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Indomable

Indomable

Status: Terminada
Genre:Romance / Mujer poderosa / Mafia / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: YICELA MOSQUERA MENA

Valentina Mena es una mujer fuerte e independiente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Matteo De Luca, líder de un poderoso imperio mafioso, está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. Cuando sus caminos se cruzan, nace una atracción peligrosa que los llevará a enfrentarse entre el amor, el poder y la traición.

NovelToon tiene autorización de YICELA MOSQUERA MENA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sombras del pasado.

Matteo no volvió a dormir aquella noche.

Después de abandonar el restaurante, condujo durante casi cuarenta minutos sin pronunciar una sola palabra. La lluvia golpeaba el parabrisas mientras las luces de la ciudad se reflejaban sobre el asfalto mojado, pero él apenas las veía.

Su mente seguía atrapada en dos pensamientos completamente distintos.

Valentina.

Y la llamada.

La primera lo desarmaba.

La segunda lo obligaba a recordar quién era realmente.

Cuando llegó al edificio donde funcionaba una de sus empresas, encontró a Marco esperándolo en el estacionamiento subterráneo.

Aquello no era buena señal.

Marco nunca abandonaba una cena ni una noche libre a menos que la situación fuera grave.

—Dime que es una falsa alarma —dijo Matteo apenas bajó del automóvil.

Marco negó con la cabeza.

—Ojalá pudiera.

El silencio se instaló entre ambos.

Matteo sintió cómo la tensión regresaba de inmediato.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

Subieron al ascensor sin intercambiar más palabras.

Al llegar al último piso, caminaron hacia una sala privada que pocas personas conocían.

Era un lugar alejado de las oficinas principales.

Sin cámaras visibles.

Sin empleados.

Sin curiosos.

Un lugar diseñado para conversaciones que no debían existir.

Matteo entró primero.

Marco cerró la puerta.

Sobre la mesa había varias carpetas.

Fotografías.

Informes.

Y un nombre escrito en letras negras.

Lorenzo Ricci.

El rostro de Matteo se endureció.

—No puede ser.

—Está vivo.

Matteo permaneció inmóvil.

Durante años había creído que Lorenzo había desaparecido.

Muerto.

Encerrado.

O escondido en algún rincón del mundo.

Pero nunca imaginó que regresaría.

Mucho menos ahora.

—¿Dónde está?

—Nadie lo sabe con certeza.

—Entonces ¿cómo sabemos que volvió?

Marco deslizó una fotografía.

Matteo la observó.

Era reciente.

No había duda.

El hombre de la imagen era Lorenzo.

Más viejo.

Más delgado.

Pero era él.

Y eso significaba problemas.

Muchos problemas.

Porque Lorenzo conocía secretos que nadie más conocía.

Secretos capaces de destruir imperios enteros.

Incluyendo el de Matteo.

—¿Quién más lo sabe?

—Por ahora, nosotros.

—¿Y cuánto tiempo tenemos?

—No lo sé.

Matteo apoyó ambas manos sobre la mesa.

Durante años había construido una nueva vida.

Una vida legítima.

Limpia.

Lejos de los errores del pasado.

Pero algunas sombras nunca desaparecían del todo.

Y Lorenzo era la más peligrosa de todas.

—Encuéntralo.

—Ya estamos trabajando en eso.

—No.

Matteo levantó la mirada.

—Encuéntralo antes de que él me encuentre a mí.

Marco asintió.

Sabía perfectamente lo que aquello significaba.

Porque si Lorenzo aparecía públicamente, demasiadas preguntas empezarían a surgir.

Preguntas que Matteo llevaba años evitando.

Preguntas que podían alcanzar a personas inocentes.

Personas que no tenían nada que ver con aquel mundo.

Personas como Valentina.

El pensamiento apareció de forma automática.

Y eso lo irritó.

Porque debería estar concentrado en el problema.

No en ella.

Sin embargo, la imagen de Valentina sonriendo en la terraza regresó a su mente.

Y junto con ella apareció otra imagen.

La distancia mínima que los había separado antes de aquella llamada.

El silencio.

La tensión.

La forma en que ella lo había mirado.

Matteo cerró los ojos durante un segundo.

Mal momento.

Definitivamente era el peor momento posible para empezar a sentir algo por alguien.

A la mañana siguiente, Valentina despertó más cansada de lo habitual.

Había dormido poco.

Y gran parte de la culpa era de un hombre italiano insoportablemente atractivo.

Lo primero que hizo al abrir los ojos fue mirar el teléfono.

Y se odió inmediatamente por hacerlo.

Porque aquello confirmaba exactamente lo que no quería admitir.

El mensaje seguía allí.

“Perdón por irme así.”

Nada más.

Nada menos.

Sin explicación.

Sin detalles.

Sin promesas.

Y aun así había sido suficiente para mantenerla despierta durante media noche.

—Ridículo.

Se levantó de la cama.

Se duchó.

Se vistió.

Y decidió que aquel día estaría completamente enfocada en el trabajo.

Nada de Matteo.

Nada de mensajes.

Nada de pensamientos absurdos.

Nada.

El problema era que la vida parecía tener otros planes.

Apenas llegó a la oficina, Camila apareció con una sonrisa sospechosa.

—Buenos días.

—No me gusta esa cara.

—¿Cuál?

—Esa.

—No sé de qué hablas.

Valentina la señaló.

—Exactamente esa.

Camila dejó una carpeta sobre el escritorio.

—Tengo una pregunta.

—No.

—Todavía no la hice.

—Tampoco.

