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Casada con el Señor Montero

Casada con el Señor Montero

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Maltrato Emocional / Malentendidos / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Divorcio / Completas
Popularitas:118.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Robles

Valentina Rossi sacrificó sus piernas por salvar a Sebastián Montero. A cambio, recibió un anillo de bodas y cinco años de indiferencia.

Mientras ella aprendía a caminar de nuevo, él soñaba con otra mujer. Mientras ella doblaba flores de papel rezando por su abuela enferma, otra se llevó el crédito. Mientras ella construía en silencio su plan de escape, él ni siquiera notó que ella se iba.

Pero Valentina no es una víctima. Es una bailarina que perdió el escenario pero no el fuego. Cuando por fin se va —a las cuatro de la madrugada, con su abuela y una maleta—, no mira atrás. En Europa, reconstruye su vida paso a paso: un nuevo escenario, una nueva compañía de danza, un nombre que el mundo empieza a conocer.

Sebastián no la busca por amor. La busca porque el silencio de la casa vacía le resulta insoportable. Pero cuando descubre la verdad sobre las flores de papel —quién las dobló, quién mintió, y a quién amó durante cinco años por error—, su mundo se derrumba.

Él intentará redimirse. Ella ya no lo necesita.

Y cuando una extraña enfermedad del sueño la arrastra de vuelta al pasado, Valentina descubrirá que hay destinos que ni siquiera el tiempo puede cambiar... y amores que solo se entienden cuando ya es demasiado tarde.

Una pulsera grabada con su nombre. Invisible para todos, excepto para una nieta que aún no ha nacido.

NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Capítulo 12 — El padre

El número no estaba agendado, pero Valentina lo reconoció al instante.

Era jueves, las once de la mañana. El iPhone vibró sobre la mesada. Código de zona 2241. Chascomús.

No era Abuela Rosa. No era Doña Marta. Era Hernán Rossi. Su padre.

Valentina dejó que vibrara cinco veces. A la sexta, contestó. No por deseo sino por cálculo: si no atendía, Hernán era capaz de llamar al fijo del departamento.

—Hola, papá.

—¡Nena! —La voz de Hernán entró como un viento que arrastra tierra—. ¿Cómo estás? ¿Cómo está tu pierna?

Siempre preguntaba por la pierna. Como si preguntando pudiera borrar que no la había visitado en el hospital, que no había ido a la boda, que su última aparición había sido pidiendo plata para "una inversión segura" que resultó ser una mesa de póker.

—Estoy bien. ¿Qué necesitás, papá?

Silencio. Hernán tenía un método: primero la dulzura, después la anécdota, después el pedido. Valentina acababa de saltarse las etapas, y Hernán no sabía improvisar.

—Nena, no me llames solo para pedirte cosas. Soy tu padre.

—Estoy bien. ¿Qué necesitás?

El sonido de un encendedor. Una inhalación larga.

—Tengo un problema, Vale. Un problema serio.

—¿De cuánto?

—Escuchame, nena, no es lo que pensás...

—¿De cuánto, papá?

La brutalidad era intencional. La compasión era el oxígeno que alimentaba las excusas de Hernán. Si cortaba el oxígeno, todo se reducía a un número.

—Trescientos mil.

Trescientos mil pesos. Casi exactamente lo que ganaría en un mes y medio de clases particulares. La diferencia entre llegar a la cifra del cuaderno negro en febrero o no llegar.

—No tengo esa plata, papá.

—Valentina, escuchame. —La voz de Hernán cambió. Bajó medio tono, se volvió más espesa, más urgente. El tono de un hombre que sabe que está a punto de perder la negociación y recurre a lo único que le queda: la amenaza disfrazada de confesión—. Le debo a gente seria. No son los de siempre. Son tipos de zona sur, del Dock. Me dieron hasta fin de mes. Si no pago, van a venir a buscarme, y si me buscan a mí, van a encontrar a tu abuela. ¿Entendés? Tu abuela vive sola en Chascomús. ¿Querés que esa gente vaya a golpearle la puerta?

