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La Luna Humana del Alfa

La Luna Humana del Alfa

Status: En proceso
Genre:Romance / Aventura de una noche / Hombre lobo / Embarazo no planeado
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Aurora Rivas solo quería sobrevivir aquella noche.
Traicionada por su prometido, drogada por su propia familia y perseguida en un hotel de lujo, terminó en brazos de Damian Montero, el hombre más poderoso de la Ciudad de México… y el Alfa de la manada más antigua.
Para Aurora fue una noche que debía olvidar.
Para Damian, fue el despertar de su lobo.
Ella huyó antes del amanecer sin saber que la mordida que dejó en su hombro no era una simple marca, sino el lugar exacto donde una Luna reclama a su Alfa.
Semanas después, Aurora descubre que está embarazada.
No de un bebé.
De cuatro.
Ahora la familia que quiso destruirla quiere arrebatarle lo único que le queda, mientras la manada Montero empieza a inclinarse ante una humana que jamás pidió ser reina.
Aurora no sabe que nació Luna.
Damian sí.
Y esta vez, el Alfa no va a dejar escapar a su pareja destinada.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

# Capítulo 006: La jaula dorada de los Rivas

Aurora no llegó a la salida principal de la UAM.

Se quedó a medio camino cuando vio la camioneta negra estacionada junto a la banqueta.

Era una Suburban blindada, de vidrios oscuros, tan fuera de lugar entre los puestos de tacos, las mochilas y los estudiantes con vasos de café que parecía haber caído de otro mundo.

Valeria la vio también.

—¿Eso es de la policía o de un narco?

Camila entrecerró los ojos.

—Peor. Es de rico.

La puerta trasera se abrió.

Damian Montero bajó de la camioneta.

Aurora dejó de caminar antes de decidirlo. Su cuerpo lo reconoció primero: la voz, las manos apartándose cuando ella decía basta, los ojos dorados en la habitación oscura. El recuerdo le subió por la piel con una vergüenza que no había pedido.

Sofía apretó su brazo.

—¿Lo conoces?

Aurora no contestó.

Damian cruzó la entrada del campus sin mirar a nadie más. Llevaba traje oscuro, camisa blanca y una expresión que hizo que dos estudiantes dejaran de grabar incluso antes de que Marco se acercara.

Camila lo miró de arriba abajo.

—Aurora.

—No.

—No dije nada.

—Ibas a preguntar si era el misterioso.

—Ahora no necesito preguntar.

Damian se detuvo frente a ella.

La mirada le bajó a la boca partida.

Luego a la mano roja.

Después al resto de su cuerpo, como si revisara con cuidado dónde dolía sin atreverse a tocarla.

—¿Quién te hizo sangrar?

Aurora sintió que las tres amigas se quedaban quietas a su lado.

La voz de Damian no fue alta. No hizo falta. Tenía esa calma pesada de los hombres que no necesitaban gritar para que la gente se apartara.

—Me caí contra una mesa.

—No pregunté contra qué.

Aurora levantó la barbilla.

—Tampoco te debo un reporte.

Marco, detrás de Damian, bajó la mirada como si acabara de escuchar a alguien patear una bomba.

Damian no se ofendió.

Eso irritó más a Aurora.

—Tienes razón —dijo él—. No me debes nada.

Valeria susurró:

—Uy.

Camila le dio un codazo.

Aurora cruzó los brazos.

—¿Qué haces aquí?

—Vi el video.

—Todo el mundo vio el video.

—Yo vi el completo.

Aurora no supo por qué esa diferencia le dolió.

El video completo significaba que él había visto la pregunta. El empujón. La sangre. La forma en que ella se obligó a mantenerse de pie.

—Entonces ya sabes que no necesito rescate.

—Lo sé.

—¿Y aun así viniste?

—Sí.

—¿Por qué?

Damian miró a los estudiantes que fingían no mirar. Marco dio un paso lateral y varios celulares bajaron a la vez.

