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La Vida Que Parecía Perfecta

La Vida Que Parecía Perfecta

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Fantasía LGBT / Enfermizo
Popularitas:332
Nilai: 5
nombre de autor: Adriana05

Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.

NovelToon tiene autorización de Adriana05 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: La carpeta prohibida

El mensaje seguía en la pantalla.

“Si siguen buscando la verdad, las dos van a arrepentirse.”

Victoria lo leyó una vez.

Después otra.

Y una tercera.

No sentía miedo.

Todavía no.

Sentía rabia.

Una rabia que llevaba diez años acumulándose sin que ella supiera siquiera contra quién dirigirla.

—Tenemos que irnos —dijo Lucía.

Victoria levantó la mirada.

—¿Por qué?

—Porque alguien sabe dónde estamos.

—Eso ya lo sabemos.

—No, Victoria. Esta vez es diferente.

Lucía guardó su teléfono.

—Nos están vigilando.

Victoria miró por la ventana.

El automóvil estacionado frente a la cafetería seguía allí.

Un hombre permanecía dentro.

—¿Es él?

Lucía miró rápidamente.

—No puedo distinguirlo.

—Vamos a averiguarlo.

—No.

Victoria se puso de pie.

—Voy a salir.

Lucía la sujetó del brazo.

—¡No!

Victoria la miró sorprendida.

—¿Qué te pasa?

—No sabemos quién es.

—Precisamente por eso quiero saberlo.

—Podría ser Mateo.

Victoria sintió un escalofrío.

—Entonces más razón para enfrentarlo.

—No puedes enfrentarte a alguien que no sabes quién es.

Victoria respiró profundamente.

—Toda mi vida alguien ha decidido por mí.

—Victoria...

—Mi madre decidió que no podía estar contigo.

—No fue tan sencillo.

—Mi padre también estuvo involucrado.

—Sí.

—Mateo me amenazó.

—Sí.

—Y ahora alguien vuelve a decirme que no busque la verdad.

Lucía la miró fijamente.

—¿Y qué quieres hacer?

Victoria sostuvo su mirada.

—Encontrarla.

Lucía suspiró.

—Entonces lo haremos juntas.

---

Salieron por la puerta trasera.

Caminaron por un callejón hasta llegar a la calle principal.

Victoria miró hacia atrás.

El automóvil seguía estacionado.

—No nos siguió —dijo.

Lucía negó.

—Quizá eso es lo que quiere que pensemos.

Subieron al automóvil de Victoria.

Lucía encendió el motor.

—¿A dónde?

—A casa de mi madre.

Lucía la miró.

—¿Estás segura?

—Ella sabe algo.

—¿Y si no quiere hablar?

Victoria apretó la mandíbula.

—Entonces haré que hable.

---

La casa donde había crecido Victoria estaba a cuarenta minutos de distancia.

Durante el trayecto ninguna habló.

Victoria miraba por la ventana.

Los recuerdos aparecían uno tras otro.

Su madre llorando.

Su padre enfurecido.

Lucía esperando afuera.

La noche que todo cambió.

—¿Recuerdas algo más? —preguntó Lucía.

—Poco.

—¿Qué?

—Recuerdo que mi padre estaba muy enojado contigo.

Lucía tragó saliva.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque descubrió que estábamos juntas.

—¿Y qué hizo?

—Me dijo que tenía que desaparecer.

Victoria la miró.

—¿Te amenazó?

—No exactamente.

—¿Qué significa eso?

Lucía permaneció en silencio.

—Lucía.

—Me ofreció dinero.

Victoria frunció el ceño.

—¿Qué?

—Mucho dinero para que me fuera de la ciudad.

—¿Y aceptaste?

—No.

—Entonces ¿por qué te fuiste?

Lucía miró la carretera.

—Porque después recibí una amenaza.

—¿De quién?

—No lo sé.

—¿Qué decía?

Lucía apretó las manos sobre el volante.

—Que si no desaparecía, tú pagarías las consecuencias.

Victoria sintió un nudo en el pecho.

—¿Y por eso te fuiste?

—Sí.

—¿Por qué nunca me lo contaste?

