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Justicia Entre Las Sombras

Justicia Entre Las Sombras

Status: Terminada
Genre:Mafia / Venganza / Romance / Completas
Popularitas:77.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria L C

La noche en que mataron a sus padres, Vanessa de la Vega dejo de ser una niña.
Criada a golpe de disciplina por su abuelo, un hombre con más sangre en las manos que perdón en el alma aprendió que el poder no se mendiga: se arranca. Hoy es la Reina de la mafia. Inteligente, seductora y letal, gobierna un imperio donde la lealtad es todo y la traición se paga con la vida.
Pero la venganza que la sostiene también amenaza con destruirla. Porque en su mundo, las alianzas son frágiles, los enemigos tienen rostros ocultos y el amor es un lujo más peligroso.

NovelToon tiene autorización de Maria L C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

Vanessa sintió el cambio incluso antes de que el avión tocara tierra.

No fue por el movimiento suave del descenso ni por la voz de la azafata anunciando la llegada. Era algo más profundo, una sensación que le apretó el pecho, como si el mundo que conocía se hubiera quedado suspendido entre las nubes mientras ella avanzaba hacia algo totalmente desconocido.

Apoyó la frente contra la ventanilla.

Abajo, las luces de Nueva York brillaban como un océano de estrellas atrapadas en la tierra. Se veía inmenso, abrumador… y, de alguna forma, intimidante.

—Ya no hay vuelta atrás… —susurró para sí misma.

El avión aterrizó con un golpe seco. Algunos pasajeros aplaudieron; otros encendieron sus teléfonos de inmediato. Vanessa se quedó inmóvil unos segundos más, respirando hondo, tratando de controlar esa mezcla de emociones que le revolvía el estómago: miedo, expectativa, determinación.

Cuando por fin se levantó, agarró su bolso con firmeza. No podía permitirse dudar ahora.

No después de todo lo que había dejado atrás.

El aeropuerto era un mundo aparte.

Gente caminando rápido, maletas rodando, voces en distintos idiomas, pantallas anunciando vuelos que llegaban y partían sin parar. Vanessa sintió que, en un instante, podía perderse en medio de todo aquello.

Y tal vez esa era la idea. Perderse para encontrarse.

Avanzó entre la multitud, siguiendo las señales, repitiéndose mentalmente cada paso: migración, equipaje, salida. Todo tal cual Andrew le había explicado.

Pero aun así, las manos las tenía ligeramente tensas.

Cuando finalmente cruzó las puertas de salida, recorrió el lugar con cautela... Y entonces los vio.

Dos hombres, de traje oscuro, postura firme, mirada alerta. No llevaban ningún cartel, pero no hacía falta. Había algo en cómo observaban el entorno, atentos a cada detalle, que los hacía destacar.

Uno de ellos dio un paso al frente.

—Señorita Vanessa —dijo con voz calmada—. Bienvenida.

Ella dudó apenas un segundo antes de asentir.

—Sí… soy yo.

El hombre inclinó ligeramente la cabeza.

—Mi nombre es Daniel. Él es Marcos —señaló a su compañero—. Venimos de parte del señor Andrew.

Vanessa soltó un suspiro pequeño, casi imperceptible.

—Gracias por venir.

—Es nuestro trabajo —respondió Marcos, con una leve sonrisa.

Tomaron su equipaje con naturalidad, como si fuera rutina. Vanessa caminó junto a ellos, todavía observando todo a su alrededor. Cada paso la alejaba un poco más de su vida anterior.

Al salir del aeropuerto, el aire frío le pegó en la cara.

Se detuvo un instante. Era diferente: más frío, más seco… más real, si eso tenía sentido.

—¿Está bien? —preguntó Daniel, notando su pausa.

Vanessa asintió despacio.

—Sí… solo que… —Miró la ciudad a lo lejos —es más grande de lo que imaginaba.

Marcos soltó una risa baja.

—Y eso que aún no ha visto nada.

El auto era elegante, oscuro, discreto.

Vanessa se acomodó en el asiento trasero y se quedó mirando cómo la ciudad empezaba a desplegarse ante sus ojos a medida que avanzaban. Edificios altos, luces, movimiento constante… todo parecía estar vivo.