El estómago se contrajo. Hernán usaba a Abuela Rosa como palanca. El amor de Valentina como herramienta.

—No metas a la abuela en esto.

—No la meto yo, nena. La meten ellos. Yo no controlo a esa gente.

—Vos generaste la deuda, papá. Vos los controlás pagándoles.

—¿Y con qué les pago? ¿Con aire? No tengo un peso, Valentina. Estoy viviendo en una pensión de Lanús. Me echaron del departamento. No como hace dos días. —La voz se quebró. O simuló quebrarse; con Hernán la diferencia era imperceptible—. Soy tu padre, nena. Sé que no fui el mejor, pero soy tu padre.

Opciones. Si le daba los trescientos mil, febrero se volvía imposible. Si no le daba nada, Hernán era capaz de aparecer en el departamento, y la información podía llegar a Camila. Camila archivaba todo.

Si le daba una parte, ganaba tiempo sin perder demasiado.

—Te puedo dar cien mil —dijo Valentina—. Ahora. En efectivo. Y es todo, papá. No me vuelvas a llamar por esto.

—Cien mil no alcanza, nena. Necesito...

—Cien mil o nada. Elegí.

El silencio de Hernán duró exactamente cuatro segundos. Valentina los contó. En esos cuatro segundos, escuchó el cálculo mental de un hombre que toda la vida había apostado y toda la vida había perdido: cien mil ahora o la posibilidad de más después. El jugador siempre quiere más. Pero el jugador acorralado agarra lo que puede.

—Está bien. ¿Dónde nos vemos?

—No nos vemos. Te mando la plata por Western Union. Mañana antes del mediodía.

—Dale. —Pausa—. Gracias, nena. Sabía que podía contar con vos.

Valentina cortó sin responder. Apoyó el iPhone boca abajo sobre la mesada, como si el teléfono fuera el portador de una enfermedad. Se quedó de pie en la cocina, con las manos apoyadas en el mármol y la vista fija en la canilla de acero inoxidable que goteaba con un ritmo lento, metálico, hipnótico.

Cien mil pesos. Cuatro semanas de clases particulares evaporadas antes de empezar.

---

Esa tarde, en el bar de Armenia y Costa Rica, Valentina llegó diez minutos antes de las cinco.

Valentina eligió la mesa del fondo. Se sentó de espaldas a la entrada: quería que Nicolás la viera a ella primero. Quería saber si la miraba con lástima.

—¿Vale?

La voz llegó desde atrás, seguida de una mano que se apoyó brevemente en su hombro. Valentina se dio vuelta.

Nicolás Heredia tenía treinta años, barba de tres días y unos anteojos redondos que antes no tenía. La sonrisa era la misma: lenta, genuina.

—Nico. —Valentina se levantó. El abrazo fue breve pero honesto—. Estás igual.

—Mentira. Estoy más viejo y más barbudo. —Se sentó frente a ella. La miró con atención, sin disimulo, pero sin la inspección clínica que Valentina temía—. Vos estás... distinta. No sé cómo explicarlo.

—Más flaca.

—No. Más... quieta. Como si algo se hubiera asentado.

Valentina no supo qué responder a eso. Pidieron café —cortado para ella, doble para él— y durante quince minutos hablaron de lo fácil: qué había sido de los compañeros del conservatorio, quién seguía bailando, quién se había dedicado a dar clases, quién había dejado la danza por completo. Nicolás tocaba el piano en un hotel de Barcelona y daba clases en un conservatorio de Gràcia. Estaba en Buenos Aires por dos semanas visitando a su madre.

—¿Y vos? —preguntó Nicolás, y la pregunta tenía la delicadeza de quien sabe que está entrando en un campo minado—. ¿Seguís bailando?

Valentina sostuvo la taza de café con las dos manos. La cerámica estaba tibia. Pensó en mentir. Pensó en decir "no" y cambiar de tema y mantener la conversación en la superficie segura de los recuerdos compartidos. Pero algo en la cara de Nicolás —la ausencia total de juicio, la curiosidad genuina de alguien que pregunta porque le importa la respuesta— la hizo decir la verdad.

