NovelToon NovelToon
¿Que Haces Cuando Ya No Eres La Protagonista?

¿Que Haces Cuando Ya No Eres La Protagonista?

Status: En proceso
Genre:Edad media / Mundo mágico / Viaje a un mundo de fantasía
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydi Nina

Miriam Bloomson debía ser la protagonista de la historia.

Pero cuando el destino cambió y el futuro que recordaba desapareció, comprendió que ya no tenía un lugar en la trama.

Así que tomó una decisión:

desaparecer junto con ella.

Sin embargo, fingir su muerte fue mucho más fácil que escapar de las consecuencias.

La historia que conocí desapareció… así que decidí desaparecer con ella.

NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Estaba triste

Narración en primera persona Lina

Los días posteriores a aquella cena fueron una auténtica locura.

La tienda crecía más rápido de lo que Lina había imaginado.

Cada mañana llegaban nuevos clientes.

Soldados buscando reemplazar armas dañadas.

Aventureros queriendo equipo más resistente.

Guardias interesados en las armas bendecidas.

Y algunos curiosos que simplemente entraban para mirar.

Al principio intentó encargarse de todo sola.

Fue un error.

Uno enorme.

Terminó atendiendo clientes mientras bendecía dagas, negociaba precios y organizaba inventario al mismo tiempo.

Una tarde incluso descubrió que había cobrado dos veces la misma espada y olvidado cobrar otra completamente distinta.

—Necesito ayuda.

Murmuró mientras dejaba caer la cabeza sobre el mostrador.

Y así comenzó la búsqueda de empleados.

La experiencia fue terrible.

El primer candidato llegó vestido con una armadura oxidada.

Aseguró tener quince años de experiencia.

—¿Qué sabes sobre armas?

Preguntó Lina.

—Todo.

Respondió orgullosamente.

Lina tomó una espada corta.

—¿Y esto?

—Una espada.

—Gracias por la información revolucionaria.

Cinco minutos después descubrió que el hombre apenas sabía distinguir entre una espada militar y una decorativa.

Fue rechazado.

El segundo parecía prometedor.

Hasta que confesó que realmente odiaba las armas.

—Entonces, ¿por qué quieres trabajar aquí?

—Necesito dinero.

—Honesto.

—¿Eso significa que me contratará?

—No.

El tercero intentó regatear su salario antes de ser contratado.

El cuarto preguntó si podía tomarse tres días libres por semana.

El quinto se quedó dormido durante la entrevista.

Lina comenzó a sospechar que el universo la odiaba.

Entonces apareció Daniel.

Era un joven de aspecto sencillo.

Nada llamativo.

Nada impresionante.

Pero cuando vio las armas expuestas sus ojos brillaron.

Y eso llamó inmediatamente la atención de Lina.

—¿Tienes experiencia?

Preguntó.

—Mi padre era herrero.

Respondió él.

—¿Y?

—Crecí rodeado de armas.

Lina tomó una espada de un estante.

—Dime algo sobre esta.

Daniel apenas la observó.

—Acero del norte.

Buen equilibrio.

La empuñadura fue reemplazada recientemente.

La hoja tiene un pequeño defecto cerca de la base.

Lina bajó la mirada.

Y efectivamente allí estaba.

Una marca casi invisible.

Parpadeó.

—Otra.

Le entregó una daga.

—Fabricación costera.

Pensada para navegación.

Más resistente a la humedad.

—¿Otra?

—Claro.

Durante casi veinte minutos Lina le mostró distintas armas.

Y Daniel respondió correctamente todas.

Absolutamente todas.

—Contratado.

Dijo ella finalmente.

—¿Así de fácil?

—Si sabes más que yo sobre la mitad de mi inventario, sí.

Por primera vez el muchacho sonrió.

Y fue contratado inmediatamente.

La siguiente entrevista fue mucho más caótica.

Porque Clara llegó hablando.

Y no dejó de hablar.

Ni un segundo.

—Hola.

Soy Clara.

Tengo experiencia vendiendo.

También limpiando.

También organizando.

Una vez ayudé a administrar una posada.

Y sé cocinar.

Aunque no muy bien.

Pero tampoco tan mal.

Además...

Lina levantó una mano.

—Respira.

Clara obedeció.

Dos segundos.

Luego continuó.

—También sé tratar con clientes difíciles.

—¿Ah sí?

—Por supuesto.

—Demuéstralo.

Justo en ese momento un hombre entró preguntando por una espada.

Clara sonrió.

Se acercó.

Habló con él durante unos minutos.

Y cuando terminó...

el cliente salió con una espada, una daga, un kit de mantenimiento y una funda nueva.

Lina observó las monedas.

Luego observó a Clara.

Luego volvió a mirar las monedas.

—Contratada.

—¿En serio?

—Acabas de vender cuatro cosas a alguien que venía por una sola.

—Eso es un sí.

—Es un sí enorme.

Y así terminaron trabajando juntos.

Las semanas siguientes fueron mucho más sencillas.

Daniel organizaba el inventario.

Clara atendía clientes.

Y Lina podía concentrarse en las bendiciones y las negociaciones.

