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La Bailarina Rota

La Bailarina Rota

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Mujer poderosa / Romance / Completas
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SherlyBlanco

Sinopsis
"La Bailarina Rota" es un drama romántico de superación y redención escrito por Sherly Blanco. La historia sigue a Emmeline, la máxima promesa del ballet clásico, cuya brillante carrera se trunca trágicamente una noche en la playa tras sufrir una grave lesión en la pierna al salvar a un joven llamado Felipe de morir ahogado.
Conmovido por su sacrificio y deslumbrado por su belleza, Felipe se casa con ella y promete cuidarla. Sin embargo, a los pocos meses el idilio se rompe: él empieza a distanciarse y Emmeline termina descubriéndolo burlándose de sus cicatrices ante sus amigos, mientras trata con extrema delicadeza a otra mujer. Tras enfrentarlo con dignidad, Emmeline lo abandona para reconstruir su vida desde las cenizas, encontrando un nuevo propósito como maestra de ballet para ayudar a otras jóvenes a cumplir sus sueños, mientras un arrepentido Felipe la busca desesperadamente.

NovelToon tiene autorización de SherlyBlanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Las Sombras del Espejo y los Ecos del Pasado

​El silencio dentro de la residencia de la familia de Felipe se había vuelto un elemento físico, una densidad que Emmeline podía cortar con la punta de su bastón de apoyo. A sus recién cumplidos veinte años, la joven bailarina descubría que el espacio que antes ocupaban los aplausos, la música y el calor de la dinastía Fontane ahora estaba cubierto por paredes de un blanco gélido y un vacío que calaba hondo en sus huesos. La mañana avanzaba perezosa, envuelta en esa monotonía plomiza de la que Emmeline no lograba escapar desde que se mudara tras su precipitada boda civil. El orgullo, ese mismo orgullo aristocrático que la había llevado a plantarse frente a sus padres Ernesto y Melina para defender su derecho a ser feliz, era ahora la cárcel que la mantenía callada, impidiéndole levantar el teléfono para admitir que la prisa había sido su peor consejera.

​El sonido de una notificación rompió la quietud del salón principal. Emmeline, que se encontraba sentada cerca del ventanal que daba a la avenida colonial, tomó el teléfono con desgano. Al encender la pantalla, la frialdad de la casa pareció disiparse por un instante. Ante sus ojos apareció una delicada tarjeta digital, diseñada con una exquisitez que delataba el sello de su creadora: motivos florales sutiles, detalles en acuarela y pequeñas mariposas en tonos pasteles que parecían revolotear alrededor de las letras. Era la invitación formal para la fiesta de revelación de género del bebé de Juliana y Andrés. Al final del mensaje, rompiendo la formalidad del diseño, Juliana había escrito unas líneas de su propio puño y letra virtual: “Sé que las cosas han estado distantes entre nosotras, Emme, y que nos despedimos con palabras muy duras en aquel café. Pero eres mi hermana de vida, la persona con la que compartí el sudor de la barra y los sueños del escenario. Andrés y yo queremos que estés ahí. No nos faltes”.

​Ver el diseño y leer las palabras de Juli provocó un vuelco violento en el estómago de Emmeline. Una oleada de nostalgia pura la asaltó, trayendo consigo el recuerdo del ruidoso comedor de su casa, las atenciones minuciosas de su madre Melina al cepillarle el cabello, los masajes protectores de su padre Ernesto en su pie sano y el constante e insufrible bombardeo de mensajes en el grupo de WhatsApp de sus hermanos trillizos. Deseaba con cada fibra de su ser asistir a ese jardín, abrazar a su amiga, pedirle disculpas por su ceguera y celebrar el milagro de esa nueva vida que crecía en medio de la tormenta. Sin embargo, al alzar la vista y cruzarse con el reflejo de su propia rodilla inmovilizada en el gran espejo de la sala, la realidad de su matrimonio volvió a descender sobre ella como una losa de concreto. ¿Cómo iba a presentarse ante su familia y ante Juliana cuando su vida con Felipe se estaba desmoronando en la intimidad?

​La dolorosa distancia que Felipe había interpuesto entre ambos no era, como él se empeñaba en repetir cada noche con el rostro adusto, una simple consecuencia del agotamiento laboral o de las exigencias logísticas de la constructora familiar. La verdad era muchísimo más compleja y ruin, una estructura de frialdad que Emmeline había comenzado a descubrir paso a paso, hilando cabos sueltos que terminaron por romperle el corazón. Debido al vertiginoso crecimiento de la firma constructora tras la obtención de un par de licitaciones públicas, Felipe había anunciado la necesidad de contratar a una asistente ejecutiva de absoluta confianza, alguien capaz de manejar su agenda personal y la coordinación de las obras sin margen de error. La elegida para el puesto no había sido una profesional anónima del mercado laboral, sino una figura del pasado de Felipe: su exnovia de la juventud.

​Emmeline recordaba perfectamente la noche en que Felipe se lo comunicó, usando ese tono casual y desprovisto de culpa que utilizaba para los negocios. Le había asegurado que la relación sentimental con aquella mujer había quedado sepultada muchos años atrás, que tras la ruptura se habían transformado en mejores amigos y que ella era una pieza fundamental dentro de su círculo íntimo de amistades, ese grupo cerrado al que Emmeline jamás había sido invitada formalmente. En su momento, cegada por el agradecimiento del rescate en el lago y la urgencia de su amor de veinte años, Emmeline había aceptado la decisión sin chistar, confiando ciegamente en el hombre que le sostenía la mano en el hospital.