—Eres muy complicada.

—Y tú demasiado curiosa.

Camila sonrió.

—¿Cómo estuvo la cita?

Valentina casi dejó caer el café.

—No fue una cita.

—Claro.

—Fue una reunión.

—Por la noche.

—Sí.

—En un restaurante elegante.

—Sí.

—Con un hombre atractivo.

—Camila.

—Estoy escuchando.

Valentina cerró los ojos.

Contó hasta tres.

Y decidió que despedir empleados probablemente era ilegal en ciertas circunstancias.

—No fue una cita.

—Está bien.

—Gracias.

—Fue una cita disfrazada de reunión.

—Fuera de mi oficina.

Camila salió riendo.

Y aquello solo empeoró el humor de Valentina.

Porque una parte de ella sabía que su asistente no estaba completamente equivocada.

Las horas transcurrieron con relativa normalidad.

Reuniones.

Llamadas.

Documentos.

Contratos.

Trabajo.

Mucho trabajo.

Exactamente lo que necesitaba.

Hasta que su teléfono vibró.

Una sola vez.

Valentina intentó ignorarlo.

Fracasó.

Miró la pantalla.

Y sintió que algo se movía dentro de ella.

Matteo.

”¿Cómo está tu día?”

La pregunta era simple.

Normal.

Inofensiva.

Y sin embargo logró hacerla sonreír.

Lo cual resultaba profundamente irritante.

“Ocupado.”

La respuesta llegó casi de inmediato.

“Eso significa que está siendo productivo.”

“O agotador.”

“También.”

Valentina dudó unos segundos.

”¿Y el tuyo?”

La respuesta tardó más.

Mucho más.

Cuando finalmente llegó, solo contenía tres palabras.

“Podría estar mejor.”

Ella frunció el ceño.

Por primera vez desde que lo conocía, Matteo parecía vulnerable.

Aunque fuera mínimamente.

”¿Todo bien?”

Pasaron casi dos minutos.

Dos minutos extrañamente largos.

“Sí.”

Valentina observó la pantalla.

No le creyó.

Ni un poco.

Pero tampoco insistió.

Porque todavía no tenía derecho a hacerlo.

Y eso la molestó más de lo que debería.

Al otro lado de la ciudad, Matteo observaba exactamente la misma conversación.

Su teléfono permanecía sobre el escritorio.

La oficina estaba vacía.

Y el informe sobre Lorenzo seguía abierto frente a él.

Cada nueva información era peor que la anterior.

Movimientos bancarios.

Contactos recientes.

Viajes.

Reuniones.

Todo indicaba que Lorenzo estaba preparando algo.

Y cuando Lorenzo preparaba algo, nunca era bueno.

Marco entró sin tocar.

—Tenemos otro problema.

Matteo levantó la mirada.

—¿Qué pasó ahora?

—Alguien preguntó por ti esta mañana.

—¿Quién?

—No dio nombre.

—¿Y?

Marco respiró profundamente.

—Preguntó específicamente por la mujer con la que te vieron cenar.

El aire pareció desaparecer de la habitación.

Matteo se puso de pie.

Lentamente.

Peligrosamente.

—¿Qué dijiste?

—Nada.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

El silencio se volvió pesado.

Muy pesado.

Porque aquello cambiaba todo.

Hasta ese momento, Valentina había estado fuera del problema.

Completamente fuera.

Ahora ya no estaba tan seguro.

Y eso era precisamente lo que más temía.

Porque podía soportar amenazas contra él.

Había vivido con ellas durante años.

Pero no soportaría que alguien la utilizara para alcanzarlo.

No a ella.

No después de conocerla.

No después de aquella noche.

—Necesito protección discreta para Valentina.

Marco lo observó sorprendido.

—¿Protección?

—Sin que ella lo note.

—Matteo…

—Hazlo.

Marco permaneció en silencio.

Porque conocía a su amigo.

Y sabía exactamente lo que aquello significaba.

Matteo ya había cruzado una línea.

Tal vez todavía no lo admitía.

Tal vez seguía intentando convencerse de que solo era curiosidad.

Pero los hechos eran evidentes.

Ya no pensaba únicamente en sí mismo.

Pensaba en ella.

Y eso lo volvía vulnerable.

Esa misma noche, mientras Valentina regresaba a casa después de una larga jornada de trabajo, no podía dejar de pensar en la conversación que había tenido con Matteo.

Algo estaba ocurriendo.

Algo que él no quería contar.

Algo que parecía preocuparlo de verdad.

Y aunque intentó convencerse de que no era asunto suyo, una sensación persistente se instaló en su pecho.

La sensación de que una tormenta se acercaba.

Y de que, de alguna manera, ella terminaría atrapada en medio de ella.

Sin saberlo, a pocos kilómetros de distancia, Matteo observaba desde la ventana de su oficina las luces de la ciudad.

Su teléfono seguía en la mano.

La conversación con Valentina permanecía abierta.

Y por primera vez en muchos años sintió algo que rara vez experimentaba.

Miedo.

No por él.

Sino por ella.

Porque si Lorenzo había regresado de verdad, el pasado estaba a punto de alcanzarlo.

Y cuando eso ocurriera, nada volvería a ser igual.

1
Andrea Nardelli
extraordinaria sin final siempre
Cristina Miranda
Que será lo que hay oculto??!!
Cristina Miranda
huy, cuando se encuentren...
fuegos artificiales!!!!
....😂😂
Cristina Miranda
huy, cuando se encuentren...
fuegos artificiales!!!!
....😂😂
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