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La Ciudad De La Mafia

La Ciudad De La Mafia

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:226
Nilai: 5
nombre de autor: Arnold Alonso

una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?

NovelToon tiene autorización de Arnold Alonso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la guerra por la torre

Las alarmas de la Torre Navarro resonaban por todos los pisos.

Las luces rojas de emergencia parpadeaban sin descanso mientras los sistemas de seguridad intentaban responder al ataque.

Desde la sala de servidores, Gabriel Torres observaba las pantallas de vigilancia.

La situación era caótica.

Los hombres de Antonio Romano avanzaban por las escaleras del lado norte.

Los de Víctor Moretti habían tomado parte del estacionamiento y se dirigían hacia los ascensores principales.

Los guardias de La Sombra Negra intentaban contenerlos, pero la presión aumentaba minuto a minuto.

Gabriel volvió a mirar la pantalla de transferencia.

72%

Todavía faltaba demasiado.

—Necesitamos más tiempo —murmuró.

Esteban Navarro escuchó aquellas palabras y sonrió.

—No van a conseguirlo.

Los hombres armados a su alrededor apuntaron nuevamente hacia Gabriel y Sofía.

La tensión era insoportable.

Sin embargo, antes de que alguien pudiera actuar, otra explosión sacudió el edificio.

El suelo tembló violentamente.

Varios guardias perdieron el equilibrio.

Las luces se apagaron durante un segundo antes de volver a encenderse.

—¿Qué fue eso? —preguntó uno de los hombres de Esteban.

Un asistente habló por radio.

Su rostro palideció.

—Señor... los hombres de Romano entraron al piso veinte.

Esteban frunció el ceño.

—¿Y los equipos de seguridad?

—Están retrocediendo.

Otra voz sonó por otro comunicador.

—Los hombres de Moretti tomaron el acceso oriental.

Por primera vez en toda la noche, Esteban pareció realmente preocupado.

Gabriel lo notó.

Y comprendió que el líder de La Sombra Negra ya no se sentía tan invencible.

Veinte pisos más abajo, Antonio Romano avanzaba acompañado por varios de sus hombres más leales.

Los disparos resonaban constantemente.

Cada piso parecía un campo de batalla.

Uno de sus guardaespaldas se acercó.

—Jefe, estamos sufriendo bajas.

Antonio no respondió de inmediato.

Continuó caminando mientras observaba los pasillos destruidos.

—¿Cuántas?

—Cinco.

Antonio apretó los puños.

Aquellos hombres habían confiado en él durante años.

No pensaba permitir que sus muertes fueran en vano.

—Seguimos avanzando.

—Sí, jefe.

Un nuevo grupo de guardias apareció al final del pasillo.

Los disparos comenzaron inmediatamente.

Antonio se lanzó detrás de una columna.

La batalla continuó.

Poco a poco lograron abrirse paso.

Cada metro ganado los acercaba más a Esteban Navarro.

Y Antonio tenía una deuda pendiente con él.

La muerte de Lorenzo.

Mientras tanto, en otro sector de la torre, Víctor Moretti lideraba a sus propios hombres.

Su traje estaba cubierto de polvo y sangre.

Una pequeña herida atravesaba su ceja derecha.

Pero seguía avanzando.

Uno de sus capitanes señaló un mapa digital.

—La sala de servidores está en los últimos pisos.

—Entonces vamos hacia allí.

—Los hombres de Romano también se dirigen en esa dirección.

Víctor sonrió.

—Claro que sí.

—¿Qué hacemos si los encontramos?

La sonrisa desapareció.

—Eso dependerá de ellos.

Aunque ahora tenían un enemigo común, el odio entre Antonio y Víctor seguía vivo.

Ninguno confiaba realmente en el otro.

La alianza era temporal.

Muy temporal.

En la sala de servidores, la transferencia seguía avanzando.

78%

Gabriel observó la barra de progreso con ansiedad.

Cada segundo parecía eterno.

Sofía permanecía frente a su padre.

—Todavía puedes detener esto —dijo.

Esteban negó lentamente con la cabeza.

—No entiendes nada.

—Entonces explícamelo.

—Todo lo que hice fue para construir algo más grande.

—¿Más grande?

—Esta ciudad necesita orden.

Sofía soltó una amarga risa.

—¿Orden? ¿Llamas orden a los asesinatos?

—Los sacrificios son inevitables.

—Lorenzo era un sacrificio para ti.

La expresión de Esteban cambió ligeramente.

—Era un obstáculo.

Gabriel observó a Sofía.

El dolor apareció claramente en su rostro.

Aquella respuesta confirmaba sus peores sospechas.

Esteban ya no veía personas.

Solo veía piezas de un tablero.

De repente una nueva alerta apareció en las pantallas.

Los sistemas de seguridad comenzaban a fallar.

Varias cámaras se apagaron.

Las comunicaciones internas estaban colapsando.

—Señor —dijo uno de los asistentes—, hemos perdido contacto con tres equipos de seguridad.

