Después de dos años viviendo un amor que creía verdadero, Yasemin ve su mundo desmoronarse al descubrir que nunca fue más que una sustituta. Herida y sin mirar atrás, toma una decisión que cambiará por completo su destino: regresar a casa… y aceptar el matrimonio arreglado que alguna vez rechazó.
Lo que nadie sabe es que Yasemin no es solo otra mujer con el corazón roto.
Es la heredera de un imperio.
Criada entre Londres, Milán, Tokio y Zúrich, preparada para liderar y dominar el juego del poder, Yasemin eligió el amor —y pagó un precio muy alto por ello. Ahora, decidida a no volver a ser subestimada, está lista para ocupar el lugar que siempre le correspondió.
Pero el pasado no desaparece tan fácilmente.
Cuando Vicent se cruza de nuevo en su camino, ya no encuentra a la mujer que dejó atrás… sino a alguien a quien ya no puede controlar. Al mismo tiempo, un poderoso y enigmático italiano surge de las sombras, interesado no solo en el apellido que lleva Yasemin, sino en la mujer en la que se está convirtiendo.
Entre secretos, poder, venganza y sentimientos no resueltos, Yasemin tendrá que decidir:
hasta dónde está dispuesta a llegar para no volver a ser rota jamás.
Y si aún queda espacio para el amor… después de todo.
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Capítulo 20
Yasemin sonrió. Pero no había calidez en esa sonrisa. Era una sonrisa leve. Desafiante. Casi como si nada de aquello realmente importara.
— Sí, porque tú no me conoces.
Por un instante, el silencio se instaló entre ellos. Ese tipo de silencio que incomoda. Como si fuera una herida que arde.
Ella inclinó levemente el rostro y miró directamente a Summer, los ojos demasiado tranquilos para alguien que, en teoría, debería estar herida.
— Summer, ¿de verdad no vas a tomar la foto?
Hizo una pequeña pausa, como quien ofrece una última oportunidad.
— Si no vas a hacerlo, me voy ahora. Tengo mucho que hacer.
Esas palabras golpearon a Summer como una bofetada. Su rostro se puso rojo. No sé si de vergüenza o de rabia.
💭 Summer
Yo quiero esa foto.
Realmente la quería mucho.
Ese auto, disponible frente a ella, sería la imagen perfecta para Instagram.
¿Pero con Yasemin ahí adentro? ¿Observando?
Jamás. No podía. Su orgullo no se lo permitía.
— No la necesito y no la quiero.
Cada palabra salió cargada de odio. Pesando una tonelada cada una. Como si estuviera escupiendo cada sílaba para aliviar el peso.
Yasemin simplemente asintió, tranquila.
— Está bien, adiós.
Ella saludó levemente con la mano. Giró la llave.
Y pisó el acelerador. El Bentley azul glacial avanzó con suavidad, pero con fuerza suficiente, dejando atrás todo lo que no importaba.
Y en pocos segundos desapareció en la curva.
💭 Yasemin
Se acabó.
Summer se quedó parada, mirando el vacío que dejó el auto. Las manos cerradas en puños. El pecho subiendo y bajando demasiado rápido.
— Vicent, ¿cómo puedes querer a una mujer tan ridícula?
Su voz salió afilada, pero el veneno escurría por la comisura de su boca.
Vicent se llevó la mano a la frente, presionando como si intentara contener algo que ni él mismo entendía.
— Ella nunca actuó así.
Lo dijo más para sí mismo que para Summer.
— No sé qué le está pasando últimamente. Eso de estarme presionando para que le proponga matrimonio, ahora alquila un auto...
💭 Vicent
¿O... será que nunca vi quién era ella realmente?
Summer soltó una risa corta y sin humor.
— Deben ser celos. Seguro que sí.
Cruzó los brazos, mirando en la dirección por donde el auto había desaparecido.
— Nos ve tan cercanos y no lo soportó.
💭 Summer
Ella no es mejor que yo.
— Alquiló ese auto solo para intentar acercarse a ti y encajar en nuestro círculo.
Sacudió la cabeza, fingiendo lástima.
— Ay... qué triste, ¿no?
Suspiró.
— Al final de cuentas, no es de ella. Solo puede tomar fotos y manejar con mucho cuidado.
— Nada del otro mundo.
Vicent cerró los ojos por un segundo.
— Basta, Summer.
La voz le salió seca, irritada y un poco decepcionada.
— No hace falta que sigas hablando de ella.
Él le dio la espalda y entró a la mansión, dejando a Summer sola con sus propios pensamientos y su propia inseguridad aflorando.
💭 Summer
Esto no se va a quedar así.
