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EL SECRETO DE LA CEO. DOS HEREDEROS PARA EL MAGNATE

EL SECRETO DE LA CEO. DOS HEREDEROS PARA EL MAGNATE

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / Madre soltera
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Samanta Ruiz es la fría CEO de un imperio de papelería Kawaii. Conduce un Lamborghini y tiene todo bajo control, excepto su amor. Por su cumpleaños, sus amigas le regalan un viaje VIP al Caribe, pero un error de reserva la obliga a compartir apartamento con Samuel Vargas, un imponente y jovial magnate de la logística internacional. Tras quince días de piques y tensión, la última noche estalla en una pasión inolvidable. Se despiden en el aeropuerto como adultos realistas: la distancia hace imposible su amor.
Pero un virus estomacal anula la píldora de Samanta. El diagnóstico es brutal: embarazada de mellizos. Orgullosa, decide criarlos sola y en secreto.
Tres años después, Samuel irrumpe en su sala de juntas para negociar una alianza millonaria. Él no la ha olvidado, pero ignora que tiene una parejita de herederos. Con la ayuda de Carlos, su metódico hermano y abogado, Samanta intentará blindar su nido. Pero Samuel es un tiburón implacable que no parará hasta recuperar a su mujer.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 16. EL SOBRE SECRETO

El quinto mes de embarazo llegó acompañado de una energía renovada para Samanta. Las náuseas del primer trimestre habían desaparecido por completo, sustituidas por una incipiente tripita que ya empezaba a notar bajo sus vestidos holgados de la oficina. A pesar de su estado, la CEO de Kawaii World seguía al pie del cañón, controlando la distribución de las nuevas colecciones y asegurándose de dejar la empresa blindada antes de su futura baja maternal.

Sin embargo, el gran acontecimiento de la semana no estaba en la fábrica, sino en la clínica ginecológica. Hoy tocaba la ecografía de revisión de las veinte semanas, la cita médica crucial donde, por fin, los bebés estarían lo suficientemente desarrollados como para revelar su sexo.

Para la ocasión, Samanta no fue sola. En las sillas de la sala de espera la flanqueaban su hermana pequeña, Sofía, y su mejor amiga, Rosa. Ambas estaban más nerviosas y emocionadas que la propia madre, cuchicheando entre ellas y ocultando un misterioso cuaderno de notas en el bolso.

—Señorita Ruiz, pase por aquí, por favor —anunció la enfermera.

Las tres mujeres entraron en la consulta de la doctora Martínez. Samanta se tumbó en la camilla de exploración con la familiar sensación del gel frío sobre su vientre redondo. En cuanto la ginecóloga encendió el monitor del ecógrafo y apagó las luces, la magia inundó la sala. Los mellizos ya no eran los pequeños saquitos borrosos de las primeras semanas; ahora se distinguían perfectamente sus columnas, sus manitas y sus perfiles definidos. Los dos latidos compasados resonaron con fuerza en los altavoces.

—Bueno, Samanta, la morfología de ambos bebés es perfecta —explicó la ginecóloga con una sonrisa, moviendo el transductor con destreza—. Están creciendo al ritmo ideal. Y, tal y como me pediste el mes pasado, hoy ya se ve claramente lo que traes. ¿Queréis saberlo?

Antes de que Samanta pudiera abrir la boca para responder, Sofía y Rosa se inclinaron hacia la doctora de golpe.

—¡No! ¡A ella no se lo diga! —exclamó Sofía con entusiasmo, sacando un sobre decorado con pegatinas de ositos de su bolso—. Doctora, le hemos traído este sobre. Queremos que escriba el sexo de los dos bebés aquí dentro y lo selle. Le vamos a organizar una Baby Shower en casa de nuestros padres con toda la familia, los amigos y los más allegados de la empresa, y queremos que sea una revelación por todo lo alto.

La ginecóloga soltó una carcajada, encantada con la iniciativa, y tomó el sobre.

—Me parece una idea fantástica —asintió la doctora, tapando sutilmente una zona de la pantalla para que Samanta no pudiera ver los detalles reveladores—. Dejadme mirar bien... de acuerdo. Ya lo tengo apuntado. Aquí tenéis vuestro secreto.

La doctora Martínez deslizó un papel doblado dentro del sobre de ositos, lo selló con una pegatina y se lo entregó a Rosa, quien lo guardó en su bolso como si fuera un tesoro de estado. Samanta miró a su hermana y a su amiga, fingiendo indignación pero con el corazón lleno de una ternura inmensa.

—Sois imposibles —bromeó Samanta mientras se limpiaba el vientre—. Soy la madre y la CEO de una multinacional, se supone que el control de la información lo debo tener yo.

—Hoy no, jefa —le guiñó un ojo Rosa—. Hoy mandamos nosotras. Tú solo déjate consentir.

Dos semanas después, el jardín de la casa de sus padres amaneció transformado en un auténtico cuento de hadas de estética Kawaii. Sofía y Vanesa se habían encargado de la decoración al milímetro: globos en tonos pastel, guirnaldas brillantes, una mesa de dulces repleta de galletas con formas de carritos y peluches de felpa. Al evento asistieron sus padres, su hermano Carlos, sus mejores amigos y el núcleo duro de su equipo de confianza de la fábrica, aquellos que la habían apoyado desde el primer día en el negocio.

El ambiente era de pura celebración. Hubo juegos, risas y regalos maravillosos para los futuros bebés, pero la tensión y la curiosidad colectiva alcanzaron su punto álgido al final de la tarde, cuando Carlos apareció en mitad del jardín arrastrando dos enormes cajas de cartón cerradas, decoradas con papel neutro.

—¡Ha llegado el momento de la verdad! —anunció Carlos con voz potente, entregándole a su hermana unas tijeras doradas—. Rosa nos dio el veredicto del sobre esta mañana y el equipo de tíos lo hemos dejado todo preparado. Samanta, tienes que cortar las cintas de las dos cajas a la vez. Los globos que salgan flotando de cada una revelarán el misterio de los mellizos.

Los invitados rodearon a Samanta en un círculo, conteniendo el aliento y con los teléfonos móviles listos para grabar el momento. Samanta se colocó entre las dos cajas gigantes, sintiendo que el pulso se le aceleraba por completo. Miró a su familia, a sus amigas y luego fijó la vista en los cartones. Se agachó, encajó las tijeras en las cintas de embalaje y, tras una cuenta atrás coreada por todos los asistentes, cortó los precintos de golpe, abriendo las solapas superiores.

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Nayeli Lozano
me atrapó desde el primer capítulo, pero no me fijé que estaba empezando a escribirla.
te felicito autora, está hermosa,no tardes tanto en actualizar por fis👏
San Aguirre: Me pasó lo mismo, no me di cuenta que no estaba terminada 😒
total 1 replies
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