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SABOR A FUEGO Y SOMBRA

SABOR A FUEGO Y SOMBRA

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Enfermizo / Completas
Popularitas:23.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Jeremías Bustamante lo tiene todo: poder, una fortuna inmensa y un físico imponente, pero la vida lo redujo a una silla de ruedas, a la amargura perpetua y a un oscuro secreto sobre el abandono de su exesposa. Su existencia gris da un vuelco total el día en que cruza la puerta de la cafetería más alegre de la ciudad y una torpe, radiante y descarada arquitecta le baña la camisa en jugo de fresa. Ana Belén Gallego no le teme a su dinero ni a su carácter de demonio, y por primera vez en años, Jeremías encuentra a una mujer capaz de plantársele enfrente sin temblar. Entre risas, secretos del pasado y tazas de café, este magnate indomable descubrirá que la verdadera parálisis no está en sus piernas, sino en su corazón.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SABOR A TREGUA Y CENIZAS DE ORGULLO

El zumbido de la cafetera industrial y el murmullo de los clientes reanudaron su curso habitual, pero en la mesa del fondo donde se encontraba la familia Bustamante, el aire se respiraba denso, cargado de una electricidad invisible. Jeremías permanecía inmóvil frente a su taza de café negro humeante, con la mirada clavada en la superficie oscura del líquido como si en ella pudiera descifrar el acertijo en el que se había convertido su existencia. Las palabras de Ana Belén seguían rebotando en las paredes de su mente con la fuerza de un eco implacable: «La vida es demasiado corta para vivir al lado de alguien que no sabe valorar lo que tiene...».

Por primera vez en cinco años, el caparazón de hierro con el que blindaba su dolor frente al mundo entero se había agrietado de manera irreversible. No había sido un golpe físico ni una derrota en la bolsa de valores; había sido la dignidad serena de una mujer que, habiendo sufrido una traición similar a la suya, había elegido sonreír en lugar de odiar.

—Te pasaste de la raya hijo —susurró doña Anahí con voz firme pero calmada, rompiendo el silencio mientras le daba un sorbo a su capuchino con total elegancia—. Atacar a una mujer con los mismos fantasmas que a ti te carcomen por dentro no es de hombres poderosos, es de cobardes. Y tú Jeremías Bustamante, de cobarde no tienes nada.

—No fue mi intención... —comenzó a decir el empresario con la voz ronca, sintiendo un ardor punzante en la boca del estómago, aunque su orgullo intentó interponerse de inmediato—. Ella me provocó, mamá. Me faltó el respeto desde el primer segundo en que cruzamos la puerta.

—¡Papá tú empezaste! —terció María Fernanda con la franqueza despiadada y pura de los diez años, negando con la cabeza mientras mordía un trozo de pastel de chocolate—. Doña Ana Belén solo se defiende porque tú entras con cara de monstruo gruñón. A mí me cae súper bien, y si sigues portándote así de grosero, te voy a dejar de hablar.

Federico Montiel, sentado en una mesa contigua junto a los gemelos que observaban la escena con curiosidad, desvió la vista discretamente y carraspeó para disimular una sonrisa. El león de las finanzas internacionales estaba siendo domesticado a regañadientes por su propia hija y por una madre que ya no le alcahueteaba los berrinches.

Minutos después, para sorpresa de todos, la silueta esbelta de Ana Belén se acercó a su mesa. Llevaba una pequeña bandeja de plata con un par de galletas artesanales de cortesía y una taza adicional. Mantenía el rostro sereno, sin rastro de rencor, aunque sus ojos marrones conservaban esa chispa desafiante que tanto desconcertaba a Jeremías.

—Para la niña y para la señora doña Anahí, cortesía de la casa —dijo Ana Belén con una voz melodiosa y firme, colocando los platos con elegancia—. Y para el caballero... un café cargado, sin azúcar, para ver si se le amansa un poco el carácter y se le quita lo amargado.

Jeremías alzó la vista lentamente. Sus ojos verdes chocaron contra los marrones de la arquitecta. Quiso pronunciar alguna réplica mordaz, algún comentario altanero que pusiera a la mujer en su lugar, pero las palabras se le quedaron atascadas en la garganta. La vergüenza, un sentimiento que casi había olvidado, le quemaba en el pecho.

—Yo... —articuló el magnate con torpeza, carraspeando para recuperar la compostura antes de continuar con un hilo de voz inusualmente bajo—. Quiero disculparme. Mis palabras de hace un momento estuvieron fuera de lugar. No tenía derecho a... a tocar un tema personal que no me concierne.

Ana Belén parpadeó un par de veces, visiblemente sorprendida. No esperaba una rendición pública, por mínima que fuera, de un hombre que exudaba soberbia por cada uno de sus poros. Una sonrisa sutil, carente de triunfo pero llena de comprensión, se dibujó en la comisura de sus labios.

—Acepto las disculpas, Jeremías Bustamante —respondió ella con total naturalidad, apoyando las manos en la bandeja—. En esta vida todos llevamos una cruz pesada; la diferencia es si decidimos cargarla con amargura arrastrando los pies, o si preferimos llevarla cantando y bailando por los pasillos. Piénsalo la próxima vez que quieras venir a incendiar mi cafetería con tus frustraciones.