Yasemin conducía por las calles de Chicago sin prisa. El volante estaba firme bajo sus manos.
La ciudad pasaba a su alrededor, pero, por primera vez en mucho tiempo, ella no se sentía atrapada ni apurada.
💭 Yasemin
Solo unos días más.
Estacionó en un estacionamiento de paga, lejos del penthouse. Apagó el auto.
Pero no salió de inmediato. Se quedó ahí. Disfrutando el silencio.
💭 Yasemin
No puedo creer que voy a volver a Londres.
Ese pensamiento resonó dentro de ella.
Volver a Londres significaba volver a casa. A su origen.
Antes, ella quería contarle a Vicent quién era realmente. Quería explicarle quién era de verdad en Londres. De dónde venía su riqueza. Lo que realmente cargaba con su apellido.
Pero ahora simplemente dejó escapar un suspiro leve.
💭 Yasemin
Él no merece saberlo.
Por la noche, la escena se repitió.
Mesa puesta. Platos vegetarianos. Todos sin gracia, sin color y aparentemente sin condimentos.
Pero esta vez, Yasemin estaba preparada y no se preocupó por aquel escenario.
Entró cargando su propia comida.
Colocó el recipiente sobre la mesa. Y lo abrió cuidadosamente.
El aroma se esparció de inmediato. El vapor de la comida caliente subió lentamente.
Una delicia.
Como un contraste estridente con todo a su alrededor. Vicent miró. Sin querer mirar. Pero miró.
💭 Vicent
Es bistec al punto con papas fritas doradas.
Verduras a la mantequilla y arroz blanco bien suelto de mi restaurante favorito.
Y tiramisú de postre. Se acordó de mí. Me ama. Lo sabía. El aroma invadió sus fosas nasales y, antes de que pudiera controlarse, su cuerpo reaccionó.
El hambre llegó. Fuerte. Incómoda. Miró su propio plato.
- Sopa.
- Ensalada de hojas.
Miró sin ganas.
💭 Vicent
No quiero comer esto.
Yasemin se sentó. Tomó los cubiertos. Y comenzó a comer. Saboreando cada bocado. Sin prisa. No miró a ninguno de los dos.
Cortó el bistec en pedazos pequeños. Precisos.
💭 Vicent
Ella siempre los corta así para mí.
El recuerdo llegó con fuerza. Ella hacía eso por él. Siempre. Como si cuidarlo fuera algo natural.
Vicent tragó saliva. Intentando disimular la ansiedad. Esperaba que ella lo sirviera. Sus ojos no se apartaban de ella. Esperando. Que le pusiera comida en el plato. Que lo atendiera con cariño. En realidad, la estaba extrañando.
Pero Yasemin se llevó el tenedor a su propia boca. Y saboreó de nuevo con calma.
Como si ese fuera un momento solo para ella.
💭 Yasemin
Nunca más voy a servirte antes que a mí.
Ella sintió la mirada. Y giró el rostro.
— ¿Qué pasa?
Tragó.
— ¿Por qué me estás mirando?
Vicent tosió, levemente avergonzado.
— ¿Podrías dejar de comer cosas con un olor tan fuerte?
La frase salió débil y sin convicción.
Antes de que Yasemin respondiera, Summer se adelantó.
— La gente más pobre adora ese tipo de comida, ¿verdad?
Su voz cortó el ambiente.
— El olor está realmente fuerte.
Hizo una mueca de asco.
— ¿Por qué no te llevas eso afuera? Y comes allá.
Vicent se quedó inmóvil. Las palabras de Summer lo incomodaron.
💭 Vicent
¿Pobres?
Pero él quería eso. Mucho.
Yasemin se pasó la lengua lentamente por los labios. Cortando otro pedazo. Realmente estaba provocando. Y no tenía prisa por terminar.
— Summer. Su voz salió suave. Pero cargada de algo que ella no comprendió.
— Parece que no conoces muy bien a Vicent. Levantó la mirada.
Directa. Sin desviarla.
— Pregúntale...
Una pausa.
Con una sonrisa leve y sarcástica.
— ¿Si le gusta esto?
El silencio cayó como un peso sobre la mesa.
Summer giró el rostro hacia Vicent.
Sorprendida.
Desconfiada.
— Vicent, tú...
💭 Summer
No lo va a admitir.
💭 Vicent
Yo...
💭 Yasemin
Ahora habla.
Y, en ese instante, algo cambió. Porque, por primera vez, Vicent se dio cuenta de que no se trataba de la comida. Se trataba de todo aquello que tuvo. Y que estaba dejando escapar, sin siquiera darse cuenta.