un amor secreto entre Ariel, hijo de Santiago, y Kiara Emelyn, hija de Nicole y Gabriel. Desde pequeños crecieron juntos porque sus padres son mejores amigos y siempre les hicieron creer que eran como primos. Al cumplir 15 años, ambos comienzan a descubrir que lo que sienten va mucho más allá de una amistad. Sin embargo, ninguno se atreve a confesarlo por miedo a la reacción de sus familias. Entre miradas escondidas, mensajes secretos y momentos compartidos, Ariel y Emelyn intentarán entender sus sentimientos mientras mantienen su amor en secreto. ¿Podrán algún día contar la verdad?
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Capítulo 23: Yo no quiero más hijos
Al otro día amanecí con un guayabo horrible. Sentía la cabeza pesada y la boca seca. Abrí los ojos lentamente y me quedé mirando el techo durante unos segundos, tratando de recordar todo lo que había pasado la noche anterior.
La discusión con Lucía.
El audio de Emely.
El jarro roto.
Todo me volvió de golpe.
—Qué vaina tan berraca... —murmuré.
Me levanté de la cama, me puse una camiseta y un pantalón cómodo y salí de la habitación.
Bajé las escaleras lentamente hasta llegar a la cocina.
Ahí estaba Lucía preparando algo para desayunar.
Cuando me vio, levantó la mirada.
—Buenos días, amor.
—Buenos días, Luci.
Me senté en una de las sillas.
Lucía puso un plato delante de mí.
—Come algo y tómate un paracetamol.
La miré.
—¿Luci?
—Sí.
—¿Dónde dormiste?
Ella dejó lo que estaba haciendo sobre la encimera.
—Perdón... Dormí en el segundo cuarto.
—Ah, ya.
No quise decir nada más.
Comencé a comer despacio. Todavía me sentía bastante mal, así que apenas tenía ganas de hablar.
Durante unos minutos estuvimos en silencio.
Yo comía mientras Lucía preparaba su café.
Parecía que la discusión de la noche anterior todavía estaba flotando entre nosotros.
De repente, Lucía habló.
—Amor, yo quiero ser mamá.
Levanté la mirada lentamente.
—¿Otra vez con lo mismo?
—Sí, otra vez.
—Luci, ya hablamos de esto.
—Ariel, ya vamos a cumplir dos años y todavía me haces esperar.
Suspiré.
—Pues así será, porque yo no quiero tener más hijos.
Lucía dejó la taza sobre la mesa.
—¿Nunca?
—No.
—Pero yo sí quiero tener un hijo contigo.
—Pues yo no quiero.
—¿Y por qué?
—Porque ya tengo una hija.
—Pero Eimy es tu hija con Emely.
—¿Y?
—Pues yo también quiero formar una familia contigo.
Me quedé mirándola.
—Luci, nosotros ya somos una familia.
—No es lo mismo.
—¿Entonces qué querés que haga?
—Que al menos lo pienses.
—Ya lo pensé.
—Pero ni siquiera me escuchas.
—¡Sí te estoy escuchando!
Mi cabeza empezaba a dolerme otra vez.
—Ariel, llevamos casi dos años juntos. Yo quiero avanzar.
—¿Y quién dijo que no estamos avanzando?
—Tú.
—¿Yo?
—Sí. Porque cada vez que intento hablar de nuestro futuro, cambias de tema.
Solté una respiración pesada.
—Es que no quiero tener otro hijo, ¿qué más querés que te diga?
Lucía se quedó callada.
Yo intenté seguir comiendo, pero la conversación no terminaba.
—Además —continuó ella—, algún día quiero tener una familia grande.
—Pues yo no.
—¿Y si cambio de opinión?
—No podés decidir eso por los dos.
—No estoy decidiendo por los dos. Te estoy diciendo lo que quiero.
—Y yo te estoy diciendo lo que quiero yo.
La tensión volvió a subir.
Lucía cruzó los brazos.
—Siempre haces lo mismo.
—¿Qué hago?
—Te enfadas cuando algo no te gusta.
—Porque estoy cansado, Lucía.
—Yo también estoy cansada.
—Entonces dejemos la conversación para después.
—No. Siempre dices después.
Sentí que ya no podía seguir tranquilo.
Golpeé la mesa con la mano.
—¡Esta casa no se puede comer quieto, ombe!
Lucía se quedó en silencio.
Yo respiré profundamente y me arrepentí de haber levantado la voz.
—Perdón.
Ella no respondió.
Me levanté de la silla.
—Me voy a trabajar mejor.
—¿Así, sin más?
—Sí. Necesito despejarme.
Cogí las llaves y mi teléfono.
Antes de salir, Lucía me miró.
—Ariel, yo no quiero pelear contigo.
Me detuve un segundo.
—Yo tampoco, Luci.
—Entonces háblame.
La miré, pero no supe qué decir.
—Después hablamos.
Salí de la casa y cerré la puerta detrás de mí.
Mientras caminaba hacia el coche, sentí que mi cabeza estaba llena de problemas.
Emely.
Eimy.
Lucía.
El compromiso.
La universidad.
El trabajo.
Y ahora aquella conversación sobre tener otro hijo.
Me subí al coche y apoyé la cabeza contra el asiento.
—¿Qué estoy haciendo con mi vida, pues?
Encendí el motor.
Lo único que quería era llegar al trabajo y olvidarme por unas horas de todos aquellos problemas.
Pero sabía que tarde o temprano tendría que enfrentar cada uno de ellos.