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Sere La Esposa Del Villano : La Heroína Cambiara El Destino

Sere La Esposa Del Villano : La Heroína Cambiara El Destino

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / Escuela / Completas
Popularitas:26.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Sara murió luchando contra el hombre más temido del mundo: Augustus Reinold, el tirano que destruyó naciones y esclavizó a la humanidad.

En sus últimos segundos, hizo un deseo desesperado: si pudiera regresar al pasado, daría la mitad de su vida para detenerlo.

Su deseo fue escuchado.

Sara despierta quince años atrás, cuando tiene diecisiete años y Augustus aún no es el monstruo que ella conoce. Pero el sistema le revela una regla imposible: no puede matarlo.

Si quiere salvar el mundo, deberá cambiar su destino antes de que sea demasiado tarde.

¿El método?

Enamorar al futuro villano.

Sara se niega a enamorarse del hombre que la asesinó.

Pero cuanto más conoce al joven que algún día será Augustus, descubre que detrás del monstruo existió un muchacho que todavía podía ser salvado.

Y solo tiene dos años para lograrlo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El camino a casa

La limusina arrancó en silencio.

El comedor quedó atrás. Las risas falsas. Los cuchillos de plata. Los ocho millones de dólares. Todo se disolvió en la oscuridad del jardín mientras el auto cruzaba las puertas de hierro.

Julian estaba sentado junto a Sara. Mirando por la ventanilla. Sin hablar.

El esmoquin le tiraba en los hombros. Se había aflojado la corbata. Tenía una mancha de vino en el puño de la camisa que no se había dado cuenta.

Sara lo observó. En la penumbra del auto, sin la luz del comedor, Julian no parecía un heredero. No parecía un tirano en formación. Parecía un chico de dieciocho años al que le habían dolido cada una de esas palabras y que jamás lo admitiría.

—Oye —dijo Sara. Suave.

Julian no respondió. Seguía mirando la ciudad pasar.

Sara le tocó la mano. Él bajó la vista. Sus ojos esmeralda estaban apagados. Cansados.

—¿Estás bien?

Julian soltó una risa corta. Sin alegría.

—¿Tú qué crees?

Sara no dijo nada. Le apretó la mano. Y esperó.

El auto cruzó un puente. Las luces de la ciudad se reflejaron en el cristal como estrellas borrosas. Julian cerró los ojos. Apoyó la cabeza contra el respaldo.

—Mi tía Margaret tiene razón —murmuró. Sin abrir los ojos—. Mi madre servía copas. Y yo no sé usar la maldita cuchara de postre. Me la enseñó una niñera que renunció a los tres meses porque le daba miedo mi padre.

Sara sintió un pinchazo en el pecho.

—Julian...

—No me mires así, bebé. —Abrió los ojos. La miró. Y por un instante no había máscara. No había sonrisa ladeada. Solo un muchacho agotado—. No quiero tu lástima.

—No es lástima.

—¿Entonces qué es?

Sara lo pensó. ¿Qué era? ¿Compasión de una mujer de treinta y dos años atrapada en un cuerpo de diecisiete? ¿Reconocimiento de una soldada que había visto demasiados niños con armaduras demasiado grandes?

—Es que estoy aquí —dijo simplemente—. Y no me voy a ir.

Julian la miró. Mucho rato. Como si estuviera buscando la mentira. Como si esperara el *pero*. El *sin embargo*. La condición.

No llegó.

—Eres rara, Sara Thornwright.

—Lo sé.

—Y el vestido no costó ocho millones.

Sara parpadeó.

—¿No?

—Costó doce mil. Mi padre inventó lo demás. Para humillarlos. —Una sonrisa. Pequeña. Real—. Pero la cara de Albus no tuvo precio.

Sara rió. No pudo evitarlo. Una risa limpia, espontánea, que llenó el interior de la limusina.

Julian la miró reír. Y algo en su expresión cambió. Se suavizó. Como si la risa de Sara fuera algo que no sabía que necesitaba escuchar.

—¿Qué? —dijo Sara, limpiándose una lágrima.

—Nada. Es que... nadie se ríe en mi casa. Nunca.

El silencio volvió. Pero esta vez no era pesado. Era tibio.

Julian se acercó. Le puso un mechón de pelo detrás de la oreja. Un gesto torpe. Casi tímido. De muchacho que no sabe muy bien qué hacer con las manos.

—Gracias por lo de hoy, bebé —dijo—. Por lo del vestido. Por lo de la servilleta. Por... no sé. Por estar.

