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Mi Don, Mi Pecado

Mi Don, Mi Pecado

Status: Terminada
Genre:Mafia / Juego de roles / Romance oscuro / Completas
Popularitas:21
Nilai: 5
nombre de autor: Amanda Ferrer

Abran Kozlov tiene veintiséis años, una fortuna en petróleo y el título más peligroso de Rusia: Pakhan de la Bratva. Para el mundo, es un billonario implacable que comanda un imperio de refinadoras y plataformas en el Mar del Norte. Para sí mismo, es un hombre destrozado. A los quince años, la crueldad más extrema le arrancó la inocencia y le dejó el cuerpo cubierto de cicatrices que ningún traje logra ocultar. Desde entonces, se refugia en el alcohol, en la violencia y en el silencio, incapaz de permitir que nadie se acerque a lo que queda de su alma.

Melina Wisbech es la hija de Eros, líder de la Cosa Nostra americana, y la única mujer que jamás tembló frente al Don de hielo y sangre. Cuando la vida los obliga a compartir el mismo techo en la mansión de San Petersburgo, lo que empieza como choque de orgullos se transforma en una atracción que ninguno de los dos puede controlar. Melina descubre las cicatrices que Abran esconde, y en lugar de retroceder, decide quedarse. Él, por primera vez, encuentra en ella la fuerza para soltar la botella, enfrentar sus demonios y creer que merece ser amado.

Pero la redención tiene un precio. Enemigos de la Bratva resurgen con sed de venganza, un traidor opera desde las sombras de la propia familia, y cada beso robado en la oscuridad es una declaración de guerra contra quienes juran destruirlos. Mientras Abran y Melina luchan por su amor, la familia Kozlov enfrenta atentados, traiciones y pérdidas que pondrán a prueba hasta los lazos de sangre más fuertes.

En un universo donde la lealtad se paga con balas y el amor nace entre ruinas, Abran tendrá que elegir: seguir siendo el monstruo que el mundo espera, o convertirse en el hombre que Melina y sus hijos merecen.

NovelToon tiene autorización de Amanda Ferrer para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Insomnio y la Oscuridad

El sol de la tarde pegaba en las ventanas del pequeño y acogedor restaurante brasileño en el corazón de Queens, Nueva York. El aroma inconfundible de feijoada completa, col salteada con ajo y farofa inundaba el lugar, trayendo un pedazo de Brasil al centro de la metrópoli estadounidense.

Melina suspiró aliviada al sentarse en una de las mesas del fondo. Con diecinueve años, vestida con jeans holgados y una blusa casual, parecía una universitaria más. Estudiaba Derecho, pero la verdad era que se había saltado la última clase para satisfacer su antojo de comida brasileña. Melina no quería seguir los pasos de su padre en la ingeniería; su sueño era convertirse en abogada penalista, exactamente como su madre, Sophia.

Sophia era brasileña, vivía en Estados Unidos desde hacía muchos años y, además de ser una abogada brillante, dirigía una ONG dedicada a acoger y proteger a mujeres víctimas de violencia doméstica. Para Melina, su madre era el mayor ejemplo de fortaleza.

Estaba a punto de hacer el pedido cuando una sombra se proyectó sobre la mesa.

—¿Saltándote clases otra vez, Melina? —la voz grave y fría sonó justo detrás de ella, como si hubiera surgido de la nada.

Melina puso los ojos en blanco y encaró a su hermano gemelo. Orion Wisbech, vestido con una sudadera casual que ocultaba su postura rígida, parecía un fantasma. Cursaba Ingeniería y ya se preparaba para asumir el puesto de futuro heredero de la Cosa Nostra americana. Orion era extremadamente protector, por no decir controlador.

—¡Orion! ¿Quieres dejar de aparecer de la nada? Y sí, cambié de opinión. Me harté de esa clase teórica y vine a comer —respondió Melina, cruzándose de brazos—. Además, a papá no le importa; la familia es nuestra, no tienes que actuar como mi sombra las veinticuatro horas del día.

Antes de que Orion pudiera regañarla, la puerta del restaurante se abrió y Theo entró a zancadas. Theo tenía casi la misma edad que los gemelos; Sophia quedó embarazada de él cuando Orion y Melina apenas tenían tres meses. La diferencia era mínima, lo que los hacía prácticamente trillizos en la convivencia.

Theo vestía ropa casual como los otros, pero traía en el rostro la misma expresión controladora de Orion. Se acercó a la mesa, fulminando a su hermano con la mirada.

—¿La dejaste saltarse la clase, Orion? —Theo cruzó los brazos, regañando directamente a su hermano—. ¡Papá confió en nosotros para cuidarla!

—Se escapó del campus antes de que pudiera impedirlo —Orion se encogió de hombros, sentándose junto a Melina.

Sin embargo, el olor de la feijoada en la mesa de al lado hizo que la postura rígida de Theo se desmoronara. Jaló una silla, se sentó con ellos y los miró con reproche.

—Son un par de traidores —refunfuñó Theo, llamando al mesero—. ¿Iban a comer esta feijoada sin mí? Pide dos porciones más.

