Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Duque Krugher 2
Davina tardó varios minutos en reaccionar.
Pero cuando por fin logró ordenar sus pensamientos, llegó a una única conclusión.
[Tengo que hablar con él.]
No podía permitir que toda su vida quedara decidida en menos de un minuto.
Ni siquiera había participado en la conversación.
Respiró profundamente.
Salió del salón y detuvo a una de las doncellas que caminaban apresuradamente por el pasillo.
—Disculpa.
La joven hizo una reverencia.
—¿Sí, mi lady?
—¿Dónde se encuentra el duque?
—Su excelencia suele estar en su despacho a esta hora.
La doncella señaló uno de los pasillos.
—Es la tercera puerta a la derecha.
Davina asintió.
—Gracias.
Comenzó a caminar con decisión.
[No te pongas nerviosa.]
[Tú también tienes derecho a decidir.]
Apenas dobló la esquina del pasillo, vio al duque antes de llegar al despacho.
Jean salía de otra habitación acompañado por un mayordomo que llevaba varios documentos entre las manos.
Al verla, el mayordomo hizo una reverencia y se retiró discretamente.
Jean dirigió toda su atención hacia ella.
La observó unos segundos.
Luego habló con el mismo tono tranquilo de siempre.
—¿Qué ocurre?
Su mirada descendió apenas un instante hasta el rostro de Davina.
—¿Se siente bien?
La pregunta la tomó por sorpresa.
Había esperado muchas cosas.
Pero no aquello.
Aun así, reunió todo el valor que tenía.
Apretó las manos contra el vestido.
—Tenemos que hablar.
Jean sostuvo su mirada unos segundos.
Después asintió.
—De acuerdo.
Abrió la puerta de su despacho.
—Pase.
Davina entró.
El despacho era amplio y ordenado.
No había adornos innecesarios.
Solo una gran biblioteca, mapas del ducado, documentos perfectamente organizados y un enorme escritorio de madera oscura.
Jean cerró la puerta tras ellos.
Señaló uno de los sillones.
—Siéntese.
Ella negó con la cabeza.
—Prefiero hablar de pie.
El duque no insistió.
Permanecieron unos segundos en silencio.
Finalmente fue Davina quien rompió el silencio.
—Creo que debemos hablar de todo esto con calma.
Jean asintió.
—Estoy de acuerdo.
Ella respiró profundamente.
—No puedo quedarme aquí.
El duque no respondió.
Davina continuó.
—Debo regresar a la casa de mi padre.
—No.
La respuesta llegó tan rápido que ella tardó un instante en procesarla.
Parpadeó.
—¿No?
Jean la observó con absoluta tranquilidad.
—Ahora está embarazada de mi hijo.
Hizo una pequeña pausa.
—O de mi hija.
Su voz seguía siendo firme.
—Y permanecerá aquí.
Davina cruzó lentamente los brazos.
—Duque...
Él continuó hablando.
—Aquí tendrá médicos. Sanadores. Protección. Todo lo necesario para el embarazo.
Ella negó suavemente con la cabeza.
—Eso no es lo que intento decir.
Jean guardó silencio.
Davina levantó ligeramente el mentón.
—Sí. Vamos a ser padres.
Él asintió.
—Correcto.
—Pero eso no significa que yo deba vivir aquí por obligación.
Jean respondió con la misma serenidad.
—Sí significa. Porque lleva a mi hijo.
Davina sintió cómo una pequeña vena comenzaba a palpitarle en la frente.
[Respira...]
[Respira...]
[Respira...]
Sonrió.
Una sonrisa demasiado amable.
—Duque... Sí voy a ser la madre de su hijo. Pero...
Lo señaló con un dedo.
—No soy de su propiedad.
El silencio llenó el despacho.
Jean la observó fijamente.
Después...
Una lenta sonrisa apareció en la comisura de sus labios.
No era una sonrisa burlona.
Era apenas un gesto casi imperceptible.
Como si acabara de descubrir algo inesperado.
—¿Es un desafío?
Preguntó con calma.
Davina abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
—¿Está desafiándome?
Ella negó inmediatamente.
—¡No!
Respiró hondo antes de continuar.
—Le estoy diciendo la verdad.
Su voz era firme.
—El bebé es de los dos. La responsabilidad también. Pero yo sigo siendo una persona. No una posesión.
Jean no respondió.
Solo siguió observándola.
Con atención.
Demasiada atención.
Aquello desconcertó un poco a Davina.
[¿Por qué me mira así?]
Mientras tanto...
El duque recordaba perfectamente a la joven que había conocido semanas atrás.
Era amable.
Dulce.
Algo ingenua.
Sonreía con facilidad.
Y parecía confiar demasiado en los demás.
La mujer que tenía delante...
No se parecía en nada.
Había determinación en su mirada.
Firmeza en cada palabra.
No retrocedía.
No agachaba la cabeza.
No aceptaba una decisión solo porque provenía de un duque.
Discutía.
Argumentaba.
Y sostenía su postura sin vacilar.
Era testaruda.
Obstinada.
Luchadora.
Y, aunque probablemente ella todavía no lo supiera...
Aquello hacía que resultara mucho más interesante de lo que ya le había parecido durante aquella noche de baile.
Jean apoyó lentamente una mano sobre el respaldo de la silla.
—Ha cambiado mucho.
Davina sintió un pequeño sobresalto.
[Por supuesto que cambié...]
[Porque literalmente soy otra persona.]
Pero por fuera mantuvo la calma.
—Las personas cambian.
Respondió simplemente.
Jean no apartó la mirada.
No.
Aquello no era un cambio común.
Era como si la mujer que tenía delante hubiera vivido toda una vida más.
Y, sin saber que esa idea era mucho más cercana a la verdad de lo que jamás habría imaginado, el duque comenzó a comprender por qué Jack había dicho que la marca de alma reciente lo cambiaba todo.
Porque la joven ingenua que había conocido había desaparecido.
Y en su lugar había despertado una mujer capaz de discutirle de frente al hombre más temido del reino... sin dar un solo paso atrás.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer