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El magnate dormido despertó… y juró no soltarme

El magnate dormido despertó… y juró no soltarme

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Posesivo / Novia sustituta / Completas
Popularitas:307.4k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Dupi

Renata creció siendo "la hija recuperada" de una familia que solo la quería para pagar sus deudas. Cuando la constructora de los Beltrán se hunde, el trato es simple: una boda con los Vargas a cambio de un rescate millonario. La novia debía ser Camila, la consentida de la casa. Pero Camila huye… y empujan a Renata al altar de un hombre que ni siquiera puede decir "sí": Maximiliano Vargas, el empresario más temido de México, lleva meses en coma.

Renata acepta sin pelear. Tiene sus propias razones —y una herida que nadie conoce—. Lo que no imagina es que, bajo esa apariencia de hombre dormido, Max está despierto. La oye. La observa. Y por primera vez en su vida, alguien la ve de verdad.

Cuando Max abre los ojos, el imperio entero contiene la respiración esperando el divorcio. En cambio, el hombre al que llaman "témpano de hielo" la toma de la mano frente a todos y se niega a soltarla. Mientras tanto, Renata empieza a mostrar quién es en realidad: una cirujana brillante que esconde más de un nombre, más de un secreto y un pasado que la persigue desde un hotel, cinco años atrás.

Entre suegras venenosas, una falsa primera dama del corazón, traiciones de familia y dos niños que aparecen donde menos se espera, Renata tendrá que decidir si se atreve a creer en el único hombre que la eligió cuando nadie más lo hizo.

Porque algunos secretos no se entierran. Regresan. Y este tiene los ojos de Max.

¿Y si el hombre que la compró fuera también el que perdió con ella lo que más amaba?

NovelToon tiene autorización de Dupi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8: La cicatriz que no es accidente

El cambio de turno dejó el cuarto sin enfermero durante veinte minutos. Beto se fue a las cinco; la enfermera de relevo avisó que el tráfico en Periférico la tenía varada. Por primera vez desde que llegó a la mansión, Renata se quedó a solas con Max.

No desperdició el tiempo en sentimentalismos. Se lavó las manos, se acercó a la cama y empezó a hacer lo que haría con cualquier paciente. Le levantó un párpado con el pulgar y le revisó la pupila con la linterna del teléfono: reaccionaba. La otra: reaccionaba, un poco más lenta. Le buscó los reflejos en el tendón de la rodilla, le probó el tono muscular en el antebrazo cerrándole los dedos sobre la palma, le presionó la base de la uña y observó el rostro por si había una mueca. Le miró las plantas de los pies, la curva de la columna, las marcas casi borradas de una vía vieja en el dorso de la mano. Un cuerpo cuidado. Bien cuidado, incluso. Eso no cuadraba con un hombre al que su familia diera por perdido.

Después tomó la hoja de medicación que colgaba de los pies de la cama y la leyó dos veces.

Se detuvo en una línea. Volvió a leerla. El sedante. La dosis era alta. Demasiado alta para un paciente que, según los reportes oficiales, no necesitaba sedación porque "no había nada que sedar". A un cuerpo apagado no se le mantiene apagado con esos miligramos. A un cuerpo que empieza a despertar, sí.

Alguien estaba dosificando a Max como se dosifica a quien no se quiere que abra los ojos.

Renata no anotó eso en el expediente de la casa. Lo guardó en otra parte, en el lugar donde guardaba las cosas que todavía no sabía contra quién iban a servir.

Mientras seguía con la exploración, habló. En voz baja, pareja, sin ternura, en el tono con que dictaba notas. No era cariño. Había estudios —ella los había leído— que sugerían que el habla sostenida de una voz constante podía estimular respuesta en pacientes en emergencia de conciencia. Era protocolo.

—Tienes los reflejos mejores de lo que dicen tus reportes —murmuró, pasándole los dedos por la muñeca—. Bastante mejores. Y te tienen con una dosis que no necesitas. —Bajó aún más la voz, casi para sí misma—. Alguien en esta casa no quiere que despiertes, Maximiliano. Qué interesante.

Hizo una pausa. Le sostuvo la mano derecha, la abierta sobre la sábana, y sin pensarlo del todo giró la suya propia para que las dos quedaran lado a lado: la de él, grande, quieta; la de ella, con esa línea pálida cruzando el hueco del pulgar.

—La mía fue un accidente también —dijo, más bajo todavía. No se lo decía a él. Se lo decía al cuarto, a la cicatriz, a algo de hace mucho—. Eso es lo que pusieron en el papel, por lo menos. "Accidente". —Una sonrisa sin humor—. Los accidentes de los que nadie quiere hablar siempre son los más interesantes.

En algún lugar muy hondo, debajo de seis meses de oscuridad, hubo sonido. No palabras, no todavía. Solo una voz, baja y firme, que entraba donde no entraba nada desde hacía mucho, y un cuerpo que no obedecía empezó a querer girarse hacia ella sin lograrlo.

Renata soltó la mano, sacó el cuaderno y se puso a escribir de pie, junto a la cama.

Fue entonces cuando lo vio.

La mano derecha de Max tembló. Tres segundos. Pero no fue el temblor suelto y caótico de un espasmo; fue un temblor contenido, casi como el esfuerzo de cerrar algo que no termina de obedecer. Tres segundos y se detuvo.

Renata no levantó la cabeza de golpe. No abrió la boca. No llamó a nadie. Por fuera siguió escribiendo, la cara igual de quieta que siempre. Por dentro, registró el dato con la frialdad exacta de quien acaba de confirmar una hipótesis y sabe que el peor error sería celebrarla en voz alta. Anotó la hora. La duración. La cualidad del movimiento.

