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Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Status: En proceso
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Reencuentro
Popularitas:10.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Victoria no huyó por falta de amor, sino por instinto de supervivencia. Al descubrir que el hombre que amaba, Dante Moretti, era el heredero de un imperio manchado de sangre, decidió que sus hijos no nacerían en una jaula de oro rodeada de enemigos. Cinco años después, bajo una identidad falsa y en la humildad de un pueblo costero, Victoria cría a León y Cristo. Los gemelos son el vivo retrato de Dante: poseen su mirada gélida y un temperamento indomable que ella lucha por suavizar.
​Dante, consumido por la amargura y la creencia de que Victoria lo abandonó por traición, ha pasado media década buscándola. Cuando una filtración de seguridad en su organización revela el paradero de su "única debilidad", Dante llega dispuesto a cobrar venganza. Sin embargo, el impacto de ver a dos pequeños guerreros con sus propios ojos cambia las reglas del juego. Ahora, Victoria debe volver al mundo que odia para proteger a sus hijos, mientras Dante descubre que el mayor peligro para su familia no está

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1

​El sol de la tarde en San Vicente caía como oro líquido sobre las calles empedradas, pero para Victoria, la luz siempre tenía un matiz de vigilancia. Llevaba cinco años viviendo en este rincón olvidado de la costa, donde el olor a salitre y pescado fresco servía de camuflaje para su pasado. Allí no era la esposa del hombre más temido de la costa este; era simplemente "Vicky", la mujer que cosía uniformes y vendía pasteles de limón los domingos.

​ Victoria ajustó la correa de su bolso mientras caminaba hacia la escuela primaria. Sus manos, antes adornadas con diamantes que pesaban más que su conciencia, ahora lucían callos tenues y uñas cortas. Era un precio que pagaba con gusto. Cada vez que sentía el peso de la pobreza o el cansancio de las dobles jornadas, recordaba el sonido de los disparos en la mansión Moretti y el frío de la mirada de Dante. Eso bastaba para espantar cualquier nostalgia.

​—¡Mamá! —el grito rompió su ensimismamiento.

​Dos torbellinos de cinco años corrieron hacia ella. León y Cristo. Al verlos, el corazón de Victoria dio un vuelco que combinaba una ternura infinita con un terror sordo.

​Eran hermosos, pero eran él.

​León, el mayor por tres minutos, tenía el cabello oscuro siempre revuelto y una mandíbula que ya empezaba a definirse con una dureza impropia de su infancia. Cristo, más delgado y de gestos observadores, caminaba con una elegancia natural que Victoria intentaba,

desesperadamente, ocultar bajo ropa de algodón barata.

​—¿Cómo estuvo el día, mis valientes? —preguntó ella, agachándose para recibirlos en un abrazo que era, en realidad, un refugio.

​Cristo se abrazó a su cuello, pero León se quedó un paso atrás, con la mochila colgando de un hombro y los ojos fijos en un grupo de niños de cuarto grado que susurraban cerca de la fuente.

​—León tuvo una pelea —soltó Cristo en un susurro, escondiendo el rostro en el hombro de su madre.

​Victoria sintió un escalofrío. Tomó a León por los hombros, obligándolo a mirarla. El niño no lloraba. No tenía el rostro rojo de berrinche ni la mirada gacha de la culpa. Tenía los ojos de Dante: dos esquirlas de hielo gris que parecían mirar a través de las personas, no a ellas.

​—¿León? Mírame —le pidió Victoria con la voz temblorosa—. ¿Qué pasó?

​—Enzo y sus amigos le quitaron el cuaderno a Cristo —respondió el niño con una calma que hielaba la sangre—. Le dije que lo devolviera. No quiso.

​—¿Y qué hiciste? —Victoria buscaba rastros de rasguños, pero el niño estaba impecable.

​—Le expliqué que las cosas que no son suyas traen consecuencias —dijo León. Su voz era pequeña, pero la cadencia era la de un hombre que sabe exactamente cuánto poder tiene—.

Cuando intentó empujarme, solo le apreté la muñeca donde duele. Se asustó y se fue.

​Victoria tragó saliva. "Donde duele". Ella nunca le había enseñado defensa personal, ni mucho menos anatomía del dolor. Era un instinto primario, una herencia genética que se manifestaba como una flor venenosa en un jardín de juegos.

​—León, recuerda lo que hablamos... no usamos la fuerza para...

​—No usé la fuerza, mamá —la interrumpió el niño, y por un segundo, la miró con una chispa de decepción—. Usé la lógica. Nadie vuelve a molestar a Cristo. Nunca.

​Caminaron hacia su pequeña casa, una estructura de madera blanca con flores que Victoria cuidaba con obsesión. Mientras los niños se adelantaban para jugar con un camión de madera en el porche, ella se quedó en la entrada, observándolos.

​La culpa era un invitado permanente en su mesa. Se sentía egoísta por haberles robado su herencia, pero al mismo tiempo, sentía que estaba en una carrera contra el tiempo. ¿Podría la humildad de esa aldea vencer la oscuridad que palpitaba en el ADN de sus hijos?

​Esa noche, mientras preparaba una cena sencilla de pasta y verduras, el silencio de la casa fue interrumpido por el sonido de un motor potente que pasaba por la carretera principal.

Victoria se quedó petrificada frente a la estufa, con el cucharón en la mano. Su oído, entrenado en el miedo, detectó que no era un tractor ni el viejo camión del correo. Era un motor afinado, costoso. Un depredador en un corral de ovejas.

