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La Segunda Oportunidad de Blanca

La Segunda Oportunidad de Blanca

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Venganza / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:668
Nilai: 5
nombre de autor: Kayanne

Blanca lo dio todo por el hombre que amaba y por la amiga que consideraba una hermana. Su recompensa fue una cama de hospital, una traición susurrada al oído y una muerte que ellos mismos apuraron para quedarse con todo.

Pero el destino le devuelve algo que casi nadie recibe: una segunda oportunidad.

Blanca despierta diez años en el pasado, joven, sana y con un arma que sus enemigos jamás sospecharán: sabe exactamente cómo termina cada historia. Sabe quién miente, quién engaña y quién caerá primero. Esta vez no será la esposa ingenua ni la amiga bondadosa. Esta vez, ella mueve las piezas.

Con una sonrisa dulce y un plan letal, empieza a tejer la caída de quienes la destruyeron… y en el camino se cruza con Vittorio Moretti, el poderoso dueño de la empresa, un hombre acostumbrado a mandar que, por primera vez, encuentra a alguien capaz de ponerlo de rodillas.

Venganza servida en bandeja, secretos que estallan como bombas y una pasión que arde tan fuerte como el odio. Blanca aprendió por las malas que el amor ciego mata. Ahora va a demostrar que una mujer con el corazón roto y la mente afilada es lo más peligroso que existe.

Porque quien siembra vientos… recoge tempestades. Y esta vez, la tormenta lleva su nombre.

NovelToon tiene autorización de Kayanne para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El Encuentro en el Pasillo

La tarde avanzaba y la oficina hervía de actividad. Blanca estaba sentada en su silla, tecleando a una velocidad impresionante, organizando planillas e informes con una precisión quirúrgica. Su mente, ahora afilada por la experiencia de la otra vida, trabajaba mucho más rápido que la de todos los que estaban ahí. No cometía errores, no perdía el tiempo en charla vacía. Estaba ahí para trabajar, para subir y, sobre todo, para observar.

De vez en cuando, lanzaba una mirada discreta hacia donde estaban Frank y Lucia. Como había previsto, él ya estaba de lo más tranquilo, mandando mensajes por el celular (seguramente a ella) y riéndose por lo bajo, mientras Lucia tecleaba despacio, siempre con esa cara de esforzada que engañaba a todos menos a ella.

Diviértanse, pensó Blanca, volviendo la atención a la pantalla. La cuerda todavía está delgada, pero pronto va a reventar... en el cuello de ustedes.

La impresora de al lado soltó un ruido fuerte, señalando que los documentos oficiales estaban listos. Eran papeles importantes que había que archivar en la sala de materiales, al fondo del pasillo lateral, un lugar más reservado y silencioso.

Blanca se levantó, tomó la pila de papeles y siguió por el pasillo estrecho. El sonido de sus pasos resonaba suavemente. Estaba tan concentrada que ni notó cuando alguien entró al pasillo desde la dirección opuesta, con pasos rápidos y firmes.

—¡Cuidado! —gritó una voz masculina, pero ya era demasiado tarde.

La persona se le cruzó de lleno por delante, y el hombro firme chocó con fuerza contra el brazo de Blanca. El impacto fue tan repentino que ella perdió el equilibrio de inmediato. Los papeles volaron por el aire, esparciéndose como nieve blanca por el suelo.

Su cuerpo se fue hacia atrás, los pies le resbalaron en el piso pulido. Sintió que el mundo giraba y, por instinto, cerró los ojos con fuerza, preparándose para la caída dolorosa, para el golpe seco de la espalda y la cabeza contra el concreto.

Ahora no..., pensó.

Pero la caída nunca ocurrió.

En el instante exacto en que ya estaba inclinada, a punto de tocar el suelo, una mano grande y fuerte le agarró firme la cintura, mientras otro brazo fuerte se extendía por su espalda, sosteniéndola con seguridad, impidiendo que se estrellara.

El calor de aquella mano era intenso, firme, inquebrantable. La atrajo de nuevo hacia arriba, o mejor dicho, la estabilizó en el aire antes de que tocara el suelo.

