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La Sirvienta Del Rey Lycan.

La Sirvienta Del Rey Lycan.

Status: En proceso
Genre:Época / Viaje a un mundo de fantasía / Hombre lobo
Popularitas:7.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

Luego de descubrir una cruel traición y caer en un profundo coma en su mundo, transmigró al cuerpo de una sirvienta en el reino del Rey Lycan.

Ella sólo quiere entender como ha llegado a ese lugar, y él no está dispuesto a dejarla ir.

NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

El ambiente en la mesa real se cortaba con un cuchillo. La tensión entre Sara y Azrael era casi tan densa como el hedor a sangre y vino que impregnaba el resto del salón. La princesa dio un sorbo a su copa con movimientos rígidos, apretando el cristal con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos, mientras sus ojos verdes prometían una venganza silenciosa hacia la humana.

Azrael, por su parte, se sirvió un corte de carne asada y comenzó a comer con la tranquilidad de un depredador que sabe que tiene el control absoluto de la estancia.

—No has cambiado nada, Azrael —murmuró Sara con voz envenenada, intentando recomponer su fachada de elegancia—. Sigues protegiendo a las criaturas más insignificantes solo para demostrar que nadie en este salón puede llevarte la contraria.

—No protejo a nadie, Sara —respondió Azrael sin molestarse en mirarla—. Simplemente no tolero los dramas innecesarios en mi mesa. Estamos aquí para firmar el tratado del Sur, no para discutir la torpeza de los invitados.

Antes de que Sara pudiera replicar, un estruendo metálico resonó en la entrada del salón.

Las pesadas puertas de roble se azotaron contra las paredes de piedra. Un hombre de dimensiones colosales, cubierto con pieles de oso polar y una armadura de hierro curtido, avanzó a grandes zancadas hacia el estrado. Tenía el rostro surcado por profundas cicatrices de garras y unos ojos amarillos que brillaban con una locura salvaje y sin filtro.

Detrás de él, una docena de guerreros del Norte avanzaban con las manos sobre los pomos de sus espadas.

—¡Llegas tarde, Sköll! —gritó uno de los nobles de la Manada de la Luna Sangrienta.

El Alfa Sköll del Norte ignoró el comentario y subió los escalones del estrado sin pedir permiso. Su mirada recorrió la mesa presidencial, pasando por encima de Sara y deteniéndose bruscamente en Alana. El gigante se frenó en seco, oliendo el aire con avidez. Un gruñido profundo y gutural emergió de su pecho.

—¿Qué demonios es ese olor? —retumbó la voz de Sköll en todo el salón, silenciando a los músicos—. Huele a sangre pura... a una humana sin marca.

Sköll dio dos pasos hacia la derecha del trono, extendiendo una mano enorme y llena de cicatrices directamente hacia el rostro de Alana para tomarla del cuello.

—Azrael... dime que esta hembra es parte del tributo de la cena.

Alana dio un paso atrás de inmediato, pero el espacio junto a la pared era reducido. Antes de que las garras de Sköll pudieran rozarle la piel, el brazo de Azrael se movió como un látigo. El Rey Alfa sujetó la muñeca de Sköll a mitad de camino, apretándola con la fuerza de una prensa de hierro.

El sonido del hueso crujiendo bajo la presión de Azrael hizo que varios guardias desenvainaran sus espadas.

—Toca a mi criada, Sköll —susurró Azrael con una voz tan helada que congeló la sonrisa del Alfa del Norte—, y te arrancaré el brazo antes de que tu fiera pueda reaccionar.

Sköll ahogó un gruñido mientras sus ojos amarillos se inyectaban en sangre. El aire en el estrado se volvió sofocante; la presión del poder de dos Alfas colisionando hizo que varios nobles de las mesas cercanas retrocedieran instintivamente.

—Te estás volviendo blando, Azrael —siseó Sköll, intentando zafarse del agarre de acero sin conseguir desplazar la mano del Rey ni un solo milímetro—. Defender a una simple humana sin marca frente a tus aliados... ¿Desde cuándo la Manada de la Luna Sangrienta protege la carne débil?

—Ella me pertenece —sentenció Azrael. Su voz no fue un grito, sino una declaración baja, rasposa e implacable que retumbó en las vigas del techo.