​—Mamá, te quemas —dijo Cristo, apareciendo a su lado sin hacer ruido.

​Victoria reaccionó, apartando la olla del fuego. Sus manos temblaban.

​—Es solo el cansancio, mi amor. Ve a lavarte las manos.

​—Es un coche negro, ¿verdad? —preguntó Cristo, mirando hacia la ventana cerrada—. León dice que ha visto tres iguales esta semana cerca del muelle. Dice que los hombres que los manejan no son de aquí porque usan zapatos que no se manchan con el barro.

​Victoria sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. León, el observador silencioso. El niño que no jugaba a los piratas, sino que vigilaba el perímetro del jardín mientras su hermano cazaba mariposas.

​—No es nada, Cristo. Solo turistas —mintió ella, aunque sabía que a Cristo no se le engañaba con facilidad. Él era el "analista", el que leía las microexpresiones de su rostro antes de que ella pudiera ocultarlas.

​Después de cenar, los arropó en sus camas pequeñas. León ya dormía, o al menos eso parecía, con el cuerpo tenso como un arco listo para disparar. Cristo se dejó dar un beso en la frente, pero antes de que Victoria saliera de la habitación, la detuvo.

​—Mamá... si ese hombre de las fotos vuelve, ¿León y yo tendremos que pelear?

​Victoria se quedó helada. ¿Qué fotos? Ella había quemado todo. O eso creía.

​—¿De qué hablas, cielo?

​—León encontró una caja pequeña debajo de tu cama hace un mes —susurró Cristo con los ojos muy abiertos—. Hay un hombre con ojos como los nuestros. León dice que es un rey, pero que tú le tienes miedo a su corona.

​Victoria salió de la habitación sintiendo que las paredes se cerraban sobre ella. Se encerró en su cuarto y, con manos febriles, buscó bajo la tabla floja del suelo. La caja de terciopelo azul seguía ahí, pero el cierre estaba mal ajustado. León la había encontrado.

​Abrió la caja y sacó la única fotografía que no tuvo el valor de destruir: Dante, sentado en su escritorio de roble, con una mano sobre un mapa y la otra sosteniendo un cigarro apagado. Su expresión era de una soberbia absoluta, la de un hombre que posee el mundo pero desprecia a quienes lo habitan.

​Victoria acarició el papel frío. Recordó la última vez que lo vio: el brillo de sus gemelos de oro mientras cargaba un arma, el olor a su perfume costoso mezclado con pólvora, y la promesa que le hizo al oído antes de que ella lograra escapar: "Si te vas, Victoria, te encontraré. No importa si es en esta vida o en la siguiente. Lo que es mío, siempre vuelve a casa".

​De repente, el crujido de una rama afuera de la casa la hizo saltar. Apagó la luz de golpe y se acercó a la ventana, apenas separando la cortina.

​En la esquina de la calle, bajo la luz mortecina de un farol, un hombre con un traje oscuro y hombros anchos fumaba un cigarrillo. No se movía. No buscaba nada. Simplemente estaba allí, como una sombra que ha decidido cobrar forma.

​Victoria retrocedió, cubriéndose la boca para no gritar. No era un turista. No era una coincidencia.

​El pasado no había sido enterrado; solo había estado esperando a que los gemelos tuvieran la edad suficiente para reclamar su lugar en el trono de cenizas. El CEO mafioso, el esposo que ella dejó con el corazón destrozado y la furia encendida, estaba a las puertas de su refugio.

​Y lo peor de todo no era que Dante hubiera vuelto. Lo peor era que, al mirar a León esta tarde, Victoria se había dado cuenta de que, aunque Dante nunca llegara a cruzar esa puerta, él ya vivía dentro de su casa.

​Estaba en la frialdad de su hijo mayor. Estaba en la astucia del menor.

​La guerra había comenzado, y sus hijos ya habían elegido sus armas sin que ella se diera cuenta.

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Lobe ❣️
👍❤️😘
Sofia Chavez Gutierrez
está de infarto!
casi me termino las uñas 😂
Jos Qui
porfavor sigue subiendo más capítulos porfavor ahorita también
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
Estela Alfonzo
la historia es muy atrapante y me encanta los hijos como son unos genios y a la vez tan protectores. espero con ansias los capitulos
Jos Qui
hola excelente capítulos porfavor suba más capítulos ahorita
Jos Qui
para ver que más va pasar con ellos
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también
Estela Alfonzo
me tiene atrapada la historia 🥰
Celina Espinoza
🥰🥰
Celina Espinoza
me gusta los niños son muy protectores con su madre 🥰
María Serafina Abzueta Salazar
encantada con esta historia,su ingenio y creatividad mostrada en los personajes,sin repetir las aburridas víctimas, con personajes más audaces y
Maria de los Angeles Vega
Ya por favor , los dos son sufriendo bastante , es justo que triunfe el amor.
Y están los niños sus hijos..
Ella se equivocó el también.
Su amor está ahí , a pesar de todo .
El que perdona , es el que más ama..
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también leerlos 👏👏👏
María Serafina Abzueta Salazar
que niños ☺️🥰👏👏 ése padre no la tiene fácil, parece que son reyes viejos en cuerpo infantil 🤭☺️.. encantadores...
Celina Espinoza
me parece interesante me gusta 🥰
Celina Espinoza
me gusta mucho 😘🥰los niño son muy inteligentes y protectores
Anacelimar Franco
me gusta tu historia
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