La puerta se abrió.

—¡Aquí estás! —Vale asomó la cabeza, con esa energía que parecía no apagarse nunca—. Te he buscado por toda la casa. Vámonos a cenar afuera, tú y yo, antes de que mi mamá organice otra "comida familiar" y nos quiera matar a las dos. Conozco un lugar de tacos increíble, nada de manteles largos. ¿Sí? Di que sí.

Renata cerró el cuaderno.

—Sí —dijo. Miró a Max una última vez, la mano otra vez quieta sobre la sábana como si nada hubiera pasado—. Vamos.

Salió con Vale sin decir una palabra de lo que acababa de ver.

—————

Cenaron tacos de pie en un puesto de la colonia, lejos de los manteles largos, y Vale habló por las dos —de la universidad, de un novio que su mamá no aprobaba, de lo aburrida que era la casa— y Renata la dejó hablar, agradecida de no tener que sostener ella la conversación.

Hasta que Vale, con la boca medio llena, dijo algo que sí le interesó.

—¿Sabes? No me cae mal que te hayas casado con mi hermano. —Le dio una mordida al taco—. Todos hablan de él como si ya estuviera muerto. Hasta mi mamá. Pero Max no era el ogro que dicen. Conmigo era… no sé. Me llevaba al colegio cuando el chofer no podía. Me defendía de mi mamá cuando me quería casar con el hijo de no sé quién. —Se encogió de hombros—. La gente le tenía miedo en los negocios, pero en la casa era el único que me escuchaba.

—¿Qué pasó la noche del accidente? —preguntó Renata, sin que sonara a interrogatorio.

Vale bajó el taco. Por primera vez en toda la cena se quedó callada un momento.

—Iba solo. En la México–Toluca, de noche, manejando él. Eso es lo raro: Max nunca manejaba de noche en carretera, siempre lo hacía Saúl, su chofer de confianza. Pero esa noche mandó a Saúl a su casa y se fue solo. —Tragó saliva—. Dicen que se durmió. Que se salió en una curva. Pero Max no se duerme manejando, Renata. Max no se duerme nunca. —Forzó una sonrisa para tapar lo que había dicho—. En fin. Cosas que una piensa de más, ¿no? Cómete el otro taco antes de que se enfríe.

Renata se comió el otro taco. Pero archivó cada palabra. La dosis de sedante. El chofer mandado a casa. Un hombre que no se dormía nunca, dormido para siempre en una curva. Eran tres piezas y ya empezaban a tener una forma que no le gustaba.

Ya de noche, en el jardín de la mansión, antes de subir, Renata sacó el teléfono para pedir la cuenta de algo y vio la notificación en la pantalla de bloqueo.

Un mensaje de Julián.

No lo abrió. No hizo falta. La vista previa lo decía casi entero:

"Necesito hablar contigo. Es importante. Sobre lo de hace cinco años."

Renata se quedó mirando esas palabras en la oscuridad del jardín. Lo de hace cinco años. Las únicas cinco palabras del mundo que podían atravesarle la calma.

Cerró la notificación sin abrir el chat. Guardó el teléfono en el bolsillo.

La pantalla, sola, siguió encendida dos segundos más contra la tela oscura antes de apagarse.

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Beatriz Juárez
una duda no ya conocía al tío de Maximiliano e incluso escucho una conversación respecto a la salud de Max e incluso la mando a amenazar con pasarle algo a la mamá de ella
gabriela
excelente
Beatriz Juárez
hasta el momento lo que eh leído muy interesante, espero siga así el resto de la novela
mildred rivas
lo sospechaba no era casualidad
Maria Cerdán
Es de Max Renata.. te está protegiendo, ya te aceptó como su esposa..ja,ja
Maria Cerdán
Se va poniendo interesante.. le quitaron a sus bebés?
Liliana janeth reveles riojas
aaaaaaaaaaaaaaaa que emoción
Hilda Estrada
cuánta maldad
ana paez
lo mismo pregunto
ana cecilia mendoza
mercantil siempre contigo 🤣🤣🤣🤣😅❤️
Visitor3894
Muy buen libro .Hasta el momento diría casi excelente .
Ojalá siga así .
últimamente los libros repiten las historias ,solo cambian los nombres de los personajes.
Este es distinto.Excelente trabajo del autor .
ana cecilia mendoza
voy a llorar y al mismo tiempo me estrese 😭😭😭😭😭
Nely Morales Cruz
Yo tengo la duda de si Ernesto es el padre porqué ahora dice que su papá está muerto
Nely Morales Cruz
Ese niño debe de ser de Renata y será que el padre es maximiliano y el tampoco sabe
Carely Prieto
ya se siente el despertar 👏
audelina barra guzman
uuuuf yo tampoco me equivoqué wau esto de leer tantas historias voy aprendiendo hacer detective jajaja
Nely Morales Cruz
Tengo muchas dudas espero que en el transcurso de la novela pueda aclararme
audelina barra guzman
parece que también se le olvidó el ADN el ir a buscar a la niña gemela 🤔🤔🤔🤔😔😔😔😔😔
audelina barra guzman
me quedan muchos capitulos todavía esperando que arregles está trama
audelina barra guzman
se me perdió Vale la hermana de Max el tío que estaba haciendo daño la abuela el papá de Max que PASO Autora si es que tú escribes esto o lo copiaste mal 😱😱😱😱 hay algo que no cuadra 😱😱😱😱
mildred rivas: si no cuadra porque aquí dice que no tuvo niña y vale que es
total 2 replies
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