Daniel siempre decía que su superpoder era encontrarle el chiste a cualquier tragedia. Si se quemaba la cena, era "una oportunidad para probar el carbón gourmet". Si llovía a cántaros y se inundaba la calle, "un parque acuático gratuito". Sonreír era fácil. Era su escudo, su forma de mantener el mundo a una distancia segura donde nadie pudiera ver lo que realmente guardaba en el pecho
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capítulo 18 celos y territorio
El entrenamiento de fútbol de la facultad acababa de terminar. Alex estaba apoyado contra la cerca metálica de la cancha, sosteniendo la mochila de Daniel y una botella de agua helada.
Observó a su amigo caminar hacia la banca, secándose el cuello con una toalla. Daniel se veía increíblemente atractivo con el cabello húmedo por el sudor y las mejillas encendidas por el esfuerzo.
Sin embargo, antes de que Alex pudiera dar un paso hacia él, otra silueta se le adelantó.
Una chica de la facultad de Diseño, conocida en el campus por ser bastante directa, se acercó a Daniel sosteniendo una libreta.
Le sonrió de esa manera ensayada que Alex reconoció de inmediato, inclinándose un poco de más hacia él mientras le hablaba con una familiaridad que a Alex le encendió una chispa de posesividad pura en el estómago. Daniel, siendo el chico amable y bromista de siempre, le sonrió de vuelta, ladeando la cabeza para escuchar lo que le decía.
«Ah, no. Eso sí que no», pensó Alex, con la mandíbula tensa.
Caminó hacia la banca con pasos firmes y decididos. No iba a armar un escándalo, pero iba a dejar las reglas del juego perfectamente claras.
—Aquí tienes tu agua, Dani —dijo Alex en voz alta, interrumpiendo la conversación sin una pizca de timidez.
Daniel volteó a verlo, sorprendido, pero antes de que pudiera decir algo, Alex acortó la distancia de una manera que nunca antes había hecho en público.
Se paró justo al lado de Daniel, rompiendo por completo su espacio personal. Con total deliberación, Alex estiró la mano y comenzó a arreglarle con suavidad el cuello de la camiseta del equipo, dejando que las puntas de sus dedos rozaran de forma lenta la piel cálida y sudorosa de su clavícula.
Daniel se quedó completamente rígido, cortando la frase que le estaba diciendo a la chica. Sus ojos verdes se abrieron de par en par, fijos en Alex, con el pulso acelerándose notablemente bajo su toque.
Para rematar el mensaje, Alex deslizó su mano desde el cuello de Daniel hasta su hombro, dejando el brazo apoyado allí con un gesto posesivo y natural. Luego, volteó a mirar a la chica con una sonrisa sutil, pero con los ojos oscuros cargados de una fría advertencia.
—Hola —saludó Alex a la chica, manteniendo su mano firme sobre el hombro de Daniel—. Lo siento, es que Dani y yo tenemos prisa. Nos espera una entrega de Diseño Arquitectónico en el departamento y ya vamos tarde. ¿Verdad, amor?
La palabra "amor" flotó en el aire de la cancha con la fuerza de un decreto.
La chica parpadeó, completamente desconcertada por el repentino cambio de ambiente y el espeso magnetismo que emanaba de los dos.
Daniel tragó saliva con una dificultad tremenda, con las orejas encendidas en un rojo carmín que ya no tenía nada que ver con el ejercicio.
La farsa del "solo amigos" frente a la universidad se había desmoronado por completo en un segundo, y Alex estaba disfrutando cada bit de su victoria