Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos
NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7: Celos que no deberían existir
Sebastián
Terminé de cantar cerca de las tres de la madrugada y regresé directamente al hotel junto a Isabella. Al día siguiente tenía que viajar temprano a otra ciudad para otra presentación.
Cuando llegamos a la habitación, Isabella fue al baño para cambiarse y prepararse para dormir. Aproveché para revisar mi celular.
Lo primero que apareció fueron los estados de Darly.
Había varias fotografías y videos.
Fruncí el ceño al reconocer el lugar.
—Estaba en el concierto de ese cantante —murmuré.
Seguí observando.
En algunos videos aparecía cantando y bailando con sus amigos. Se veía feliz, relajada y hermosa.
Demasiado hermosa.
Entonces aparecieron unas fotografías donde estaba abrazando al cantante.
Mi mandíbula se tensó.
Pasé a otro video.
Ya no estaban en el concierto.
Parecía una reunión privada en una casa.
Había confianza entre ellos.
Mucha confianza.
Y por alguna razón aquello me molestó más de lo que debería.
Sentí una punzada de celos que me tomó por sorpresa.
No podía evitar imaginarlo cerca de ella.
Hablándole.
Abrazándola.
Haciéndola reír.
Y eso me enfurecía.
Tomé el celular dispuesto a escribirle.
Necesitaba saber quién era ese hombre para ella.
Pero justo en ese momento Isabella salió del baño.
Guardé el teléfono inmediatamente.
—Mi amor, me has hecho tanta falta —dijo acercándose para besarme.
Sin pensarlo demasiado giré el rostro.
Ella me observó confundida.
—¿Qué pasa?
—Nada, amor. Estoy muy cansado.
Le di un beso en la frente.
—Mañana tenemos que madrugar.
Me acomodé en la cama dándole la espalda.
Pero la verdad era otra.
No tenía sueño.
Lo único que quería era hablar con Darly.
Preguntarle quién era ese hombre.
Por qué estaban tan cerca.
Por qué me molestaba tanto verlo junto a ella.
Y esa pregunta fue la que más me inquietó.
¿Por qué me importaba tanto?
Después de varias horas finalmente me quedé dormido.
A la mañana siguiente desperté cerca de las nueve.
Nos arreglamos y salimos rumbo a la siguiente ciudad.
Durante el viaje Isabella se quedó dormida.
Yo aproveché para revisar nuevamente las redes sociales.
Y entonces encontré otra fotografía.
Era una foto grupal.
Pero Darly aparecía al lado del cantante.
Sonriendo.
Muy cerca de él.
Respiré profundamente.
Intentando controlar una molestia que ni siquiera tenía derecho a sentir.
Porque ella era libre.
Y yo también tenía una vida construida con Isabella.
Sin embargo, una idea comenzó a tomar forma en mi cabeza.
Esta semana viajaría a Bucaramanga.
Y la vería.
Necesitaba verla.
Darly
Me desperté cerca de las once de la mañana.
La fiesta había terminado tarde y todos seguíamos algo cansados.
Como la casa donde nos hospedábamos tenía piscina, decidimos aprovechar el día antes de regresar a Bucaramanga.
Mía y yo nos colocamos nuestros vestidos de baño y salimos al área social.
El cantante de vallenato ya se había marchado porque tenía otro compromiso.
Pasamos la mañana tomando el sol, conversando y disfrutando de la piscina.
Tomé una fotografía y la subí a mis estados.

Después revisé quiénes habían visto mis publicaciones.
Noté que Santiago había visto todas.
Pero no reaccionó a ninguna.
Eso me sorprendió.
Normalmente al menos enviaba un corazón o algún comentario.
Luego entré a sus estados.
Había videos de sus presentaciones.
En uno de ellos aparecía etiquetada su prometida.
Sentí una pequeña decepción.
Nada grave.
Pero ahí estaba.
—Claro, Darly —me dije a mí misma—. Ella es su prometida. ¿Qué esperabas?
Sacudí la cabeza.
No tenía sentido hacerme ilusiones.
Santiago era un hombre comprometido.
Y yo no era nadie en su vida.
Decidí dejar de pensar en eso y disfrutar el resto del día.
Al caer la tarde nos arreglamos para regresar a la ciudad.
Al día siguiente el trabajo me esperaba nuevamente.
Y necesitaba descansar.
