Ella renace en un mundo mágico, pero no cambia su forma de ver la vida, sigue siendo ella buscando la felicidad en pequeños detalles.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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El rey 3
Cuando el rey terminó de saludar a las personas que consideraba importantes, regresó junto a sus consejeros.
Su expresión seguía siendo seria.
El banquete continuaba.
La música seguía sonando.
Los nobles conversaban.
Pero Draco no había olvidado ni por un segundo lo ocurrido en el jardín.
Se volvió hacia uno de sus consejeros.
—¿Cuál de las mujeres que saludé fue la que atacó el jardín?
El consejero se quedó inmóvil durante un segundo.
—Ninguna, Majestad.
Draco frunció el ceño.
—¿Ninguna?
—No, Majestad.
—Las personas que usted saluda no son de casas menores. La joven con magia de madera pertenece a una casa menor.
Draco entrecerró los ojos.
—¿Y dónde están ahora?
El consejero hizo una pequeña pausa.
—Probablemente ya estén preparándose para regresar a su residencia.
Draco lo miró fijamente.
—¿Regresar?
—Sí.
—¿Después de vandalizar el jardín real?
—Majestad...
El consejero respiró profundamente.
—Creo que pudo haber sido simplemente un descuido.
Draco negó lentamente con la cabeza.
—No.
—¿Majestad?
—Nadie es tan estúpido.
El consejero permaneció callado.
Draco continuó:
—Nadie entra al palacio real, se acerca a los jardines, utiliza magia sobre las flores y después simplemente se marcha como si nada hubiera ocurrido.
—Quizás no sabía que estaba prohibido.
—Entonces es aún peor.
El rey cruzó los brazos.
—Quizás están intentando pasar desapercibidos.
El consejero suspiró internamente.
[Ya empezamos.]
—Majestad, ¿realmente cree que una joven de una casa menor está tramando algo contra la familia real?
Draco lo miró.
—Creo que no puedo permitirme asumir que no.
El consejero guardó silencio.
El rey volvió la mirada hacia los jardines.
—No puedo dejar nada pendiente.
Su voz se volvió más grave.
—Tengo que sospechar de todos.
El consejero comprendió entonces que la conversación ya no era sobre flores.
Era sobre seguridad.
Draco no había olvidado lo ocurrido meses atrás.
—¿No recuerdas lo que pasó en las montañas?
El consejero bajó ligeramente la cabeza.
—Sí, Majestad.
Por supuesto que lo recordaba.
Meses atrás, el reino había tenido problemas en la frontera montañosa.
El Imperio del Oriente había intentado utilizar los pasos de montaña como una vía para introducir personas en el territorio de Sunderland.
Mercenarios.
Delincuentes.
Personas cuya presencia podía desestabilizar la región.
El intento había sido detenido.
Pero para Draco aquello había dejado una enseñanza.
Nada podía quedar fuera de control.
Nada.
Ni siquiera algo tan pequeño como una persona alterando unas flores en un jardín.
El rey volvió a hablar.
—Todo lo que parece insignificante puede convertirse en un problema.
—Lo entiendo, Majestad.
—Entonces no permitas que esa mujer se vaya del palacio.
El consejero levantó la mirada.
—¿Desea que la arrestemos?
Draco permaneció pensativo.
Por un instante, pareció que iba a decir que sí.
Pero finalmente negó.
—No.
—¿No?
—Quiero observarla.
El consejero frunció ligeramente el ceño.
—¿Observarla?
—Quiero saber qué hace esta noche.
Draco volvió a mirar hacia el jardín.
—Si realmente es una espía, cometerá algún error.
—¿Y si no lo es?
El rey lo miró.
—Entonces lo descubriremos.
El consejero asintió.
—Como ordene, Majestad.
Draco hizo una pequeña seña.
—No quiero que nadie la moleste todavía.
—Entendido.
—Quiero saber dónde está.
—Sí, Majestad.
—Con quién habla.
—Sí.
—A dónde va.
—Sí.
—Y cualquier cosa extraña que haga.
El consejero hizo una reverencia.
—Lo sabremos.
Draco se quedó solo unos instantes con sus pensamientos.
Alana Norton.
Una joven de una familia menor.
Magia de madera.
Marca de alma.
Y ahora...
Una sospechosa que había vandalizado el jardín real.
El rey apretó lentamente el puño.
—Ya voy a conocerte.
Su mirada se endureció.
—La mujer que destruyó mi jardín.
Por eso una hora despues..
Al otro lado del palacio...
La supuesta mujer peligrosa estaba completamente ajena a todo aquello.
Alana había llegado a la habitación que le habían preparado.
La habitación era enorme.
Tenía una cama mucho más grande que la de su propia mansión.
Una chimenea.
Un sofá.
Una mesa.
Un armario.
Y una ventana desde la que podía verse parte de los jardines.
Alana se acercó a la cama.
La tocó.
Después volvió a tocarla.
Se sentó.
La cama se hundió suavemente.
Alana abrió mucho los ojos.
—Es demasiado cómoda.
Se dejó caer de espaldas.
—¡Esto es maravilloso!
Miró el techo.
[Definitivamente no quiero volver a casa mañana.]
Se acomodó entre las almohadas.
Sin saber que, en algún lugar del palacio, varios guardias ya habían recibido instrucciones de observar discretamente sus movimientos.
Alana cerró los ojos.
Y recordó las flores.
Sonrió.
[Qué bonitas quedaron.]
Después se acomodó mejor.
[Quizás mañana debería practicar nuevamente.]
Bostezó.
Y pocos minutos después...
Se quedó dormida.
Completamente tranquila.
Mientras el rey de Sunderland esperaba descubrir qué estaba tramando aquella misteriosa mujer.
El gran misterio de la noche era...
Que Alana no estaba tramando absolutamente nada.
Ni una conspiración.
Ni un ataque.
Ni un plan secreto.
Ni siquiera sabía que el rey estaba pensando en ella.
Su único plan para aquella noche era dormir profundamente en una cama enorme.
Y, si tenía suerte...
Soñar con más flores rosadas.
Indudablemente! ese Rey no dejoʻ a nadie sin formarle su lío
y Draco vigilando🤣🤣🤣medio en shock😎🤣🤣
Ahora que Alana estaba esperando por ti 🥰
Que buena imitación
El Rey ya está perdido.