Durante unos minutos, nadie habló.

Pero el silencio no era incómodo, sino denso, lleno de pensamientos.

Finalmente, Vanessa tomó aire.

—Necesito pedirles algo.

Daniel la miró por el retrovisor.

—Claro.

Ella dudó apenas un segundo antes de seguir.

—Quiero que sean discretos. —Marcos giró un poco la cabeza.

—¿Discretos en qué sentido?

Vanessa bajó la mirada hacia sus manos.

—No quiero llamar la atención. Nadie tiene que saber quién soy… ni por qué estoy aquí.

Hubo un silencio breve.

Los dos hombres se miraron.

—Entendemos —respondió Daniel—. Puede estar tranquila. Sabemos manejar este tipo de situaciones.

Marcos asintió.

—Nuestro trabajo es protegerla sin que la noten. Nadie va a saber de nosotros… a menos que sea necesario.

Vanessa levantó la vista.

Por primera vez desde que llegó, sintió un pequeño alivio.

—Gracias.

—No tiene que agradecer —dijo Daniel—. Solo concéntrese en lo que vino a hacer.

Ella apretó los labios. Eso era lo difícil. Porque lo que había venido a hacer… implicaba enfrentarse a todo lo que había intentado dejar atrás.

El trayecto siguió en silencio.

Vanessa miraba todo como si quisiera memorizarlo: cada calle, cada edificio, cada esquina. Como si así pudiera anclarse a ese nuevo lugar.

—¿Cuánto falta? —preguntó al rato.

—Unos quince minutos —respondió Marcos—. El departamento está cerca de la universidad, como indicó el señor Andrew.

Vanessa asintió. Eso también le daba cierta tranquilidad: tener un punto fijo en medio de tanta incertidumbre.

—¿Es una zona segura? —preguntó.

Daniel respondió sin dudar.

—Sí. Y además, nosotros estaremos cerca.

Ella frunció ligeramente el ceño.

—¿Cerca?

Marcos sonrió un poco.

—No en el departamento, si eso le preocupa. Pero lo suficiente para intervenir si algo pasa.

Vanessa dudó un momento.

—No quiero sentirme vigilada todo el tiempo.

Daniel negó suavemente.

—No se trata de vigilarla. Se trata de que usted esté bien.

Ella suspiró.

—Lo sé… solo que… —se pasó una mano por el cabello— necesito sentir que puedo respirar.

Marcos la observó con más atención.

—Lo hará. Dele tiempo nomás.

El auto se detuvo frente a un edificio moderno, de líneas limpias y grandes ventanales.

Vanessa lo miró unos segundos.

—¿Aquí es?

—Sí —confirmó Daniel.

Bajaron del auto. El frío volvió a envolverla, pero esta vez no le molestó tanto.

Entraron al edificio. El vestíbulo era elegante, silencioso, con una iluminación suave que contrastaba con el caos de afuera.

El portero los saludó con un leve gesto.

—Buenas noches.

Daniel respondió con naturalidad, como si ya hubiera estado ahí antes.

Tomaron el ascensor. Vanessa observó su reflejo en el espejo: se veía diferente. Más seria, más… decidida.

Las puertas se abrieron en el piso correspondiente. Caminaron por un pasillo silencioso hasta detenerse frente a una puerta.

Marcos sacó una llave.

—Aquí.

La puerta se abrió con un clic suave.

Vanessa entró primera. Y se quedó quieta.

El departamento era amplio, luminoso, con una decoración sencilla pero elegante: un sofá gris, una mesa de centro, una cocina moderna… y grandes ventanas que dejaban ver la ciudad iluminada.

—Es… —susurró— hermoso.

Daniel dejó la maleta junto a la entrada.

—Tiene todo lo necesario. El cuarto especial está equipado como lo pidió. Si falta algo, nos dice.

Vanessa caminó despacio por el lugar, tocando los muebles como si necesitara confirmar que eran reales.

Se acercó a la ventana. La vista le robó el aliento.

Nueva York se extendía ante ella como un mundo infinito.

—Es increíble… —murmuró.

Marcos se apoyó contra la pared, mirándola.

—Muchos sueñan con llegar aquí.

Vanessa no apartó la vista.

