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Me vendió mi esposo, me salvó un millonario

Me vendió mi esposo, me salvó un millonario

Status: Terminada
Genre:Intrigante / Mafia / Venderse para pagar una deuda / Romance oscuro / Completas
Popularitas:186.8k
Nilai: 4.4
nombre de autor: Galaxy

A Camila la criaron para ser "una buena esposa". Por eso, cuando su marido le propone un fin de semana romántico en la Riviera Maya, ella cree que por fin van a recuperar lo que perdieron.

Lo que no sabe es que ese vaso de leche tibia está drogado. Y que el "regalo" que su esposo le tiene preparado a su jefe… es ella.

Camila escapa descalza por los pasillos del resort, golpea una puerta al azar y la abre el hombre más peligroso —y más hermoso— que ha visto en su vida: **Damián Tejada**, el dueño de medio país. Esa noche le salva la vida. Lo que ninguno de los dos imagina es que esa puerta lo va a cambiar todo.

Divorciada, traicionada por su propia familia y con un secreto que ni ella conoce, Camila decide que nunca más va a depender de nadie. Pero Damián no piensa soltarla. Él no quiere su obediencia ni su cuerpo: la quiere a ella, entera, con todo y cicatrices.

Y mientras Camila aprende a levantarse sola —y a vengarse de quienes la pisaron—, una verdad enterrada hace veinticinco años empieza a salir a la luz: la muchacha de la colonia popular que todos despreciaron no es quien todos creen. Es la heredera perdida de una de las familias más poderosas de México. Y alguien prendió un incendio, hace mucho, para que ella nunca lo descubriera.

**¿Podrá Camila reclamar su nombre, su sangre y su corazón… antes de que quien intentó matarla de bebé termine el trabajo?**

Una historia de traición, venganza, lujo y un amor que no pide permiso.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Cap 12: El medallón de los Tejada

La habitación 514 olía a manzanilla. Damián dormía con suero y vendaje fresco en la clavícula. Le habían suturado la sien y puesto el cabestrillo. Sedado lo suficiente para que el cuerpo le diera tregua.

La una de la mañana. Las dos. Las tres.

Camila no se durmió. Cada veinte minutos le ajustaba la sábana al hombro derecho. Una vez le tocó la frente con el dorso de la mano. Normal.

A las tres y cuarenta, Mauricio entró con dos cafés del lobby.

—Señorita.

—Gracias.

—¿Quiere que la lleve al departamento? Yo me quedo.

—No.

—Hay un sillón en la sala de visitantes.

—Estoy bien aquí.

Mauricio inclinó la cabeza. Le dejó el café sobre la mesita rodante. Salió.

* * *

A la una cuarenta, Mauricio entró por segunda vez. Le había hablado a Cipriano. Le había hecho cancelar las dos primeras juntas de Damián de la mañana. Le había mandado al chofer al taller con el coche siniestrado y había encargado uno nuevo para las ocho. Le había escrito al jefe de prensa del grupo el comunicado interno —tres líneas, sin dramatismo, con la palabra "accidente vial" repetida dos veces para frenar especulación—.

Le entregó a Camila un teléfono.

—Llame a quien necesite, señorita.

—No tengo a quién.

—Yo aviso a la doctora Carla de su abuela. ¿Está bien?

—Está bien. Gracias, Mauricio.

—Buenas noches, señorita.

Salió otra vez.

A las cinco y veintidós, Damián abrió los ojos.

—Hola.

—Hola.

—¿Cómo te sientes?

—Como si me hubiera caído un coche encima.

—Más o menos eso pasó.

—¿Y tú?

—Yo bien. El cinturón.

Cerró los ojos un segundo. Los volvió a abrir.

—¿Qué haces aquí?

—No me fui.

—Ya sé. ¿Por qué?

—Porque no me fui.

Silencio. Damián movió los dedos de la mano derecha, como si los probara.

—No tenías que quedarte.

—Ya sé. ¿Cómo está tu brazo?

—Peor que el tuyo.

Camila se rio una vez, hacia adentro. Damián no le devolvió la sonrisa. Pero algo en el rostro, debajo de la sutura, se le aflojó un grado.

—La doctora viene a las seis para los exámenes.

—¿Hablaron con mi mamá?

—Mauricio le escribió a las once. Solo a ella.

—Bien. Damián.

—Dime.

—En la ambulancia, antes de la anestesia, ibas a decir algo. No alcancé a oírlo.