—Porque alguien te lastimó y yo quería verte con mis propios ojos.

Aurora sintió calor en la cara.

No iba a sonrojarse.

No después de darle una cachetada a un imbécil frente a todo el salón.

No frente a sus amigas.

—Ya me viste.

—Sí.

—Estoy viva.

—También estás herida.

—Eso no es asunto tuyo.

Damian tardó un segundo en responder.

—Quiero que sea asunto mío, pero no voy a decidirlo por ti.

La frase cayó entre ellos con demasiado peso.

Camila abrió la boca.

Aurora la miró.

Camila la cerró.

Sofía sonrió apenas, con esa cara suave de quien veía cosas que los demás no querían admitir.

Valeria, en cambio, no tenía ninguna suavidad.

—Si eres el tipo del hotel, más te vale haberla tratado bien.

Aurora casi se atragantó.

—Valeria.

Damian miró a Valeria con seriedad.

—Eso intento.

Valeria sostuvo su mirada.

—Mal comienzo si la hiciste llorar.

—No fui el único.

—Pero tú eres el que está aquí.

Marco tosió para esconder algo parecido a una risa.

Damian no apartó los ojos de Valeria.

—Entonces aceptaré la advertencia.

Valeria asintió, satisfecha.

—Bien.

Aurora quería que la tierra se abriera.

—Ya terminaron de negociar mi custodia?

—Nadie tiene tu custodia —dijo Damian.

—Díselo a mi familia.

El celular de Camila vibró.

Luego el de Sofía.

Aurora no tenía celular, pero aun así sintió el golpe antes de verlo.

Camila miró la pantalla y su expresión cambió.

—Aurora.

—¿Qué?

—Es tu papá. Me está llamando por WhatsApp.

Aurora se quedó fría.

Ricardo tenía el número de Camila porque una vez, años atrás, Aurora había usado su teléfono para avisar que llegaría tarde al hospital de Don Augusto. Por supuesto lo había guardado. Ricardo guardaba cualquier cuerda que pudiera servirle para jalarla después.

—No contestes.

El teléfono volvió a vibrar.

Después llegó un mensaje.

Camila lo leyó y se le endureció la cara.

—Dice: "Dile a esa malagradecida que conteste o mando suspender el pago de la clínica."

Aurora sintió que el campus se alejaba.

Damian notó el cambio antes que nadie.

—¿Qué clínica?

Aurora no respondió.

Camila apretó el celular.

—Su bisabuelo está en cuidados prolongados. El papá controla los pagos.

—Camila.

—No, Aurora. Ya basta de proteger monstruos.

Damian miró a Marco.

Marco ya estaba escribiendo en su teléfono.

—Nombre de la clínica —pidió Damian.

Aurora reaccionó.

—No.

—Puedo cubrir los pagos hoy.

—No.

—Aurora.

—Dije que no.

La voz le salió demasiado fuerte.

Varios estudiantes miraron.

Damian guardó silencio.

Aurora respiró por la nariz. Le dolía la boca al hablar.

—No puedes aparecer y comprar mi vida.

—No estoy comprando nada.

—Tú no entiendes.

—Explícame.

—Si tú pagas, Ricardo va a saber que alguien con dinero está detrás de mí. Va a investigar. Va a usarlo. Va a hacer que parezca que todo lo que dicen de mí es cierto.

Damian apretó los dedos.

—No me importa lo que parezca.

—A mí sí. Porque la que va a seguir viviendo con ese apellido soy yo.

Damian se quedó callado.

Eso sí lo entendió.

El teléfono de Camila volvió a vibrar. Esta vez entró una llamada.

Aurora extendió la mano.

—Dámelo.

—No tienes que contestar.

—Sí tengo.

Camila se lo dio con mala cara.

Aurora aceptó la llamada.

No puso altavoz.

No hizo falta. Ricardo gritó tan fuerte que Damian escuchó cada palabra.

—¡Por fin, inútil! ¿Dónde carajos estás?

Aurora cerró los ojos.