Blanca siguió con los ojos cerrados un segundo, sintiendo el corazón latir descompasado en el pecho, mezclando el susto con una extraña sensación de protección que no sentía desde hacía... siglos.

—Ya puede abrir los ojos. No va a caerse.

La voz era grave, gruesa, tranquila, pero con una autoridad natural que hizo que el aire pareciera más denso a su alrededor.

Blanca abrió los ojos despacio. Lo primero que vio fue una camisa de vestir negra, perfectamente planchada, y después subió la mirada.

Parado ahí, sosteniéndola con un solo brazo como si ella no pesara nada, había un hombre alto, de hombros anchos, facciones duras pero marcadas. Tenía el cabello oscuro bien cortado y un par de ojos color miel que la miraban con intensidad, analizando cada detalle de su rostro.

El perfume que emanaba de él era inconfundible: madera noble, algo caro y masculino. Nada que ver con el olor a perfume barato de Frank.

Ella conocía esa cara. La veía en los cuadros, en los carteles, en las reuniones generales. Era el dueño de todo aquello.

—Señor Moretti... —susurró ella, con la voz saliéndole medio quebrada por el susto.

Vittorio Moretti, el CEO de la empresa, no la soltó de inmediato. Mantuvo el brazo firme en su espalda, mirándola hondo a los ojos, como si intentara descifrar quién era aquella mujer que, aun asustada, no tenía miedo en la mirada, sino una chispa de sorpresa e inteligencia.

—¿Se lastimó? —preguntó él, enderezándola por fin, pero manteniéndole las manos en los hombros un segundo de más, asegurándose de que estaba firme.

—N-no... —Blanca respiró hondo, sintiendo que la cara le ardía, pero esta vez no de vergüenza, sino por una extraña reacción química que su cuerpo tuvo—. Gracias. Yo... yo iba a golpearme con todo.

—Lo vi —dijo él, sin más. Sus ojos bajaron rápido por todo su cuerpo, revisando daños, y luego volvieron a su rostro—. Usted trabaja aquí en Marketing, ¿no? Blanca...

—Blanca Mendes, señor. —Ella hizo una pequeña reverencia, recuperando la compostura.

—Mucho gusto, Blanca. —Vittorio la soltó por completo y se agachó de repente, empezando a recoger los papeles esparcidos por el suelo.

—¡No, señor! ¡Deje, yo los recojo! —se apresuró ella, atónita. ¡El dueño de la empresa no se agacha a recoger papeles de una empleada!

—No se preocupe. Los dos chocamos, la culpa es mía también —dijo él, sin ninguna arrogancia, juntando las hojas con cuidado y entregándoselas ya ordenadas.

Cuando volvió a levantarse, quedó muy cerca de ella. Blanca tuvo que alzar bastante la cabeza para mirarlo a los ojos. La diferencia de presencia era abismal comparada con Frank. Ahí, en aquel momento, sentía que tenía delante a un hombre de verdad. Alguien fuerte, que sostiene, que protege sin necesidad de montar el numerito del pobrecito.

—Tenga más cuidado la próxima vez, señorita Blanca —dijo él, con una media sonrisa que le cambió todo el rostro serio—. Este pasillo es peligroso... sobre todo para quien va distraída.

Pasó junto a ella, dejando en el aire un rastro de su perfume y de su energía poderosa.

Blanca se quedó parada, todavía sosteniendo los papeles contra el pecho, sintiendo aún un cosquilleo en el lugar donde había estado la mano de él en su cintura. Volvió la cabeza despacio, viendo cómo la espalda ancha de él desaparecía al fondo del pasillo, rumbo a los ascensores ejecutivos.

—Vittorio Moretti... —susurró para sí misma.

En su vida pasada solo lo había visto de lejos, de reojo, y nunca imaginó que se cruzaría en su camino de aquella forma. Pero ahora, el destino había puesto al hombre más poderoso de la empresa justo delante de ella, justo cuando más necesitaba fuerza.

Una sonrisa lenta y cargada de significados le nació en los labios.

—El juego se acaba de poner mucho más interesante... —murmuró—. Y creo que acabo de encontrar a mi socio ideal.

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