Damián la miró un momento. La cicatriz vieja de la ceja se le marcó por el ángulo.

—Otra vez —dijo.

—¿Otra vez?

—Otra vez te lo digo. Cuando me suelten.

Camila asintió. No insistió.

* * *

Mariana Cossío de Tejada llegó al cuarto a las siete y media.

Llegó con la calma de quien lleva décadas manejando la voz delante de hospitales y, sin embargo, no había dormido. Camila se levantó por instinto. Mariana ni la miró. Caminó directo a la cama. Se inclinó. Le besó la frente.

—Damián. Por Dios.

—Mamá.

—¿Cómo se te ocurre, mijo?

—No se me ocurrió a mí. Se le ocurrió al otro coche.

—No me hagas chistes ahorita.

—Está bien.

Mariana se quedó cinco segundos con la cara contra la frente de su hijo. Después se enderezó. Se giró.

Camila había estado parada al lado de la silla, sin saber qué hacer con las manos. Tenía la blusa con manchas tenues de sangre seca.

—Doña Mariana, buenos días. Yo... ya me iba.

—Tú no te vas a ningún lado, mija.

Mariana cruzó la habitación. La abrazó. La abrazó como se abraza a alguien que se queda. Le habló al oído.

—Tú eres la que se quedó. Gracias, mija.

Camila no supo dónde poner las manos. Mariana olía a azahar. El abrazo duró cuatro segundos.

—Eres como te imaginé.

—¿Me imaginó?

—Mi hijo no presenta a nadie hasta que está seguro. Y tú llevas semanas en su agenda.

—Mamá —dijo Damián desde la cama.

—No la estoy asustando. La estoy nombrando.

Mariana se sentó al borde de la cama. Le revisó la suero. Después abrió el bolso. Sacó algo envuelto en un pañuelo de algodón blanco.

—Tómalo, mija.

—¿Qué es?

—Ábrelo.

Camila desenvolvió. Adentro, un medallón de oro mate, con un grabado de la Virgen al frente y una T al reverso. La cadena, gruesa. Pátina suave, de décadas.

—Doña Mariana, no puedo aceptarlo.

—Sí puedes.

—Es muy fino.

—No es por fino. Es por lo que significa. En esta familia lo damos a quien vale. Mi suegra me lo dio cuando vio que yo me quedé con Fernando una noche en la que él se enfermó. Yo se lo iba a dar a Damián cuando se casara, pero acabo de cambiar de opinión.

—Pero yo y Damián no...

—No estoy hablando de eso. Estoy hablando de que tú te quedaste con mi hijo en una sala de espera de hospital a las once de la noche sin tener ninguna obligación de hacerlo. Yo a esas cosas las llamo por su nombre.

Camila intentó devolverle el medallón. Mariana le cerró los dedos sobre la pieza.

—No se devuelve.

—Mariana...

—No se devuelve.

Camila se quedó con el medallón en el puño.

—Voy a hablar con los médicos. Damián, no la dejes ir.

—No, mamá.

—Camila. Después del alta, vienes a comer. Quiero que conozcas a Fernando.

—Sí, doña Mariana.

—Mariana.

—Mariana.

Mariana le sonrió. Antes de salir, se inclinó otra vez sobre Damián.

—Mijo. La doctora me dice cuatro semanas para la clavícula y dos para la sien. Te lo aviso ahora para que no contradigas a la cardióloga, que la conozco y no perdona.

—Sí, mamá.

—Y vas a comer en la casa hasta que te dé de alta. No quiero ver tu cocina abierta. ¿Quedó claro?

—Sí, mamá.

—Camila también si quiere.

—Mariana, no quiero abusar—

—Mija. Si esperaba que abusaras, habrías abusado desde la cena de Polanco. Eres invitada. Punto.

—Gracias.

Mariana salió. La puerta se cerró tras ella con suavidad.

* * *

Camila se quedó parada con el medallón en el puño. Damián la miraba desde la cama.

—Ven.

Camila se acercó. Se sentó al borde, en el lado bueno.

—No esperaba que ella hiciera eso —dijo él.

—¿Lo del medallón?

—Lo del abrazo también.

Camila bajó los ojos al pañuelo abierto sobre su rodilla.

—Tu mamá es... cálida.

—Mi mamá no se equivoca con la gente. Nunca.

Damián, con la mano sana, le tocó el dorso de los dedos un segundo. No le tomó la mano. Solo le tocó los nudillos con los suyos, una vez, y la dejó.

