En la víspera de su boda, Anastasia solo esperaba una noche de risas con sus amigas en su despedida de soltera. Sin embargo, una decisión impulsiva la lleva a cruzar la línea de lo prohibido. Embriagada por la emoción y el deseo de sentirse libre por última vez, despierta al día siguiente en la habitación de un hombre que no debería siquiera rozar en sus sueños.
Él no es un desconocido cualquiera: Damián Volkov, un magnate temido por su crueldad, un hombre sin piedad que mueve los hilos de negocios oscuros y que jamás perdona una traición. Un depredador que la ve como una presa que entró por voluntad propia a su guarida.
Lo que comenzó como un error se convierte en una obsesión peligrosa. Entre amenazas, secretos y una atracción que no debería existir, Anastasia descubrirá que una sola noche puede cambiarlo todo: su futuro, su matrimonio… y hasta su vida.
Porque en el mundo de Damián, nadie escapa sin pagar un precio.
NovelToon tiene autorización de brida cruz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Preguntas sin respuestas.
Despierto con la luz filtrándose por una ventana.
El dolor de cabeza es tan intenso que me dan ganas de gritar, pero ni siquiera eso puedo hacer. Apenas intento moverme… y me congelo.
Algo no está bien.
La claridad no debería llegar hasta la cama.
Abro los ojos del todo y el dolor despierta conmigo.
Me duele todo el cuerpo, como si hubiera corrido durante horas, como si me hubieran golpeado desde adentro.
Cada músculo protesta cuando intento moverme.
Me tapo con la sábana al ver mi ropa interior tirada en el suelo.
El corazón se me acelera.
Miro debajo de las sábanas.
La mancha de sangre me roba el aire.
Empiezo a respirar mal. Demasiado rápido.
El pecho me arde, la piel me quema, siento que me voy a desmayar otra vez.
No quiero imaginar cómo debo tener el cuerpo.
Rojo.
Marcado.
—¿Qué… qué me pasó? —susurro.
¿Dónde estoy?—¿René…? —digo, con la voz rota.
Repito su nombre como un rezo.
Me aferro a esa idea con desesperación.
Tiene que haber sido él.
Tiene que haber venido por mí.
Tiene que haberme traído aquí.
Después de todo… nos vamos a casar.
Me levanto con dificultad y camino hasta el baño.
Me limpio como puedo, temblando. Cuando al fin me miro al espejo, el estómago se me encoge.
Mi cuello.
Moretones.
Marcas que no se pueden ocultar.
Miro mis muslos.
Huellas claras de dedos.
Golpes suaves, pero evidentes.
El cuerpo me duele incluso al respirar.
Me pongo la ropa interior con manos torpes y salgo de la habitación.
No hay nadie.
Es un cuarto de hotel.
Bajo las escaleras como si nada, recojo mis zapatillas del piso y me las pongo saliendo.
Salgo agarrando el elevador.
Nadie me mira. Nadie pregunta. Es como si yo no existiera.
Me cubro el cuello con las manos y tomo el primer taxi que veo una vez que salgo del hotel.
—¿Una noche loca? —dice el chofer, mirándome por el espejo.
Asiento sin saber qué responder.
¿Por qué René no estaba ahí cuando desperté?
¿Por qué me dejó sola?
Llegamos a casa.
Le pido al chofer que me espere. Entro rápido, agradeciendo que no haya nadie ya que no se dónde quedo mi bolso. Subo, saco dinero, bajo a pagarle y regreso a mi habitación.
Me baño.
El agua cae, pero no limpia nada. No calma nada.
Cuando salgo, me pongo ropa que cubra todo.
Una blusa de cuello alto.
Nada de espejos.
La puerta se abre de golpe.
—Papá estaba muy preocupado anoche —dice Yajaira.
—Mis amigas rentaron una habitación… me quedé en el hotel.
—¿Y no avisaste? Al menos a tu prometido. Vino a buscarte.
—Sí lo sé… —respondo—. Estuve con él.
Lo digo porque necesito creerlo.
Ella frunce el ceño, molesta, y se va.
Tomo mi bolso y salgo de casa.
En el trabajo, una compañera me abraza apenas me ve.
—Ania, estábamos preocupadas.
—¿Por qué?
—Te fuiste. Cuando regresamos ya no estabas. Te buscamos… nadie te vio. Y luego —me extiende el celular—, toma.
Mi teléfono y mi bolso.
—Estuve con René —repito.
Ellas se miran entre sí, pero no dicen nada.
—Qué bueno que estás bien —dice otra compañera.
Les sonrío como puedo y voy a mi cubículo.
Trabajo en automático. Atiendo clientes. No pienso. No siento.
En la hora de comida veo llegar a mi padre.
Salgo con él.
—Me preocupé mucho —dice—. Te busqué por todos lados.
No sé qué responder. Ni yo entiendo qué pasó.
Se despide cuando ve llegar a René.
—Hablamos en la casa.
me dice por último.
Los observo saludarse.
Mi padre se va.
—Hola —le digo.
Su rostro está tenso.
Duro.
No me preparo para la bofetada que me da.
El golpe me quema la mejilla.
—¿Dónde estabas? ¿Con quién estuviste?
Me llevo la mano al rostro.
—Contigo —respondo, apenas audible.
—Apagaste el celular. No pude rastrearte. Y esas amigas tuyas… ¿por eso andas con ellas?
—No… —niego, temblando.
—¿Cómo hiciste para irte del hotel? —pregunto—. ¿Cómo llegaste por mí?
—¿De qué hablas? —grita—. No supe nada de ti hasta hoy. Nadie sabía dónde estabas.
El mundo se me viene abajo.
Me llevo las manos a la boca.
No.
No puede ser.
No estuve con René.
Estuve con alguien más.
Le entregué mi virginidad…a un desconocido.