—De nada.

Julian la miró. Como esperando algo. Sara sonrió.

—¿Qué?

—Nada. Es que... afuera me llamas Julian. O "querido". O no me llamas de ninguna forma. Pero aquí, a solas... me gustaría que me llamaras de otra forma.

Sara ladeó la cabeza.

—¿Cómo?

Julian se encogió de hombros. Un gesto casi infantil.

—No sé. Algo que sea solo nuestro. Algo que no sea "princesa". Porque "princesa" es para ellos. Para que vean que eres mía. Pero aquí... aquí eres solo tú.

Sara sintió que el corazón le daba un vuelco. No por el romanticismo. Sino porque Julian, sin saberlo, acababa de describir exactamente la diferencia entre la máscara y la persona. Entre el heredero Bradenford y el muchacho de dieciocho años que estaba sentado frente a ella.

—¿Y qué quieres que te llame? —preguntó Sara, con una sonrisa pequeña.

Julian bajó la mirada. Se sonrojó. Un rubor leve que le subió por el cuello.

—No sé. Lo que quieras. Solo... algo que sea tuyo.

Sara lo miró. Y sin pensarlo, sin planificarlo, le dijo:

—Está bien, bebé.

Julian levantó la vista. Y sonrió. Una sonrisa real. Grande. De chico que acaba de recibir un regalo que no esperaba.

—Bebé —repitió, como probando la palabra—. Me gusta.

El auto se detuvo. La calle de Sara. El departamento pequeño. La luz de la cocina encendida. Su madre esperando.

Julian se inclinó. Le tomó el rostro entre las manos. Con cuidado. Como si tuviera miedo de romper algo.

La besó. Suave. Breve. Sin posesión. Sin marcado de territorio. Solo un beso de buenas noches. De un chico cansado que necesitaba un ancla.

—Nos vemos mañana, bebé.

—Nos vemos.

Sara bajó del auto. Se giró. Julian la miraba desde la ventanilla. El pelo despeinado. La corbata floja. La mancha de vino en el puño.

El auto arrancó. Se perdió en la noche.

Sara se quedó de pie en la acera. Mirando las luces traseras desaparecer.

> *Cariño del hijo del destino: 40%.*

*Lo sé, sistema*, pensó Sara. *Lo sé.*

1
EspirituCreativo
Lo siento lectora... No quise hacerte sufrir
Black swan
Todas estamos llorando 😭😭😭
Dora Guzman Pacherres
Tiene razón en parte hay personas que se desvían del camino por traumas que pasan o ven y otros que nacen así con ese delirio veremos qué pasa. Vas bien autora👍
EspirituCreativo: Gracias lectora
total 1 replies
yue
me encantó el final superó todas mis expectativas
EspirituCreativo: Gracias lectora me complace leer que te gustó
total 1 replies
DJM 💜
🥰🥰🥰🥰
EspirituCreativo
Corregido gracias lectoras estas herramientas de autor aun me confunden
EspirituCreativo
Me atrapaste... Jeje
EspirituCreativo
Que gusto lectora
Carolina Giraldo Franco
🤣 me reí mucho con este cap esta hermosa la historia gracias 🤭
Hye-Ahn
🤣🤣 No me lo puedo tomar enserio, cuando su diálogo me recordó a la letra de la canción Celos de Fanny Lu🤣🤣
Hye-Ahn
Tan rápido se le olvidó que le metió tremenda cachetada/Smug//Gosh/
Hye-Ahn
Esta muy bien el capítulo. Me gustó mucho pero se supone que Julian es una año mayor que Sara, entonces porque él está en las mismas clases que ella. Se pone que iba en un grado más arriba que ella.
Hye-Ahn: Si me imagino. Cuando uno escribe más escenas entre los dos protagonistas para darle ya sea más intensidad o drama, se va un poco los errores 😅
total 3 replies
silvia oviedo
si Julián se llega a comer a la heroína no dejará de comérsela 🔥😈🔥
Hye-Ahn
Al principio pese que era el sistema. En esta parte. Creo que debes corregir está parte autor
yue
es una obra maestra que me atrapó desde el primer capítulo
EspirituCreativo: Gracias lectora
total 1 replies
EspirituCreativo
Si muy comprensible lectora gracias por tus comentarios
Dulce
Una solución muy efectiva, eh
Dulce
Casual...
Dulce
Comprensible
Dulce
Uy, comienzo tremeendo
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