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Matrimonio Por Apuesta

Matrimonio Por Apuesta

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Romance / Completas
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Fabián de Castro es un hombre poderoso y respetado en su ciudad. Es frío y poco sociable, dueño de un casino muy visitado por toda clase de persona. También es uno de los solteros más deseado. En una deuda de juego su pago es Débora, quien acababa de recibir su título de profesora y estaba orgullosa de haber logrado su sueño. Al llegar a su casa, se entera entre otras cosas, que la pequeña herencia que sus padres pudieron dejarles al morir, su hermano mayor la había acabado en juegos, mujeres y alcohol. Fabián sintió que si él no se hacía cargo, el hermano la vendería a otro hombre y no sé comportaría igual, así que termina por aceptar. Entre ellos comienza una rivalidad que oculta los sentimientos reales que comienzan a surgir con cada gesto cariñoso y detallista que se hacen al descuido.

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20: LA PIEZA QUE FALTABA

Fabián de Castro jamás había conocido el verdadero miedo.

Había enfrentado amenazas.

Había sobrevivido a traiciones.

Había construido un imperio en un mundo donde la debilidad se pagaba caro.

Durante años había aprendido a controlar cada emoción, cada reacción y cada pensamiento.

Pero aquella noche...

Aquella maldita noche...

Descubrió que existía un miedo peor que la muerte.

El miedo a perder a la persona que amaba.

La habitación de Débora estaba vacía.

Las cortinas se agitaban con el viento que entraba por el balcón abierto.

Y sobre la cama descansaba aquella nota.

"Te advertí que lo perderías todo."

Fabián leyó aquellas palabras una y otra vez.

No porque no las entendiera.

Sino porque se negaba a aceptarlas.

Su respiración se volvió pesada.

Irregular.

Violenta.

Por primera vez en muchos años sintió que el control se le escapaba de las manos.

Y eso lo aterró.

Porque Débora estaba sola.

Y Valeria era capaz de cualquier cosa.

—Encuéntrenla.

Su voz salió tan baja que nadie la escuchó.

Luego levantó la cabeza.

—¡ENCUÉNTRENLA!

El grito resonó por toda la mansión.

Los guardias se pusieron en movimiento inmediatamente.

Teléfonos.

Radios.

Vehículos.

Órdenes.

Todo ocurrió al mismo tiempo.

Pero para Fabián nada parecía suficientemente rápido.

Nada parecía suficiente.

Porque mientras ellos buscaban pistas...

Débora estaba en manos de una mujer consumida por el odio.

Y él sabía mejor que nadie hasta dónde podía llegar alguien movido por la venganza.

A kilómetros de distancia, Débora abrió lentamente los ojos.

La cabeza le dolía.

La garganta estaba seca.

Y por unos segundos no entendió dónde estaba.

La habitación era enorme.

Los muebles antiguos.

Las paredes cubiertas por el paso de los años.

Todo parecía detenido en el tiempo.

Intentó levantarse.

La puerta estaba cerrada.

Las ventanas protegidas por gruesos barrotes decorativos.

No era una prisión.

Pero tampoco era libertad.

Entonces escuchó una voz.

—Ya era hora.

Débora giró la cabeza.

Y allí estaba ella.

Valeria Montenegro.

Sentada cerca de una ventana.

Observándola.

Esperándola.

Como una araña paciente.

—¿Por qué haces esto? —preguntó Débora.

Valeria sonrió.

Pero era una sonrisa triste.

Extraña.

Vacía.

—Porque algunas heridas nunca cicatrizan.

Débora la observó con atención.

Por primera vez desde que la conoció no vio a una enemiga.

Vio a una mujer rota.

Destrozada por dentro.

Y eso la hizo más peligrosa.

—Esto no te devolverá nada.

La sonrisa de Valeria desapareció.

—No.

—Entonces detente.

Valeria soltó una pequeña carcajada.

Una risa amarga.

Dolorosa.

—Si fuera tan fácil, lo habría hecho hace años.

Mientras tanto, en la mansión, una llamada cambió todo.

Uno de los hombres de confianza de Fabián entró apresuradamente en el despacho.

—Tenemos algo.

Fabián se levantó de inmediato.

—Habla.

—Una propiedad registrada mediante tres empresas fantasma.

El hombre colocó una fotografía sobre la mesa.

Y el corazón de Fabián se detuvo.

Porque conocía aquel lugar.

Lo conocía demasiado bien.

La vieja hacienda.

El sitio donde años atrás había ocurrido la última discusión entre su padre y Valeria.

El lugar donde comenzó toda aquella tragedia.

Y de pronto todas las piezas encajaron.

Como un rompecabezas que llevaba años incompleto.

—La pieza que faltaba... —susurró.

Valeria no había escogido ese lugar al azar.

Nunca lo hacía.

Quería obligarlo a regresar al pasado.

Quería que enfrentara todo aquello que había intentado enterrar durante años.

—Preparen los vehículos.

—¿Va a entrar?

Fabián tomó su arma.

—Voy a traerla de vuelta.

La hacienda apareció entre la oscuridad como un fantasma.

Abandonada.

Silenciosa.

Amenazante.

Fabián descendió del vehículo y observó la construcción durante varios segundos.

Los recuerdos regresaron sin pedir permiso.

Su padre.

Las discusiones.

Los negocios turbios.

Las mentiras.

La ambición.

Todo aquello que había jurado no repetir.

Todo aquello que había intentado dejar atrás.

Pero el pasado siempre encontraba la manera de regresar.