Esteban observó las pantallas.

La situación empeoraba rápidamente.

Los hombres de Antonio y Víctor estaban ganando terreno.

Y lo peor era que parecían acercarse al mismo lugar.

La sala de servidores.

El corazón de La Sombra Negra.

Treinta minutos después, Antonio llegó al piso cincuenta.

Había perdido más hombres.

Pero seguía avanzando.

El sonido de los disparos era cada vez más cercano.

Sabía que el final estaba cerca.

Entonces encontró algo inesperado.

Un grupo de hombres armados apareció al doblar un pasillo.

Antonio levantó su arma.

Ellos hicieron lo mismo.

Pero ninguno disparó.

Porque reconocieron quién estaba al frente.

Eran hombres de Víctor Moretti.

Durante unos segundos el silencio fue absoluto.

Las armas permanecieron levantadas.

La tensión podía sentirse en el aire.

Uno de los hombres de Antonio dio un paso adelante.

—¿Los eliminamos?

Antonio observó el pasillo.

Luego negó con la cabeza.

—No.

Los hombres quedaron sorprendidos.

—¿Qué?

—No hasta encontrar a Navarro.

Al otro lado del pasillo, uno de los hombres de Víctor transmitió el mensaje.

Minutos después llegó la respuesta.

—Moretti está de acuerdo.

Aquello era extraño.

Muy extraño.

Pero ninguno quería desperdiciar fuerzas luchando entre sí.

Todavía no.

En la sala de servidores, la transferencia alcanzó el:

85%

Gabriel respiró profundamente.

Faltaba poco.

Muy poco.

Sin embargo, Esteban parecía más tranquilo de lo esperado.

Aquello preocupaba a Gabriel.

—¿Por qué sonríes? —preguntó.

Esteban lo miró.

—Porque sigues pensando que ganaste.

—¿Qué significa eso?

—Mira alrededor.

Gabriel observó los servidores.

Las pantallas.

Los cables.

La enorme sala.

Entonces comprendió algo.

—No...

Esteban sonrió.

—Sí.

—Hay una copia.

—Hay muchas copias.

Gabriel sintió un golpe de desesperación.

Incluso si obtenían aquellos archivos, quizás no sería suficiente.

La organización era más grande de lo que imaginaban.

Mucho más grande.

De repente una explosión destruyó parte de la puerta principal.

Los fragmentos metálicos salieron despedidos.

Los guardias se giraron sorprendidos.

El humo llenó la entrada.

Y entonces apareció Antonio Romano.

Arma en mano.

Cubierto de polvo.

Furioso.

—Navarro.

Esteban lo observó.

—Romano.

Detrás de Antonio aparecieron varios de sus hombres.

Segundos después, desde otra entrada lateral, surgió otro grupo.

Víctor Moretti.

Y sus guardaespaldas.

La situación se volvió explosiva.

Antonio y Víctor estaban en la misma habitación.

Después de años de odio.

Después de años de guerra.

Y ahora frente a ellos estaba el hombre que había manipulado todo.

Esteban observó a ambos.

—Qué reunión tan interesante.

Antonio dio un paso adelante.

—Tú mataste a Lorenzo.

—Sí.

La respuesta fue inmediata.

Sin miedo.

Sin arrepentimiento.

Antonio apretó el arma con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.

—Voy a matarte.

Víctor también avanzó.

—Tendrás que hacer fila.

Por primera vez en toda la noche, Esteban dejó de sonreír.

Porque comprendió algo.

Había subestimado a sus enemigos.

La transferencia llegó al:

92%

Gabriel observó la pantalla.

Faltaba poco.

Pero la situación estaba a punto de explotar.

Los hombres de Antonio.

Los hombres de Víctor.

Los guardias de La Sombra Negra.

Todos apuntaban con sus armas.

Nadie quería disparar primero.

Pero alguien terminaría haciéndolo.

Y cuando eso ocurriera, el resultado sería una masacre.

Sofía observó a su padre.

—Se acabó.

Esteban la miró.

—Todavía no.

Entonces presionó discretamente un botón oculto en su reloj.

Nadie lo notó.

Excepto Gabriel.

Y de inmediato comprendió que algo terrible estaba a punto de suceder.

Una nueva alarma comenzó a sonar.

Más fuerte.

Más agresiva.

Las pantallas cambiaron automáticamente.

Un mensaje apareció en todos los monitores.

PROTOCOLO DE DESTRUCCIÓN ACTIVADO

Gabriel sintió que la sangre se le congelaba.

—¿Qué hiciste?

Esteban volvió a sonreír.

—Si no puedo controlar La Sombra Negra... nadie lo hará.

Las luces comenzaron a parpadear.

La cuenta regresiva apareció en las pantallas.

10:00

09:59

09:58

La torre entera estaba programada para autodestruirse.

Y todos los presentes estaban atrapados dentro.

Continuará en el Capítulo 7...

1
STEEBAN VALBUENA
EPICO!!!🔥🔥🔥
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