Valeria pensó que su vida se había terminado el día que su padre la obligó a casarse por negocios. El acuerdo familiar era absoluto: debía unirse a Ismael, el heredero de 24 años de la hacienda vecina, un hombre frío al que apenas conocía. Lo que Valeria no imagina es que Ismael odia esa tradición tanto como ella y esconde un secreto: ha construido una empresa millonaria en la ciudad y planea vender las tierras familiares para liberarlos a ambos.
Obligados a mudarse a la gran ciudad para mantener las apariencias, tendrán que convivir bajo el mismo techo compartiendo sábanas, mentiras y roces eléctricos. Pero cuando el juego de actuar como la pareja perfecta empieza a derretirse bajo el calor de las aguas termales de la costa y el asfalto urbano, las frías reglas de su sociedad financiera saltan por los aires. ¿Podrán conseguir la libertad sin perder el corazón en el intento? Una historia de amor forzado, secretos y superación.
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CAPITULO 15 MENSAJES CIFRADOS Y ALIANZAS AL LIMITE
El jueves por la mañana comenzó bajo la asfixiante presión de tener al enemigo durmiendo al final del pasillo. Ismael y yo tuvimos que coordinar nuestros movimientos con precisión de cirujano. Nos levantamos de la misma cama y revolví fuertemente las sábanas para que, si mi padre se asomaba, viera el rastro de una noche compartida. Desayunamos los tres en el comedor en un ambiente cargado de formalidad. Mi padre, Don Manuel, devoraba las tostadas mientras revisaba unos contratos de exportación en su tableta, manteniendo esa actitud de rey absoluto que tanto detestaba.
—Bueno, muchachos, me marcho a las bodegas del norte de la ciudad para reunirme con los distribuidores —anunció mi padre, levantándose de la mesa y limpiándose las comisuras de los labios con una servilleta—. No regresaré hasta última hora de la tarde. Pero quiero que organicen algo para esta noche. Ismael, me comentaste el otro día que tienes una sociedad con un abogado y que su hermana pequeña es muy amiga de Valeria. Quiero conocerlos. Organiza una cena en un buen restaurante del centro. Quiero ver con qué clase de personas te estás juntando en la ciudad antes de que cerremos en secreto la promesa de venta de tu hacienda cuando tus padres se vayan de viaje.
Ismael asintió con la cabeza, manteniendo su rostro impasible de jugador de póquer.
—Considere que está hecho, Don Manuel. Reservaré en el restaurante de la última planta de la torre financiera —contestó Ismael con total tranquilidad.
En cuanto la puerta principal se cerró tras los pasos pesados de mi padre, las piernas me temblaron y me tuve que apoyar en la mesa. Un pánico frío me recorrió el cuerpo.
—Esto es una locura, Ismael —dije, sintiendo que el corazón me latía en las orejas—. Sofía es una fuerza de la naturaleza, habla sin filtros y es increíblemente impulsiva. Si mi padre empieza a interrogarla con esa astucia que tiene y ella mete la pata... si menciona que Héctor me ayudó a sacar las maletas en secreto, o que yo dormía en otra habitación hasta hace tres días, todo se vendrá abajo. Mi padre romperá el pacto secreto de la venta contigo y me arrastrará de vuelta al pueblo.
Ismael se acercó a mí, me tomó suavemente por los hombros y me obligó a mirarlo a los ojos. Su cercanía y su aroma a limpio lograron frenar la oleada de ansiedad que amenazaba con desbordarme.
—No va a pasar nada, Valeria. Confía en mí y confía en ellos —me aseguró con una voz firme y pausada—. Héctor es abogado; se gana la vida mintiendo y negociando en los tribunales, sabe perfectamente cómo manejar a hombres arrogantes como tu padre. Y Sofía te quiere. En cuanto le expliquemos lo que nos estamos jugando, sabrá exactamente qué papel interpretar. Voy a llamarlos ahora mismo.
Ismael sacó su teléfono y convocó una videollamada de urgencia con los dos hermanos. En la pantalla aparecieron Héctor, desde su despacho de la oficina con una pila de carpetas detrás, y Sofía, que estaba en el taller de la academia rodeada de maniquíes y telas de colores.