—Camila. Lo que iba a decir en la ambulancia.

—Damián, no es necesario hoy.

—Es esto.

Hizo una pausa.

—Yo no soy bueno para esto. Te lo aviso antes. Pero, si me dejas, voy a hacer el intento.

Camila bajó la cara. El medallón le pesó dos veces más.

No dijo sí. No dijo no.

Asintió, una vez, sin levantar la vista.

* * *

Cuando Damián se quedó dormido otra vez, Camila salió al pasillo. Se sentó en el banco. Abrió el puño. Miró el medallón.

Lo guardó en el bolsillo de la chamarra todavía manchada.

Decidió, sin decírselo en voz alta, que esta vez no iba a salir corriendo.

A las nueve, una enfermera entró a hacer revisión rutinaria. Camila se hizo a un lado. La enfermera tomó signos, anotó, dejó el cuarto en cinco minutos. Antes de salir le sonrió a Camila como sonríen las enfermeras de paga a las esposas: con esa cortesía profesional que da por sentada una relación que ella todavía no había firmado en ningún papel. Camila no la corrigió. No por mentirle. Porque ya no le interesaba precisarlo en voz alta.

Volvió al cuarto. Damián seguía dormido. Camila se sentó otra vez en la silla. Cerró los ojos.

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Yolanda Villamar
😠 Gerardo es un patan maldito por darla como garantía para subir dé puesto 🙄 pero creo que ella no es tan santa si le puso los cuernos también 🤔 si no es el hijo de el de quien es por del jefe no es ni de quien la ayudo
Mar Sol
Este primer capítulo demuestra una novela que llama la atención, tal vez el desarrollo de la trama sea interesante
Diana Quintero
Damián hace tantas cosas por Camila y está bruja es tan desagradable 😡😡😡 Damián debería tratarla, como la trataba Gerardo, así era feliz 😡😡😡😡😡
Diana Quintero
Tania quería humillarla, pero no lo logro, Camila ya estaba adelantada un pasó 😡😡👏
Diana Quintero
No pasa nada importante en esta novela, Camila todavía no sabe que Lucia es su madre y Sebastián su hermano, hace rato en capitulos anteriores, Camila se iba a enterar de la verdad, pero nunca sucedió, ni Sebastián ni Lucia los volvieron a nombrar 😡😡
Diana Quintero
Será que Camila le gustan los maltratos? que tonta 😡😡 Damián es un hombre magnífico y la defendió y se le emputo, que IMBECIL tan desagradecida, se volvió masoquista 😡😡
Diana Quintero
Brisa debe pagar por todas las trampas y robos, que le hace a Camila 🤬🤬
Diana Quintero
Pienso que esto no fue un descuido, de la constructora, esto fue un atentado, saben que están cerca de dar con la verdad de Camila y Lucia 😡😡
Diana Quintero
Quien quiere muerta a Camila de la familia de Sebastián? 🤔
Diana Quintero
Damián lo puede ayudar a saber, que pasó con Camila, durante estos años? 🤔 Sebastián es su hermano 🤭
Diana Quintero
Valentina, Patricia y Rodrigo, salieron con el rabo entre las piernas, pensaron humillar a Camila, pero no lograron su propósito 👏👏👏👏
Diana Quintero
Valentina quería humillar a Camila, pero esa víbora terminará como la peor tramposa 🤬🤬
Diana Quintero
Lucia es la madre de Camila? 🤔😲
Eleine Jobhett Gamboa Serrano
que asco de persona la verdad ,osea que más quiere de el di le da todo por ella ,y lo trata como perro ya mero le dice que duerma en el tapete abajo de la cama
Diana Quintero
Está novela es muy rara, faltan muchas cosas, por aclarar 🤔
Diana Quintero
Perdió al bebé por culpa de ese degenerado de Gerardo 🤬🤬🤬 por la sustancia que le dió en la leche
Diana Quintero
Camila es una IMBECIL, está embarazada y se va a vivir, con esas basuras de nuevo 😡😡😡
Diana Quintero
El bebé de quien es? no es de Gerardo entonces?? 🤔
Diana Quintero
Ese desgraciado infeliz, que le va a explicar, que la vendió a una basura 🤬🤬Camila se salvó de ser violada gracias al desconocido 👏👏
Diana Quintero
Desgraciado de Gerardo y eso que es la esposa y se la ofreció a esa basura de Bernal 🤬🤬🤬. Pero el desconocido la salvó 🤭👏
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