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LA DEBILIDAD DEL CEO

LA DEBILIDAD DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Romance de oficina
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.

Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.

Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.

Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…

ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: UNA INVITACIÓN INESPERADA

El lunes llegó demasiado rápido.

Valentina entró al edificio de Grupo Blackwood con un café en la mano y la sensación de que algo había cambiado.

No sabía exactamente qué.

Quizá era la conversación del viernes.

Quizá la forma en que Maximiliano la había mirado cuando Tomás apareció frente al edificio.

O quizá simplemente estaba pensando demasiado.

—Buenos días, Vale —saludó Laura desde recepción.

—Buenos días.

—¿Todo bien?

Valentina sonrió.

—Perfectamente.

Pero no era del todo cierto.

Desde el viernes, una pregunta se repetía en su cabeza.

¿Por qué su jefe le había preguntado si Tomás era su novio?

Había sido una pregunta demasiado personal.

Y, sobre todo, demasiado inesperada.

Sacudió ligeramente la cabeza y se obligó a concentrarse.

Tenía trabajo.

Mucho trabajo.

Al llegar a su escritorio, revisó la agenda de Maximiliano y encontró varias reuniones importantes. Una de ellas había sido modificada durante el fin de semana.

Frunció el ceño.

Tomó la carpeta y entró en la oficina.

Maximiliano estaba de pie frente a los enormes ventanales, con el teléfono en una mano.

—Buenos días, señor Blackwood.

Él se giró.

Durante un segundo, simplemente la observó.

—Buenos días, Valentina.

Ella dejó la carpeta sobre el escritorio.

—La reunión con los inversionistas de esta tarde fue adelantada para las cuatro.

—Lo sé.

—También confirmé la cena empresarial del miércoles.

—Bien.

Valentina esperó.

Nada.

Maximiliano volvió la mirada hacia el ventanal.

Ella entrecerró los ojos.

Definitivamente estaba extraño.

—¿Necesita algo más?

—No.

Valentina dio media vuelta.

—Entonces…

—Valentina.

Ella se detuvo.

—¿Sí?

Maximiliano guardó silencio unos segundos.

—¿Qué tal estuvo tu cena el viernes?

Ella lo miró sorprendida.

—¿Mi cena?

—Con Tomás.

Ahí estaba otra vez.

La curiosidad.

Valentina cruzó los brazos.

—Bien.

—Me alegra.

—¿Eso era todo?

—Sí.

Ella salió de la oficina intentando ocultar una sonrisa.

No sabía qué le pasaba a su jefe.

Pero algo le pasaba.

Y empezaba a sospechar que tenía que ver con Tomás.

---

Durante el resto de la mañana, Maximiliano intentó concentrarse en los negocios.

Fracasó.

Cada vez que levantaba la vista encontraba a Valentina trabajando detrás del cristal.

La vio contestar llamadas, revisar documentos, tomar notas y organizar su agenda.

Hasta que su teléfono vibró.

El de ella.

Valentina miró la pantalla y sonrió.

Maximiliano sintió una molestia absurda en el pecho.

Apartó la mirada.

No tenía derecho a sentirse así.

No era su novio.

No era su pareja.

Ni siquiera era algo más que su jefe.

Entonces, ¿por qué le importaba tanto quién le escribía?

Unos minutos después, Valentina entró nuevamente.

—Señor Blackwood, necesito confirmar algo.

—Dime.

Ella levantó una carpeta.

—La cena del miércoles. ¿Quiere que confirme una persona adicional?

—Sí.

—¿Quién?

Maximiliano la miró directamente.

—Tú.

Valentina parpadeó.

—¿Yo?

—Necesito que me acompañes.

—Pensé que era una cena únicamente con inversionistas.

—Lo es.

—Entonces, ¿por qué debería ir?

Maximiliano se levantó lentamente.

—Porque eres mi asistente y estarás encargada de parte de la organización.

Valentina lo observó unos segundos.

La explicación era perfectamente profesional.

Demasiado profesional.

—De acuerdo.

—Y otra cosa.

—¿Sí?

—Quiero que estés pendiente de mí durante toda la noche.

Ella arqueó una ceja.

—¿Pendiente de usted?

Maximiliano sostuvo su mirada.

—De la agenda, Valentina.

Ella sonrió.

—Por supuesto, señor Blackwood.

Se dio la vuelta.

—Valentina.

—¿Sí?

—No tienes que preocuparte por qué ponerte. Será una cena de negocios.

Ella soltó una pequeña risa.

—Créame, no estaba preocupada.

Y salió.

Maximiliano sonrió por primera vez en toda la mañana.

Aquella mujer tenía una facilidad peligrosa para dejarlo sin respuesta.

---

Al final de la tarde, Valentina estaba terminando unos documentos cuando recibió un mensaje.

Tomás: ¿Estás libre esta noche?

Ella sonrió.

Antes de responder, escuchó la voz de Maximiliano.

—Valentina.

Levantó la mirada.

—¿Sí?

Él estaba en la puerta de su oficina.

—¿Tienes planes esta noche?

Ella negó con la cabeza.

—No.

Maximiliano asintió.

—Bien.

—¿Por qué?

—Necesito revisar contigo la presentación de los inversionistas.

—Podemos hacerlo mañana.

—Prefiero hoy.

Valentina lo miró fijamente.

—¿Es urgente?

Maximiliano dudó.

—Sí.

Ella aceptó.

—De acuerdo.

Maximiliano regresó a su oficina.

Valentina volvió a mirar el mensaje de Tomás.

Tomás: ¿Entonces?

Después de pensarlo unos segundos, respondió.

Valentina: Lo siento. Hoy no puedo.

Dentro de su oficina, Maximiliano levantó la mirada hacia el cristal.

No sabía por qué, pero se sintió extrañamente satisfecho.

Y eso lo preocupó.

Porque estaba empezando a entender algo que llevaba días intentando negar.

No quería solamente tener a Valentina cerca durante el horario laboral.

Quería ser parte de su vida.

---

Esa noche, ambos permanecieron en la oficina hasta pasadas las ocho.

La ciudad brillaba detrás de los ventanales.

Medellín parecía no dormir.

Valentina cerró la última carpeta.

—Creo que ya está todo.

Maximiliano asintió.

—Gracias.

Ella tomó su bolso.

—Entonces me voy.

—¿Sola?

Valentina lo miró.

—Sí.

—Te llevo.

—No hace falta.

—Insisto.

—Señor Blackwood…

—Maximiliano.

Ella se quedó quieta.

Él también.

Había algo diferente en la forma en que había pronunciado su nombre.

—¿Qué?

—Puedes llamarme Maximiliano cuando estemos fuera de la oficina.

Valentina sintió un extraño cosquilleo.

—No estoy segura.

Él sonrió ligeramente.

—Algún día tendrás que acostumbrarte.

Ella sostuvo su mirada.

—Tal vez.

Y por primera vez, Valentina se preguntó si detrás del hombre serio y controlado que todos conocían había alguien completamente diferente.

Alguien que todavía no conocía.

Y quizá lo más peligroso era que empezaba a tener curiosidad por descubrirlo.

Sin saber que, mientras caminaban hacia el ascensor, Maximiliano ya había tomado una decisión.

La próxima vez que alguien preguntara qué significaba Valentina para él…

no estaba seguro de poder seguir respondiendo:

“Mi asistente.”

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