Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 4: La mujer que nunca me miró
ADLER
Nunca pensé que tenerla bajo el mismo techo me produciría una sensación tan satisfactoria. Kaelyn estaba aquí. En mi casa. A unos metros de mi habitación.
Y, por primera vez en dos años, no tenía que conformarme con verla entrar y salir de mi oficina. Podía escuchar sus pasos por los pasillos.
Su voz cuando hablaba por teléfono. El sonido de sus risas cuando conversaba con su amiga Ann. Incluso podía saber cuándo estaba despierta y cuándo dormía.
Era una sensación extraña. Peligrosamente extraña. Había noches en las que me despertaba sin saber precisamente por qué.
Y hoy era una de esas noches cuando la escuchaba. Un movimiento al otro lado del pasillo. El sonido de la puerta. Un suspiro. Y terminé por levantarme. No porque necesitara hacerlo. Si no porque quería verla.
Abrí lentamente la puerta de su habitación. Kaelyn dormía profundamente. La tenue luz de la lámpara iluminaba apenas su rostro. Dormía de lado, abrazada a una almohada, con el cabello ligeramente desordenado sobre la almohada.
Su pijama era mucho más cómoda y relajada que la ropa sobria que acostumbraba usar durante el día. Dejaba ver la curva de su vientre, que comenzaba a ser cada vez más evidente.
Me quedaba en la puerta. Sin acercarme. Solo observándola. Embarazada. Hermosa. Tranquila.
Había algo casi hipnótico en verla así. Durante el día era una mujer firme. Seria. Responsable.
Siempre con esa mirada impecable y sencilla que parecía decirle al mundo que no necesitaba llamar la atención de nadie. Y precisamente por eso me había fascinado.
La recordaba perfectamente el día que llegó a mi oficina.
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DOS AÑOS ATRÁS...
—Señor Schneider, ella es Kaelyn. Será su nueva secretaria.
Levanté la mirada de los documentos. La observé durante unos segundos. No pregunté por su experiencia. No me interesó saber de dónde venía.
Ni siquiera me molesté en hacerle preguntas o hacer una entrevista. Simplemente señalé la carpeta.
—Necesito organizado antes del medio día.
Ella tomó los documentos.
—De acuerdo.
Eso fue todo. Sin sonrisas exageradas. Sin intentar impresionarme. Sin aquella mirada que tantas mujeres usaban conmigo. La mayoría de las empleadas que se acercaban a mi oficina tenían la misma expresión.
Interés. Ambición. Curiosidad.
Algunas buscaban llamar mi atención. Otras buscaban encontrar una oportunidad.
Kaelyn no.
Ella solamente hacía su trabajo. Durante los primeros meses pensé que era indiferencia. Después comprendí que era algo totalmente diferente.
Ella simplemente no estaba interesada en mí. Y aquello...
Me intrigaba. Durante dos años fue así. Dos años viéndola entrar a mi oficina. Dos años escuchando su voz. Dos años en los que nunca intentó acercarse más de lo necesario.
Nunca me aduló. Nunca buscó mi aprobación. Nunca intentó seducirme.
Y, sin darme cuenta, empecé a esperarla.
Esperaba escuchar sus pasos por el pasillo. Esperaba que apareciera con mi agenda. Esperaba escucharla decir:
—Señor Schneider, tiene una reunión en diez minutos.
...****************...
Era absurdo. Pero se había convertido en una parte de mi rutina. Hasta aquella noche.
La noche que fui drogado. La noche que cambió todo. Durante un tiempo pensé que había sido una desgracia. Ahora ya no estaba tan seguro de ello.
La oportunista estaba en la cárcel. Pero gracias a lo sucedido...
Había encontrado a Kaelyn. La mujer que llevaba dos años fascinándome. La mujer que ahora dormía al otro lado del pasillo. La madre de mi hijo. Mi familia.
Una sonrisa apareció en mis labios mientras la observaba dormida. No me arrepentía de nada. No de lo que pasó después. No haberla buscado.
Y mucho menos de haber conseguido que estuviera aquí. Bajé la mirada hacia su vientre.
Nuestro hijo. Mi sangre.
Una parte de mí que todavía no conocía, pero que ya protegía una intensidad que jamás había sentido por nadie. Kaelyn se movió ligeramente.
Me quedé inmóvil. Ella murmuró algo que no logré entender y volvió a acomodarse. No pude evitar sonreír.
—Duerme—susurré. Cerré la puerta con cuidado.
Regresé a mi habitación. Pero antes de acostarme, miré hacia el pasillo. No necesitaba decirlo en voz alta. Ya lo había decidido.
Kaelyn podía seguir creyendo que aquello era temporal. Podía seguir pensando que después del nacimiento de nuestro hijo cada uno tomaría su propio camino. Podía seguir poniendo condiciones.
Yo podía acceder a algunas. Incluso muchas. Pero había una que nunca aceptaría. Dejarla ir.
Había esperado dos años sin saber qué quería. Ahora lo sabía. Y no pensaba perderla. No después de tenerla finalmente bajo el mismo techo. No tras descubrir que la mujer que durante tanto tiempo había conseguido despertar mi curiosidad.
Era también la única mujer que había conseguido despertar algo mucho más peligroso. Mi necesidad de protegerla. Mi deseo de conservarla. Mi obsesión.
Kaelyn todavía no lo sabía. Pero yo ya había tomado mi decisión. Ella se había convertido en mi hogar. Y no pensaba dejar que nadie volviera a quitármelo.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