Keile es el hijo de un estricto general toda su vida fue criado entre régimen reglas y perfección su ojos verdes siempre alerta siempre fríos y distante no omite errores si piel blanca y su cabello dorado no van encanja dentro de los estándares de soldado para el que fue creado a sus 24 años no conoce el amor lo concidera un distracción de lo que realmente importa sengu el.
Su nemesis Brayan hijo del más temido mafioso fue criado de forma muy distinta sin reglas sin estándares
Lejos de la perfección extrema y rodeado no solo de lujos también de amor de pies impecable ojos grises y complexión musculosa a sus 25 años es listo escurridizo estratégico su mente es analítica cuando debe
ambos comienza una rivalidad desde el jardín de infancia cuando Brayan derramó sin queres sobre la mochila de Keile un juego de uva desde entonces Keile lo a visto como un ejecutivo pero mientras el va enserio en querer hundirlo Brayan se divierte viendolo intentar y fracasar tomado todo como un juego
NovelToon tiene autorización de feliannys Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Espacio reducido
Keile
La lluvia comenzó como un susurro y terminó convirtiéndose en una cortina densa sobre la entrada del Grand Majestic. Mi unidad de transporte estaba bloqueada a diez kilómetros por una protesta civil; un fallo de planificación que me hizo apretar los puños. Me quedé allí, bajo el dintel de mármol, sintiendo cómo el frío calaba mi uniforme de gala.
Entonces, la vi. Una camioneta negra, robusta, con cristales tintados y una presencia que gritaba peligro, se detuvo frente a mí. La ventanilla del copiloto bajó con un zumbido eléctrico.
—Parece que el gran Alfa se ha quedado sin carruaje —la voz de Brayan, cargada de una diversión insoportable, cortó el sonido de la lluvia.
—Puedo esperar —respondí, sin siquiera mirarlo. El aroma a bosque y lluvia que emanaba de su vehículo se mezclaba con la tormenta real, creando una atmósfera que me asfixiaba—. Mi transporte llegará en cualquier momento.
—Tu transporte no llegará en media hora, Soldadito. Sube. No voy a dejar que se te arruine ese traje tan... "impecable".
Dudé. Cada instinto en mi cuerpo me decía que subirme a ese coche era ceder terreno, pero el recuerdo de esa Omega colgada de su cuello seguía ardiendo en mi pecho como un ácido. Quería estar lejos de él, pero a la vez, la curiosidad de verlo en su entorno me ganaba.
Abrí la puerta y subí. El interior de la camioneta era un santuario de cuero y tecnología, pero lo que me golpeó fue la intensidad de sus feromonas en un espacio tan cerrado.
—Cinturón de seguridad, Keile. No queremos que rompas ninguna regla hoy —bromeó, arrancando el motor.
Me mantuve rígido, pegado a la puerta, mirando fijamente hacia el frente mientras las luces de la ciudad pasaban como manchas borrosas. El silencio era tenso, cargado de todo lo que no nos habíamos dicho en el salón.
—¿Te divirtiste con tu "amiga"? —la pregunta salió de mi boca antes de que pudiera filtrarla. Mi voz sonó más rancia y amarga de lo que pretendía.
Brayan soltó una risita suave, una que me hizo girar la cabeza para verlo. Tenía una mano en el volante y la otra apoyada en la palanca de cambios, relajado, como si estuviéramos en un paseo dominical y no en un nido de tensión.
—¿"Amiga"? Ah, te refieres a la chica del vestido dorado —dijo, lanzándome una mirada de soslayo que me hizo sentir desnudo—. ¿Por qué? ¿Acaso al Alfa le molestó que no fuera él quien recibiera ese abrazo?
—No me molestó nada —mentí, sintiendo cómo mis propias feromonas de Alfa empezaban a reaccionar, volviéndose pesadas y defensivas—. Simplemente me parece que tu falta de profesionalismo es... consistente con tu carácter.
—Mientes fatal, Keile —su tono bajó, volviéndose más profundo mientras se detenía en un semáforo rojo. Se inclinó hacia mi espacio, y el aroma a tierra mojada me rodeó por completo, haciéndome sentir que el riachuelo del que hablaba antes estaba a punto de desbordarse—. Estás celoso. Y lo peor es que ni siquiera sabes por qué, porque tu manual no tiene un capítulo que explique por qué te mueres de ganas de echar a todo el mundo de mi lado.
Me pegué más al asiento, con el corazón martilleando contra mis costillas. Estábamos demasiado cerca. El aire en la cabina era puro instinto, y por primera vez, no tenía una pantalla o un arma para protegerme de él
equipo de adorno
Estoy muy agradecido con esta obra, la disfruté demasiado, muchas gracias.