Renata necesitaba dinero para proteger a su hermana menor, Julián necesitaba redimir a su familia, honrar la memoria del único hombre que creyó en él y salvar a la mujer de la que siempre estuvo enamorado en silencio.
La solución parecía sencilla, firmar un contrato, donde la única condición era no involucrar los sentimientos. Sin embargo, en un juego donde las deudas se saldan con caricias y el pasado esconde un fraude imperdonable, la única forma de sobrevivir al deseo será rompiendo sus propias reglas.
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Capítulo 17: Máscaras y Fisuras
En la esquina más reservada del restaurante, lejos de las miradas curiosas, Serena se presionaba una servilleta de lino contra la mejilla, aunque el ardor de su mejilla comenzaba a ceder, la humillación que sentía estaba en carne viva y ardiéndole en el pecho con la misma intensidad que sentía cuando recibió el golpe.
—¡Renata se comportó como una salvaje, Rodrigo! —exclamó con la voz ahogada en furia, tirando la servilleta al plato—Esa zorra... atreverse a ponerme la mano encima como si no fuera nadie. ¡Te juro que me las va a pagar!
Rodrigo mantenía la mirada fija en el fondo de su vaso de whisky, con la mandíbula apretada, la furia le carcomía las entrañas, no solo por el altercado físico con Julián en la mañana en el cual quedó en desventaja, sino por las consecuencias financieras.
La alianza de Renata con la Corporación A había neutralizado su estrategia por completo y la posibilidad de comprar la firma Lozano se le había escapado de las manos en cuestión de minutos, así que ese negocio estaba prácticamente perdido.
Se sintió irritado con la actitud lamentable de Serena, sin embargo, sabiendo que la necesitaba de su lado para reorganizar el contraataque, contuvo su propia frustración y le mostró una expresión de profunda empatía.
Extendió la mano a través de la mesa y, con sorprendente delicadeza, le acarició la mejilla inflamada, recorriendo con su pulgar la marca del golpe.
—Cálmate, mi vida... —dijo en tono pausado—No dejaré que esa mujer te ponga una mano encima otra vez. Reaccionar de esa forma fue su mayor equivocación.
En un inicio Rodrigo, no guardaba ningún rencor hacia Renata, solo quería el negocio de los Lozano para ampliar su consorcio, sin embargo, las intrigas constantes de Serena terminaron contagiándole su odio.
Serena sintiéndose apoyada por Rodrigo, apoyó el rostro en la palma de Rodrigo, refugiándose en su caricia ante la humillación sufrida.
—Hizo que todos se burlaran de mí... —susurró, dejando caer un par de lágrimas por despecho.
A pesar de su apariencia desvalida, Serena mostró un rostro lamentable con mucha destreza, era una persona muy manipuladora y pese a su la gran inteligencia de Rodrigo de igual manera lo tenía comprometido con su causa.
—Lo que hizo tu prima fue demostrar su falta de control —corrigió él, manteniendo su caricia suave mientras su mente calculaba fríamente el siguiente paso—Si bien perdimos esta batalla con los Lozano, la guerra apenas empieza, se siente confiada porque cree que ganó, y, es allí donde la queremos.
—¿Estás seguro de que podemos revertirlo?
Rodrigo molestamente con frialdad, acercándose un poco más a ella mientras sus dedos se enredaban con suavidad en el cabello de Serena.
—Deja que celebre su pequeña victoria con Francesco —añadió con tono venenoso—Nos aseguramos de que la caída sea el doble de dolorosa.
Aunque Rodrigo no tenía la menor idea de cómo lograría destruir esa negociación, estaba decidido a conseguirlo sin importar el costo ni las consecuencias.
Renata condujo desde el estacionamiento del restaurante hasta la casa familiar, al cruzar el umbral de la casa, el silencio del recibidor le ofreció a Renata un respiro breve tras la intensa jornada corporativa, la confrontación con Serena y el intenso almuerzo con Julián.
Sin embargo, al avanzar hacia la estancia principal, encontró a la terapeuta ocupacional de Emma recogiendo con paciencia las herramientas de integración sensorial sobre la mesa baja.
—Buenas tardes, licenciada—saludó Renata, dejando las llaves de su auto sobre el recibidor y acercándose con expresión preocupada—Qué bueno que aún el encuentro aquí. ¿Tiene unos minutos?, Necesito que hablemos sobre cómo va la evolución de Emma.
El especialista guardó los materiales en su maletín, ajustó sus anteojos y apuntó con una sonrisa amable pero reservada.
—Por supuesto Renata, justo quería comentar con usted lo observado en la sesión de hoy, pasemos al estudio.
Una vez sentadas, Renata entrelazó sus manos sobre el escritorio, buscando mantener la compostura frente a la inquietud que la dominaba desde hace días.