Y esa noche había vuelto para cobrar su deuda.

Dentro de la casa, Débora y Valeria permanecían frente a frente.

El silencio era incómodo.

Pesado.

Hasta que Débora decidió romperlo.

—Fabián no es su padre.

Valeria levantó lentamente la mirada.

—Todos los hijos terminan pareciéndose a sus padres.

—No.

—Sí.

—No lo conoces como yo.

Aquella frase provocó una reacción inesperada.

Valeria se quedó inmóvil.

Como si aquellas palabras le hubieran dolido.

—¿Y tú sí?

—Sí.

Valeria bajó la mirada.

—Entonces eres más afortunada de lo que fui yo.

El silencio volvió.

Y por primera vez Débora comprendió algo.

Valeria no odiaba únicamente a Fabián.

También odiaba a la mujer que ella misma había sido.

La joven que creyó en promesas.

La mujer que perdió a su familia.

La persona que nunca logró superar el pasado.

La explosión de la puerta principal hizo temblar toda la casa.

Los guardias irrumpieron.

Los gritos llenaron los pasillos.

Y segundos después...

Fabián apareció.

Los ojos de Débora se llenaron de lágrimas.

Porque nunca había estado tan feliz de ver a alguien.

—¡Fabián!

Corrió hacia él.

Y él la atrapó entre sus brazos antes de que pudiera llegar completamente.

La abrazó con fuerza.

Demasiada fuerza.

Como si temiera que desapareciera nuevamente.

Como si necesitara convencerse de que era real.

—Estoy aquí.

La voz de Fabián se quebró ligeramente.

Tan poco que quizás nadie más lo habría notado.

Pero Débora sí.

Porque ella ya conocía cada parte de él.

Incluso las que intentaba ocultar.

—Estoy bien —susurró.

Fabián cerró los ojos.

Y por un instante dejó caer todas las máscaras.

Todo el peso.

Toda la dureza.

Todo el control.

Porque había estado aterrado.

Y ya no podía fingir lo contrario.

Valeria observaba la escena desde la distancia.

Silenciosa.

Derrotada.

Cansada.

Como alguien que acababa de perder una guerra que llevaba demasiado tiempo luchando.

—Mírate —dijo finalmente—. Igual que él.

Fabián levantó la mirada.

—No.

—Sí.

—No soy mi padre.

La voz sonó firme.

Definitiva.

—Mi padre destruyó vidas.

Yo llevo años intentando reparar las que él rompió.

El silencio fue absoluto.

Valeria pareció tambalearse emocionalmente.

Como si aquellas palabras hubieran golpeado un lugar que ella creía muerto.

—Llegas demasiado tarde.

—Lo sé.

—Nada devolverá a mi familia.

—Lo sé.

—Nada cambiará lo que pasó.

—Lo sé.

Valeria sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Las primeras en muchos años.

—Entonces ¿para qué sirve todo esto?

Fabián observó a Débora.

Luego volvió a mirarla.

—Para que deje de destruirte.

La mujer cerró los ojos.

Y por primera vez permitió que el dolor la alcanzara.

Cuando la policía llegó, Valeria no huyó.

No peleó.

No gritó.

Simplemente caminó hacia ellos.

Como alguien que finalmente estaba cansado de cargar una guerra imposible de ganar.

Y mientras se la llevaban, lanzó una última mirada hacia Fabián.

No había odio.

No completamente.

Tampoco perdón.

Solo tristeza.

Una tristeza inmensa.

La tristeza de una vida consumida por la venganza.

Horas después, mientras regresaban a la ciudad, Débora permanecía tomada de la mano de Fabián.

Ninguno hablaba.

No era necesario.

Porque algunas emociones eran demasiado grandes para expresarlas con palabras.

Finalmente ella rompió el silencio.

—Me encontraste.

Fabián giró hacia ella.

Y por primera vez sonrió de verdad.

—Siempre iba a encontrarte.

Débora sintió que el corazón le temblaba.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

Fabián llevó su mano a los labios y depositó un beso suave sobre sus dedos.

—Porque tú eres la única apuesta que nunca estuve dispuesto a perder.

Y por primera vez desde que comenzó aquella historia...

Débora supo que el amor había ganado.

No el dinero.

No el poder.

No la venganza.

El amor.

Y aquella era la pieza que había faltado desde el principio.

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Gladys Dona
Me gusta una porque es corta pero hay cosas que superan mi imaginación como entro con tanta custodia y tienes que ponerle rostro a tus personajes es mucho más interesante un final un poco gustó a más bueno veremos tus próximas novelas Felicitaciones 👏
Gladys Dona
Ahora apareció una loca otra para el tablero de ajedrez pronto no va quedar ni uno con Fabian de Castro nadie se escapa
Gladys Dona
Debora tú hermano es una 🐀 no le interesa nada date cuenta atacaron y no le intereso que podrías haber muerto solo quiere plata a cualquier precio es realmente un PARÁSITO
Gladys Dona
Ni se te ocurra salvar el parásito de tú hermano porque si le pasa algo a Fabian vos serás la moneda de cambio que necesita tú queridito hermano porque ese no cambia y con tal de tener dinero se va vender al mejor postor 👁 es una TRAMPA
Gladys Dona
Hermano como ese es mejor ser hija única /Awkward/
Gladys Dona
Realmente alguna ves cintio algo por su hermana Realmente es lo peor como ser humano con tal de obtener plata vende hasta su madre 😡 HDP
Andrea Nardelli
exelente
Gladys Dona
Parece que va ser interesante vamos a ver que pasa
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