—Sí. Distinto. Pero sí.

—¿Distinto cómo?

—La pierna no hace lo que hacía antes. Pero el resto sí. Y encontré una manera de... —buscó la palabra— compensar. De convertir lo que no funciona en algo que funcione de otra forma.

Nicolás asintió despacio. No dijo "qué bueno" ni "me alegro" ni ninguna de las frases que la gente dice cuando no sabe qué decir. Lo que dijo fue:

—En Barcelona hay un programa de danza contemporánea para artistas con trayectoria no convencional. Lo dirige una israelí que trabajó con Batsheva. Si alguna vez querés salir de Buenos Aires, te paso el contacto.

Valentina sintió algo aflojarse en el pecho. Fuera de este matrimonio, existía un mundo que la recordaba. Un mundo donde era una bailarina. Y los bailarines, como los pianistas, se reconocen entre sí.

—Gracias, Nico.

—No me agradezcas. Mandame un video cuando tengas uno.

Valentina sonrió. Ya tenía uno. Pero eso no se lo podía contar.

Se despidieron a las seis y media. Nicolás le dio un beso en la mejilla y dijo:

—No desaparezcas otra vez, Vale. No por mí. Por vos.

El iPhone vibró. Un mensaje de Hernán:

**Hernán**: *Gracias nena. Solo esta vez, te lo prometo. No te molesto más.*

*Solo esta vez.* Nunca era la última vez. Pero la próxima vez, ella iba a estar en otro continente, y la distancia tiene una ventaja que ningún argumento tiene: no se puede cruzar con una llamada de teléfono.

1
Juana Francisca López
yo tampoco la entiendo
Pany Rojas
esta muy tediosa la novela, la verdad, ya me aburrio.
Mari Cruz
🤔😲No entiendo esta novela de pana que no. 😏
Nadia Leonila Borjas Borjas
que largo el viaje para salir con el secuestro que malo
Nadia Leonila Borjas Borjas
la novela no es mala lo mala es la esperas de tanta fechas de viaje de separación de visa y ahora la espera para el viaje
lauritha
no sé supone que el padre es el apostador por el cual la secuestraron y pidieron el rescate? no entiendo. hay muchas inconsistencias en la historia
AnayAlexreyes Falcon
hola autora me gusto mucho tu historia de,casada con el señor montero, pero quiero preguntarte si tambien escribiste la historia de, herida por tu odio, ya que tienen mucha similitud, espero no molestarte, pero tengo curiosidad, felicidades escribes muy bien👏👏👏🥰🥰
Mari Cruz
😏Que aburrido esperando algo interesante y nada 🙄😏
Grciela Calanducci
ufffff.... qué pesada
Dosthy Muñoz
Maravilloso
Dosthy Muñoz
Autora eres una escritora con todas las letras he vivido y sentido está historia, no sé si algún día leas mi comentario, Pero te envidió no con una envidia fea y egoísta sino de la que se mezcla con admiración. Está historia merece sentir el papel. No sé si has logrado publicarla,.espero que si. Para que quienes no tienen acceso a medios digitales. Bendigo el talento que Dios ha puesto en tí.
Mari Cruz
😏Q aburrido 🤔yo sigo esperando algo nuevo y nada. 🙄
Mari Cruz
🤔Y ahora que biene 😏si Sebastián no ama a Valentina. Y tiene una Relación con la cuema de camilla 😡 Q quiere el de Valentina si la ignoro x 5Años. No entiendo deveras🤔😏
Mari Cruz
😡Ese Sebastián sos un perro 😏
Mari Cruz
X Dios yo Valentina le digo llevale te a camilla 🤣🤣🤣
Mari Cruz
😲
Mari Cruz
😏 Yo tenia las esperanzas de Q el Sebastián amara a Valentina 🤔Q clase de serie Ho no vela es esta 🤔 no entiendo esta drama 😏
Bianca Sand0
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣😉
Bianca Sand0
Espero leerlo con ansías 😉😌
Bianca Sand0
Desgraciada
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