Valeria Montrose fue la villana más odiada del Imperio de Elarion. Obsesionada con el príncipe heredero, manipuló, traicionó y destruyó a todos los que se interpusieron en su camino. Al final, fue ejecutada públicamente tras ser acusada de conspiración contra la corona.
Cuando la espada cae sobre su cuello, cree que todo ha terminado.
Sin embargo, despierta diez años atrás, en el día de su presentación en sociedad.
Esta vez conserva todos sus recuerdos.
Sabe que el príncipe nunca la amó. Sabe que la heroína del reino no era su enemiga. Y, sobre todo, sabe que detrás de su caída existía una conspiración mucho más grande que terminó provocando una guerra que destruyó el imperio.
Decidida a sobrevivir, Valeria toma una decisión inesperada:
No perseguirá al príncipe.
Pero cambiar el destino resulta más difícil de lo esperado cuando el propio príncipe comienza a interesarse por ella después de que deja de perseguirlo.
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13
La mansión de Lord Thornton se erguía contra el cielo nocturno como una fortaleza de orgullo y arrogancia. Sus muros de piedra gris parecían absorber la luz de la luna, creando sombras largas y amenazantes que se retorcían como garras en el empedrado. Valeria y Eleanor se ocultaron en un callejón cercano, observando las luces parpadeantes en las ventanas como ojos de un depredador alerta.
—Es una locura—susurró Eleanor, su voz temblando en el aire frío. —No podemos simplemente... entrar. Estará lleno de guardias. Y de invitados. Thornton siempre celebra reuniones los jueves por la noche. Reuniones donde se trama el futuro del imperio.
—Exactamente—respondió Valeria, su voz tan calma como el agua estancada. —Donde más gente, más fácil es pasar desapercibida. Y más fácil es encontrar debilidades.
Pero mientras hablaba, su mente no estaba en la mansión, sino en el libro que llevaba oculto bajo su vestido. Lo había "leído" otra vez en las alcantarillas, esta vez con más intención, más enfoque. Y había visto algo. Un fragmento de futuro, una corriente de tiempo que involucraba a Lord Thornton. Una debilidad. Un secreto.
—Tengo un plan—dijo, ya sacando un pequeño trozo de papel y un lápiz de su bolso. —Pero necesito que confíes en mí, Eleanor. Por completo.
Eleanor la miró, sus ojos llenos de miedo pero también de una lealtad inquebrantable. —Siempre he confiado en ti, Valeria. Aunque a veces actúes como una loca suicida.
Valeria sonrió, una pequeña curva de sus labios que se sentía extraña en medio de la tensión. —Eso es lo que me hace tan encantadora.
Mientras escribía una nota rápida, conectando los puntos que el libro le había mostrado. Thornton no solo era ambicioso; era codicioso. No solo buscaba poder; buscaba riqueza. Y tenía una debilidad particular por las antigüedades, especialmente por las que tenían una historia... oscura.
—¿Qué estás haciendo?—preguntó Eleanor, intentando ver la nota.
—Creando una distracción—respondió Valeria, doblando el papel cuidadosamente. —Una que Thornton no podrá ignorar.
Se acercó sigilosamente a la entrada de servicio de la mansión, donde un joven sirviente estaba fumando nerviosamente, su mirada perdida en la oscuridad.
—Psst—susurró, y el joven se giró bruscamente, su cigarro cayendo al suelo con un chisporroteo.
—¿Quién...?—comenzó a decir, pero se detuvo al verla. —Lady Montrose. ¿Qué... qué hace aquí?
—Necesito que entregues esto—dijo Valeria, ya deslizando la nota y una moneda de oro en su mano. —A Lord Thornton. Personalmente. Dile que es de... un coleccionista anónimo. Alguien que tiene algo que él ha estado buscando durante mucho tiempo.
El joven sirviente la miró, sus ojos abiertos con una mezcla de miedo y codicia. La moneda de oro brillaba en su mano como una promesa de un futuro mejor. —Lady Montrose, no debería...
—Es importante, Thomas—dijo Valeria, usando el nombre del sirviente del palacio por pura casualidad, aunque sabía que no era él. —Más importante que tu trabajo. Más importante que tu seguridad. Y mucho más importante que la paciencia de Lord Thornton.
El joven vaciló por un momento, su expresión una lucha entre el deber y la codicia. Finalmente, asintió, guardando la nota y la moneda con una rapidez sospechosa. —Lo haré. Pero si me descubren...
—No te descubrirán—respondió Valeria con una confianza que no sentía. —Yo me encargaré de eso.
Mientras el joven desaparecía en la mansión, Valeria se giró hacia Eleanor, cuya expresión era una mezcla de admiración y horror.
—¿Qué puso en esa nota?—preguntó, su voz apenas un susurrro.
—La verdad—respondió Valeria, su voz enigmática. —O una versión de ella. Una que Thornton no podrá resistir.
