Catalina lo dio todo por su matrimonio: su carrera como piloto, su juventud, su orgullo. Seis años dedicada a ser la esposa perfecta mientras Adrián, el hombre por quien abandonó el cielo, la humillaba a sus espaldas con otra mujer.
"Me da asco con solo mirarla."
Esas fueron las palabras que escuchó aquella noche en el estacionamiento del aeropuerto. Pero en lugar de derrumbarse, Catalina tomó una decisión: recuperar todo lo que sacrificó.
Con un divorcio a cuestas y un hijo pequeño como única compañía, vuelve a la academia de aviación decidida a reconquistar su lugar en la cabina de mando. Nadie le facilita el camino. Los instructores dudan de ella, los compañeros la subestiman y su ex hace lo imposible por sabotearla. Pero Catalina no es la misma mujer que se fue seis años atrás.
Y hay alguien que lo nota.
César es cinco años menor, heredero de la aerolínea más importante del país, y el único que aplaudió cuando ella completó la simulación más difícil de la academia. Su regla es simple: "Nunca le cortaría las alas a una mujer que nació para volar."
Mientras Catalina asciende, Adrián cae. Y la mujer que él despreció se convierte en la capitana que todos admiran.
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Capítulo 15
En un café poco concurrido, Valentina estaba sentada en una de las mesas. Frente a ella, Vanessa acababa de llegar y de inmediato jaló una silla.
—¿Qué tal Europa? Dicen que los hombres allá son todos guapos —abrió la conversación Vanessa.
—Nada del otro mundo. A mí me gustan más los de aquí —Valentina sonrió levemente mientras revolvía su café.
Vanessa soltó una risita.
—También eres patriota, ¿eh?
Valentina echó un vistazo a su reloj.
—¿No tienes vuelo programado hoy?
—Sí —Vanessa se recargó relajada en su silla—. A las dos, rumbo a Dubái. Todavía tengo tiempo, así que pude venir a verte. Además, ahora tú eres mi jefa. Tengo que quedar bien contigo, ¿o no?
Valentina alzó una ceja.
—¿Quedar bien conmigo?
—Pues sí, a lo mejor así mi carrera avanza más rápido —dijo Vanessa medio en broma.
Valentina sonrió apenas.
—Debes saber que yo no funciono así. Si tu trabajo es bueno y eres honesta, te voy a apoyar. Si no... te voy a tratar exactamente igual que a cualquier otra tripulante de la aerolínea.
La respuesta de Valentina fue tajante y clara. Vanessa se quedó callada un instante; su mirada se volvió afilada por un segundo, pero enseguida recuperó la compostura.
—Ah, por cierto —dijo Vanessa mientras tomaba su bebida—. ¿Ya fuiste a la academia?
—Todavía no, por eso quiero preguntarte algo. Hay alguien ahí de quien quiero saber más.
Vanessa arrugó el entrecejo.
—¿Quién?
—¿Te acuerdas de que una vez te conté sobre mi hermano?
—¿El que estudiaba en Alemania cuando estábamos en la prepa?
Valentina asintió.
—Sí.
—La verdad, no me acuerdo muy bien. Además, en la prepa no éramos tan cercanas —respondió Vanessa.
—Tienes razón —Valentina asintió.
—Hablando de la academia, conozco a alguien que ahora es instructor ahí. Es un piloto senior; se llama capitán Adrián.
Valentina miró a Vanessa.
—¿Son cercanos?
—Somos amigos —mintió Vanessa, ocultando a propósito su relación clandestina con Adrián.
Valentina se encogió de hombros; la vida privada de Vanessa le daba igual. Lo único que le importaba era saber qué estaba pasando en la academia.
—¿Él te ha contado algo sobre la academia? —preguntó Valentina.
—Claro que sí —Vanessa hizo una pausa y esbozó una sonrisa tenue—. Hay una cadete de la que se habla mucho en la academia.
—¿En serio? ¿Quién?
—Se llama Catalina —dijo Vanessa. Volvió a recargarse en el respaldo de la silla, tratando de verse relajada. No quería que se notara demasiado que estaba hablando mal de Leya.
Valentina no reaccionó de inmediato; solo revolvió su café despacio.
—¿Y por qué es tema de conversación?
—Porque se cree demasiado y es arrogante. Hace seis años fue piloto, después dejó de volar un tiempo. Y ahora volvió como cadete porque quiere alcanzar el puesto de capitana.
—¿Quieres decir que es demasiado confiada? —concluyó Valentina.
—Sí, más o menos. Aparte, siempre anda acompañada de alguien que la defiende en todo. Es otro cadete; se llama César.
La mano de Valentina se detuvo un instante sobre la taza, pero su expresión permaneció calmada.
—¿Ah, sí?