—Porque si te lo decía, habrías intentado buscarme.

—Claro que lo habría hecho.

Lucía sonrió tristemente.

—Precisamente.

---

La casa de la madre de Victoria seguía igual.

El jardín.

La puerta azul.

Las mismas ventanas.

Victoria bajó del automóvil.

Lucía permaneció dentro.

—¿Quieres que vaya contigo?

Victoria negó.

—Esto tengo que hacerlo sola.

Golpeó la puerta.

No hubo respuesta.

Volvió a tocar.

—Mamá.

Silencio.

Victoria intentó abrir.

La puerta estaba sin llave.

Entró.

—¿Mamá?

La casa estaba demasiado silenciosa.

Sobre la mesa había una taza de café todavía caliente.

Victoria sintió un escalofrío.

—No está sola —dijo Lucía desde atrás.

Victoria se giró.

—¿Qué haces aquí?

—Vi la puerta abierta.

Entraron juntas.

En el pasillo había varias fotografías familiares.

Victoria se detuvo frente a una.

Era su padre.

A su lado estaba un hombre que Victoria no reconocía.

—Espera.

Lucía se acercó.

—¿Lo conoces?

—No.

Victoria tomó la fotografía.

En la parte posterior había una fecha.

18 de septiembre de hace diez años.

Cuatro días después del accidente.

—¿Por qué mi padre estaba con él?

Lucía miró la fotografía.

—No lo sé.

Entonces escucharon un ruido.

Ambas se giraron.

Algo había caído en la habitación de al lado.

Lucía tomó la mano de Victoria.

—No hagas ruido.

Caminaron lentamente.

La puerta estaba entreabierta.

Victoria la abrió.

La habitación estaba vacía.

Pero sobre la cama había una caja.

Victoria se acercó.

La abrió.

Dentro había documentos.

Fotografías.

Y una carpeta.

Victoria la reconoció inmediatamente.

La misma que había visto en la fotografía antigua.

La tomó.

En la portada había un nombre.

Lucía Morales.

—La encontramos —susurró.

Lucía se quedó inmóvil.

—Victoria...

—Es la carpeta.

Victoria comenzó a abrirla.

Pero antes de poder hacerlo, escucharon la puerta principal cerrarse de golpe.

Ambas se quedaron paralizadas.

—Hay alguien aquí —susurró Lucía.

Victoria tomó la carpeta.

—Tenemos que salir.

Corrieron hacia la puerta trasera.

Escucharon pasos.

Alguien venía detrás de ellas.

—¡Más rápido!

Llegaron al jardín.

Victoria tropezó.

Lucía la sostuvo.

—¡Corre!

Salieron.

Subieron al automóvil.

Lucía arrancó.

Un hombre salió de la casa.

Victoria lo vio por el espejo retrovisor.

—¡Es él!

Lucía aceleró.

—¿Quién?

—El hombre de la fotografía.

---

Durante varios minutos condujeron sin hablar.

Lucía finalmente preguntó:

—¿Estás segura?

—Sí.

—¿Quién es?

—No lo sé.

Victoria abrió la carpeta.

—Pero vamos a descubrirlo.

Había documentos legales.

Informes.

Recibos.

Fotografías.

Y una hoja con varios nombres.

Victoria comenzó a leer.

Entonces se quedó inmóvil.

—¿Qué pasa?

—Aquí está mi padre.

Lucía miró brevemente.

—¿Qué dice?

Victoria continuó leyendo.

—Pagos.

—¿Pagos?

—A varias personas.

—¿Para qué?

Victoria pasó la página.

—No lo sé.

Entonces encontró algo.

Un recibo.

La cantidad era enorme.

Y el destinatario era...

Mateo Herrera.

Lucía frenó bruscamente.

—¿Qué?

Victoria la miró.

—Mi padre le pagó a Mateo.

—¿Cuándo?

—Tres días antes del accidente.

Lucía quedó pálida.

—No.

—Sí.

—¿Cuánto?

Victoria le mostró el documento.

Lucía se llevó una mano a la boca.

—Dios mío.

—¿Qué significa?