—En la universidad.

—¿Haciendo otro espectáculo? ¿No te bastó con revolcarte en un hotel? Patricia está llorando, Mariana no puede salir de su cuarto y Felipe está avergonzado por tu culpa.

Damian dio un paso.

Aurora levantó una mano para detenerlo.

No sabía por qué él obedeció, pero lo hizo.

—No voy a hablar de esto por teléfono, papá.

—No me digas papá con esa voz. Te quiero en la casa ahora mismo. Vas a explicar qué es esa porquería que sale en internet.

—Tengo clases.

—Tienes una hora. Si no llegas, llamo a la clínica y que tu bisabuelo siga respirando por milagro.

La llamada se cortó.

Aurora se quedó mirando la pantalla apagada.

Sofía tenía lágrimas en los ojos.

Valeria estaba pálida de rabia.

Camila parecía lista para llamar a la policía, a un abogado y a un exorcista.

Damian habló primero.

—Voy contigo.

—No.

—Aurora.

—No puedes entrar a mi casa como un guardaespaldas.

—No soy guardaespaldas.

—Exacto. Eres peor. Eres el tipo de hombre que hace que mi padre huela dinero a diez kilómetros.

Marco miró hacia otro lado.

Damian aceptó el golpe sin moverse.

—Entonces déjame llevarte y esperar afuera.

—Voy sola.

—No.

Aurora lo miró.

La palabra salió de él como orden.

Damian también lo oyó. Su mandíbula se tensó.

—Perdón —dijo—. No quise...

—Sí quisiste.

Él no lo negó.

Aurora sostuvo su mirada, cansada y furiosa.

—Si quieres ayudarme, no me quites la poca decisión que tengo.

Damian respiró hondo.

—Está bien.

—¿Está bien?

—Vas sola.

Ella no esperaba ganar tan rápido.

Eso la desarmó un poco.

Damian miró a Marco.

—Consigue un Uber con conductor de confianza. Nada de camioneta Montero. Nada que llame la atención.

—Sí, Alfa.

Camila parpadeó.

—¿Alfa?

Marco se congeló.

Damian ni siquiera miró a su Beta.

—Apodo de oficina.

Valeria entrecerró los ojos.

—Raro.

—Mucho —dijo Camila.

Aurora no tenía energía para esa pregunta.

—Camila, si en una hora no te mando mensaje...

—Llamo a la policía.

—No.

—Sí.

—Camila.

—Aurora, acabas de escuchar a tu papá amenazar con dejar morir a tu bisabuelo. Te doy una hora porque te quiero, no porque sea idiota.

Sofía tomó las manos de Aurora.

—Mándanos ubicación en cuanto llegues.

—No tengo celular.

Damian sacó uno nuevo del bolsillo interior de su saco.

Aurora lo miró.

—¿Por qué tienes un celular nuevo?

—Porque Marco es eficiente.

Marco levantó una mano.

—Es limpio. Sin cuentas, sin rastreo, número nuevo.

Aurora no lo tomó.

Damian lo puso sobre su palma abierta, sin acercarlo más.

—No es un regalo. Es una herramienta.

—¿Y si no quiero deberte otra cosa?

—Entonces me lo pagas cuando quieras. Con intereses ridículos si eso te hace sentir mejor.

Aurora miró el teléfono.

Luego lo tomó.

—Te pagaré.

—Lo sé.

—No sonrías.

Damian no sonrió.

Le costó.

El Uber llegó diez minutos después.

Era un coche gris, común, con un conductor de unos cincuenta años que saludó a Marco como si ya lo conociera de toda la vida. Seguramente lo conocía desde hacía diez minutos y Marco ya tenía su acta de nacimiento, CURP y alergias registradas.

Aurora abrazó a sus amigas una por una.

Valeria le susurró:

—Si te toca, le rompo la rodilla.

—Está lejos.

—Tengo paciencia.

Sofía la abrazó más suave.

—No te quedes callada.