—Ese hombre siempre está cerca de ella. Si la mujer tiene algún problema, él es el primero en salir a defenderla. Según el capitán Adrián, es un tipo arrogante que se mete demasiado en los asuntos de los demás.
Vanessa no tenía la menor idea de que estaba hablando mal del hermano de Valentina.
—Vaya, interesante —Valentina miró hacia la ventana del café y sonrió para sí; por fin había descubierto la razón por la que su hermano iba tan seguido a la academia.
—Mucha gente en la academia piensa que esos dos son demasiado cercanos. Como si fueran pareja... —continuó Vanessa.
Valentina volvió la cabeza y miró a Vanessa.
—¿Tú también piensas eso?
—La verdad, no me importa mucho. Lo que pasa es que esa mujer ya tiene esposo. Y aun así, se las ingenia para coquetear con un hombre en la academia.
En el rostro de Valentina apareció una expresión de sorpresa.
—¿Esa mujer es casada?
—Sí. Y su esposo es... el capitán Adrián —respondió Vanessa.
Valentina se quedó en silencio varios segundos. ¿Por qué su hermano se había fijado en una mujer casada?
Vanessa le dio un sorbo a su bebida.
—La situación en realidad es bastante complicada.
—¿Complicada cómo? —preguntó Valentina; necesitaba saber más sobre la mujer en la que su hermano tenía puesto el ojo.
Vanessa sonrió con suavidad.
—Imagínate: una esposa es cadete en el mismo lugar donde su esposo es instructor. Y mientras tanto, la esposa siempre anda pegada a otro hombre. ¿No te parece que esa mujer carece de moral?
Valentina asintió despacio. No mostró ninguna reacción, pero su mente trabajaba a toda velocidad.
—¿Por qué todo el mundo en la academia le presta tanta atención a esa mujer?
Vanessa esbozó una sonrisa de lado.
—Porque Catalina no es del tipo de mujer que se deja presionar fácilmente.
—¿O sea que se enfrenta a todos?
—Sí, es demasiado atrevida —Vanessa recordó entonces que Valentina quería información sobre alguien—. Entonces, ¿de quién querías averiguar? Dijiste algo de tu hermano, ¿y luego?
—Ah, no es nada —al final Valentina decidió ocultar el verdadero motivo por el que se había reunido con Vanessa.
Sabía que a Vanessa no le caía bien su hermano César. Además, no era tonta como para creer a ciegas todo lo que Vanessa decía. Estaba segura de que su hermano no se habría interesado en una mujer sin una razón de peso.
Valentina echó un vistazo a su reloj.
—Creo que ya me tengo que ir. Tengo una junta en un rato.
—Está bien. ¿Cuándo vas a ir a la academia?
—No sé, voy a ver mi agenda —Valentina se puso de pie y tomó su bolso—. Me adelanto.
Vanessa solo asintió.
Afuera del café, ya dentro del auto, Valentina sacó su teléfono.
[Mañana voy a ir a la academia. Tengan listo el calendario de entrenamiento de los cadetes; quiero revisarlo personalmente.]
El mensaje fue enviado al director de la academia. Valentina guardó el teléfono de vuelta en el bolso.
—Catalina, eh. Interesante...
Al día siguiente...
En el edificio principal de la aerolínea, Valentina salió del elevador ejecutivo. Caminaba con paso seguro; su traje de oficina era impecable y llevaba el cabello recogido con elegancia.
—Buenos días, señorita Vale —la saludaron varios empleados, y ella respondió con un gesto cortés.
—Ah, por cierto, ¿dónde hace el briefing la tripulación de cabina? —le preguntó Valentina a uno de ellos.
—En el edificio junto a la academia. Están bajo la misma administración —respondió el empleado.
—Vamos primero a la academia —indicó Valentina.
La mañana en la academia transcurrió como siempre; el hangar estaba lleno de cadetes que se dirigían a la sala de briefing. Pero esta vez la academia había recibido un aviso de la gerencia central: ese día vendría un representante de la aerolínea a realizar una evaluación de los cadetes.
Leya llegó como de costumbre; llevaba el cabello recogido en una cola de caballo que la hacía verse más joven. Entró en la sala de briefing y, al poco rato, César también entró y se sentó a su lado.
—¿Por qué una evaluación de repente? —se escuchaban murmullos.
—Ni idea...
La puerta de la sala de briefing se abrió y todos voltearon. Valentina entró acompañada de varios empleados de la academia; su rostro estaba tranquilo, pero su presencia hizo que la sala quedara en silencio.
César alzó una ceja, conteniendo su sorpresa. Su hermana no le había avisado que vendría a la academia con el pretexto de una evaluación.
¿Qué es lo que pretende? Los ojos de César se entrecerraron con dureza, clavados en su hermana.
Mientras tanto, Valentina sonrió levemente. Por fin podía ver en persona a la mujer que hacía que su hermano quisiera estar en la academia todo el tiempo.