Se deslizaron hacia una pequeña ventana en el lado de la mansión, una que el libro le había mostrado que rara vez era vigilada. Con la agilidad de una gata, Valeria la abrió, sus movimientos silenciosos y precisos.
—¿Estás segura de esto?—preguntó Eleanor, su voz temblando.
—Nunca he estado menos segura de nada en mi vida—respondió Valeria, ya entrando por la ventana. —Pero es la única opción que tenemos.
Se encontraron en un pasillo secundario, oscuro y polvoriento, que parecía llevar a las partes menos visitadas de la mansión. Mientras se movían sigilosamente, escucharon el murmullo de voces y el tintineo de copas, el sonido de una fiesta en pleno apogeo.
—La sala principal debe estar por ahí—susurró Eleanor, señalando hacia el otro extremo del pasillo. —Pero ¿cómo llegamos allí sin ser vistas?
—No vamos a la sala principal—respondió Valeria, su mente racing. —Vamos a la biblioteca privada de Thornton. Es donde guarda sus... tesoros.
Llegaron a una pesada puerta de roble, con un león tallado que parecía rugir en silencio. Valeria intentó el pomo, encontrándolo cerrado, como esperaba.
—¿Ahora qué?—preguntó Eleanor, su frustración creciendo.
—Ahora usamos la otra cosa que el libro me mostró—respondió Valeria, ya sacando un pequeño alambre de su bolso. —Una debilidad en el diseño. Un cerrajero que prefería la estética a la seguridad.
Con manos temblorosas pero precisas, trabajó en la cerradura, su mente concentrada, sus oídos atentos a cualquier sonido. Después de lo que pareció una eternidad, pero que probablemente fueron solo unos minutos, escuchó un clic suave.
—Listo—susurró, ya abriendo la puerta lentamente.
La biblioteca privada de Lord Thornton era un santuario de opulencia y ostentación. Estanterías de caoba oscura se elevaban hasta el techo, cargadas no solo con libros, sino con objetos de arte, antigüedades y reliquias que brillaban bajo la luz de la luna que se filtraba por una gran ventana circular.
—Dioses—murmuró Eleanor, sus ojos abiertos con asombro. —Es como un museo. Un museo de cosas robadas.
Valeria asintió, su mente ya trabajando, buscando el objeto que el libro le había mostrado. Lo encontró en una pequeña mesa de mármol, bajo una luz focalizada: una pequeña caja de marfil, tallada con símbolos que no reconocía, pero que el libro le había dicho que eran importantes.
—Esto es—dijo, ya acercándose a la mesa. —Esto es lo que quiere.
—¿Qué es?—preguntó Eleanor, su voz llena de curiosidad.
—Un mapa—respondió Valeria, su voz baja y reverente. —No un mapa de lugares, sino de... poder. De influencia. De alianzas secretas. Un mapa que muestra quién controla realmente el imperio, no solo quién gobierna oficialmente.
Mientras hablaban, escucharon pasos afuera, acercándose rápidamente.
—Rápido—dijo Valeria, ya agarrando la caja. —Tenemos que irnos.
Pero antes de que pudieran moverse, la puerta se abrió, revelando a Lord Thornton, un hombre corpulento con un rostro rojo y sonrisa falsa, acompañado por dos guardias armados.
—Lady Montrose—dijo, su voz tan dulce como veneno. —Qué sorpresa tan... inesperada. Y qué... audaz de tu parte, entrar en mi casa sin invitación.
Valeria sintió un escalofrío, pero se mantuvo firme, la caja firmemente en sus manos. —Lord Thornton. Vengo a negociar.
—¿Negociar?—preguntó él, su risa áspera y desagradable. —¿Qué podría una fugitiva, una traidora al imperio, ofrecerme que yo no pueda tomar por la fuerza?
—Información—respondió Valeria, su voz calmada a pesar del miedo que sentía. —Información sobre Harrington. Sobre sus verdaderos planes. Sobre cómo te está usando como un peón en su juego.
La expresión de Thornton cambió, su sonrisa desvaneciéndose para ser reemplazada por una máscara de frialdad. —No sé de qué hablas. Harrington y yo somos aliados. Socios.
—¿Socios?—preguntó Valeria, su tono desafiante. —¿O marionetas? ¿Crees realmente que te dejará gobernar cuando ya no le seas útil? ¿Crees que compartirá el poder que tan desesperadamente anhelas?
Mientras hablaba, abrió la caja, revelando el mapa del interior. Los símbolos brillaban con una luz extraña, como si estuvieran vivos, como si contuvieran los secretos del imperio.
—Esto es lo que realmente busca—dijo Valeria, su voz baja pero urgente. —No poder, no riqueza. Busca control. Control total. Y eliminará a cualquiera que se interponga en su camino, incluyéndote a ti.
Thornton observó el mapa, sus ojos brillando con una codicia que no podía ocultar. Vio las redes de influencia, las alianzas secretas, los flujos de poder que el libro le había mostrado a Valeria. Y por un momento, vaciló.