—Yo no soñé con esto… —dijo en voz baja—. Pero aquí estoy.

Hubo un silencio. Daniel dio un paso adelante.

—¿Quiere que nos quedemos esta noche?

Vanessa negó con la cabeza.

—No… voy a estar bien.

Marcos arqueó una ceja.

—¿Segura?

Ella asintió.

—Sí. Necesito… estar sola.

Los hombres se miraron.

—De acuerdo —dijo Daniel—. Vamos a estar disponibles. Cualquier cosa, solo llame.

Vanessa se giró hacia ellos.

—Gracias… por todo.

Marcos le dedicó una sonrisa leve.

—Descanse. Mañana va a ser un día largo.

Cuando se fueron, la puerta se cerró con un sonido suave, y entonces llegó el silencio.

Vanessa se quedó parada en medio del departamento. Por primera vez desde que salió de su casa, estaba completamente sola.

El silencio no era incómodo, pero tampoco era tranquilo. Era… nuevo.

Caminó hasta el sofá y se dejó caer despacio.

Miró el techo.

—Ya estás aquí, Vanessa… —susurró.

Su voz le sonó extraña en ese espacio. Se llevó una mano al pecho: el corazón le latía con fuerza. No por miedo.

Era la sensación de estar en el inicio de algo que no podía controlar del todo.

Se levantó y volvió a la ventana. Apoyó la mano contra el vidrio.

—Voy a hacerlo —murmuró—. Cueste lo que cueste.

Tenía los ojos llenos de un brillo determinado.

Porque no había cruzado todo ese camino para rendirse ahora.

Porque no iba a huir más.

Porque los fantasmas del pasado… no iban a perseguirla eternamente.

No si ella los enfrentaba primero.

La noche avanzó lento.

Vanessa desempacó lo esencial, organizó algunas cosas, recorrió cada rincón del departamento como si necesitara hacerlo suyo.

Pero en cada momento, en cada pausa… los recuerdos volvían: la casa, su abuelo, las palabras de Andrew, las promesas.

Se sentó en la cama y miró su teléfono. Quiso llamar, quiso escuchar una voz conocida. Pero no lo hizo.

En lugar de eso, cerró los ojos, respiró hondo.

—Sé fuerte —repitió en voz baja.

Y por primera vez desde que se fue… no lloró.

A la mañana siguiente, la luz entró por las ventanas, iluminando el departamento con una claridad suave.

Vanessa abrió los ojos despacio.

Por un instante, no supo dónde estaba.

Pero después lo recordó.

Y una sensación firme se instaló en su pecho.

Se levantó, se miró al espejo.

—Hoy empieza todo —dijo.

Y esta vez, su voz no tembló.

1
Lupita Garcia Esparza
excelente trabajo escritora felicidades
Maigualida Ramirez
que bueno que mato a todas esas miserables ratas
Maigualida Ramirez
que lindo es Carlos
Maigualida Ramirez
eso sí descansa y no dejes ni una rata viva
Maigualida Ramirez
ella debió ponerle protección a sus amigos
Maigualida Ramirez
que misterio
Maigualida Ramirez
ya tiene al novio y a la amiga
Maigualida Ramirez
yo creo alberti que te va a tocar pagar también por traidor
Maigualida Ramirez
bastante crudo este capitulo pero tiene que ser así no hay de otra
Maigualida Ramirez
así pueden luchar juntos por una misma causa
Maigualida Ramirez
Justicia al fin hablaron ya era hora
Maigualida Ramirez
ella no está comiendo cuentos va por lo seguro
Maigualida Ramirez
aquí lo que reina es la desconfianza y la maldad y nada mas
Maigualida Ramirez
mariana tuvo mucho que ver en esto
Maigualida Ramirez
la Mariana es tremenda siempre les pone un cable a tierra
Maigualida Ramirez
gelatina y hielo juntos que locura el pobrecito Carlos con lo que siente y ella intentando no sentir eso es de locos
Maigualida Ramirez
está trama es un mar
de secretos
Maigualida Ramirez
está novela es puro misterio
Maigualida Ramirez
será Carlos que se está intentando meter a su sistema puede ser
Maigualida Ramirez
no es fácil comenzar otro lugar pero con fé convicción y determinación todo se puede el querer es poder
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