Camila le metió un cargador en el bolsillo.

—Ubicación activa. Si la apagas, voy por ti.

Aurora asintió.

Cuando llegó frente a Damian, no supo qué hacer.

Él tampoco la tocó. Se inclinó un poco para verla de frente.

—Si necesitas salir, me llamas.

—No tengo tu número.

El teléfono vibró en su mano.

En la pantalla apareció un contacto nuevo:

Damian Montero.

Aurora levantó la vista.

—Marco es demasiado eficiente.

—Lo sé.

El conductor abrió la puerta.

Aurora subió.

Antes de cerrar, Damian dijo:

—Aurora.

Ella lo miró.

—No tienes que ganar hoy. Solo sal de ahí.

La frase le pegó más fuerte de lo que esperaba.

Aurora cerró la puerta antes de que se le notara en la cara.

El coche avanzó hacia Polanco.

Durante el trayecto, la ciudad pasó al otro lado del vidrio con su mezcla de puestos, tráfico, árboles polvosos y edificios que fingían no mirar a nadie. Aurora mantuvo el celular nuevo sobre las rodillas. En la pantalla, Camila ya había escrito tres mensajes.

"Ubicación activa."

"Respira."

"Si ves un cuchillo, no lo agarres. Eso complica lo legal."

Aurora casi sonrió.

Luego el coche entró a Polanco y la sonrisa se le murió.

La residencia Rivas ocupaba una esquina tranquila, con fachada blanca, herrería negra y bugambilias perfectamente podadas. Desde afuera parecía una casa de familia rica y respetable.

Aurora sabía cuántas veces había llorado en el baño de visitas para no arruinar las fotos familiares.

El conductor se estacionó frente al portón.

—¿Quiere que espere, señorita?

Aurora miró la casa.

Adentro, detrás de una ventana, una cortina se movió.

—Sí —dijo—. Pero no aquí enfrente. En la esquina.

—Como diga.

Aurora bajó.

El portón se abrió antes de que tocara el timbre.

Patricia Soto la esperaba en la entrada, con ojos rojos y labios temblorosos de teatro barato.

—Por fin apareces.

Desde el interior llegó el grito de Ricardo.

—¡Que entre!

Aurora apretó el celular dentro del bolsillo de la sudadera.

Pensó en Don Augusto.

Pensó en Camila esperando el mensaje.

Pensó en Damian diciendo que no tenía que ganar hoy.

Luego cruzó el portón.

La jaula dorada de los Rivas se cerró detrás de ella.

1
Josephine 💜
🥰🥰🥰🥰
Primi Mendez
esta por terminar sin pasar casi nada 😕
Eva Domínguez Cobos
estuvo súper espero el final pronto
Primi Mendez
Mariana está pisando arena movedizas. no le conoce al protector de Aurora 🤢
Primi Mendez
esta bueno TÚ novela me encanta está pareja
Primi Mendez
Que hermoso como Damián cuida a su mujer y a su cachorro que viene en camino
Ivana Bollici
m encanta...super atrapante!
JZulay
Aurora no cayó en cuenta , lo de los 400 años 🤔🤭
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/🤭...muy sensibles.
El único de acero es el abuelo Esteban 😜
JZulay
comparsa.../Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Joyful//Proud/ mucha gente 🤭
JZulay
comparsa 🤭🥹🥹🥹/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
por Dios......y se pela con las manos 🤭/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Doubt/...no solo fisgonear
JZulay
no fue mi lejos , no en distancia no en tiempo 🤭/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Emily Morillo ♥️
pero que terca esa pendeja
JZulay
🐺❤️🥰/Kiss//Kiss//Kiss/
JZulay
ay tía Lupe..../Facepalm//Facepalm//Facepalm/
ud es querendona y alborotadora 🤭
JZulay
estás bien ñepra...🤭...hasta el tape /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
yupiiiiiii .....🥳...estamos avanzando 👏🏼👏🏼
JZulay
los golpes enseñan /Sweat/
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