A pesar de la dinámica protectora y controladora de los hermanos, la familia Wisbech era sumamente unida y cariñosa. Su padre, Eros, no era un hombre cruel con sus hijos; al contrario, mantenía el hogar guiado por el amor y la lealtad.

Mientras esperaban los platos, el celular de Orion comenzó a vibrar. El nombre de Eros parpadeó en la pantalla. Orion contestó de inmediato.

—¿Papá?

—¡Orion! ¿Dónde están? ¿Melina está contigo? —la voz de Eros salió áspera, cargada de una urgencia desesperada. Al fondo se escuchaba a Sophia gritando al teléfono, preocupada.

—Estamos juntos, papá, en el restaurante brasileño cerca del campus. ¿Qué pasó? —preguntó Orion, frunciendo el ceño.

—Hubo un tiroteo hace un momento en la universidad —explicó Eros, tratando de mantener la calma—. Entraron disparando en el edificio de Derecho. El campus es un caos absoluto, hay varios muertos y heridos. ¡Casi me da un infarto pensando que Melina estaba ahí dentro!

Orion soltó el aire que ni sabía que estaba conteniendo y miró a sus hermanos.

—Estamos bien, papá. Nos saltamos la última clase para venir a comer feijoada. Estamos bastante lejos del campus.

Del otro lado de la línea, la voz de Sophia resonó al fondo, interrumpiendo a su marido con la energía de siempre:

—¡Gracias a Dios! Orion, ya que están ahí, ¡tráeme una porción de feijoada para llevar!

Una hora después, el ambiente distendido se había derrumbado por completo. Al llegar a la mansión de los Wisbech, el aire de la casa era denso. La televisión en la sala mostraba imágenes en vivo del campus rodeado de patrullas y ambulancias.

Eros caminaba de un lado a otro en la sala, mientras Sophia terminaba de hablar por teléfono con contactos de la policía.

—¿Fue un atentado dirigido? —preguntó Orion apenas cruzó la puerta, la voz rígida—. ¿Alguien estaba tratando de alcanzar a Mel?

—No —respondió Eros, negando con la cabeza, el rostro sombrío—. Todo indica que fueron dos exalumnos resentidos. Un acto demente y aislado; no sabían quién estaba adentro.

En un rincón de la sala, apartada de sus padres y hermanos, Melina mantenía el celular presionado contra el oído. Las manos le temblaban ligeramente. Marcaba desesperada el número de April, su mejor amiga.

April era una chica alegre, becada en la facultad de Derecho, de familia humilde. No tenía ningún vínculo con la mafia, pero se volvió presencia constante en la vida de los Wisbech. Orion, en particular, mantenía un lazo profundo con ella. April solía quedarse a dormir en la mansión con él, y Orion ya mostraba una obsesión silenciosa y protectora por ella, aunque nunca lo admitiera abiertamente.

Melina miró de reojo y vio a Orion en el centro de la sala. Trataba de parecer calmado conversando con su padre, pero sus ojos buscaban el celular de Melina a cada momento, ansioso por noticias de April.

Una llamada. Dos. Tres. Cuatro. Al quinto intento, la llamada finalmente fue contestada.

—¿April? Dios mío, ¿estás bien? —disparó Melina, con la voz ahogada.

—Habla el detective Miller, del departamento de policía de Nueva York —una voz extraña y grave respondió del otro lado—. ¿A quién pertenece este teléfono?

El mundo de Melina se detuvo.

—Yo... soy su amiga, ¿dónde está la dueña del teléfono?

—Lo siento, señorita. La propietaria de este aparato fue una de las víctimas fatales en el pasillo del segundo piso. No resistió las heridas.

El silencio que siguió fue devastador. El policía colgó, pero Melina siguió con el teléfono en la oreja, paralizada. La imagen de su amiga sonriente, llena de sueños y planes, fue destruida en un segundo por la violencia banal del mundo real.

Orion notó el cambio en la postura de su hermana. Dio dos pasos hacia ella, los ojos desorbitados en una mezcla de pánico y negación.

—Mel... ¿Qué pasó? ¿Dónde está April? —la voz de Orion se quebró, perdiendo toda la postura de heredero endurecido de la mafia.

Melina bajó el celular despacio. Miró a su madre, a su padre, a Theo y, finalmente, a Orion. No pudo emitir una sola palabra sobre la muerte de su amiga, pero el terror y el dolor en sus ojos lo dijeron todo.

Orion retrocedió un paso, el rostro palideciendo mientras la realidad lo golpeaba como una cuchilla en el pecho: April se había ido. La chica de sonrisa dulce que traía luz a su oscuridad le fue arrebatada demasiado joven, llevándose un pedazo de su corazón y dejando en su lugar una cicatriz que nunca cerraría.

Mientras el dolor de la pérdida consumía la sala, una llama diferente se encendió en el pecho de Melina. Mirando a su familia, las reglas de la mafia, la violencia que rodeaba su vida y la fragilidad de la existencia, la rabia se apoderó de sus venas.

No dijo nada a nadie. Guardó el dolor en el fondo del alma, pero hizo una promesa silenciosa ante el cuerpo invisible de su amiga: no dejaría que su vida fuera controlada por miedos, reglas o linajes de sangre. Al menos una vez en la vida, sería dueña de su propio destino. Sería libre.

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