—Que Mateo no estaba actuando solo.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Quieres decir que mi padre sabía lo que iba a pasar?

—No lo sé.

Victoria pasó otra hoja.

Había una anotación escrita a mano.

“Después de esta noche, Victoria olvidará todo.”

Lucía dejó de respirar.

—¿Qué?

Victoria sintió que el mundo se detenía.

—Eso dice.

—Enséñame.

Lucía tomó la hoja.

La observó durante varios segundos.

—Es la letra de tu padre.

Victoria comenzó a llorar.

—Me hicieron olvidar.

Lucía la abrazó.

—Lo siento.

—Me quitaron diez años.

—Victoria...

—Me quitaron nuestra historia.

Lucía cerró los ojos.

—Yo intenté volver.

—¿Cuándo?

—Varias veces.

—¿Y por qué no lo hiciste?

Lucía la miró.

—Porque cada vez que intentaba acercarme, recibía amenazas.

Victoria se quedó callada.

—¿De quién?

Lucía señaló el documento.

—De alguien que tenía acceso a tu familia.

---

De pronto, el teléfono de Victoria sonó.

Número desconocido.

Ella contestó.

—¿Quién eres?

Una voz masculina respondió.

—Deberías haber dejado la carpeta donde estaba.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Mateo?

La voz soltó una pequeña risa.

—Él ya no puede ayudarte.

Lucía se quedó paralizada.

Victoria activó el altavoz.

—Entonces ¿quién eres?

—Alguien que conoce la verdad.

—¿Qué verdad?

—La de aquella noche.

—¡Dímela!

Silencio.

Después:

—Tu padre pagó para que Mateo te llevara.

Victoria sintió que el corazón se detenía.

—¿Por qué?

—Porque descubrió que estabas enamorada de Lucía.

Victoria comenzó a llorar.

—Eso no tiene sentido.

—Tu padre pensaba que podía separarlas.

Lucía cerró los ojos.

—¿Y el accidente?

—No estaba planeado.

Victoria sintió un pequeño alivio.

—Entonces ¿qué pasó?

—Mateo perdió el control.

—¿Y después?

—Después tu padre hizo lo necesario para que nadie supiera la verdad.

Victoria apretó el teléfono.

—¿Qué significa eso?

—Pregúntale a tu madre.

—¿Dónde está ella?

El hombre rió.

—Eso deberías preguntártelo tú.

La llamada terminó.

Victoria miró a Lucía.

—Tenemos que regresar.

---

Cuando llegaron nuevamente a la casa, la puerta estaba abierta.

Victoria bajó del automóvil.

—¡Mamá!

No hubo respuesta.

Entraron.

Todo estaba en silencio.

Hasta que escucharon un ruido en el piso superior.

Subieron corriendo.

La madre de Victoria estaba sentada en una silla.

Tenía las manos temblando.

—Mamá.

La mujer levantó la mirada.

Cuando vio a Lucía, se quedó paralizada.

—Tú.

Lucía no respondió.

Victoria se acercó.

—¿Qué hiciste?

Su madre comenzó a llorar.

—Victoria...

—¿Qué hiciste hace diez años?

—Intentaba protegerte.

—¡Todos dicen eso!

Su madre bajó la mirada.

—Tu padre estaba desesperado.

—¿Por qué?

—Porque pensaba que Lucía iba a arruinar tu vida.

Lucía dio un paso adelante.

—Yo la amaba.

La madre de Victoria comenzó a llorar.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué?

—Porque teníamos miedo.

Victoria sintió una mezcla de dolor y rabia.

—¿Qué hicieron conmigo?

Su madre la miró.

—Te dijimos que Lucía te había abandonado.

—Mentira.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque tu padre pagó a Mateo.

Lucía cerró los ojos.

Victoria sintió que le faltaba el aire.

—¿Para qué?

—Para que hablara contigo.

—¿Y el accidente?

—No estaba planeado.

—¿Quién tomó la decisión de llevarme?

La madre de Victoria comenzó a llorar.

—Mateo.

—¿Y después?

—Después del accidente, tu padre te encontró.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Dónde?

—En el hospital.

