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La Princesa Del Destino Dorado: ¿Como Sobrevivir Al Emperador?

La Princesa Del Destino Dorado: ¿Como Sobrevivir Al Emperador?

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Hijo/a genio
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis_Ochoa

Tras una muerte repentina en el mundo moderno, una joven despierta en el cuerpo de la princesa Evelyn, un personaje de una novela romántica de época que leyó en su vida pasada. Sin embargo, su destino es de todo menos idílico: en la historia original, Evelyn es una princesa olvidada e ignorada, destinada a morir trágicamente a los dieciocho años a manos de su propio padre, el cruel e implacable Emperador Aurelius, tras ser falsamente incriminada por su celosa media hermana.

NovelToon tiene autorización de Leydis_Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 04

Una idea secundaria se cruzó por su mente. El Archimago Valerius. El mago sarcástico y brillante. La novela lo había descrito como un hombre enigmático, poderoso, pero también con una extraña debilidad por el conocimiento y la verdad. Él era el jefe de la Torre Imperial, un lugar de magia y sabiduría. Si la Evelyn original había desarrollado un poder mágico inmenso, el Archimago Valerius habría sido el único capaz de reconocerlo y, quizás, de cultivarlo.

Pero, ¿cómo acceder al Archimago? ¿Cómo llamar la atención de un hombre así? Él también sería inaccesible para una niña olvidada. No, el Emperador era el objetivo principal. El Archimago sería un plan B, o un aliado futuro.

Se sintió sobrepasada por la inmensidad de la tarea. La cabeza le dolía, y sus ojos se sentían pesados. Quería volver a la cama y esconderse bajo las sábanas, pretender que todo era un mal sueño. Pero la imagen de la soga en el patíbulo, la mirada fría del Emperador, la sonrisa cruel de Seraphina, la impulsaron a seguir adelante.

No había tiempo para llorar ni para lamentarse. Solo había tiempo para planear y para actuar.

Recordó el plan de la sinopsis: "un tierno y calculado plan de supervivencia". Tendría que ser tierna para derretir el corazón de piedra del Emperador. Pero también tendría que ser astuta, una estrategia calculada para un juego de alto riesgo.

¿Cómo era la Evelyn de cinco años en la novela? La novela no la detallaba mucho a esa edad, solo la mencionaba como una niña solitaria y triste, que a menudo se escondía en los jardines. Rara vez hablaba, y su presencia era tan fugaz que los sirvientes solían olvidarla. No podía ser esa Evelyn. Esa Evelyn estaba condenada.

Tenía que ser... adorable. Inocente. Curiosa. Pero con un matiz de resiliencia. No la niña que se escondía, sino la que, a pesar de todo, se atrevía a asomar la cabeza.

Se levantó del rincón de la cocina, notando el cansancio en sus pequeños músculos. Necesitaba dormir, pero no podía volver a su habitación olvidada. Si iba a infiltrarse en las alas centrales del palacio, necesitaba hacerlo con luz del día, para no levantar sospechas.

Entonces, recordó algo de la novela. La antigua Emperatriz, su madre, había vivido en un palacio adyacente al principal, llamado el "Palacio de Cristal", por sus grandes ventanales. Después de su muerte, se había convertido en el palacio de la Emperatriz actual, la Concubina Imperial ascendida, madre de Seraphina. Ese palacio era un nido de víboras, lleno de intrigas y miradas celosas. Era peligroso. Extremadamente peligroso.

Pero también era una ruta. Una ruta que, según sus recuerdos de la novela, conectaba con las áreas centrales del palacio principal. No era el camino más seguro, pero era un camino. Y en este momento, cualquier camino era mejor que quedarse en su habitación, esperando su muerte.

Un escalofrío de aprensión le recorrió el cuerpo. Ir al palacio de la Emperatriz... era casi como ir a la boca del lobo. Pero si quería ser vista, si quería romper su aislamiento, tenía que ir a donde estaba el poder. Tenía que ir a donde estaban los ojos.

Se convenció a sí misma de que era la mejor opción por ahora. No intentaría enfrentarse a la Emperatriz o a Seraphina. Simplemente usaría el palacio como una vía de tránsito, un punto de acceso al corazón del imperio. Si lograba moverse con suficiente discreción, tal vez podría pasar desapercibida.

El sol ya estaba alto cuando salió de la cocina, dirigiéndose de nuevo a los pasillos principales. Se movía con una determinación silenciosa, su pequeña figura apenas visible en la inmensidad de los pasillos. Pasó junto a estatuas imponentes, armaduras vacías y cuadros gigantes que representaban a emperadores y emperatrices pasados, sus ojos fríos y distantes, juzgándola desde sus marcos dorados. El palacio era una prisión de historia y poder.

Sus pies le dolían. Sus músculos, acostumbrados a la vida sedentaria de una adulta moderna, protestaban con cada paso en este cuerpo infantil. Pero su mente estaba enfocada, su voluntad era de acero. No se detendría.

Finalmente, después de lo que parecieron horas de caminata, llegó a una serie de puertas de un blanco impoluto, adornadas con intrincados grabados de flores de loto y dragones plateados. El aire aquí era diferente. Más fresco, más limpio, con un aroma a jazmín y a incienso delicado. Este era el límite. Detrás de estas puertas, estaba el Palacio de Cristal.

Vaciló. La novela había descrito la atmósfera del Palacio de Cristal como asfixiante, llena de envidia y de cuchicheos venenosos. La Emperatriz actual era una mujer de belleza fría y ambición ilimitada, y Seraphina, su hija, era su viva imagen. Evelyn, la Evelyn original, nunca se habría atrevido a cruzar ese umbral.

Pero ella no era la Evelyn original. Ella era la mujer de la era moderna, con una mente curtida por la supervivencia y una determinación que se negaba a doblegarse. Tenía que hacerlo. Era el primer paso de su plan. Un paso arriesgado, sí, pero necesario.

Respiró hondo, intentando calmar el latido salvaje de su corazón. El frío de la piedra bajo sus pies se sentía como un recordatorio constante de su vulnerabilidad, pero también de su resolución. Este palacio era un laberinto de peligros, pero también de oportunidades.

Con cada paso, la imagen de su ejecución a los dieciocho años se hacía más y más nítida en su mente. La multitud. El verdugo. La indiferencia del Emperador. No. No permitiría que eso sucediera. Haría lo que fuera necesario.

Sus pequeños pies descalzos la guiaron rápidamente hacia el frío palacio de la Emperatriz.

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