Con un movimiento seco, Azrael empujó la mano de Sköll hacia atrás. El gigante del Norte dio un traspié, tomándose la muñeca amoratada mientras sus guerreros daban un paso al frente, rozando los pomos de sus espadas. Los guardias reales de la Luna Sangrienta respondieron al instante, desenfundando el acero en un coro metálico que ensordeció el salón.

Sara observaba la escena con una sonrisa amarga y helada, disfrutando del caos mientras daba un sorbo a su cáliz de cristal.

—Basta —intervino la Princesa Sara, alzando la voz con una calma calculada—. No hemos cruzado los picos nevados para iniciar una guerra sobre la mesa de banquete por una sirvienta de cocina. Guarda tus garras, Sköll. Azrael tiene derecho a conservar a sus... juguetes.

Sköll escupió al suelo, fijando una última mirada hambrienta y sanguinaria sobre Alana antes de ocupar su lugar al otro extremo de la mesa principal.

—Esta noche firmaremos el tratado, Azrael —dijo Sköll, acomodando sus pieles de oso sobre la silla de roble—. Pero si esa humana cruza los límites de tu territorio sin tu marca en su cuello... no dudes de que mi manada la cazará.

Alana mantuvo la espalda pegada a la piedra del muro, respirando con dificultad mientras sentía los latidos de su corazón martilleándole el pecho. Aunque el pavor por la amenaza del Alfa del Norte era real, la palabra que Azrael había pronunciado seguía resonando en su cabeza con un peso extraño y abrumador: *me pertenece*.

Azrael no se giró a mirarla. Permaneció erguido en su trono, tomando su copa de vino con una tranquilidad letal mientras la tensión en el Gran Salón comenzaba a disiparse entre el estruendo de los cálices y la música de los tambores de guerra.

Sin embargo, por debajo de la mesa, la mano de Azrael buscó la de Alana. Sus dedos largos y cálidos se cerraron alrededor de la muñeca de la chica con una firmeza protectora pero posesiva, enviando una descarga eléctrica por todo el brazo de Alana que le cortó el aliento.

—No te separes de mí —murmuró el Rey Alfa, tan bajo que solo ella pudo escucharlo entre el bullicio del festín—. La noche apenas comienza.

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Nadia Leonila Borjas Borjas
dios mío está noche no duermo solo de pensar en los siguientes capítulos gracias autora 👏
Aurora
🎶🎶ay que calor, ay que calor, narananana🎶
🌙 Lunas y Alfas 🐺: 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
total 1 replies
Nadia Leonila Borjas Borjas
ojalá que no regrese Alana a su otra vida y que Azrael no muera por amor
Natalia Vasquez
muy caliente, hay que calor, oxígeno que me muero 😂😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥.
Nadia Leonila Borjas Borjas
querida autora no puedo con la espera necesitamos más capitulos 🙏🙏
Aurora
Bueno y aquí quede yo, vestida y alborotada, esperando el rifi rafe de estos dos , mejor dicho , cada capítulo me anda dejando🫪 🫪🫪🫪😱😱😱
Natalia Vasquez
ujum y aquí vamos 😂😂😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔.
keila arias
Perro
Natalia Vasquez
esa Sara es una perra maldita 😠😠😠😠😠.
Nadia Leonila Borjas Borjas
que emoción 🤭🤭🤭
Atalaya medina
Esta autora a todas sus novelas de lobos siempre le da otro toque. Lejos de lo convencional y eso es lo que la hace única
Atalaya medina
Haber porque no se tiran ellos que estúpidos son
Atalaya medina
Pero hasta cuando a esta mujer la van a manar al foso con los lobos. Horita se hace domadora de lobos qué manía de ponerle pruebas a todo,
Atalaya medina
Ese Skoll tiene nombre de caca de perro y será una muy grande y problemática
Atalaya medina
Por cierto. Creo que a Alana le dio celos 🤭
Atalaya medina
Jajajajajaja me da gracia como siempre a la villana le salen mal las cosas. Pero no sé porque creo que este banquete terminará mal
Atalaya medina
Yo pienso que también, de alguna manera él la está intentando proteger. Porque si no, la deja a su suerte y ya
Atalaya medina
Uy uy Alana, acabas de tener vista a lo que un día te vas a comer jejejjeje
Atalaya medina
Casi los matan ella si que sabe como defenderse
Atalaya medina
Jajajajajaja me imagíne qué iba a decirle a mi que me importa como te llames
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