—¿Qué me pasó?

—Te golpeaste la cabeza.

Lucía dio un paso hacia ella.

—¿Y por qué nunca me lo dijeron?

La madre de Victoria levantó la mirada.

—Porque tu padre dijo que si te contábamos la verdad, intentarías volver con Lucía.

Victoria comenzó a llorar.

—¿Y ustedes aceptaron?

—Yo tenía miedo.

—¿De quién?

Su madre no respondió.

Victoria insistió.

—¿De quién?

La mujer miró hacia la puerta.

—De tu padre.

Victoria quedó inmóvil.

Su padre llevaba siete años muerto.

Pero de pronto comprendió que quizá su muerte no había terminado con los secretos.

—¿Qué más no me estás diciendo?

Su madre apretó los labios.

—Tu padre no murió creyendo que todo había terminado.

—¿Qué significa eso?

—Dejó instrucciones.

—¿Para quién?

La madre de Victoria comenzó a llorar.

—Para Mateo.

Lucía sintió un escalofrío.

—¿Dónde está Mateo?

La madre de Victoria levantó la mirada.

—No lo sé.

Entonces se escuchó un golpe fuerte abajo.

Las tres mujeres se quedaron inmóviles.

Después otro.

Y otro.

Alguien estaba entrando en la casa.

Lucía tomó la mano de Victoria.

—Tenemos que salir.

Pero la madre de Victoria negó con la cabeza.

—Ya es demasiado tarde.

Victoria miró hacia las escaleras.

Una sombra apareció en el pasillo.

Un hombre comenzó a subir lentamente.

Victoria retrocedió.

Lucía se colocó delante de ella.

—¿Quién eres?

El hombre llegó al último escalón.

Victoria lo reconoció.

Era el hombre de la fotografía.

El mismo que había visto salir de la casa minutos antes.

El hombre sonrió.

—Hola, Victoria.

Ella sintió que el corazón se le detenía.

—¿Quién eres?

Él miró a Lucía.

—Ella nunca te habló de mí.

Lucía palideció.

—No.

Victoria miró a Lucía.

—¿Lo conoces?

Lucía dio un paso atrás.

—Sí.

—¿Quién es?

El hombre sonrió.

—Soy el hermano de Mateo.

Victoria sintió un escalofrío.

El hombre sacó un teléfono.

—Y tengo algo que ustedes llevan diez años buscando.

Victoria lo miró.

—¿Qué?

Él levantó el teléfono.

En la pantalla había un video.

—La grabación de aquella noche.

Lucía quedó paralizada.

—No puedes tener eso.

—La tengo.

Victoria sintió que el miedo regresaba.

—¿Qué aparece en el video?

El hombre sonrió.

—La verdad.

Y justo cuando estaba a punto de mostrarles la grabación, las luces de toda la casa se apagaron.

La oscuridad las envolvió.

Se escuchó un grito.

Después un golpe.

Y cuando las luces regresaron...

El hombre había desaparecido.

Pero el teléfono que sostenía estaba tirado en el suelo.

Victoria lo recogió.

La pantalla seguía encendida.

Había un video.

Ella presionó reproducir.

La imagen era borrosa.

Se veía un automóvil.

Mateo.

Lucía.

Y ella misma.

Entonces escuchó una voz.

La voz de su padre.

“Haz que Victoria crea que Lucía la abandonó.”

Victoria dejó caer el teléfono.

Lucía la sostuvo.

—Victoria...

Pero el video continuó reproduciéndose.

Y la última frase de su padre fue todavía peor:

“Porque si Victoria recuerda lo que vio aquella noche, descubrirá quién provocó realmente el accidente.”

Victoria levantó lentamente la mirada.

—¿Qué vi?

Lucía estaba llorando.

—No lo sé.

El teléfono emitió un último sonido.

El video terminó.

Y apareció una nueva imagen.

Una fotografía de Victoria diez años atrás.

En su mano había algo.

Una pequeña memoria USB.

Y debajo de la fotografía apareció un mensaje:

“Tú tienes la prueba. Solo que todavía no recuerdas dónde la escondiste.”

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