Mateo Rinaldi es el titán tecnológico: frío, metódico y controlador, con un secreto que desentona con su fachada de piedra: unos celos posesivos e invisibles que lo consumen cada vez que alguien osa mirar de más a su esposa.
Valeria Cienfuegos es la reina de la moda y los bienes raíces: brillante, desinhibida y dueña de un humor ácido capaz de dinamitar la seriedad de Mateo en segundos.
Con dos décadas de matrimonio, tres hijos caóticos y las dos empresas más poderosas del país sobre sus hombros, su vida es una guerra constante entre las altas finanzas y la convivencia indomable. Cuando las presiones del mercado amenacen con destruirlos, descubrirán que tras veinte años de rivalidad y pasión, los polos opuestos no solo se atraen: se vuelven indispensables.
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EL SECUESTRO EXPRESS ALA ISLA DESIERTA.
La amenaza de Mateo Rinaldi no había sido una simple bravuconada corporativa. Menos de veinticuatro horas después del incidente con el pálido cirujano, la vida de los Rinaldi-Cienfuegos dio un giro logístico totalmente inesperado.
Eran las seis de la mañana del jueves cuando Valeria abrió los ojos en la suite principal y notó dos detalles alarmantes: la cama estaba vacía a su lado, y el sonido de la lluvia había sido reemplazado por el inconfundible zumbido de turbinas de aviación privada.
Se incorporó sobresaltada, envuelta en las sábanas de seda, y caminó a zancadas rápidas hacia el ventanal. Para su absoluta sorpresa, el jet privado de la compañía —un coloso aerodinámico con las iniciales R-C grabadas en el fuselaje— estaba estacionado en la pista privada de la mansión, con las escalerillas desplegadas y los motores rugiendo en espera.
La puerta de la habitación se abrió de golpe en ese preciso instante. Mateo entró cargando dos maletas de mano con la naturalidad de quien acaba de cerrar el negocio más importante de su vida. Vestía ropa casual de lino —algo que no usaba desde las vacaciones en el Mediterráneo de hacía cinco años— y llevaba una taza de café humeante en la mano.
—Buenos días, mi amor —saludó Mateo con una tranquilidad exasperante, depositando las maletas al pie de la cama y ofreciéndole la taza a su esposa—. Tienes exactamente diez minutos para cambiarte de ropa. El plan de rescate a la isla desierta acaba de entrar en fase de ejecución inmediata.
Valeria parpadeó varias veces, procesando la escena con una mezcla de incredulidad y una chispa de malicia absoluta en los ojos. Se cruzó de brazos, tomando el café con una mano mientras lo miraba de arriba abajo con una ceja alzada.
—¿Te has vuelto
completamente loco, Mateo Rinaldi? —exclamó ella soltando una carcajada incrédula—. ¿Secuestrar a tu propia esposa un jueves por la mañana? ¿Qué hay de la junta directiva de las diez? ¿Qué hay de la auditoría de los proyectos de ingeniería de Alejandro? ¡La bolsa de valores va a colapsar en cuanto descubran que el CEO desapareció por un capricho romántico de última hora!
Mateo se acercó a ella con pasos firmes, le quitó la taza de las manos con delicadeza y la atrajo de la cintura, pegándola a su pecho con una posesividad feroz y magnética.
—Que la bolsa colapse, que Alejandro aprenda a lidiar con los ingenieros y que la junta directiva espere hasta el fin de los tiempos, Valeria —murmuró Mateo con su voz más grave, rozando sus labios con un toque hambriento y deliberado—. Ayer amenazaste con burlarte de mi supuesto lado de "oso cariñoso" frente a toda la familia. Así que he decidido ejercer mi derecho corporativo a la privacidad absoluta... a ocho mil kilómetros de distancia de cualquier yerno, de cualquier reportero financiero y de cualquier chiste sobre mis arrugas.
Valeria exhaló un suspiro trémulo, sintiendo ese calor familiar recorrerle todo el cuerpo a pesar de los años de matrimonio. Una sonrisa insolente y deslumbrante se dibujó en su rostro.
—¿A ocho mil kilómetros, dices? —susurró ella, enredando los dedos en el cabello plateado de su esposo y tirando de él con fuerza—. Más te vale que el avión tenga asientos reclinables, magnate, porque si vas a secuestrarme, vas a tener que trabajar muy duro para demostrarme que el CEO de este matrimonio sigue mandando en alta mar.
Mateo soltó un gruñido gutural, atrapando su boca en un beso profundo y voraz que selló el destino del imperio por los próximos días, demostrando una vez más que, por muchos años que pasaran, el caos y la pasión de los Rinaldi-Cienfuegos seguían operando en números completamente inalcanzables para el resto del mundo.
pensé que iba hacer una novela aburrida, Pero me callo la boca Escritora🫥...
Buena redacción.
Buenas ortografía.
Buen balance.
50 y 50 de cada uno.
mismo poder, mismo liderazgo y mismo Lealtismo..
10/10.
es como el vino, estre más viejo, más bueno sabe.