—¿Y qué me ofreces a cambio?—preguntó, su voz más suave, más calculadora. —¿Por qué debería traicionar a un aliado por una fugitiva?
—Porque soy tu única opción—respondió Valeria con firmeza. —Porque Harrington no te dejará vivo una vez que tenga lo que quiere. Y porque... conmigo, puedes tener algo más que poder. Puedes tener seguridad. Un lugar en el nuevo orden que estoy construyendo.
Mientras debatían, Valeria sintió una extraña energía emanando del mapa, una energía que parecía conectar con la del libro que llevaba oculto. Vio imágenes, fragmentos de futuros posibles, corrientes de tiempo que se bifurcaban y volvían a unirse. Vio a Thornton, traicionado por Harrington, su cuerpo abandonado en un callejón oscuro. Vio a Thornton, sentado en un consejo secreto, su voz influyente, su poder asegurado.
Y eligió el segundo futuro.
—Tienes tres opciones, Lord Thornton—dijo Valeria, su voz clara y firme. —Una, puedes entregarme a Harrington y esperar que te recompense con las sobras de su poder. Dos, puedes unirte a mí, usar tu influencia para derribar a Harrington y asegurar tu lugar en el nuevo orden. O tres...
Hizo una pausa, dejando que el silencio llenara la habitación como un gas venenoso.
—O tres, puedes intentar tomar este mapa por la fuerza. Y ver qué pasa.
Mientras hablaba, Eleanor se movió sigilosamente hacia la ventana, abriéndola lentamente, creando una posible ruta de escape. Thornton lo notó, su expresión de frustración dando paso a la resignation.
—¿Qué quieres exactamente?—preguntó, su voz amarga. —¿Qué esperas que haga?
—Quiero que convoques una reunión del consejo—respondió Valeria, su decisión tomada. —Una reunión de emergencia. Quiero que expongas los planes de Harrington, que lo acuses de traición. Quiero que uses tu influencia para aislarlo, para cortar sus cuerdas.
—¿Y si me niego?—preguntó Thornton, su tono desafiante.
—Entonces este mapa encuentra su camino hacia el príncipe Kaelan—respondió Valeria, su voz tan fría como el acero. —Y con él, pruebas de tu propia traición. Pruebas de que has estado conspirando no solo con Harrington, sino con enemigos del imperio.
La amenaza era clara, no solo para su poder, sino para su vida. Thornton sabía que el príncipe no sería tan indulgente como Valeria. Sabía que la traición se castigaba con la muerte.
—¿Por qué ayudarme?—preguntó Thornton, su curiosidad superando su enojo. —¿Qué ganas con esto?
—No estoy ayudándote a ti—respondió Valeria con honestidad. —Estoy ayudando al imperio. Estoy tratando de evitar una guerra que matará a millones. Y si para eso tengo que hacer un trato con el diablo, lo haré.
Thornton la observó en silencio por un momento, sus ojos evaluándola con una intensidad que la inquietaba. Luego, con un suspiro que parecía cargar el peso de su decisión, asintió lentamente.
—De acuerdo—dijo, su voz grave. —Convocaré la reunión. Pero si esto falla, si Harrington sospecha...
—No fallará—respondió Valeria con una confianza que no sabía que poseía. —Porque esta vez, tengo el futuro de mi lado.
Mientras se deslizaban por la ventana, escapando hacia la noche, Valeria sentía el peso de su decisión sobre sus hombros. Había hecho un trato con un hombre corrupto, un hombre que representaba todo lo que odiaba sobre la nobleza. Pero también había dado un paso crucial en su plan para derribar a Harrington, para cortar sus cuerdas una por una.
Mientras corrían por las calles oscuras de la capital, Eleanor a su lado, Valeria sentía cómo el mundo cambiaba a su alrededor. Ya no era solo una fugitiva, una renacida con un conocimiento peligroso. Era una estratega, una jugadora en un juego mucho más grande y complejo de lo que había imaginado. Y estaba decidida a ganar, sin importar el costo.
Pero mientras se acercaban a su escondite, una pequeña habitación encima de una panadería que Marcus les había indicado, Valeria no podía evitar sentir que estaba jugando un juego peligroso, un juego donde las reglas cambiaban constantemente y las apuestas eran siempre la vida o la muerte.
¿Podría realmente confiar en Thornton? ¿O estaba simplemente reemplazando a un tirano por otro? ¿Y qué pasaría cuando Harrington se diera cuenta de que su base de poder se estaba desmoronando?
Mientras entraban en la pequeña habitación, el olor a pan recién horneado llenando el aire como un recordatorio de un mundo más simple, Valeria sintió algo que no había sentido en mucho tiempo: una punzada de duda. ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿O estaba simplemente repitiendo los errores de su pasado, usando la manipulación y el engaño para lograr sus objetivos?
Pero mientras se sentaba en la cama estrecha, el libro firmemente en sus manos, supo que no había tiempo para las dudas. La guerra estaba llegando. Y ella tenía que estar lista para ella.