Sebastián
Esa noche llegamos a otra ciudad para una nueva presentación.
Mientras esperaba en el camerino revisé nuevamente el celular.
Entonces apareció aquella fotografía en vestido de baño.
Mi corazón dio un vuelco.
Era increíble el efecto que esa mujer tenía sobre mí.
No reaccioné a la publicación.
No porque no quisiera.
Sino porque Isabella estaba conmigo y no quería levantar sospechas.
Tampoco me atreví a escribirle.
Me limité a observar la pantalla.
Como un adolescente enamorado.
Después entré a TikTok.
Había subido nuevos videos.
Bailando con Mía y con Andrés.
Sonriendo.
Divirtiéndose.
Y yo seguía ahí.
Mirándola una y otra vez.
—¿Qué me está pasando? —me pregunté.
Porque por más que intentaba negarlo, cada día pensaba más en ella.
Y eso comenzaba a preocuparme.
En ese momento Isabella entró al camerino.
Guardé el celular inmediatamente.
Ella sonrió y se sentó a mi lado.
Yo intenté concentrarme en la conversación.
Pero una parte de mí seguía pensando en Darly.
Terminó el concierto.
Esa misma noche viajamos de regreso a Medellín.
Llegamos a casa casi al amanecer.
Completamente agotados.
Pasé todo el lunes durmiendo.
Necesitaba recuperarme después de varias semanas sin descanso.
Isabella
Había algo extraño en Santiago.
Lo conocía demasiado bien para no notarlo.
Durante años había sido atento, cariñoso y cercano.
Pero últimamente estaba distante.
Distraído.
Pensativo.
Incluso me había rechazado en varias ocasiones.
Algo que jamás había ocurrido entre nosotros.
Aproveché que estaba dormido para llamar a mi mejor amiga.
—No sé qué le pasa —le confesé.
—¿Por qué dices eso?
—Está raro. Distante. Como si tuviera la cabeza en otra parte.
—Isa, tranquila.
—No puedo evitar preocuparme.
—Piensa en todo lo que ha trabajado estas últimas semanas. Está agotado.
Suspiré.
—Tal vez tengas razón.
—Claro que la tengo. Ese hombre te adora.
Sonreí.
Quería creer que era verdad.
Y quizá lo era.
Pero algo dentro de mí seguía diciéndome que algo estaba cambiando.
Sebastián
Ya era martes.
El lunes prácticamente me lo había pasado durmiendo.
Esa noche Isabella volvió a buscar un momento para nosotros.
Y nuevamente me sentí distante.
No entendía qué me estaba ocurriendo.
Ni por qué cada vez que cerraba los ojos terminaba pensando en Darly.
Esa mañana hablé con Carlos.
Le pedí un favor.
—Necesito viajar a Bucaramanga.
—¿Por negocios o por Darly?
—Por ambas cosas.
Carlos soltó una carcajada.
—Claro.
Finalmente aceptó ayudarme.
Organizó una supuesta reunión relacionada con algunos conciertos futuros.
Lo suficientemente creíble para que Isabella no sospechara.
Por la tarde me llamó.
—Todo listo. Viajas mañana.
Sonreí.
—Perfecto.
—Y también conseguí la cita.
—¿Cuál cita?
—La limpieza facial y los masajes con Darly.
—¿Lo lograste?
—A duras penas. No había cupo.
—Eres un genio.
—No. Solo espero que no termines metido en un problema.
Colgué sintiendo una emoción que hacía mucho tiempo no experimentaba.
Mañana volvería a verla.
Darly
El martes fue un día normal de trabajo.
Atendí pacientes desde muy temprano.
Y por primera vez en varios días no supe absolutamente nada de Santiago.
Ni mensajes.
Ni llamadas.
Ni reacciones.
Nada.
Y quizá era mejor así.
Él era un hombre prohibido para mí.
Cuando terminé mi jornada fui al gimnasio.
Después regresé a casa.
Me di una ducha, cené algo ligero y me puse una pijama nueva que una empresa de Bucaramanga me había enviado como obsequio.

Tomé una fotografía y la publiqué en mis redes sociales.
Luego dejé el celular a un lado.
Al día siguiente tendría muchísimo trabajo.
Y necesitaba descansar.
Sin saber que mientras yo me preparaba para dormir, alguien ya estaba planeando un viaje para volver a verme.
Y que ese encuentro cambiaría muchas cosas.