Sin darle tiempo a responder, Ana Belén dio media vuelta y regresó a la barra con paso firme, dejando al empresario con el corazón latiendo a un ritmo extraño y acelerado.

Los días siguientes en la Mansión Bustamante no volvieron a ser iguales. El silencio opresivo que caracterizaba el estudio del presidente comenzó a alternarse con momentos de profunda reflexión. Jeremías ya no gritaba por cualquier nimiedad a sus empleados, y Federico notaba con asombro que su jefe pasaba largos minutos mirando hacia la ventana, perdido en sus pensamientos. Las visitas vespertinas a la cafetería se convirtieron en una rutina inquebrantable, exigidas por María Fernanda y respaldadas por doña Anahí, quien disfrutaba visiblemente de ver a su hijo descolocado.

Cada visita era un nuevo duelo silencioso. Ya no volaban jugos de fresa ni insultos a los gritos, sino pullas ingeniosas, miradas de reojo cargadas de una química magnética y sonrisas cómplices que ninguno de los dos se atrevía a admitir en voz alta. Ana Belén demostró ser un roble inquebrantable ante los intentos sutiles del empresario por llamar su atención, tratándolo con la misma familiaridad irreverente con la que trataba a cualquier cliente, lo cual volvía loco a Jeremías.

Una tarde de viernes, cuando el sol comenzaba a teñir el cielo de tonos anaranjados y la cafetería ya había cerrado sus puertas al público general, Ana Belén se encontraba recogiendo las últimas mesas mientras tarareaba una melodía. Sus gemelos se habían marchado a un proyecto universitario y el local estaba en silencio.

Se escuchó el suave rodar de unas llantas sobre el pavimento de la entrada principal. Al girar la cabeza, vio a Jeremías. Estaba solo. Ninguno de sus familiares lo acompañaba en esa ocasión. Su silla de ruedas se detuvo justo en el umbral, y su cuerpo atlético, enfundado en una camisa negra de mangas largas que resaltaba la blancura de su piel y la intensidad de sus ojos verdes, desprendía una vulnerabilidad contenida que jamás había mostrado.

—¿Se te olvidó otra vez el camino a casa, viejo prematuro, o es que viniste a exigir un reembolso por el traje de lino que te arruiné la primera semana? —preguntó Ana Belén con una sonrisa divertida, apoyando el trapo sobre la mesa y cruzándose de brazos.

Jeremías respiró hondo, sintiendo que el pulso le temblaba por primera vez ante una mujer. Apretó los aros metálicos de su silla y avanzó unos centímetros hacia ella con decisión.

—Vine porque necesito hablar contigo a solas Ana Belén —dijo Jeremías con una voz grave, intensa, donde la arrogancia había desaparecido por completo para dar paso a una honestidad cruda—. Y porque... maldita sea... no he podido sacarte de mi cabeza ni un solo segundo desde el día en que te conocí.

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Margarita Acuña Cerda
Gracias por tan hermosa novela ,y sobretodo por hacer entender que las mujeres no somos propiedad de nadie y que merecemos respeto 👏👏👏👏😊😊😊😊
Naibelys Perez: gracias ❤️ por hermoso comentario 🥰
total 2 replies
Margarita Acuña Cerda
Bravo pero que mujer 👏👏👏👏👏
Margarita Acuña Cerda
Menos mal que hombre más terco😊😊😊😊
Margarita Acuña Cerda
Pero que hermosa novela👏👏👏👏😊😊😊😊
Margarita Acuña Cerda
Jajaja a mandar de dice👏👏👏👏
Sonia Yrady
me encantó está historia de amor y familia
Sonia Yrady
hermosa novela con todos los ingredientes con mucho amor y resilencia ❤️
Naibelys Perez: gracias ❤️🫂
total 1 replies
Margarita Acuña Cerda
Uffff menos mal
Margarita Acuña Cerda
Pero qué bonito vamos Jeremías despierta 😘😘😘😘😊😊😊😊
Sonia Yrady
😂😂😂😂que novela tan comica 😂😂😂😂
Margarita Acuña Cerda
Hayyy pero que mujer más maravillosa empoderada y magnífica 👏👏👏👏👏
Margarita Acuña Cerda
Irá a caminar 🤔🤔🤔🤔🤔🤔????
Margarita Acuña Cerda
Vhuuu esto no me lo esperaba 😊😊😊😊
Margarita Acuña Cerda
Jajaja pero que mujer más maravillosa 👏👏👏👏
Margarita Acuña Cerda
Jajajaja manera de pararle los carros ,genial me encanta
Mirna Lobo
muy buena historia felicidades escritora 👏👏👏
Mirna Lobo
no es de mi gusto que se burlen de Jeremías, los problemas no se resuelven en público, se hablan como gente civilizada, uno controlando los celos y la otra controlando la boca /Smug/
Mirna Lobo
el debería haber superado los celos y ella bajarle dos a las bulgaridades /Right Bah!/
Mirna Lobo
😍😍🥰🥰😍😍
Mirna Lobo
Ana a Jeremías no se olvidó lo que prometiste 😀
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