—Después de la muerte de mis padres, Emma está sumamente alterada—confesó Renata en voz baja, dejando ver la vulnerabilidad que reservaba solo para el ámbito familiar—Desde la pérdida de nuestros padres, los retrocesos son cada vez más evidentes. Las crisis nocturnas han aumentado y cualquier ruido fuerte la descompensa por completo. Me preocupa muchísimo que el trauma esté bloqueando los avances que ya habíamos logrado.
La terapeuta la escuchaba con atención mientras abría el expediente sobre la mesa, Renata leía las anotaciones con evidente angustia.
—Pero... ella va a estar bien, ¿Verdad? —preguntó Renata, buscando una certeza a la cual aferrarse.
La especialista le respondió con voz pausada y serena:
—Es una reacción totalmente esperable dada la magnitud del duelo, Renata. El sistema nervioso de su hermana está procesando una pérdida devastadora. Lo que Emma necesita ahora no es presión para volver a la rutina anterior, sino un entorno predecible, rutinas de contención afectiva y una estructura que le devuelva la sensación de seguridad.
Renata soltó un suspiro contenido, sintiendo cómo el peso de la responsabilidad le oprimía el pecho.
—Haré lo que sea necesario —aseguró—Dígame qué ajustes debemos implementar en el hogar y los aplicaremos de inmediato.
—Diseñaremos un plan de regulación intensivo para las tardes —explicó la terapeuta—Pero también es fundamental que usted mantenga la calma frente a sus crisis; los adolescentes absorben la tensión del ambiente. Si ella percibe firmeza y serenidad en usted, el proceso de curación será mucho más fluido.
Renata estaba evaluando con determinación, y mientras despedía a la especialista en la puerta, comprendió que, por encima de cualquier batalla en el mundo exterior, su mayor prioridad era devolverle la paz a su hermana menor.
A su regreso a la sede de R&J Security, Julián hizo una última revisión a su presentación para el alcalde de la ciudad Capital, el almuerzo con Renata fue muy agradable, pero la conversación que escuchó entre su hermano y su cuñada le dejó una punzada de preocupación.
Sabía que el acuerdo entre Renata y la Corporación A estaba blindado, pero aún así no lograba estar tranquilo al recordar lo insidioso que podía ser su hermano.
Horas después Julián junto a dos de sus colaboradores entró al despacho del alcalde, ubicado en el último piso del Palacio Municipal, ofrecía una vista del panorámica todo el centro financiero de la ciudad.
Sobre la amplia mesa de reuniones, se desplegaron los diagramas de cifrado del nuevo sistema de seguridad. El alcalde observaba con asombro al hijo menor de la familia Benítez, y le sorprendió que el CEO de aquella prometedora Startup se tratara de un joven del cual pocos esperaban grandes logros.
—Gracias por su tiempo, señor alcalde —dijo Julián.
Julián ajustó los gemelos de su saco con la calma calculadora que lo caracterizaba, y acomodó sus lentes sobre el puente de su nariz, mientras observaba como el alcalde firmaba la última hoja del contrato, era un acuerdo millonario que otorgaba a R&J Security la licitación exclusiva para modernizar la red de ciberseguridad, videovigilancia y protección de datos de la administración pública.
—Debo reconocer que tu propuesta superó por completa a la competencia, Julián —comentó el alcalde, reclinándose en su sillón de piel y deslizándole el documento firmado—La tecnología que nos estás entregando no tiene punto de comparación.
—Sin ánimos de ser presumido, la competencia solo ofrece sistemas obsoletos a precios de monopolio, señor alcalde —respondió Julián con una sonrisa gélida y sobria—Lo que mi empresa está instalando no solo blindará los servidores municipales contra cualquier filtración; les darán control absoluto sobre la infraestructura crítica de la ciudad. Nadie entra ni sale de la red pública sin que lo sepamos.
Para Julián, este contrato era mucho más que un logro financiero, a nivel estratégico, era poner la tecnología de la alcaldía bajo su control y también obtener inmunidad.
—Esto consolida tu posición como el actor más poderoso del sector, Julián —añadió el alcalde, estrechándole la mano con firmeza al ponerse de pie—Si este sistema funciona como promete durante la fase de prueba, la licitación estatal del próximo trimestre es completamente tuya.
—Funcionará de manera impecable —aseguró Julián, sosteniendo la mirada con total autoridad—En este negocio, la seguridad no es una promesa; es el único lenguaje que entiendo.
Para sellar el trato, Julián tuvo que acompañar al alcalde a celebrar en un exclusivo y discreto club nocturno para adultos en las afueras de la ciudad. Aunque detestaba este tipo de ambientes marcados por la decadencia y el exceso, entendía que era un mal necesario en la política.
Sin embargo, la velada tomó un giro muy interesante cuando, entre las luces tenues y la penumbra del área privada, Julián descubrió a su propio padre —el mismo hombre que se jactaba públicamente de ser un esposo devoto y un intachable padre de familia— disfrutando de la noche, completamente ajeno a la presencia de su hijo.