Todo iba perfectamente.

Bueno...

Casi perfectamente.

Porque mientras la tienda prosperaba, una pequeña inquietud comenzaba a crecer dentro de ella.

Habían pasado varios días.

Y cierta persona no había vuelto a aparecer.

No sabía dónde vivía.

No sabía a qué se dedicaba realmente.

Ni siquiera sabía demasiado sobre él.

Solo sabía que estaba acostumbrada a verlo entrar por esa puerta.

Y ahora no lo hacía.

Lo cual era ridículo.

Completamente ridículo.

Pero aun así...

cada vez que la campanilla sonaba, sus ojos terminaban levantándose hacia la entrada por pura costumbre.

Y cuando descubría que era otro cliente cualquiera...

sentía una pequeña decepción que empezaba a ser cada vez más difícil de ignorar.

Lina estaba triste.

Y odiaba admitirlo.

Porque era absurdo.

Completamente absurdo.

Había sobrevivido a cambiar de mundo.

Había escapado de una historia que parecía destinada al desastre.

Había cruzado medio continente.

Había construido una vida nueva desde cero.

Y ahora tenía una casa.

Una tienda exitosa.

Dinero.

Clientes.

Empleados competentes.

Todo lo que había querido.

Entonces...

¿por qué seguía sintiéndose así?

Suspiró mientras observaba distraídamente las cuentas del negocio.

Había cometido tres errores seguidos al sumar.

Tres.

Eso jamás ocurría.

—Jefa.

Clara apareció frente a ella.

—¿Sí?

—Llevas cinco minutos mirando la misma página.

—Estoy trabajando.

—No.

—Sí.

Clara señaló el libro.

—Es la página de ayer.

Lina bajó la vista.

Era la página de ayer.

—Oh.

—Ajá.

La muchacha sonrió divertida antes de regresar al mostrador.

Lina apoyó la cabeza sobre una mano.

Aquello era ridículo.

Quizás estaba cansada.

Sí.

Definitivamente era eso.

Solo cansancio.

Nada más.

Sin embargo, cuando la campanilla sonó, levantó la vista automáticamente.

Y volvió a sentir aquella pequeña decepción cuando descubrió que era otro cliente cualquiera.

—Esto es una tontería.

Murmuró.

Porque ya habían pasado muchos días.

Demasiados.

Y aunque intentaba convencerse de que no era importante...

comenzaba a preguntarse cosas.

¿Estaría enfermo?

¿Le habría ocurrido algo?

¿Se habría marchado?

¿Simplemente dejó de querer visitarla?

Aquella última posibilidad le provocó una sensación extraña.

Incómoda.

Como un peso pequeño en el pecho.

Y no le gustó nada.

---

Aquella noche cerró más temprano de lo habitual.

Incluso Clara pareció notarlo.

—¿Todo bien?

Preguntó antes de marcharse.

—Claro.

—Pareces triste.

—No estoy triste.

—Si tú lo dices.

Y se fue.

Dejándola sola.

El silencio llenó la tienda.

Por primera vez en mucho tiempo, el lugar parecía enorme.

Vacío.

Lina caminó lentamente entre los estantes.

Revisó algunas armas.

Organizó otras.

Volvió a acomodar una espada que ya estaba perfectamente acomodada.

Cualquier cosa para mantenerse ocupada.

Pero no funcionó.

Porque al final terminó sentándose detrás del mostrador.

Mirando la puerta.

La misma puerta que había observado tantas veces durante los últimos días.

—Ni siquiera sé dónde vives.

Murmuró.

Y eso solo empeoró las cosas.

Porque era cierto.

No sabía prácticamente nada de él.

Ni dónde vivía.

Ni qué hacía cuando no estaba allí.

Ni por qué desapareció.

Solo sabía que estaba acostumbrada a verlo entrar por esa puerta.

Con aquella sonrisa tranquila.

Con sus comentarios sarcásticos.

Con sus visitas inesperadas.

Y ahora...

nada.

Lina dejó escapar un largo suspiro.

Luego apoyó la cabeza sobre el mostrador.

—Qué desastre.

Porque finalmente estaba comenzando a entender el problema.

No estaba preocupada por un amigo.

Ni por un cliente.

Ni por alguien que simplemente visitaba su tienda.

Lo extrañaba.

Y cuanto más intentaba negarlo...

más evidente se volvía.

Por primera vez desde que llegó al Imperio Carmesí, Lina sintió que algo faltaba en su nueva vida.

Y eso era mucho más aterrador que cualquier novela que hubiera leído.

1
Lorena Itriago
no repitas el capítulo por favor
Iliana Curiel
ohh me encantó hermoso capitulo muy romántico ❤️❤️❤️
Natt 💙
no no no m gano la tentación y vine a leer
pinta interesante 🤭🥰🤭🤣
Natt 💙: que bueno 👏🥰
total 2 replies
Iliana Curiel
jajaja esos dos ya cayeron, hayyyy el amorrrr ❤️❤️❤️🥰🥰🥰
Iliana Curiel
ahora sí se conocerán las dos reencarnadas haber que traman 🥰🥰🥰
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play