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Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Posesivo / Mujer despreciada / Amante arrepentido / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Mi esposo quería quedarse con mis bebés, criarlos con su amante y echarme después del parto.
Pero mis gemelos no eran suyos.
La clínica había usado por error la muestra de Jerónimo Alcántara, el magnate más temido de México.
Decidí divorciarme, recuperar mi dinero y sacar a la luz las mentiras de los Cardona. Rodrigo creía que yo no era nadie sin su apellido. Pronto descubriría cuánto le iba a costar haberme subestimado.
La esposa que había humillado era V, una artista reconocida. Y el hombre al que él jamás se atrevería a desafiar llevaba tiempo buscándome.
Mientras mi matrimonio se derrumbaba, Jerónimo empezó a hacer algo que mi esposo nunca había hecho: escucharme, protegerme y tomarse en serio lo que yo quería.
Ahora mi ex me ruega que vuelva.
Pero el padre de mis gemelos quiere casarse conmigo.
Y yo no pienso volver con el hombre que quiso quitarme a mis hijos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13

—No soy V.

La frase salió antes de que decidiera cuánto quería mentirle.

Jerónimo no se movió.

—Puedo darle el contacto del estudio que distribuye las piezas —añadí—. Lo demás no sé cómo ayudarlo a comprobarlo.

Miró mi muñeca y después volvió a mirarme a los ojos. Esperé otra pregunta, una exigencia. En cambio se apartó del paso.

—Si cambia de opinión, ya tiene mi número.

Entré a la galería sin prometerle nada.

En el coche pensé varias veces en volver. Podía decirle que sí, que los cuadros eran míos. Podía poner un límite sobre los encargos de Estrella sin sacar la carpeta de la clínica. No tenía por qué contarle todas mis verdades a la vez.

Pero yo seguía recordando a Rodrigo diciendo que me daría suficiente dinero para que me fuera. Me asustaba que otro hombre viera una necesidad suya en mí antes de verme a mí misma.

Esa madrugada subí al estudio.

Estaba detrás del Camelia, al final de una escalera de servicio, con el número 515 en la puerta. Durante el matrimonio había ido allí cada vez menos. No había dejado de dibujar: había dejado de tener espacio para terminar y mostrar casi todo lo que empezaba.

Abrí la ventana. En una mesa estaban los bocetos del regalo de Prudencia, con la corrección del broche señalada a lápiz. En el caballete seguía un lienzo que llevaba meses de espaldas.

Lo giré.

Era una mujer sentada a una mesa puesta para dos. Le había pintado las manos antes que el rostro. Ahora no sabía si terminarla o empezar otra cosa. Esa duda me pareció, por un momento, un problema hermoso.

Poncho llegó con desayuno. En vez de preguntarme por la terraza, señaló la silla.

—Come primero. La doctora puede esperar diez minutos.

Robledo iba a cambiar de ciudad. El alojamiento inicial solo había servido para sacarla del alcance inmediato de Rodrigo; necesitaba un lugar donde quedarse sin vivir pendiente de cada coche.

La auxiliar del laboratorio también había respondido. Estaba dispuesta a declarar con asesoría, pero no a recibir instrucciones de una desconocida a través de Poncho.

—Tiene miedo de la clínica, de los Cardona y de nosotros —me dijo él.

—Es razonable.

Hasta entonces la había imaginado como una pieza que debía encontrar. Oír que tenía miedo de mí me obligó a pensar en la persona a la que estaba pidiendo que volviera a aquella historia.

Llamamos a Robledo.

—Quiero que conserve sus documentos —le dije—. Y que hable con su abogado antes de responder a nadie. El traslado es para que no puedan presionarla en la puerta de su casa.

—¿Va a denunciarme?

—Todavía estamos revisando todo.

Ella guardó silencio. La oí respirar.

—No quiero que me prometa que va a decir lo que me convenga —añadí—. Quiero que diga lo que pasó. Aunque yo no esté delante.

Me costó decirlo. Quería protegerla y también controlar cuándo se conocía la verdad. Eran deseos distintos, y uno no volvía justo al otro.

Robledo confirmó que tenía las copias y que avisaría al llegar. Le pregunté si necesitaba algo antes de despedirnos. Dijo que no; después preguntó por los bebés.

Le respondí. No habíamos dejado de tener aquel vínculo incómodo solo porque yo ya no pudiera confiar en ella como médica.

Poncho revisó conmigo el resguardo de los expedientes. Había registros incompletos desde el encubrimiento original. Los accesos informales que se habían usado para consultar datos ya estaban cerrados, pero la investigación de Alcántara podía seguir por otras vías.

—Tienen tu nombre en la lista —recordó—. No podemos hacer que nunca hayas ido a esa clínica.

—Tampoco quiero que, cuando necesite demostrarlo, solo me queden fotos.

Comprobamos que los originales estuvieran preservados, con copias independientes y un registro de quién los había entregado. No era una garantía de que nadie pudiera mentir. Era una manera de no tener que pedirle a Rodrigo que confirmara mi versión.

La auxiliar haría su propio traslado si lo aceptaba. Poncho le pasaría un contacto seguro; ella decidiría cuándo hablar y con quién.

Al terminar, yo seguía sin sentirme a salvo. Al menos sabía qué no dependía de mí.

Poncho bajó al café y me quedé frente al lienzo.

Tomé un lápiz. No dibujé la terraza ni las manos de Jerónimo, aunque había pensado en ellas todo el trayecto. Empecé por corregir la silla de aquella mujer que llevaba meses esperando a alguien.

Durante media hora pude trabajar.

Luego vibró el teléfono.

Flor hablaba muy bajo.

—La señora Ofelia está con un abogado. Están diciendo que usted necesita que alguien decida por usted. Que por el embarazo no está bien.

Dejé el lápiz.

—¿Lo escuchaste o viste algo escrito?

—Hay un informe. Se lo acaban de mandar al señor Rodrigo. Dice que usted es un peligro para los niños.

Le pedí que se apartara antes de que la oyeran.

Una fotografía llegó pocos segundos después. Alcancé a leer el encabezado de la primera hoja: una evaluación que yo nunca había solicitado, firmada por alguien a quien no conocía.

Acababa de reunir pruebas para salir de su casa.

Ellos estaban preparando un papel para decir que no debía decidir cómo hacerlo.

1
Mar Sol
Horrible persona es Ofelia, necesita un escarmiento por entrometida y despreciable.
Mar Sol
Jerónimo se dió cuenta que ella es V.
Mar Sol
¡¡que horror!! Rodrigo es un poco hombre, Ofelia y Ámbar, son unas descaradas.
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