Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Esa noche
Los dos terminaron riendo como si hubieran olvidado por completo quiénes eran.
Como si no existieran los títulos.
Ni los deberes.
Ni el futuro.
Solo aquella noche.
Solo la nieve.
Solo ellos.
Aaron la observó con una intensidad que hizo que Grace apartara la mirada por un momento.
—Si esta noche decidiste olvidarlo todo por unas horas —dijo él suavemente—, entonces deberíamos hacerlo de verdad.
Grace arqueó una ceja.
—¿Y qué propones?
La sonrisa de Aaron apareció de inmediato.
Era una sonrisa peligrosa.
Encantadora.
Exactamente el tipo de sonrisa que había estado utilizando toda la noche.
—Que sigamos hablando.
—Eso no suena tan escandaloso.
—No he terminado.
Se acercó un poco más.
—Podríamos seguir hablando en mi habitación.
Grace soltó una carcajada.
—Ah, ahí estaba la verdadera propuesta.
—Nunca dije que fuera especialmente creativo.
Ella negó con la cabeza mientras seguía riendo.
Pero aquella pequeña duda que apareció en sus ojos fue suficiente para Aaron.
Y él lo supo.
Porque inmediatamente recurrió a todas las armas que había estado utilizando durante toda la velada.
Palabras dulces.
Promesas imposibles.
Miradas intensas.
Y una cantidad alarmante de encanto.
—Eres un manipulador.
—Solo cuando tengo motivos.
—Eso no mejora las cosas.
—Depende de los resultados.
Grace volvió a reír.
Cada vez que intentaba mantener una conversación seria, Aaron conseguía desviarla.
Y para su desgracia...
Estaba funcionando.
Quizás porque aquella era la primera vez en mucho tiempo que se sentía tan libre.
Quizás porque dentro de unas semanas todo aquello desaparecería.
O quizás porque simplemente le gustaba estar con él.
Al final terminaron caminando de regreso hacia la mansión.
Entre bromas.
Entre sonrisas.
Y más de una vez Aaron tuvo que recordarle que caminara despacio porque él era quien tenía la pierna herida.
—La lesionada deberías ser tú.
—¿Por qué?
—Porque eres tú quien no deja de correr.
—Yo no corro.
—Grace.
—Está bien, quizás un poco.
Aaron soltó una risa.
Y cuando llegaron a una de las galerías interiores de la mansión, el ambiente se volvió más tranquilo.
Más silencioso.
Las luces eran tenues.
La música del salón apenas llegaba hasta allí.
Por un instante, Grace observó los largos pasillos decorados con retratos antiguos.
Y sintió una extraña sensación.
[¿Qué estoy haciendo?]
La pregunta apareció inevitablemente.
Pero esta vez no vino acompañada de culpa.
Solo de reflexión.
Porque sabía perfectamente que aquella noche no cambiaría su destino.
El templo seguiría esperándola.
Su futuro seguiría siendo el mismo.
Sin embargo...
Aquella noche sí le pertenecía.
Era una decisión tomada por ella.
Una de las pocas que realmente había tomado desde que llegó a ese mundo.
Aaron notó que se había quedado pensativa.
—¿Te arrepentiste?
Grace lo observó.
Y luego sonrió.
—Todavía no.
Aquella respuesta pareció bastarle.
Continuaron avanzando por los pasillos entre conversaciones suaves y risas ocasionales.
Y mientras caminaban juntos bajo la cálida iluminación de la mansión Russ, Grace pensó que quizás, cuando años después recordara aquella etapa de su vida, no recordaría las reuniones políticas ni los nobles importantes.
Recordaría la nieve.
La terraza.
El paseo por los jardines.
Y a un heredero de duque demasiado encantador para su propio bien que había conseguido hacerla olvidar sus preocupaciones durante una sola noche.
Cuando la puerta de la habitación se cerró detrás de ellos, el mundo exterior pareció desaparecer.
Ya no existían los nobles reunidos en los salones.
Ni la nieve cayendo sobre los jardines.
Ni las obligaciones.
Ni el templo.
Ni el futuro.
Solo existía aquel momento.
Grace se quedó inmóvil unos segundos, observando la habitación iluminada por la suave luz de varias lámparas.
Entonces Aaron se acercó.
Y por primera vez desde que se conocieron, ambos guardaron silencio.
No porque no tuvieran nada que decir.
Sino porque las palabras ya no parecían necesarias.
Las sonrisas se transformaron en miradas.
Las miradas en cercanía.
Y la cercanía en abrazos que poco a poco se volvieron más intensos.
Grace terminó riendo suavemente cuando Aaron volvió a decir algo exageradamente romántico.
—Sigues siendo imposible.
—Y aun así sigues aquí.
—Eso parece.
Aquella respuesta provocó una sonrisa sincera en él.
Una muy diferente a las que había mostrado durante toda la noche.
Menos calculada.
Más vulnerable.
Más real.
Y aquello hizo que el corazón de Grace latiera con fuerza.
Porque debajo de toda aquella confianza y coquetería comenzaba a descubrir a una persona distinta.
Alguien que también parecía estar disfrutando sinceramente de su compañía.
El tiempo pasó sin que ninguno de los dos lo notara.
Conversaron.
Rieron.
Compartieron historias.
Hablaron de sus vidas.
De sus sueños.
De cosas importantes y de otras completamente insignificantes.
Y poco a poco la distancia emocional que existía entre dos desconocidos desapareció.
Grace no sabía qué ocurriría después de aquella noche.
Ni quería pensarlo.
Por una vez decidió dejar de preocuparse por el mañana.
Por una vez decidió vivir el presente.
Aaron y Grace se entregaron a la pasión y al deseo, sin pensar mas, solo una noche de deseo y placer físico que llenó la habitación de gemidos y sonidos de cuerpos desnudos que se movían al ritmo de sus agitadas respiraciones..
Grace no lo podía negar, Aaron uso toda su experiencia para que ella disfrutara su primera vez y lo hizo. Se sintió deseada como mujer y completamente satisfecha.
[wow al menos antes de irme al templo supe lo que era realmente explotar de placer y vivir varios orgasmos.. creo que en mi otra vida nunca lo viví realmente]
Y cuando finalmente se acomodaron juntos mientras la madrugada avanzaba lentamente, el ambiente se volvió tranquilo.
Íntimo.
Lleno de una calidez que contrastaba con el invierno que reinaba al otro lado de las ventanas.
Grace apoyó la cabeza sobre el hombro de Aaron.
Escuchando el viento lejano.
Sintiendo el cansancio de una noche llena de emociones.
[Qué extraño.]
Pensó mientras cerraba lentamente los ojos.
[Hace unas semanas estaba camino a una lectura de tarot. Y ahora estoy aquí.]
La situación era tan absurda que casi resultaba cómica.
Sin embargo, no se arrepentía.
Aquella noche había tomado sus propias decisiones.
Había reído.
Había disfrutado.
Había hecho algo únicamente porque ella quería hacerlo.
Y eso era algo que valoraba profundamente.
Antes de quedarse dormida, Aaron murmuró algo que apenas alcanzó a escuchar.
Una promesa.
O quizás un deseo.
Ella no estuvo segura.
Porque el sueño comenzó a vencerla.
Y mientras la oscuridad regresaba lentamente, esta vez cálida y tranquila, Grace pensó que aquella había sido, sin duda, la mayor locura de toda su nueva vida.
Y quizás también el recuerdo que más le costaría olvidar cuando llegara el momento de partir hacia el templo.
Mala actitud la de los padres