—A ver, pareja de casados, ¿qué ocurre para que llamen a estas horas? —preguntó Héctor, acomodándose las gafas con curiosidad.
—Tenemos un código rojo —sentenció Ismael, yendo directo al grano—. El padre de Valeria está instalado en el piso. Se ha enterado de que son nuestros únicos contactos en la ciudad y quiere cenar con nosotros esta noche a las nueve en el restaurante de la torre financiera. Necesito que actúen como si Valeria y yo fuéramos la pareja más enamorada y perfecta del planeta, y que omitan cualquier detalle sobre la mudanza secreta o el plan del divorcio a futuro.
Sofía soltó un grito ahogado en la pantalla, tapándose la boca con las manos llenas de tiza, pero sus ojos claros brillaron de inmediato con una chispa de pura adrenalina y emoción.
—¡Madre mía! ¡Esto es como estar metida en una película de espías! —exclamó Sofía en un susurro emocionado—. No te preocupes por nada, Vale. Te juro por mis mejores tijeras de costura que esta noche seré la encarnación de la discreción. Diré que Ismael no para de hablar de lo mucho que te ama en la oficina y que ustedes dos son insoportablemente empalagosos en privado. Me pondré un vestido elegantísimo para impresionar a tu papá.
Héctor, por su parte, adoptó una expresión mucho más profesional y seria, asintiendo con la cabeza hacia su socio.
—Entendido, Ismael. Conozco el perfil de Don Manuel; es el típico terrateniente que solo respeta el poder, el dinero y la sumisión familiar. Yo me encargaré de mantenerlo distraído hablándole de las ventajas fiscales de las sociedades patrimoniales de la ciudad y de cómo tu cerebro matemático va a multiplicar el dinero de la venta de la hacienda en el futuro. No le daré margen para que interrogue a Sofía ni a Valeria. Nos vemos allí a las nueve en punto.
Al colgar la llamada, miré a Ismael y solté un suspiro de alivio, sintiendo que el nudo de mi estómago se aflojaba un poco. Teníamos un equipo brillante a nuestro lado.
Pasé el resto de la tarde en mi habitación matrimonial —que ahora sentía extrañamente mía—, seleccionando el mejor vestido que tenía para la ocasión. Elegí un diseño de cóctel negro satinado que yo misma había reformado la semana pasada en la academia, estrechándolo de la cintura y abriendo un sutil escote en la espalda que le daba un aire sumamente sofisticado y moderno. Cuando salí al salón, Ismael ya estaba listo, luciendo un traje gris oscuro de tres piezas que acentuaba su porte atlético y su mandíbula marcada. Al verme aparecer, se quedó completamente inmóvil a mitad de la sala. Sus ojos oscuros recorrieron mi silueta de arriba abajo con una intensidad tan profunda y encendida que sentí un vuelco real y violento en el pecho.
—Estás... espectacular, Valeria —susurró, y por primera vez desde que lo conocía, noté un sutil deje de nerviosismo real en su voz.
—Gracias —contesté, bajando la mirada con timidez mientras sentía que las mejillas me ardían—. Tú tampoco estás mal, socio.
En ese momento, la puerta principal se abrió y mi padre entró al apartamento, exhalando un fuerte olor a tabaco y con una sonrisa de suficiencia en el rostro tras sus reuniones de negocios. Nos miró a ambos vestidos de gala en mitad del salón y dio una palmada sonora en el aire que rompió el encanto del momento.
—¡Vaya, así me gusta! Una pareja que da gusto ver —exclamó Don Manuel, frotándose las manos con codicia—. Vámonos ya. Estoy ansioso por conocer a esos socios tuyos, Ismael, y comprobar si son tan listos como dicen en este nido de hormigón.
Nos encaminamos hacia la salida del edificio. Ismael me ofreció su brazo con total caballerosidad y yo me aferré a él, sintiendo la firmeza de sus músculos bajo la tela del traje. La cena más peligrosa de nuestras vidas estaba a punto de comenzar, y el destino de Aarón, el retiro de los padres de Ismael y nuestro propio futuro dependían de que la máscara de porcelana no se agrietara bajo la mirada implacable del zorro.