​Sin embargo, el transcurrir de las semanas en la oficina de la constructora destapó un contraste en el trato de Felipe que se convirtió en una herida abierta y purulenta para la joven Fontane. En la inmensidad de la casa matrimonial, Felipe se comportaba como un extraño incómodo. Evitaba cualquier contacto físico que fuera más allá de un saludo de cortesía, respondía con monosílabos durante las cenas silenciosas y no ocultaba su fastidio o su aburrimiento cuando Emmeline intentaba compartir con él los pequeños logros de su terapia física, quejándose sutilmente del tiempo y el dinero que requería la rehabilitación de esa rodilla que, según los médicos, jamás volvería a tener la potencia de antes. Para él, Emmeline parecía haberse convertido en un recordatorio viviente de un accidente trágico, una carga silenciosa que ya no encajaba con el dinamismo de sus veintinueve años y su vida completamente hecha.

​En cambio, la dinámica que Felipe mantenía con su exnovia y ahora asistente ejecutiva era un espejo distorsionado que llenaba a Emmeline de una profunda amargura. En las pocas ocasiones en que la bailarina había asistido a las oficinas de la empresa para firmar documentos o almorzar con su esposo, había sido testigo de una realidad intolerable. En presencia de su asistente, Felipe se transformaba por completo; la apatía desaparecía de sus ojos y recuperaba esa risa franca y sonora que Emmeline no escuchaba en casa desde hacía semanas. Con ella, Felipe era un hombre sumamente delicado, atento a la menor de sus necesidades, protector ante el estrés del trabajo y poseedor de una caballerosidad desbordante y minuciosa. La escuchaba con una devoción absoluta, celebraba sus opiniones logísticas y compartía con ella miradas de complicidad nacidas de un pasado común que Emmeline no podía borrar.

​Esa misma tarde, mientras contemplaba la tarjeta rosa y azul de la revelación de género, el sonido de las llaves en la cerradura anunció el regreso temprano de Felipe. Emmeline se enderezó en el sofá, ocultando el teléfono tras su regazo. Felipe entró al salón arrastrando el maletín de cuero, con la corbata ligeramente floja y el ceño fruncido. Ni siquiera se acercó a besarla; se limitó a lanzar una mirada rápida hacia el bastón de apoyo que descansaba contra el mueble.

​—Nos invitaron a la revelación de género de la bebé de Juliana y Andrés —dijo Emmeline, forzando una voz tranquila, buscando una rendija de conexión en medio del hielo—. Es este fin de semana en el jardín de mis padres. Me gustaría mucho que fuéramos, Felipe. Juli me escribió personalmente.

​Felipe soltó un suspiro de fastidio, arrojando el maletín sobre la mesa del recibidor con un golpe seco que resonó en todo el espacio.

​—Emmeline, sabes perfectamente el nivel de trabajo que tengo en la constructora con las nuevas obras —respondió él, con una voz cortante que no admitía réplicas—. Pasar el domingo entero metido en el jardín de tus padres, soportando los comentarios de tus hermanos y las indirectas de don Ernesto sobre nuestra boda no es precisamente mi definición de un descanso necesario. Además, la relación con tu amiga Juliana quedó muy tensa tras lo que te dijo de mí. No entiendo tu insistencia en volver a ese círculo.

​—Es mi familia, Felipe —replicó Emmeline, sintiendo que las lágrimas amenazaban con traicionarla, pero manteniéndose firme en el sofá—. Y Juliana es mi mejor amiga. No puedo desaparecer de sus vidas solo porque las cosas entre nosotros... porque estamos ocupados. Te pido que vayas conmigo. Solo te pido eso.

​Felipe la miró durante unos segundos en silencio. En su mirada no había el odio directo, sino algo mucho peor para el alma de la joven: una condescendencia fría, una paciencia forzada que demostraba que la consideraba una molestia a la que debía complacer por pura obligación moral.

​—Está bien, Emmeline. Iremos —sentenció, dándose la vuelta para dirigirse a su despacho sin mirar atrás—. Pero no me pidas que finja una alegría que no tengo. Cumpliré con el compromiso familiar y ya está. Tengo llamadas que hacer con la oficina antes de la cena.

​La puerta del despacho se cerró, dejando a Emmeline sola una vez más en la penumbra del gran salón. El silencio regresó a ocupar su lugar entre los muebles finos y las alfombras caras. Aislada en esa inmensa casa, a sus veinte años y con el peso de un anillo de matrimonio que comenzaba a sentirse como una cadena de hierro, la menor de los Fontane apretó la invitación de mariposas contra su pecho. Las advertencias de Juliana, aquellas palabras desesperadas pronunciadas en el café que ella había rechazado con tanta soberbia, resonaban ahora en su mente con la precisión de un veredicto implacable. Felipe le estaba haciendo daño a través de la indiferencia y el desprecio silencioso, consumiéndole el espacio y la alegría de su juventud, mientras ella se hundía en el abismo de una soledad que no se atrevía a confesarle a nadie. El lienzo de las apariencias estaba listo, y el fin de semana se presentaba como el escenario donde tendría que interpretar, con el bastón en la mano y el corazón roto, la función más difícil y falsa de toda su vida.

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Isabel Martín
Una bonita historia, felicidades autora 🤗👏👏👏👏
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
hermosa historia ,, vale la pena detenerse a leer porque es muy buena , felicidades autora 🎁💝🤗
Sherly 💜: me alegra que te esté gustando querida 😌,🫂
total 1 replies
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